La agricultura es tan importante y vital que durante su larga historia ha mostrado favores por el aporte en alimentos y nutrientes, desde que fueron domesticadas las primeras plantas el hombre vio la necesidad de procesar, transformar y guardar granos en esencia para los tiempos difíciles. Una solución tan vieja como la misma labranza puesto que con la aparición de las labores agrarias hace 10.000 o 12.000 años en pleno neolítico, ya era perentorio acudir a mecanismos que permitieran almacenar las próximas cosechas.
El silo es uno de los inventos más afortunados para reservar alimentos, básicamente granos como trigo y cebada, en la medida en que la agricultura alcanzaba mayor desarrollo y demanda en las civilizaciones era necesario acumular con seguridad y tener reservas alimentarias a la mano. Algunos historiadores dicen que el silo pudo ser diseñado y puesto en funcionamiento en el año 3.500 antes de Cristo, justo cuando las siembras eran recogidas y los excedentes tenían que resguardarse.
Algunas exploraciones y trabajos arqueológicos han revelado el uso de cerámica y pozos bajo tierra destinados al almacenamiento de cereales, el único medio factible para preservar y darle manejo al suministro.
En los años 60 del siglo XX, luego de hacer cárcavas en zonas siro-palestinas fueron halladas unas estructuras destinadas a la vivienda solo que tenían una particularidad, las edificaciones filisteas estaban dotadas de espacios planos conocidos como eras los cuales tenían montajes circulares hechos en piedra al parecer para guardar granos luego de hacer trilla. Los registros de ese trabajo científico detallaron que las estructuras estaban recubiertas con yeso, según los informes, el primero del que se tenga conocimiento. Los investigadores ubicaron dicho sistema entre los años 1850 a 1750 a.C.
Los egipcios agricultores y buenos almacenadores lograron un mecanismo de acopio de granos que utilizaba edificios de acumulación espaciados, los mismos que mostraban moradas en piedra.
En tiempos de la Antigua Roma ya existía la palabra latina “sirus” o “syrus” la cual se relaciona con fosas, pozos o sistemas subterráneos diseñados estrictamente para guardar granos y distintos bienes de consumo. Otras exploraciones bajo tierra hechas en Francia en 1828 dieron con un silo en el que se preservaba maíz guardado al parecer en 1591, es decir 235 años atrás. Se puede decir que eran tiempos de gloria porque en ese tiempo el alimento de origen americano se estrenaba en el Viejo Mundo.
Como pasa con todo lo que sienta las bases del desarrollo y los grandes descubrimientos va quedando en el cuarto de San Alejo para darle espacio a los nuevos desarrollos. El silo fue determinante en la humanidad, pero solo en el siglo XIX fue objeto de miradas exhaustivas desde dos puntos de vistas importantísimos, el económico y el científico.
En 1888 entra a escena el señor John Steele un estadounidense que pasó a la historia por construir en ese año el primer silo redondo en Alderly, Wisconsin, un logro inspirado en las tinas de madera que aguantaban la savia que extraía su padre para hacer jarabe de arce. Siguieron cayendo hojas de almanaque y con los años fueron construyéndose más y más graneros, desde luego con el ADN de los pueblos antiguos ya que griegos, romanos, egipcios y babilonios echaron mano de esas soluciones con las que albergaron cereales dándole un giro a las economías y formas de hacer negocios.
El ensilaje entró en una moda arcaica, año tras año era mayor el número de silos agrícolas y eso que pensaron los labriegos siglos atrás tan solo tuvo nuevas formas, tecnologías paralelas y obviamente enormes capacidades. Con la ganadería el sistema siguió en auge, las regiones lecheras fueron grandes clientes del mecanismo pues era necesario tener reservas de comida para los vacunos.
En el siglo XX las mejoras fueron visibles, los silos subterráneos y hechos en cavidad siguieron vigentes, pero claro vino la innovación y nuevas necesidades por el crecimiento de una población que exigió más y más comida disponible. En las grandes fabricas se utilizaron materiales varios, madera, piedra, azulejos, acero, vidrio y hormigón, de todas formas, el silo redondo, vertical y autónomo enseñó que era el más adecuado para conservar ensilaje de atributo.
