El sector calzado está viviendo todo un drama, mal el eje industrial de El Restrepo en Bogotá, igual en Bucaramanga y lo propio en Medellín y Cali. Los grandes artesanos colombianos que fueron reconocidos desde el siglo XIX y afianzados en los inicios del siglo XX la siguen viendo negra, cada día se cierra una empresa, un local y sale gente del mercado laboral, lo grave es que esos espacios los está llenando China, país que ahora compite no con producto colombiano sino con Brasil y México, orígenes reconocidos por trabajar a escala y con unos volúmenes que abastecen el mundo. Dicho de otro modo, la manufactura está de luto, mueren empresas de manera recurrente y las firmas de gran prestigio que subsisten luchan con arrojo frente a las medidas laborales, el entorno geopolítico, la revaluación y lo más grave la urgencia de generar lealtad en el comprador local que de apoyar lo hecho en el país estará llevando a casa lo mejor, pero más allá de ese buen acto, contribuyendo con la salvación de lo poco que queda, amparando puestos de trabajo y garantizando sostenibilidad.
Desde los inicios del siglo XXI la situación se fue avinagrando, los fabricantes nacionales venían con el lastre de la apertura económica, una desgravación arancelaria inhumana, sin sentido y la guillotina de un empresariado que antes que apoyo fue entregado vilmente a unos mercados que si de algo sabían era de destruir sueños y futuro, valiente gracia. Hoy los aperturistas brillan por su ausencia, justo cuando Donald Trump, presidente de Estados Unidos, país pionero del libre comercio, no quiere saber de tráfico mercantil, impone aranceles unilateral y abusivamente, destruye la multilateralidad y sueña con la reindustrialización de su gran nación que puso las grandes compañías gringas en el regazo del gran dragón chino, ese que aprendió a fabricar para luego competir, crear y mejorar.
Los empresarios del mundo entero están bajo la misma disyuntiva, poner punto final a la fabricación y apostar por importaciones o asegurarse y volver a la tierra, a la obtención de materias primas y a la transformación lo cual incluye la manufactura que para el caso de Colombia tiene sello de calidad y durabilidad, el tema pasa por soberanía y seguridad alimentaria, pero también por adquirir una póliza en el caso de que los conflictos escalen y por esa vía disminuir el riesgo y la malsana dependencia.
En asuntos de calzado hay mucho por hacer, en principio recuperar empresas, propender por asociaciones y retomar el talento. No se puede tolerar que marcas de toda la vida estén clausuradas y con el brillo de la luz perpetua, no es justo que mientras Colombia produce zapatos de mucha calidad, la gente corra a comprar esos pares de precario gusto y dudosa durabilidad por unos pocos pesos sabiendo que en breve habrá que salir a comprar otros que se pueden ver bonitos los primeros cinco días. La industria nos necesita, el país emprendedor y las marcas piden oxígeno y por eso debemos honrar el valor agregado y el excelente diseño de nuestros fabricantes para lucir prendas y manufacturas “made in Colombia”, nada que resulte igual a destruir compañías y puestos de trabajo, no podemos ser culpables del colapso industrial colombiano, la factura sería muy grande y nada menor el cargo de conciencia.
El gerente de Calzado Kalkus, Juan Carlos Suárez, le dijo a Diariolaeconomia.com que más allá de haber nacido pos apertura económica y de enfrentar todo tipo de desafío la respuesta del público ha sido la mejor porque el producto está en casi todo el país, además tras hacer todos los trámites necesarios la firma empezó a exportar a Panamá y Ecuador, tenie4ndo como meta Estados Unidos en donde los calzados de la fábrica tendrían mercado asegurado por toso ese componente de calidad.
Esta empresa ubicada en el bario Alfonso López de Bucaramanga lleva 19 años en el mercado con una espectacular línea tubular, un calzado cargado de confort y con una calidad a toda prueba puesto que en su historia jamás hubo reclamo o problema con los calzados diseñados para gente de muy buen gusto.
El calzado es hecho con cueros de alta propiedad, con creaciones vanguardistas y a la altura de la moda. Es resistente, no muestra despegues y por el contrario es un zapato cómodo para días de calles urbanas o campo, se trata de una manufactura superior que sobresale por atributo y durabilidad.
