Sábado, 04 Septiembre 2021 01:38

En cultivos de cacao, cuentas claras y chocolate espeso

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En el lanzamiento de la iniciativa Cacao Inclusivo Sostenible, CIS, organizado por sus gestores, las agencias de cooperación de Suiza, Alemania y Canadá, hubo espacio para escuchar proyectos y entregar premios.

No cabe la menor duda que la cooperación internacional ha resultado la mejor aliada de la paz, la inclusión y el progreso en Colombia. Gracias a la generosidad de los distintos países, ha sido posible recuperar la agricultura y devolverles la fe a muchísimas personas que prácticamente lo habían perdido todo por culpa del conflicto armado.

Mapiripán es un municipio del Meta relativamente joven, fundado el 10 de julio de 1963 en momentos en que gobernaba en Colombia Guillermo León Valencia. Eran tiempos complejos porque el país aún sentía los ecos de la violencia desatada en los años 50 que empezó a expandirse de manera eléctrica por todo el país tras la muerte en Bogotá del líder político Jorge Eliecer Gaitán.

Bien puede decirse que la población nació en medio de incertidumbre y guerra, tristemente creció con ella. No obstante, sus habitantes han hecho esfuerzos ingentes por dejar un pasado lamentable atrás y enfocar futuro sobre la base del gran activo nacional, la agricultura.

Este próspero municipio con una extensión de 11.900 kilómetros cuadrados fue erigido a orillas del río Guaviare, de hecho Mapiripán es vecino del departamento del Guaviare.

Con una altitud de 250 metros sobre el nivel del mar, Mapiripán ofrece oportunidades variadas en agricultura y ganadería, bajo su cielo y entre soles abrazadores crecen cultivos de arroz, palma, frutas y cacao. Igual su inmensa tierra abastece de alimento a los ganados que allí crecen.

Con una población que supera los 17.229 habitantes, el municipio sigue juicioso apostando por cambiar su historia y sembrar junto a los colosales predios, semillas de paz, esperanza, bienestar y felicidad. Sus gentes buenas y dueñas de un arrojo admirable, cambiaron con jardines coloridos, el temor y las tardes opacas en donde desfilaban ausencias, llantos, lamentos y flores negras, hoy todo es diferente y Mapiripán explora nuevas fuentes de ingreso como el turismo y la inversión en proyectos innovadores que ya nos ocuparan.

En la ciudad de Neiva tuvo lugar la presentación de la valiosa e inconmensurable iniciativa, Cacao Inclusivo Sostenible, todo un trabajo de las agencias de cooperación internacional de países amigos como Suiza, Alemania y Canadá. En ese marco llegó al recinto ferial La Vorágine, con una sonrisa contagiosa que solamente fluye como respuesta a la satisfacción del deber cumplido, llegaron los productores de cacao del país, muchos pletóricos de orgullo porque podrían estar en la solemne lista de los diez finalistas del concurso Cacao de Oro. En esa larga fila de cacaoteros estuvieron orondos de felicidad los de Mapiripán Meta, un municipio que huele y sabe a cacao.

Fue grato ver a los mapiripenses arribar al Huila, a una cita inaplazable con la comunidad internacional, con los productores del resto del país y en medio de una gala especial para los agricultores colombianos que tuvieron oportunidad de hablar de siembras, cambio climático, desafíos y valor agregado.

 

Alexander Fontecha Medina-Gente Pa'lante

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, Alexander Fontecha Medina, uno de los líderes de la Asociación de Productores y Comercializadores de Cacao del Meta, APCAM, aseguró que hoy el municipio está en otra tónica, haciendo paz y cambiando los cultivos ilícitos por cacao. Anotó que para el municipio y el departamento el cultivo de cacao es uno de los productos pioneros para el cambio socioeconómico de la población afectada por el conflicto armado.