Es apasionante disfrutar de la magia del tiempo y descubrir que los silos nacen prácticamente con las actividades sedentarias de siembra, es impresionante el favor recibido en Grecia en plenitud del siglo VIII a.C por este sistema que permitió acumular cereales, alimentos de otro tipo y forrajes. En ese tiempo también los cesares en Roma acudieron al viejo silo para tener una despensa inmediata para los pobladores y los ejércitos de la época.
En fin, con la agricultura parten muchas iniciativas y surgen ayudas y desarrollos que fueron dándole forma a las naciones, esas que fueron creciendo y estructurando sus sistemas económicos, desde luego todos a partir de las siembras, la ganadería y los procesos de transformación. Hoy son tan trascendentales como en la vieja Siria o la imponente Babilonia, solo que permanentemente son innovados y aperados de las nuevas tecnologías digitales, todo en ese marco de agricultura de precisión, inteligencia artificial, investigación constante en una ruralidad moderna, llamada a retomar su protagonismo por cuanto de pan y muchos otros alimentos viven los hombres y sus animales.
Salimos de este paseo milenario y pasamos a un capítulo igualmente mágico y llamativo, entramos al modo Inprotec en donde la especialidad de la casa colombiana está justamente en brindar soluciones personalizadas para los sectores agroindustriales, industriales, de balanceados y puertos. La firma Ingeniería de Procesos Técnicos, Inprotec SAS, lleva 30 años de constante trabajo, para muchos es un orgullo nacional que sintetiza conocimiento, experiencia, cumplimiento, compromiso, diseño, innovación y suministro, así como instalación de equipos vitales para el manejo de granos sólidos.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de Inprotec, Moisés Lucchetta, afirmó que contrario a los pronósticos por la resistencia que en algunos sectores tiene el actual gobierno, el dólar ha bajado de precio y no se ubica en los niveles anunciados de 6.000 o 7.000 pesos. Así, con una divisa barata, aseveró el directivo, se abren las oportunidades de renovación de equipo y otros bienes porque llegan a menor precio, haciéndose accesibles para todos los agricultores del país que ven hoy dólar a 3.700 pesos en promedio, un momento único y apropiado para importar maquinaria.
Reiteró que un nivel de la moneda de cambio con tendencia a la revaluación, hace parte de esos ciclos que cambiarios que deben ser aprovechados a la hora de invertir porque con esa tendencia rinde más el dinero y pueden hacerse cambios o compras excelentes. Aclaró que más allá de un dólar de menor valor que sin duda ayuda, hay otros aspectos a tener en cuenta como las líneas especiales del gobierno y la financiación de las entidades financieras para adquisición de equipo e innovación de los núcleos productivos.
A todo ese momento especial de la economía se suman las líneas de Finagro, Fondo Nacional de Garantías, FNG, Banco Agrario y otras líneas del sector público que facilitan mucho más el relevo de equipos o la puesta a punto de industrias en el tamaño que se en encuentren puesto que hay acceso a crédito para adquirir equipos con alta tecnología.
Las noticias son alentadoras hoy para la agricultura, los productores han sufrido, es innegable como aconteció años atrás, a nivel rural, está comprobado, nada es fácil, pero a la fecha hay indicadores e indicios que se puede invertir a menor costo para proyectar un mejor agro.
El tema dólar es trascendental, pero en el Encuentro Nacional de Presidentes de Comité y Reunión Técnica Nacional de Fedearroz, Inprotec reveló que alienta saber que Colombia siembra arroz en una extensión grande y con las mejores prácticas agrícolas, pero resaltó que hay otros sectores que crecen y muestran gran dinámica como sucede con el maíz que es el producto que más se importa dentro de la cadena alimenticia colombiana, unos contingentes impresionantes que llegan a los puertos, pero a criterio de Lucchetta en la Altillanura todavía hay espacio para sembrar mucho más maíz con el debido ordenamiento de las tierras, pero evidentemente un paso adelante para pensar en sustitución de importaciones, en seguridad y soberanía alimentaria.
“El maíz está creciendo y eso es muy positivo porque se abre otra oportunidad para el agricultor pequeño, mediano y grande, algo vital para rotar o diversificar porque económicamente, en picos de cosecha muy altos, el precio del arroz se deprime fácilmente, pero en el maíz las cosas son diferentes y actualmente el país asiste a una reactivación de la agricultura y de la agroindustria que seguirá repuntando con granos básicos y de recurrente demanda como sucede con el maíz, precisó Moisés Lucchetta.