Empresas colombianas se preparan para retornar a Venezuela
Un punto que no pasa por debajo de la cerca es la nueva situación de Venezuela en donde Colombia jugará un papel preponderante en su reactivación con el suministro de materias primas, alimentos, vestuario, calzado y otros bienes. A juicio de Juan Carlos Suárez la situación con el país vecino puede normalizarse a mediano plazo y si las cosas avanzan de buena manera se abrirá la puerta de las exportaciones y del intercambio comercial en donde habrá movimiento en las dos economías, crecimiento, empleo y mejoras sociales con la generación de empleo.
“Ojalá y Dios quiera se pueda volver a trabajar con Venezuela porque fue un país muy bueno para nosotros y estamos en eso, trayendo gente del país hermano para poderles vender. No podemos olvidarnos que el último cheque girado por exportaciones colombianas a Venezuela por parte de la extinta Comisión de Administración de Divisas, CADIVI superó los 7.300 millones de dólares”, declaró el señor Suárez.
El empresario hizo un llamado de atención a la clase dirigente de los dos países para que separen las agendas toda vez que una cosa es la diferencia política y otra muy diferente la economía en donde generalmente se toman medidas de retaliación, ello en detrimento de las empresas y los comercios de los dos países que generalmente son los que llevan del bulto con cada desencuentro eso sin hablar de los consumidores que se ven privados de los productos fabricados a lado y lado de la frontera.
Insistió que esa mezcla es totalmente dañina porque si bien puede haber acalorados discursos entre gobierno y gobierno, la economía es algo totalmente aparte porque trastocarla o frenarla impacta la seguridad alimenticia, el funcionamiento de las empresas y la tranquilidad de los nacionales, algo por fuera de la coherencia y el sentido común.
Suárez dijo que las medidas de cierre de la frontera y parálisis del comercio causaron un perjuicio demasiado grande en el sector real de los dos países en donde muchos fabricantes y consumidores quedaron afectados y sin posibilidades de suministro por cuanto la cadena fue cortada abruptamente sin medir las consecuencias o los impactos en la comunidad tanto fronteriza como de cada nación soberana.
El gerente de Kalkus alcanzó a exportar calzado a Venezuela y por fortuna le pagaron sin inconveniente las facturas, comentó que mientras pudo despachar su producto a Venezuela jamás hubo problema pues enviaba mensualmente 500 pares, cifra que crecía exponencialmente en temporadas de fin de año y otras de alta demanda.
Una consecuencia del cierre de la frontera, las importaciones, el contrabando y la contracción del mercado interno llevó a que la capacidad instalada de la compañía llegará a tan solo el 30 por ciento, una muestra de los impactos del calzado chino, pero también del que llega de Brasil o México.
“Necesitamos políticas de Estados para la industria, requerimos reglas de juego en favor de la producción nacional, es decir, créditos realmente blandos, instituciones al servicio del empresariado, menores cargas tributarias, tratos dignos para quienes generamos empleo y medidas arancelarias duras porque estamos inundados de calzado chino y eso viene golpeando empresas, llevándolas a la bancarrota y aumentando la cifra de desempleo”, puntualizó Suárez.
Los problemas son visibles en el barrio El Restrepo en donde cierran empresas y comercios a diario, igual en Bucaramanga, Cali, Medellín y otros ejes de calzado, tristemente, expresó el fabricante, se pasó de centros comerciales a cielo abierto en donde el sol hacía más afables las compras de manufactura nacional por unos locales atiborrados de producto importado en donde inclusive le dicen a la gente que lo ofertado es producto nacional y por eso hacemos el llamado a los gobiernos nacional y metropolitano para que cada local especifique qué tipo de calzado o marroquinería ofrece para evitar malentendidos o artificios que lleven a adquirir un producto aparentemente colombiano por uno hecho en tierras muy lejanas, asunto desleal y por fuera de la buena fe.
“En Bucaramanga ha pasado lo mismo. A muchas empresas les ha tocado cerrar por las dificultades económicas consecuencia de las importaciones masivas o contrabando. Lo triste es que donde cierra una empresa colombiana de manera inmediata abre un distribuidor chino. La situación es compleja pues en los últimos meses la situación ha ido lejos, los industriales no aguantaron una competencia en total desventaja y por ello cerraron unas 20 empresas de tradición, marcas muy reconocidas, aunque el número puede ser mayor”, enfatizó el gerente de Calzado Kalkus Juan Carlos Suárez.
