Domingo, 26 Abril 2026 06:02

Colombia debe apostar por agrotiendas y salvar el campo: Confemep

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En agricultura se sigue golpeando la productividad, el empleo y el consumo, sin embargo, al país se le sigue tomando del pelo, tristemente siempre se busca alimentar al Estado, pero no al pueblo.

En Colombia la economía viene reportando problemas desde los años 70, este periodo puede tomarse como referencia a la caída de la agricultura y el inicio del marchitamiento de la industria, fenómeno que consolidó la tragedia en 1991 con la entrada en vigencia de la apertura económica que les entregó en bandeja de plata los mercados internos a una cuestionable cadena de intermediarios que no solo echó raíces en las centrales de abastos sino en la industria y hasta en la salud porque con la ley 100 de 1993 se avaló la operación de las Entidades promotoras de Salud, EPS, que fueron eso, intermediarias que entorpecieron el pago directo a clínicas y hospitales generando un total caos. A ese funeral de la industria grande acudieron las multinacionales y una retahíla de inversionistas que hicieron la fiesta en medio del velorio, claro, estaban estrenando modelo económico, el catastrófico Consenso de Washington, el que privatizó empresas rentables con ventas irrisorias y el mismo que impulso la extracción disfrazada de gran inversión.

Los colombianos se dieron cuenta que la propuesta de desarrollo era procaz y sumamente inconveniente, a grandes rasgos impulsaba la cesión de activos de la nación que se construyeron con muchísimo esfuerzo para luego entregarlos al gran capital. Por esa vía Colombia perdió sus electrificadoras regionales, los paradigmas rentables como ISAGEN, Telecom, bancos y muchas otras empresas estatales que pasaron a manos de los privados en negocios que muchos han cuestionado.

Al país se le vendió la idea de que no era capaz, que no tenía la fuerza ni la capacidad de competir o generar crecimiento, es precisamente por eso que se perdió la agricultura pues para nadie es un secreto que los productores tuvieron que desprenderse de las enormes siembras de algodón, mermaron el cultivo de maíz, sorgo, soya, ajonjolí y hasta de café. Por las fronteras empezó a verse el comercio de los productos primarios como arroz, papa, cebolla, café, maíz y muchos otros bienes básicos. Por la apertura aumentaron las importaciones y se atomizó el empleo rural.

En el recuerdo quedó la Colombia pujante y prospectiva de los años 50 y parte de los 60, resulta increíble, pero hubo más desarrollo y mejores empresas, basta con recordar las hilanderías y textileras, las sólidas factorías de calzado, empresas de confección y manufactura, así como una fila enorme de oferta de servicios y bienes adicionales que terminaron en el campo santo que adquirió el gobierno de la apertura económica.

Como se ha dicho recurrentemente en este medio, hace parte de las cuitas el campo que fue agradable, rentable y promisorio, pero resultó mejor importar comida anulando al labriego y comprar las tierras bondadosas de la agricultura para condominios y otras estructuras de cemento, a propósito, cementeras que también fueron colombianas.

 

 

Hoy la producción agrícola es escasa, algunos analistas creen que con la entrada plena de los TLC algunos productos ya están en cuenta regresiva porque inexorablemente fueron marcados para desaparecer. Hoy muchos empresarios y productores devuelven melancólicos la película y lamentan tantas equivocaciones y concesiones que terminaron empobreciendo y condenando a una nación que no mereció la extinción de sus empresas y menos, en tiempos difíciles, ultimar las siembras cuando amenazan hambrunas y apuros varios. Colombia importa más de 13 millones de toneladas de alimentos, los mismos que dejó en obtener para satisfacer a los amigos norteamericanos, los impulsores del libre comercio y hoy proteccionistas y enemigos de la competencia, vaya contrasentido.

Fue perverso el manejo económico de los últimos 30 años, los economistas, centros de investigación, proclives al pensamiento neoliberal, incluyendo presidentes y ministros, actuaron y gobernaron sin iniciativa, tan solo cumplieron con las ordenes que abusivamente llegaron desde la Casa Blanca o desde oficinas en Washington como el Fondo Monetario Internacional, FMI, o el Banco Mundial, BM.