Otro producto que igual prospera y muestra que seguirá por esa senda es la soya y en la misma Altillanura hay un referente, se trata de un cliente de Inprotec que siembra entre 15.000 y 20.000 hectáreas, cultivo que aprovechan y rotan con maíz para proteger las tierras.
En opinión del Gerente Comercial de Inprotec, la soya es el otro renglón de la economía que demanda mucho producto, pero actualmente no se produce en la cantidad que requiere un país con un mercado importante como Colombia, pero el camino se está abriendo y seguramente en algunos años los campos colombianos estarán sembrados con importantes cultivos de soya.
Los datos son muy buenos, hay un despertar agrícola y pecuario porque los colombianos importan el 90 por ciento del maíz que consumen y también en un 80 o 90 por ciento la soya que pide el consumidor local. La tendencia ilusiona porque hay impulso, ganas de sembrar y tierra disponible.
En maíz ha habido denuncias delicadas como las hechas por la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, gremio que habla de un producto al que no se le conoce su trazabilidad, con manejos poco confiables e inclusive se habló de exposición al cáncer por unos procesos cuestionables.
La importación de cereales o alimentos nunca será buena en las condiciones actuales porque en primer lugar los agricultores de otros países reciben subsidios, otras ayudas y manejan un maíz transgénico que a juicio de expertos puede tener un impacto grande en la salud humana, temas pendientes de revisar, pero con las alertas encendidas.
Colombia debe seguir creyendo en su agricultura, apostar por más y mejores cultivos de maíz, soya, arroz y todo tipo de alimentos que garanticen nutrición, pero por encima de todo inocuidad.
Inprotec, una amplia y confiable gama de soluciones
Entrando en materia de equipos y estructuras resulta puntual aseverar que gracias a la experiencia que acredita la empresa es posible brindarle a la industria agrícola en general desde el pequeño hasta el mediano y gran agricultor un proceso eficaz que va desde el recibo del grano de cosecha para posteriormente procesarlo, es decir la firma cuenta con equipos y procesos de pre-limpieza, secado, silos para almacenamiento y conservación, igualmente hay en portafolio equipos para trilla, molinería y manejo de otros bienes agrícolas.
En todo ese viaje de valor agregado, anotó Lucchetta, la compañía tiene igualmente soluciones de empaque, un círculo completo de oferta a la agroindustria.
Sin duda, la tecnología eliminó barreras y esa distancia enorme que existió entre agricultores e industriales, a tal punto que hoy un pequeño núcleo agrícola puede acceder a bienes de capital para ahorrar y perfilar de major manera el negocio de cultivar y cosechar en vista que tiene a la mano la transformación, su gran paso al éxito desde tribunas de rentabilidad. A juicio del directivo, Inprotec es el gran aliado de los agricultores de arroz, maíz y soya que entendieron que la tecnología es realmente importante porque actualmente por los avances, la capacidad de producir alimentos de buena calidad es un hecho que rodea los cereales y la leguminosa en mención que día a día ven como avanzan de manera vertiginosa las distintas soluciones.
Según el experto, en el caso de arroz, ya existen máquinas para procesar el grano de 15 toneladas por hora, algo que hace cinco o diez años era impensable, pero los tiempos pasan y hoy el agricultor tiene la manera de prosperar de la mano de la tecnología que permite transformar grandes volúmenes, tan eficiente que permite trillar y obtener grandes cantidades de productos en agroindustria como maíz, arroz y frijol soya.
Es apenas consecuente pensar que la tecnología per sé, es un factor esencial de la competitividad y precisamente las grandes arroceras en Colombia, apuntó Moisés Lucchetta, trabajan bajo el principio de economías de escala un factor que permite que esas estructuras empresariales sean mucho más productivas y eficientes que logran eficiencia con un número determinado de equipos, pero en opinión del conocedor, es una mezcla determinante que involucra equipos de alta tecnología, también de gran capacidad y sumamente favorables porque en el caso del arroz hay soluciones que rompen menos el grano, el gran valor en este cereal destinado al consumidor.
Estos equipos, orientó el ingeniero, permiten sin ningún inconveniente trabajar 10 o 12 toneladas por hora con un porcentaje de partido muy bajo, entonces hay una muestra gratificante en los rendimientos postcosecha que únicamente se logran con eficiencia y tecnología.