El afán es reindustrializar y vivir no subsistir
La fabricación de calzado en la familia de este exitoso empresario ha hecho parte de su historia y de su legado puesto que su señora madre tuvo fábrica en 1978 en momentos de bonanza cafetera y de un bolívar que ya mostraba su fortaleza y sus ventajas para hacer negocios con Venezuela toda vez que se vendía muy bien porque el entorno comercial era excelente, eso que hoy hace parte de las cuitas.
Un problema para el industrial colombiano es la falta de conciencia de los compradores que por adquirir barato condenan la calidad y durabilidad de los productos hechos por fabricantes locales que terminan bajando la persiana y pasando al registro de los que empujaron el desarrollo, pero cayeron en la ruina por esa cultura equivocada de comprar baratico así el producto dure dos o tres meses.
Otro lío para el comerciante de calzado es que la gente ya no disfruta de la experiencia de compra y se ha volcado a las plataformas como Temu, SHEIN Colombia y otras ya que la gente prefiere ahorrarse 20.000, 30.000 o 40.000 pesos y les compran a esas tiendas online, ventas que terminan llevando cuentos chinos puesto que la calidad, por obvias razones, es lo que menos mira quien adquiere de manera digital, calzados o bienes hechos en China, nada de conciencia por el esfuerzo nacional.
Las ventas se han marchitado, agregó, por la inmediatez puesto que la gente no quiere comparar calidades y visitar los lugares de fabricación o comercio, ahora todos quieren que las compras les llegue directamente a su casa, luego adiós comercio y toda la cadena de adquisición que incluye restaurantes, cafeterías y otros negocios aleatorios.
Las ventas de Kalkus se mantienen en niveles normales, sin embargo, haciendo comparaciones periodo tras periodo es notorio que se han disminuido un poco.
Está empresa nació con diez empleados, llegó a tener una planta de 35 colaboradores y hoy suma 22 trabajadores, clara muestra que trata de mantenerse, pero infortunadamente la situación económica ha hecho que no pueda sostener el mismo número de empleados. Igual, apuntó, hay casos extremos como aquellas factorías que llegaron a sostener 30 empleados y bajaron a cinco, igual compañías que remuneraron 100 trabajadores y adelgazaron la nómina a 40 o 30 personas, algo lamentable para una ciudad como Bucaramanga en donde se compra el mejor calzado pues pese a todo, la ciudad y sus empresas mantienen el prestigio.
Kalkus, empresa que participó en el International Footwear & Leather Show, IFLS 2026 y la Exhibición Internacional del Cuero e Insumos, Maquinaria y Tecnología, EICI, anotó que las ayudas para el empresariado y para la misma reindustrialización deben ser reales y con créditos de fácil pago no favores para los bancos comerciales de prestantes familias colombianas que viven de la banca y de unas condiciones absurdas para quienes demandan empréstitos en vista que los apoyos terminan en un caos para quienes se endeudan.
Anotó que todo es difícil para el empresario, que tiene que asegurar presencia y mercado en ferias como la de Bogotá que cuesta entre 10 y 12 millones de pesos sin que se reciba el respaldo de nadie en la región o de algún ente en el ámbito nacional, es decir que si no hay ventas los expositores parten para sus lugares de origen con saldo en rojo y sin nada qué hacer.
Para esta versión la expectativa de venta de Juan Carlos Suárez estaba por el orden de 5.000 o 6.000 pares, una cifra mínima y a juzgar por los ocho años que lleva en la feria en donde le ha ido muy bien podría decirse que con la calidad de su calzado la meta pudo superarse holgadamente.
Kalkus tiene una ventaja y es que tiene una clientela fija y fidelizada que conoce las bondades de su manifactura y la calidad del calzado, un sello de prestigio que empuja pedidos y más gente queriendo usar guantes en los pies porque así puede definirse el zapato elaborado por la marca.
Aseveró que las cosas siguen cuesta arriba, año a año es mucho más duras razón por la cual cree que si un empresario nuevo llega a la feria, difícilmente sería capaz de salir adelante. Reiteró que a la fecha no hay apoyo para ninguna feria de calzado y transformación del cuero ni en Bogotá y menos en Bucaramanga.
