Viernes, 17 Julio 2026 18:34

El primer tinto del nuevo gobierno

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En 2025, Colombia produjo 13,67 millones de sacos y exportó 13,1 millones, ratificando el liderazgo del café como principal producto agrícola de exportación y mayores fuentes de divisas del sector agropecuario.

Los gobiernos también comunican con sus prioridades. Por eso cobra especial significado que el ministro de Agricultura designado, Indalecio Dangond, haya decidido iniciar su ronda de reuniones con los gremios del sector agropecuario junto a los caficultores colombianos, representados por la Federación Nacional de Cafeteros. Más que un acto protocolario, esa decisión envía un mensaje de confianza hacia el principal producto agrícola de exportación del país y hacia uno de los sectores más estratégicos para la economía nacional.

¿Por qué resulta tan importante ese primer encuentro? Porque el café continúa siendo uno de los grandes motores del desarrollo rural colombiano. Más de 560.000 familias derivan su sustento de esta actividad; el cultivo tiene presencia en 22 departamentos y cerca de 600 municipios, ocupa alrededor de 840.000 hectáreas y constituye uno de los mayores generadores de empleo en el campo. En 2025, Colombia produjo 13,67 millones de sacos y exportó 13,1 millones, ratificando el liderazgo del café como principal producto agrícola de exportación y una de las mayores fuentes de divisas del sector agropecuario.

Pero el verdadero valor de la caficultura trasciende las estadísticas. Alrededor del café se ha consolidado una institucionalidad que pocos sectores poseen. La Federación Nacional de Cafeteros, que en 2027 cumplirá un siglo de existencia, junto con Cenicafé, el Servicio de Extensión y el mecanismo de garantía de compra, ha permitido que cientos de miles de pequeños productores mejoren su productividad, incorporen innovación, accedan a asistencia técnica y enfrenten con mayor solidez los desafíos del mercado internacional. No es exagerado afirmar que la caficultura ha sido uno de los pilares del desarrollo económico, social e institucional de Colombia.

Precisamente por ese peso económico e institucional, las diferencias entre el Gobierno del presidente Gustavo Petro y la Federación Nacional de Cafeteros despertaron especial atención. Fueron públicos los cuestionamientos a la elección de Germán Bahamón como gerente del gremio y el debate sobre el futuro del contrato mediante el cual la Federación administra el Fondo Nacional del Café, financiado con recursos aportados por los propios caficultores. El Gobierno planteó la posibilidad de que esa administración pasara a otro operador una vez venciera el contrato, una propuesta que generó preocupación e incertidumbre en el sector. Finalmente, se acordó una prórroga temporal y la decisión definitiva quedó en manos de la nueva administración.

Ese contexto explica la trascendencia de la primera reunión del ministro designado con los caficultores colombianos. No fue una reunión más dentro de su agenda con los gremios agropecuarios. Fue una señal institucional de respaldo a un sector que aporta empleo, desarrollo regional, inversión, divisas y estabilidad al campo colombiano. Los compromisos anunciados para fortalecer la productividad, impulsar la renovación de cafetales, respaldar la investigación y trabajar de manera articulada con la institucionalidad cafetera constituyen un buen punto de partida para una actividad que demanda políticas de largo plazo, reglas claras y una relación de confianza entre el Estado y los productores.

No se trata de celebrar un gobierno ni de cuestionar al anterior. Se trata de reconocer que las primeras decisiones también expresan prioridades. Y que el primer encuentro del ministro de Agricultura designado con los gremios del sector agropecuario haya sido con los caficultores colombianos envía una señal que merece ser destacada.

Porque las prioridades de un gobierno también se reflejan en los primeros diálogos que decide abrir. Y que ese primer encuentro haya sido con los caficultores colombianos envía una señal de confianza hacia uno de los sectores que mejor representa el trabajo, la productividad y la resiliencia del país.

El café ha acompañado a Colombia en sus mejores y más difíciles momentos. Reconocer hoy su importancia no es un gesto hacia un gremio; es un acto de justicia con uno de los mayores activos económicos, sociales e institucionales de la Nación. Ese fue, sin duda, un buen primer tinto para Colombia.

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