Inprotec cuenta con un generoso portafolio, la firma tiene en la línea de recibo, limpieza y secado equipos de fabricación brasilera y e la línea de silos para almacenamiento de grano la firma comercializa graneros fabricados en Turquía con una tecnología especial de recogimiento que le das una larga vida útil al silo, ahora en el segmento de trilla la tecnología se trae también de Brasil más exactamente del grupo Zaccaria, en el frente de frío para conservar los cereales en depósito se trabaja con tecnología alemana, luego hay un portafolio altamente diverso y de muchos países.
Esta empresa lleva soluciones Tecnotok de Brasil, ideales para empaque y una gama de equipos y tecnologías de primera línea puesto que se trata de fabricantes que se localizan en el mercado global fácilmente por tratarse de lo mejor en cada especialidad.
Las soluciones de Inprotec, explicó el Gerente Comercial de Inprotec Moisés Lucchetta son accesibles para los productores que las pueden adquirir encontrando una rápida tasa de retorno por la versatilidad que las caracteriza, pero igual por su adaptabilidad y capacidad de los equipos que los hace posibles para pequeños, medianos y grandes agricultores, entre estos últimos, los grandes molinos de arroz que hacen parte de la industria de gama alta y elevada capacidad en obtención.
No se puede dejar de lado que los equipos comercializados por la firma son de muy alto reconocimiento, pero también el equipo de ingeniería de Inprotec, anotó Lucchetta, desarrolla proyectos para distintas escalas, pequeños, medianos y grandes agricultores o transformadores.
Es notorio que la compañía lleva los mejores equipos y garantiza una operación eficaz y tranquila, pero sin perder de vista el impacto social porque Inprotec piensa en el pequeño agricultor, no en vano tiene claro que cubriendo todas las capas se lleva una gran oportunidad para un sector de la agricultura que está prácticamente olvidado porque al pequeño labriego, acentuó, no lo mira nadie.
“El pequeño cosechador, el de 50 o 100 hectáreas que en arroz no es una extensión tan grande, tiene la opción de acceder a equipos para sumar en competitividad y eficiencia”, declaró el señor Moisés Lucchetta.
La oferta en soluciones para los arroceros es demasiado importante porque con los equipos de Inprotec los agricultores no tendrán que estresarse durante la cosecha buscando quien les reciba su arroz en vista que este producto en paddy verde después de 72 horas comienza a deteriorarse, fenómeno que genera pérdidas y ruina en algunos casos.
Hay que recordar que la actual coyuntura de precios con tendencia a la baja por la sobreoferta mundial y local de arroz conllevó a que en el Casanare algunos productores decidieran no cosechar o tirar la que lograron recolectar porque los niveles de remuneración no cubrían los costos de producción, un problema que se puede evitar haciendo secado en los núcleos productivos, procesando hasta poder llevar arroz blanco a silos propios que se pueden adquirir por sistemas asociativos o de cooperativa, dicho de otra manera, nada imposible.
La compañía, dijo Lucchetta, está llegando al pequeño agricultor y a las asociaciones campesinas de menor capacidad, muestra de ello es que a través del área comercial se está haciendo diseño exclusivo para esos medianos y pequeños agricultores y de esa manera evitar que el arroz se les dañe por la corta vida útil del cereal en verde, caso contrario hay alternativas para que esos pequeños agricultores agreguen valor y eviten ir al molino grande sino que los puede llevar a comercializar y crear industria que se puede crear a partir de pequeños productores primarios amparados por esquemas asociativos.
Esa transformación a baja escala, subrayó el Gerente Comercial de Inprotec es tan determinante en las finanzas de los agricultores de menor tamaño que una vez se asocien terminan generando una mediana empresa importante, no solamente para su sustento sino aportando estimablemente en el sector en donde están ubicados.
La empresa va bien, sus cifras son alentadoras e ilusionan porque independiente de las coyunturas exógenas e internas, de la incertidumbre, aranceles gringos y el momento complejo de la economía, ha vendido bien, sigue creciendo, fruto del esfuerzo y la innovación expresada en servicio y portafolio.