Sostuvo que la experiencia del cacao les permite a los productores contar la historia de muchas familias y en especial de mujeres que terminaron siendo impactadas por el trance y los alcances de la guerra. Hoy en pleno posconflicto los núcleos familiares y las féminas, ya bendecidas por una agricultura noble, pasaron esa página oscura y están sembrando el legendario alimento.

En opinión de Fontecha Medina, el momento es gratificante porque el futuro del país y del mundo está en la labranza, en una agricultura fuerte que responda a los retos de abastecimiento y a la misma oferta exportable. El campo, el lugar en donde tienen origen los grandes problemas y la violencia, está siendo escenario formidable del cambio y dijo que ahora más que nunca es importante volver a la empresa rural y retomar las actividades que fueron abandonadas por salvar sus vidas, las que se llevó un conflicto absurdo que no midió las consecuencias.

Hoy la población es consciente que el pasado es el pasado y que lo mejor es mirar a la tierra y proyectar el mejor futuro para las nuevas generaciones e inclusive rendir tributo a través del empuje y el compromiso para quienes injustamente partieron.

 

“Yo fui víctima del conflicto armado, a mi madre me la mataron hace ocho años y hoy uno piensa que las reyertas o disputas no tienen razón de ser cuando se trata de ver morir colombianos a manos de inexorables compatriotas, eso no debe pasar. Muchas mujeres perdieron a sus hijos, a sus esposos y allegados porque fueron obligados a combatir en una guerra ajena, quitándoles el derecho a trabajar en el campo y a tener una mejor estabilidad económica, todo, desde luego, pensando en verdaderas oportunidades para nuestros hijos y para Colombia”, comentó el cacaotero.

 

Reconoció que una vez firmado el acuerdo de paz se sintió el aire que ofrece la tranquilidad, el consenso y la sensatez, a tal punto que muchos regresaron al campo en donde trabajan muy fuerte para proyectar a las familias, enterrando un pasado que hoy los hace más fuertes, resilientes y optimistas.

Frente al problema del relevo generacional, un tema para analizar a todo nivel, el emprendedor apuntó que es ideal ofrecer todas las garantías para retomar el trabajo agrícola, pero no solo con el azadón y el machete sino con tecnología, capacitación e ideas frescas. Al campo volverán muchos que hoy están en la universidad, dijo, pero solo garantizando rentabilidad y condiciones comerciales.

Manifestó que el gran problema de la agricultura colombiana es la productividad y la competitividad porque muchos cultivos se esfumaron en detrimento del empleo y la tranquilidad. Estimó que el país rural debe crecer, aumentar sus volúmenes en agricultura y ganadería para fomentar un verdadero suministro y la misma oferta exportable.

 

Cacao de Mapiripán traspasó fronteras

 

 

Por todo el trabajo, el apoyo y la calidad diferenciada que maneja la asociación, el cacao del Meta ha logrado posicionarse en el mercado internacional pues no en vano los cacaoteros están exportando 38 toneladas anuales a Francia de cacaos finos, aromáticos y especiales.

En tres ocasiones han participado en el Salón del Chocolate en París, una credencial más que poderosa para decirle al país y al globo que Mapiripán produce un cacao de calidades excepcionales. Las exportaciones permiten presagiar mejores tiempos por el aliado comercial que tiene APCAM, una asociación que agrupa a 39 familias.

Este año la Asociación de Productores y Comercializadores de Cacao del Meta, APCAM, participará por tercera vez en un certamen que escoge y galardona a los mejores cacaos aromáticos especiales. Igual expresó su beneplácito por llegar a Neiva y concursar de tú a tú con los mejores cacaoteros del país, reconocidos por sabor y fragancia.

 

“Nosotros estamos impulsando y trabajando muy fuertemente los cacaos especiales ya que Mapiripán es un municipio que ofrece todas las condiciones para el cultivo. Estamos en las goteras del Amazonas por la presencia de los ríos Guaviare y Ariari, un sitio en donde estamos sustituyendo los cultivos ilícitos por cacao, siembra que puede vincular 110 familias que están en la zona de influencia de Mapiripán a una agricultura exigente, especial y rentable, la que produce cacao fino, de sabor y aroma tipo exportación”, declaró el señor Fontecha.