Esos mandatarios que le faltaron al país deben tener hoy cédula estadounidense y seguramente en sus lujosas casas el busto del lamentable James Monroe, un hombre que alucinó y se creyó dueño de un planeta, todo un precursor de abuso y carencia de respeto por las patrias independientes que con sangre alcanzaron su libertad, algo que al parecer no leyeron algunos inquilinos de la venida a menos Casa de Nariño.

En 1968 nació el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, una iniciativa audaz y útil, pero entre compromisos y corrupción, la entidad se marchitó y allí el campesino perdió porque no hubo quien absorbiera su cosecha, quedó en manos de los intermediarios que lo llevaron derechito a la ruina, pero no hubo lío porque eso estaba dentro del mandato imperialista al que poco le importó la tragedia de los de ruana, hoy en vertiginoso declive.

No se puede negar que Colombia ha crecido en otros frentes, que hay opciones, pero genera angustia que no hay autonomía y que las políticas siguen siendo una directriz de los grandes e intocables poderes. Hay que reconocerles a los empresarios y al sector privado una apuesta trascendental por el desarrollo, ese que se hace a un costo muy alto porque mientras los gobiernos hablan de competitividad no dudan en incrementar impuestos que resultan injustos y nada convenientes, teniendo en cuenta que los dineros de la nación terminan en las cuentas de los corruptos o pagando en el extranjero la comida que no se les compra a los campesinos que cometieron el pecado de haber nacido en Colombia.

Hoy el país está en una tremenda disyuntiva, muchos sectores están cayendo y no hay luz al final del túnel, pero por fortuna hay propuestas e ideas que en su momento serán bien recibidas, una de ellas surgió en el marco del lanzamiento oficial del segundo Gran Circuito de Congresos convocado por la Confederación de Empresas Medianas, Pequeñas y Micro de Colombia, CONFEMEP, nada más y nada menos que la creación de tiendas para comercializar de manera especializada productos del campo, un esquema en el que podrían darse alianzas de tenderos para erigir nuevos formatos y de esa manera salvar dos sectores importantes de la economía, agricultura y tiendas de barrio, hoy arrinconadas por las grandes superficies y las ofertas de bajo costo.

 

 

El Director de Educación y Proyectos de Desarrollo de CONFEMEP, Fabio Eduardo Hoyos Navarro le dijo a Diariolaeconomia.com, que la entidad que cumple tres años de menesteres decidió impulsar las agrotiendas, una fórmula que bien diseñada puede rescatar tiendas y apoyar decididamente la agricultura colombiana hoy lastimada y casi sepultada por las importaciones incentivadas por un modelo económico que hizo mucho daño.

El experto manifestó que en medio de la tormenta hay muchas posibilidades, razón por la cual se están analizando las más afortunadas para el aparato económico, empero sostuvo que el modelo de agrotiendas gusta y de acuerdo a como finalmente se conciba será un instrumento determinante para tenderos que tendrán que cambiar el chip y entrar en la franja de especialización sin descartar procesos de asociatividad que darán mayor solidez.

Todos los proyectos, lo que incluye las agrotiendas, tendrían apoyo económico a través del Banco Solidario que se piensa crear, una iniciativa que ya se está estudiando para finalmente determinar cuál sería la manera de abordar la entidad financiera de elevado perfil social. En principio se ha pensado en una estructura tipo Nubank, algo similar a NU Colombia que se crea rápidamente, seis meses en promedio, banco que una vez logrado dejaría ver unos beneficios inmediatos.

 

 

Este nuevo banco nacería con un capital ya propuesto y que serviría de patrocinio. con el tiempo, explicó Hoyos Navarro, se afianzaría una entidad bancaria que captaría recursos del público y con ello se facilitaría la ampliación de todo el sistema monetario y económico para su desarrollo, meta que demandaría en promedio dos años para su consolidación.