Para el empresario hay otras opciones de mercado en donde Colombia podría hacer mejores ventas, pero en ferias como Shanghái o las de Brasil, menos respaldo hay y por ello Colombia brilla por su ausencia, y si van empresas lo hacen en un número reducido.
Este admirable y valiente empresario hizo hincapié en la necesidad de innovar en la parte gubernamental porque los gobiernos pueden ser eficientes sin tanta carga impositiva e inclusive sin regla fiscal porque mientras mejore el recaudo y se controle la corrupción, el país tendrá opciones de mejorar, el resto es parte del manual espinoso del Fondo Monetario Internacional, FMI, que ningún beneficio ha mostrado en Colombia pues antes de consignar más de 8.000 millones de dólares para el famoso y manipulador crédito de contingencia, deberían aceptar que las naciones apostaran por un ahorro de contingencia utilizable en momentos de apuro, pero eso no le sirve a la banca inconveniente del Tío Sam.
Un problema para las empresas manufactureras fue el nuevo salario mínimo, hoy en veremos, algo para analizar porque cuando la gente recibió monedas de ajuste y tarifas de servicios públicos terriblemente exageradas, nadie en los Altos Tribunales dijo nada, el empleado como también el profesional, visiblemente maltratado, esperaron un llamado a la dignidad de parte de los togados, pero como siempre, terminaron concluyendo, “A mí que me coma el tigre”.
Para un empresario con ventas a la baja es complicado pagar la carga laboral, pero el problema no es la tarifa sino la tendencia del mercado laboral en donde los empleados prefieren trabajar siete horas diarias por menos plata y al destajo, dicho de otra manera, el obrero no quiere trabajar en calzado salvo que las condiciones sean las que ellos exigen y necesitan porque seguramente les va mejor.
“Hoy en día es muy difícil encontrar mano de obra en Colombia, no tanto en zapatería sino en textiles y confecciones porque la juventud está mirando la vida de otra forma, haciendo que el panorama para el industrial sea cada vez más apremiante, Hoy por hoy las personas quieren estar pegadas al celular, trabajar en la casa, hacer actividades menos complejas, ganar dinero fácil, pero manualmente ya no hay quien empuje una fábrica”, precisó Suárez.
Hay una realidad, expuso el empresario, si el país se descuida y no genera condiciones, la industria del calzado tendrá sus días contados porque cada vez mueren más empresas sin que ello le toque al corazón al gobierno y lo que es peor con la complacencia del público que encuentra refugio en el producto chino, obviando las consecuencias sociales y de tejido empresarial, eso que increíblemente a nadie le importa.
Lamentó que el International Footwear & Leather Show, IFLS 2026 y la Exhibición Internacional del Cuero e Insumos, Maquinaria y Tecnología, EIC, es tan solo el 20 por ciento frente a la gran convocatoria de hace diez años, es decir con la salida de empresas del mercado un 80 por ciento ya no está o no tiene cómo asistir y si lo hace, no siempre cumple con su objetivo de ventas, un factor alarmante para la misma feria que está llevando expositores chinos que exhiben suelas, cueros, otras materias primas y calzado, igual sucede con la oferta empresarial de Brasil y México, es decir todo un problema bajo el mismo techo.
Como si los problemas fueran pocos vino la medida arancelaria de Ecuador con su tarifa del 30 por ciento para los productos colombianos y allí también la adversidad no se hizo esperar, los cuatro clientes de la marca salieron corriendo y notificaron que no volverían porque en esas condiciones y con los nuevos precios es prácticamente imposible llevar producto de Colombia, lamentable se cerró el mercado ecuatoriano que para Kalkus representaba entre 1.000 y 1,500 pares por semestre.
Una queja del gerente de Kalkus es que la revaluación que abarata el producto importado y castiga las exportaciones tiene las materias primas preocupantemente caras, una situación que rompe caprichosamente con la ley de la oferta y la demanda sin que nadie diga o haga nada, pero suben los pegantes, los herrajes, las suelas y los cueros con base en ecuaciones pitonisas porque muchos dicen que el dólar está barato, pero afirman que con seguridad va a trepar.
Ser empresario, en opinión del gerente de Kalkus es vocacional y apasionante, se diseña y se fabrica producto diferenciado de gran calidad del que viven muchas familias que trabajan en la empresa o distribuyen el calzado, No es fácil estar en la industria de la manufactura puesto que hay que tener aguante y templanza.