 

Hace unos 14 meses la asociación lanzó la marca “Elena Chocolate”, un homenaje a la señora madre de Alexander Fontecha Medina. El empaque igual es una consideración de género porque muestra una mujer que representa el trabajo de la mujer campesina, de la recia llanera y de aquellas lugareñas que lograron salvarse del conflicto, pero que deben seguir adelante solas, educando y dándoles lo necesario a sus hijos, una actividad difícil, pero que al lado del cacao se hace más llevable.

Elena Chocolate fabrica chocolatinas que ya empiezan a moverse por el mercado nacional, empero, el producto de gran calidad estará muy pronto en establecimientos y comercios de Holanda, India y Estados Unidos.

Con el apoyo de la gobernación del Meta y por el respaldo que ha ofrecido el titular del despacho, Juan Guillermo Zuluaga, pronto APCAM abrirá una tienda temática, con todos los productos elaborados con el cacao, una experiencia que ningún llanero o visitante se puede perder.

La tienda ofrecerá chocolatería de alto nivel en cocina, pastelería y todo lo que la tienda, que tendrá un perfil muy versátil, permitirá, motivo por el cual tendrá en oferta una amplia gama de café.

La asociación no conoce el término descanso y por ello el 22 y 23 de noviembre estará en el Salón de Chocolate en Nueva York, evento al que llega en calidad de invitada especial por todo el conocimiento en transformación y posconflicto.

 

La agricultura no puede seguir pidiendo cacao

 

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, dice que Colombia es la despensa del mundo y ve un potencial tan grande que concibe al país como gran proveedor de productos agropecuarios para el mercado interno y el internacional. Esa opinión la comparte el agricultor Alexander Fontecha Medina, quien ve todas las oportunidades para reactivar la economía rural, haciendo unos trabajos puntuales en prácticas agrícolas y ganaderas, pero en sí, en todo lo que involucra cadenas productivas, manejos e inocuidad.

Indicó que el labriego colombiano debe sembrar a escala, mostrar su calidad al mundo y abrirse al globo sin temores ya que los mercados están listos para quien llegue marcando diferencias. Para este empresario la calidad tiene visa en todas partes.

Un asunto que debe meterse urgentemente en cintura, puntualizó el agricultor, es el desbordado precio de los insumos agropecuarios que siguen castigando la rentabilidad del sector primario en detrimento de las familias y de todos los que tienen que ver directa o indirectamente con la economía campesina. Agregó que la cotización de los fertilizantes y otros productos esenciales para la agricultura están haciendo inviable la producción de alimentos, un problema que debe tener muy angustiados, no solo a los campesinos, sino a las autoridades económicas del país.

Deploró la situación en infraestructura, dijo que es impresentable ver buses casi volcados, patinando en el barro y conductores haciendo pericias para poder cumplir con los atónitos pasajeros. Una labor que implica salir de la línea de carretera, por decir algo, y exponer la vida porque la ruta es la misma desde hace siglos y tan solo recibe esperanza en las campañas políticas.

En agricultura, apuntó, no hace falta infraestructura, sencillamente no la hay porque el país es todo y no solamente unos departamentos privilegiados. Manifestó que las regiones alejadas y marginadas, igual tienen sus derechos, sin dejar de reconocer que, en Cundinamarca, Boyacá y otras regiones de cordillera, la palabra carretera no se conoce o hace parte de la ficción. Igual reclamó vías para el llano, vías para el comercio y un ferrocarril, pues en pleno siglo XXI Colombia es de los pocos países que se da el lujo de jubilar el sistema ferroviario de carga y pasajeros.