Dijo que en el tema de educación la idea es formar a la gente de una manera práctica para lo cual se contempla iniciar con carreras técnicas y tecnológicas en donde el SENA operaría como aliado o a manera de competencia de no concretarse una sinergia.

 

“La idea es que nosotros enfoquemos directamente lo que se necesita en la pequeña y mediana empresa y allí el SENA tiene un problema porque de acuerdo al número de trabajadores, obliga a los empresarios a contratar un aprendiz en la empresa. Allí hay que tener en cuenta que la mayor cantidad de empleados que necesitan las factorías nacionales no tienen formación académica en el SENA que instruye para otras competencias empresariales de manera encomiable, pero no para todo, como por ejemplo temas de seguridad, aseo y todo lo demás, algo que imposibilita la contratación del egresado cuando el servicio no forma en esas áreas, un motivo para elegir monetizar a la entidad de formación estatal y no recibir estudiantes en práctica, la idea es que nosotros con nuestros convenios con las pequeñas y medianas empresas, tengamos la práctica de lo que necesitan nuestros estudiantes, formados para la pyme y desempeños puntuales que no están en el pensum del SENA”, especificó el señor Hoyos Navarro.

 

En su plática, el economista y administrador de empresas de la Universidad Santo Tomas con postgrados adelantados en la Universidad la Gran Colombia enfocados en la gestión de proyectos de desarrollo y maestría en educación, agregó que se tienen otra serie de estudios estratégicos que se vienen desarrollando y que serán propuestos al ministerio de Educación, unas iniciativas que le permitirán a la persona adquirir muchas características en corto tiempo, que de poderse legalizar redundaría en una formación integral para la gente que necesita la pequeña y mediana empresa como también tenderos o propietarios de distintos negocios, algo muy práctico y efectivo para los asociados.

 

 

Cabe tener en cuenta que un proyecto financiero y educativo sería totalmente posible teniendo en cuenta que en Colombia hay entre 110.000 y 500.000 tiendas de barrio, un modelo comercial que podría evolucionar apalancado en crédito y asociaciones, una oportunidad de convertirse en una propuesta de mayor tamaño al servicio de la comunidad dentro de lo cual está la ruralidad y allí no se puede omitir que querer es poder.

Sobre las agrotiendas de especialidad, el Director de Educación y Proyectos de Desarrollo de CONFEMEP, expuso que sin lugar a la vacilación es un plan estratégico y necesario porque habría verdadera absorción de cosechas a precios justos con una ventaja, no solo se dignificaría el trabajo del campo sino que garantizaría alimentos frescos y de buen precio para los hogares que han desmejorado en porcentaje importante su dieta.

El economista afirmó que la idea tiene un gran referente y es el IDEMA, entidad que funcionaba como un gran centro de acopio, pero además como regulador de precios para evitar la especulación y el detrimento en los agricultores que reciben pagos lamentables en donde no hay utilidad o se vende a pérdida porque muchas veces los alimentos se dejan en las grandes centrales con precios que ni siquiera cubren los costos de producción, pasa a consolidar un tremendo negocio para los intermediarios que manejan portafolios paralelos nada satisfactorios para los plantadores que siguen abandonando sus fincas porque la rentabilidad dejó de existir hace mucho rato.

 

“Hay campesinos que sufren produciendo y les pagan muy poco porque los intermediarios se llevan el dinero en tanto que los cultivadores se quedan con la ruina, prácticamente en ceros, precisamente porque producen en total desequilibrio porque entre lo que producen y venden es muy bajo o nulo el margen de ganancia, la idea es poderles aumentar el esquivo indicador de utilidad que manejan los grandes centros de acopio”, apuntó el versado.