“Este año tuvimos un porcentaje de ventas muy superior al de 2024, es de aproximadamente el 12 o el 15 por ciento, hay reservas por el 2026 debido a que será un periodo electoral, pero como todo, la gente tiene que comer y para eso el agricultor debe sembrar, hay sectores que no pueden parar y nosotros tenemos las máquinas, los equipos y los diseños apropiados para que esa comida se produzca de la mejor forma. El dólar bajo, hay una gran oportunidad y el momento es muy bueno para importar y optimizar equipos de siembra, cosecha y agroindustria, sabemos que el exportador no tiene la misma sonrisa, pero hay instantes como la revaluación que abre opciones de cambio, actualización e inversiones en el sector agropecuario”, concluyó el Gerente Comercial de Inprotec, Moisés Lucchetta.
Asociatividad, una salida consecuente para progresar
La agricultura durante los siglos se caracterizó por hacerse con ingenio, enfrentando clima, un reto de toda la vida, inclusive desde mucho antes del neolítico, de hecho, la última glaciación fue la esclusa para la actividad agraria hace 10.000 o 12.000 años, momentos de siembras, transformación y domesticación de animales de granja. Desde esos tiempos la dificultad resultó un común denominador, pero como siempre con la humanidad surgió el ingenio y la creación de herramientas y soluciones para facilitar el arado, la recolección y la agroindustria.
Todos en el campo generalmente siembran, pero algo muy común es que la mayoría de labriegos cultivan sueños como si desde la ruralidad todo fuera imposible o demasiado rocoso para lograrlo.
En este momento del siglo XXI, con toda la tecnología a disposición, en plena cuarta revolución industrial, la era digital, de la precisión y la inteligencia artificial, IA, aún algunos campesinos apelan al azadón, al arado con bestias y a unos procesos añejos, los de vieja data en el momento de la información. Muchos ven imposible procesar sus productos, acopiarlos y garantizar utilidades, seguramente ese pensamiento individualista marcó un momento complexo de la economía primaria y hoy de a poco empieza a salir de esa dura concha para entrar por los necesarios senderos de la competitividad.
Con este medio habló la Líder Comercial de Inprotec, Angie Paola Roa, quien indicó que el agricultor que quiera sobresalir debe dejar de lado esa posición tediosa del “no puedo” y menos en momentos de modelos económicos para el agro como la asociatividad o el mismo cooperativismo.
En su análisis, Roa expuso que más complejo que no hacer uso de las opciones económicas de compra, a muchos agricultores los impacta el miedo al fracaso y a hacer unas inversiones amplias de las cuales no saben en qué momento las van a recuperar, pero, dijo, hace parte de una cultura que encontró un lamentable nido en el olvido y la soledad en la que viven los labradores, las personas importantes para el comercio de alimentos, pero dejados de lado a la hora de acceder al conocimiento, campo en el que no se les apoya.
Roa señaló que la mayoría de los cultivadores son personas del campo que generalmente tuvieron padres de terruño rural sin acceso a la educación y alejados de toda posibilidad en bienes públicos, salud, vías o comercialización justa, hoy muchos dieron un giro y se preocuparon por formarse inclusive en educación superior con lo cual vislumbraron un campo empresarial, lleno de posibilidades y urgido de tecnología frente a la caída de la nano de obra. Es un enorme gusto, apuntó Angie Roa, ver agrónomos e ingenieros instruidos, inquietos y propositivos que exploran en detalle el suelo para mejores cosechas, personas que empezaron a perder el miedo, esa emoción básica que se activa y no permite avanzar.
“Yo les digo que no debe haber miedo en las personas que siguen creyendo en la agricultura y en esa ruralidad productiva en donde hay tanto por hacer, insisto, la unión fortalece y no hay obstáculos para poderse agremiar o buscar modelos asociativos para tener una planta de secamiento cerca a los cultivos, procesarla y no perder las cosechas o rentabilidad por venderlas con afán en menos de dos o tres días, un negocio mal hecho que se adelanta bajo la presión de las 75 horas después de recoger arroz paddy verde”, explicó Angie Paola Roa.
Fórmulas, dijo la vocera, hay muchas, pero manifestó que es fácil unir esfuerzos y adquirir equipos que ofrezcan valor agregado, un molino, una secadora y soluciones para productores de baja escala, inclusive contemplar unos silos y tener tranquilidad y la posibilidad de contar con ingresos adicionales por facilitar sus bienes a otros labriegos.