El tema, recalcó, es tener logística, vías competitivas y la manera de poner productos en los puntos de acopio, en las cadenas de frío y en puertos, porque un campo con fácil acceso a los centros de consumo, produce en cantidades inimaginables, optimizando el empleo, aumentando la calidad de vida y fomentando riqueza. Un campo exportador, señaló, proyecta al país, lo hace más innovador y dinámico en crecimiento.

 

“Mapiripán estuvo abandonado por años, fue un municipio por fuera de los grandes proyectos estatales y eso explica por qué no tiene vías de acceso acordes con la época actual. Las de hoy son rutas destapadas, medianamente transitables, aunque en invierno el tema es otro, la vía es prácticamente imposible como en otros tramos de ingreso o tránsito entre municipios de la llanura. Actualmente la vía, sin agua y sin época de lluvias es condescendiente con los agricultores”, dijo Fontecha Medina.

 

Esta zona aledaña al Guaviare fue una región de alta producción cocalera, pero con la llegada del cacao, los campesinos se dieron cuenta que había oportunidad, alternativa y una manera tranquila de ganarse la vida. En la vereda Mata de Bambú, el paisaje es único, a una naturaleza diversa se une el sol intenso y naranja de las mañanas o el rojizo y enorme de las tardes, pero también árboles de cacao y una agricultura potente por las siembras de palma de aceite que está llevando una transformación socio económica considerable, hay cultivos de arroz, plátano, ganadería y pesca.

 

Mapiripán ofrece turismo, fauna y flora

 

Río Guaviare

 

En este momento APCAM está trabajando en uno proyecto agro-turístico que lleve personas de todo el país a un sitio ribereño amable en el departamento del Meta.

Hay oferta natural, caminatas y unos recorridos temáticos por las siembras de cacao para que el turista interactúe con la actividad cacaotera de la región. El desplazamiento tendrá sitios confortables de hospedaje y una oferta gastronómica interesante que hará del descanso un complemento perfecto.

Alexander Fontecha Medina, líder y empresario, clave en la fundación de la Asociación de Productores y Comercializadores de Cacao del Meta, APCAM, decidió volver con sus dos hermanos al terruño para sembrar cacao y fortalecer la idea asociativa. Sabe del tesoro que hay en la tierra y reconoce que la riqueza no está en el oro o la explotación de piedras preciosas, no, para él la joya más preciada es la agricultura porque a la hora de una hambruna nadie paga por metales dorados, la gente entrega lo que sea por alimentos.

Hay muchos retos, subrayó, entre tantos el cambio climático y la responsabilidad que demanda una agricultura vertical y comprometida con el medio ambiente. Estimó que el país tiene las áreas necesarias para cultivar, motivo por el cual rechazó el sacrificio de las selvas y la voraz deforestación. Expresó que, sin un equilibrio natural, será más fácil traer problemas sanitarios que impactarán el agro y la vida de animales, así como de seres humanos.

En Mapiripán, la tierra de las oportunidades, las gentes están regresando, sus habitantes saben que sembrar es vida y que soñar no cuesta. En 125 hectáreas cultivadas con cacao del bueno, Alexander vislumbra cosechas espléndidas. Aún ve a doña Elena, fuerte, amorosa, laboriosa y con su mirada por momentos perdida en el horizonte. Todavía tiene en su mente a la mujer viuda que crio siete hijos con ayuda de la madre tierra, ella le brindó cacao, café y caña. La siempre recordada Elena, hoy con fragancia de chocolate, fue capaz de hacer empresa y dar ejemplo de entrega y responsabilidad a su admirable y vigorosa descendencia.

Hablar con Alexander Fontecha Medina, resulta amable y gratificante, por momentos en la charla se va el amigo de Mapiripán y llega a la mente la fenomenal historia de Willy Wonka y su fábrica de chocolate, es como si ese humilde niño, Charlie Bucket, narrara cómo una ilusión lejana logra cristalizarse, haciéndose magnánima y literalmente dulce.

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