 

 

Dijo que otro referente es la Federación Nacional de Cafeteros que hace lo posible por mantener precios de remuneración y defender la garantía de compra del grano producido. Eso, manifestó Hoyos Navarro, hace pensar que se puede llegar a tener agrupaciones productivas sectorizadas apalancándose en el modelo cafetero, totalmente incluyente, justo y de avanzada, unos centros de acopio versátiles con toda la integralidad del proceso, una manera de garantizar la seguridad alimentaria porque con una nueva perspectiva se le puede decir al campesino que se quede en el campo porque sembrar y cosecha sí da plata y bienestar a las familias, algo que implica elementos adicionales que habrá que implementa poco a poco.

El administrador de empresas, recalcó que el proceso no es de la noche a la mañana o en un abrir y cerrar de ojos, se necesita tiempo y el apoyo de la clase política en las regiones sin que eso implique pignorase o quedar empeñado, sencillamente es un acto de buena voluntad atendiendo las afugias de la ruralidad.

El tema, acentuó Hoyos, necesita del concurso de gobernadores y del mismo presidente de la República, independiente de quien resulte elegido porque lo único cierto es que se necesitan muchos recursos para poder de que manera se desarrolla e implementa.

 

Los tenderos tienen que innovar para avanzar

 

 

Las tiendas de barrio y sus operadores los tenderos siguen inquietos por lo que puede ser su devenir si no hay una acción inmediata que les permita seguir en el mercado y para ello, insistió el directivo, debe dejarse de lado la individualidad para entrar en esquemas asociativos que les permita identificar oportunidades en otro tipo de forma.

Expuso que la productividad en Colombia es y ha sido tan grande que desde los tiempos de la colonia se lograron cosas importantísimas y eso incluyó, aparte de una cultura diversa, un comercio y una industria que mostraban poderío frente a los retos que más adelante iba a tener la humanidad.

Colombia fue productora importante de muchos bienes, por ejemplo, la quina que tuvo un auge exportador entre 1850 y 1882 con grandes centros de obtención como Cundinamarca, Boyacá, Cauca y Nariño. La lista es larga, pero un producto que prácticamente se desperdició, siendo Colombia un productor importante y precolombino fue la vainilla que tuvo un momento en la historia, pero que lamentablemente hoy la gente la desconoce porque asocia esta especie de orquídea con productos orientales importados. La planifolia, detalló Hoyos Navarro, fue muy explotada en tiempos coloniales, pero todo terminó por lo de siempre, fue objeto de múltiples impuestos y por eso la planta viajó a Filipinas y otros países, hoy el país asiático es el gran proveedor de vainilla a nivel global, principalmente Estados Unidos y muchas multinacionales, todo por miopía por cuanto la planta se dejó tirada como si se tratará de yerba mala, una siembra que podría estar de vuelta con voluntad política y empresarial.

Otro cultivo que pasó al cajón de los recuerdos fue el tabaco que luego de ser satanizado casi que desapareció de las zonas de cultivo, una pena toda vez que el país tuvo grandes tabacaleras y se fue del todo por precarios manejos políticos. Ni que decir de los cultivos de algodón que alcanzaron caso las 300.000 hectáreas y hoy la siembra de esta fibra está cerca de cero, hoy se intenta volver, algo que puede ser trascendental por el abastecimiento de hilaza y la misma rotación de tierras, mecanismos que oxigena y mejora los suelos para nuevos cultivos.

 

 

Hay pesar por el maíz millo o sorgo ya que como los anteriores se está acabando en el país, muy mal antecedente porque con esas siembras se apuesta con seriedad y tranquilidad por la seguridad alimentaria, el empleo y las exportaciones. Subrayó que es urgente reavivar esas siembras, pero con cimientos fuertes en donde al agricultor se le den todas las garantías para que puedan crecer y poder sacar sus cosechas.

Hoyos Navarro deploró el estado de las vías terciarias, inexistentes en la mayoría del territorio porque no se le puede decir vía a una trocha que resulta terrible en invierno e incomoda en verano. La placa huella no fue una solución porque con un camión de diez toneladas que transite sobre estas, las desmorona y destruye, esas fueron opciones para carros, camionetas o camperos para llegar a las fincas y gradualmente sacar los productos a los centros de comercialización.