Evocó que cuando llegó a Inprotec notó que se pensaba mucho en la industria y en los molinos grandes y por eso caviló y dijo por qué no dedicarse en ofertar soluciones para los pequeños ya que son personas con mucha experiencia que pueden hacer empresa si se les brinda las herramientas tecnológicas y financieras para que despeguen mirando su actividad de otra forma y con la certeza que no van a perder ni a vender al azar.
Cuando inició el proyecto, puntualizó que se hicieron dos plantas pequeñas para agricultores con capacidades de 50 y 100 hectáreas en donde el primero recolecta 250 toneladas por cosecha y el segundo 500 toneladas por hectárea. La firma adelantó un estudio modular para un proyecto de secamiento para agricultores de baja capacidad en donde hay un silo pequeño, una pre-limpiadora y una secadora de tamaño modesto, una experiencia inolvidable para la Angie Paola Roa habida cuenta que los productores ya podían almacenar su arroz paddy seco.
“La importancia del arroz está en el secado a tiempo, el paddy verde es perecedero y suele dañarse relativamente rápido y es por eso que todos los arroceros corren al molino para que les sequen el arroz o se lo paguen rápido al precio que sea para que no haya pérdidas. Pensando con más calma y aplicando el sentido común los agricultores pueden hacer una sociedad, reunirse con dos o tres cultivadores del área, montar una planta pequeña, cosechar y secar en sus propias instalaciones para que puedan guardar arroz hasta que mejore el precio del arroz y ganen a la inversa porque cuando llegan las cosechas bajan los precios del cereal por la ley de la oferta y la demanda, allí la industria aprovecha los volúmenes ofrecidos para comprar a menor valor. Con los arroceros que tiene su factoría el tema es literalmente a otro precio porque pueden guardar grano por más tiempo y venderlo luego de tres o cuatro meses a valores superiores, todo un concepto de valor añadido porque llevar arroz seco al molino representa mejores ingresos”, apuntó la Líder Comercial de Inprotec.
Otra opción de los pequeños agricultores, citó Roa, es que hagan el proceso de trilla en donde pueden sacar la masa blanca o arroz blanco, algo que se puede concretar con equipos brasileros Zaccaria, firma la cual Inprotec maneja equipos que procesan 250 kilogramos por hora de arroz blanco hasta 2.5 toneladas por hora, luego lo ideal es afianzar los mencionados proyectos modulares, pero si el proyecto es muy grande para cierto sector de los arroceros, sencillamente se revisa el proyecto y se diseña o ajusta conforme lo sugieran lo productores que tendrán un presupuesto del que no pueden moverse.
La experimentada dijo que los equipos son costosos, pero sostuvo que se puede hacer empresa de acuerdo a las capacidades y presupuesto, inclusive yendo a las instituciones que les ofrezcan financiamiento como pasa con Finagro, Banco Agrario, Fondo Nacional de Garantías y otras prestas al desarrollo rural.
“Con Inprotec los arroceros y los agricultores en general no tienen pérdida porque les hacemos acompañamiento desde el diseño como tal hasta el montaje y puesta en marcha de estas plantas”, expresó Angie Paola Roa.
El éxito, dijo la especialista, es posible siendo enfáticos y con ayuda mutua, es decir haciendo uso de la asociatividad, del cooperativismo bajo la convicción que unidos hay margen de lograr metas y llegar tan lejos como se quiera. En el Tolima, comentó hay varias mutuales o asociaciones, pero muchas dedicadas al riego y a otros temas dejando la productividad agroindustrial aparte, pero el asunto no está mal, precisamente esas personas que saben del modelo pueden ver proyectos, analizarlos y coadyuvar con su ejecución, montajes en donde esos otros conocedores de la agricultura pueden participar. Una planta, recalco, Roa, no solo le genera utilidad a los tres o cuatro dueños, también puede ser útil para otros arroceros que tendrán quien seque arroz y acopie con mejores tarifas, una manera de acelerar el retorno de la inversión y a seguir pensando como empresario.
La tendencia por la misma globalización es deshacerse de temores, actuar con seguridad y apostarle al valor agregado, la verdadera renta de la agricultura, una manera de surgir y ayudar a quienes vienen atrás con ganas de empujar el mismo carro.