Esas vías, deberían ser familiares y muy bien hechas porque deben soportar presiones y todo tipo de exposición con transporte pesado, pensando en las zonas más alejadas del país en donde es un martirio ser agricultor porque se adolece de un verdadero sistema logístico que permita recolectar alimentos, materias primas y ganado.

A juicio del Director de Educación y Proyectos de Desarrollo de CONFEMEP, Fabio Eduardo Hoyos Navarro, la endeble política agropecuaria llevó a que los productos que Colombia siembra desde tiempos lejanos sean importados, un ejemplo claro es todo lo que pasa con café, cacao, plátano y otras obtenciones que desplazan las locales sin que se conozca de su trazabilidad. Ese asunto, observó es la muestra fehaciente de la falta de política, de la carencia de implementaciones y de los vacíos estructurales que deberían ser atendidos por los ministerios, en este caso agricultura, comercio, transporte y prácticamente todos los despachos porque falta seguridad física, salud, educación, acueducto y saneamiento básico, unos bienes públicos que resultan lujo en donde se producen alimentos.

 

 

Dentro de la política agraria es necesario, expresó el economista, analizar qué productos deben ingresar y cuáles no, eso en defensa de los agricultores nacionales que fueron llevados a la banca rota por los caprichos de los grandes capitalistas a los que debió ponérseles impuestos temporales, una medida que unilateralmente tomó Donald Trump y que marcó un ejemplo a seguir.

 

“Yo le pondría impuestos al arroz presto a llegar a los puertos o a las ciudades colombianas porque vendrá la cosecha y necesitamos garantizar buenos precios y una tranquila comercialización a los agricultores. Justo ahí deben aplicarse salvaguardias o mayores aranceles porque no se puede generar tragedia en el país por el capricho de algunos en la cadena y ese ejemplo aplica para todos los productos que brotan del campo colombiano. Un tema a corregir también es la diferencia de precios que al final del ejercicio le queda al gobierno que la lleva a sus arcas cuando tendría que llevarse a las asociaciones o agremiaciones que deberían tener todas las garantías para poder usar esos excedentes, manejar correctamente el mercado y mantener bajo control las llamadas temporadas bajas en donde los precios tienen que ser justos, repito, es cuestión de voluntad política, son cosas sencillas, pero en el país hizo carrera el dejar de lado las cosas fáciles si pueden hacerse difíciles”, puntualizó Hoyos Navarro.

 

El país debe caminar hacia políticas justas y serias porque mucho se habló de revisar los TLC y no se hizo, el asunto quedó aplazado, no pocos han reconocido la necesidad de hacer sustitución de importaciones, pero las compras internacionales de alimentos siguen creciendo, unas que inclusive generan sospecha porque entran en tiempos de dólar costoso.

 

 

Nada pasa y se sigue golpeando la productividad, el empleo y el consumo, sin embargo, al país se le sigue tomando del pelo y tristemente siempre se busca alimentar al Estado, pero no al pueblo, generalmente sale impactado el producto nacional, hoy a la deriva frente a las masivas importaciones, pero con todo y eso, muchos de los responsables quieren llegar a la presidencia.

En opinión de Hoyos Navarro tiene que combatirse fuertemente la corrupción, un cáncer que quita derechos y genera verdadera inflación. El dinero, dijo, debe usarse y gastarse adecuadamente porque durante décadas los colombianos han pagado impuestos, los últimos tremendamente onerosos y mucho de ese dinero se evaporó sin que los ciudadanos vieran grandes obras o contundentes soluciones. El directivo demandó del futuro gobierno un Plan Nacional de Desarrollo integral, congruente y a satisfacción de un país desplazado por el libre comercio, hoy mandado a recoger, puesto que es perentorio retomar la agricultura y rescatar las industrias para que haya empleo, dignidad y acabar con el asistencialismo de una vez por todas, gran responsable de la escasez de mano de obra.

Las Mipymes que representan en promedio el 90 por ciento de la producción nacional que apuestan por inclusión y tejido social son las empresas que miran más feo. Lamentó que en el círculo de afiliados a las cámaras de comercio solamente están empresas y comercios con ánimo de lucro, dejando por fuera entidades sin ánimo de lucro que producen y mueven el país, pero no tienen asiento ni voto en la institucionalidad cameral, algo semejante a lo que sucede con el pequeño y mediano empresario, con los tenderos y el campesinado en general, actores completamente olvidados y por fuera de los avales constitucionales porque no gozan de la equidad o la igualdad.

Los tenderos y las pymes que manejan el 90 por ciento de la economía no están amparados por el bienestar integral, es decir muchas personas no tienen acceso a salud, vivienda, alimentación, vestido, educación, salud física y mental, así como medios de comunicación. El economista concluyó que más allá de los inconvenientes hay tiempo para corregir y hacer de Colombia un gran país, el que no quisieron ver prosperar algunos sujetos con un paupérrimo concepto de poder.

 

En tiendas hay muchos problemas

 

 

Por su parre el presidente de CONFEMEP Laureano Suárez Delgado expuso que es hora de que el gobierno les preste más atención a los tenderos y comerciantes porque están siendo víctimas de la inseguridad toda vez que son asaltados, extorsionados, amenazados y asesinados, un caos que no se ha podido meter en cintura en vista que cada vez aumentan las bandas de atracadores y delincuentes en Bogotá y el resto del país.

Al analizar el sector tendero es notorio el daño que hacen los préstamos gota a gota, totalmente irregulares que cobran intereses del 20 y el 30 por ciento, una calamidad porque generalmente se dificulta reunir la cuota a tiempo y por esa razón muchos acreedores han pagado con sus vidas, otro aspecto que debe atacarse porque al no haber crédito a la mano, la gente opta por arriesgarse.

 

“No la pasan bien los tenderos, las grandes superficies y los nuevos formatos de bajo costo están arrasando con la única opción de muchas familias que por años o por décadas vivieron de este negocio, suministraban a los hogares los bienes básicos y hasta fiaban, pero hoy están tristemente en esa alarmante línea de extinción y por eso hay que hacer hasta lo imposible para que adelanten las innovaciones, repiensen su actividad y salgan adelante sin perder su acostumbrado ingreso. Aquí hay familias que vivieron de la tienda toda su vida, un negocio que luego pasó a manos de los hijos, pero que experimenta actualmente la más cruda incertidumbre”, acentuó el presidente Nacional de CONFEMEP.

 

El directivo sostuvo que es muy necesario el apoyo del gobierno para estas frágiles economías que resultaron vitales en la economía y en la sociedad, pero que hoy penden de un hilo por el exceso de normas, más de 18, que hacen inviable el desempeño de los tenderos y tenderas en todo el país ya que hay inconvenientes por impuestos, planeación, uso del suelo, salud así como también pesas y medidas.

 

 

Explicó que con los temas de sanidad las cosas adolecen de claridad porque ese aval que se diligencia ante la respectiva Secretaría de Salud se torna en un dolor de cabeza habida cuenta que la Policía exige de manera obligada la debida licencia sin importar que las diligencias estén hechas y que el documento depende de la celeridad de la entidad encargada, entonces hay cierres y otros apuros que deben corregirse con modificaciones a la norma.

Vio con buenos ojos el impulsar de manera ambiciosa las agrotiendas y hasta los comisariatos de carne que en tiempos pasados operaron de manera eficiente y rentable, pero también otros sectores de la distribución o el suministro utilizando la fuerza de las asociaciones de tenderos, ferreteros, confeccionistas, pequeños constructores y otras para cambiar el chip y seguir en el comercio de manera articulada, organizada e innovadora, una iniciativa consecuente porque redunda en un servicio especial para las familias colombianas que por lo general buscan opciones.

Llamó la atención sobre la necesidad de tener a los tenderos y a todas las micro y pymes cubiertas y amparadas con seguridad social y otros derechos constitucionales que muchas veces no son una posibilidad porque las ventas no dan para tanto.

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