Sábado, 06 Julio 2024 08:20

Seguros agrícolas: tranquilidad, sensatez y competitividad rural

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Seguros agrícolas: tranquilidad, sensatez y competitividad rural Imagen-de-Raksa-R-en-Pixabay

En el país sigue siendo bajo el índice en materia de aseguramiento para las cosechas o cría de animales, pero hay una interesante reacción por temas como clima, seguridad y dólar.

Los seguros hacen parte la humanidad, al hablar del hombre y su evolución van apareciendo de vieja data sistemas de aseguramiento, de todas maneras, hay que decir que la póliza como tal no llegó en coche, no, su origen está en el mar y en la necesidad de reducir pérdidas ante las eventualidades reportadas por los viejos lobos de mar que fueron atacados por piratas, igualmente víctimas de los embates de las aguas agresivas de los indómitos piélagos. Es por eso que la historia de las aseguradoras surgió en el Mediterráneo en plena Edad Media cuando crecía de manera exponencial el comercio y el transporte de mercancías.

En ese tiempo los negociantes adquirían un seguro privado que desde luego tenía implícita una ganancia para los encargados de asegurar barcos, bienes, valores y otro tipo de solución de perfil logístico.

En este repaso iremos rápidamente por los tiempos milenarios y sus conceptos de aseguramiento, pasaremos por 1676 cuando se fundó la primera compañía de seguros contra incendio, la Hamburg Fire Office, inspirada en el incendio de Londres ocurrido en 1666 y que acabó con cuatro quintas partes de la urbe. El saldo no pudo ser peor, 13.200 casas devoradas por el fuego, 87 iglesias y según algunos registros más de 100.000 fallecidos.

El seguro ha caminado con el hombre, los historiadores dicen que este sistema de protección lleva por lo menos 4.000 años disminuyendo pérdidas y apalancando con mayor tranquilidad las actividades económicas de la humanidad.

El origen de los seguros tiene bases solidarias y empezó a darse en civilizaciones antiguas como Babilonia, Roma y Grecia, eran tiempos complicados en los que se trazaban mecanismos para blindar pertenencias y activos comunitarios.

Aparte de encontrar en la unión mayor potencia y eficacia para sembrar, cazar y superar inconvenientes, la adversidad expresada en muerte halló solución en la colaboración solidaria que consistía en proteger la familia del difunto pues de común acuerdo de adjudicaban obligaciones para no permitir la plena adversidad.

 

 

Para los investigadores, los orígenes del seguro están en los mercados de Babilonia hace 3.000 años antes de Cristo cuando los comerciantes de ese pueblo asumían al unísono las pérdidas económicas generadas al atravesar el territorio por distintas causas, asaltos, incendios o cualquier tipo de eventualidad.

Allí nacieron los “préstamos a la Gruesa”, un crédito que cubría el monto de algunos bienes transportados en el contingente de mercancías, una figura útil para la época que fue legalizada y hecha ordenanza en 2.250 antes de Cristo, esta solución hizo parte del Código de Hammurabi, totalmente basada en solidaridad vecinal la cual cubría cualquier imprevisto o fatalidad. Sus bondades tuvieron gran reconocimiento ya que quienes estaban bajo este amparo podían recuperar barcos y animales muertos por ataques de predadores o accidentes en el trazado. Ese régimen elaboró un método de indemnización para las esposas que quedaran viudas.

El Talmud de Babilonia muestra igualmente que la comunidad hebrea apelaba al seguro que era pagado por servidores públicos que a su vez canalizaban tributos para afianzar un fondo comunitario que paliaba los momentos de dificultad.

Los préstamos a la gruesa fueron trascendentales en Grecia en donde el comercio marítimo de Rodas acudió a esta opción económica para amparar embarcaciones y cargamentos. En ese tiempo un comerciante se hacía a un crédito por el valor de las mercancías, si bien era una salida, tenía un gran problema, intereses del 15 por ciento, una locura para ese momento de la humanidad.

 

 

Los griegos crearon una asociación conocida como Eranoi la cual auxiliaba a sus socios luego de cotizar todas las pertenencias de los agremiados. En ese momento operaron asociaciones de artesanos en donde se hacía un aporte con lo cual se garantizaban las honras fúnebres a la hora de ir al otro mundo, sin duda un antecedente del seguro exequial, en ese momento el primer aporte para subir en la barca de Caronte, el guía del inframundo.

En Grecia hubo una regulación avalada 1.000 años antes de Cristo que consistía en la repartición proporcional de pérdidas por parte de todos los comerciantes si había necesidad de arrojar bienes al mar para evitar el hundimiento de la embarcación.

La edad media matizada por un vertiginoso desarrollo y el aumento imparable del comercio también fue de gran avance en la industria aseguradora, tan es así, que en este periodo aparecen los primeros seguros de vida para cubrir a quienes se aventuraban a hacer travesías oceánicas, todas de elevado riesgo. Ya en ese tiempo la inseguridad era un común denominador puesto que los piratas asaltaban embarcaciones, secuestraban a la tripulación y viajeros por quienes cobraban rescate, si el desafortunado no tenía dinero o un bien que diera por su vida, era sin ningún tipo de piedad arrojado al mar. Es por ello que aparecen los seguros que garantizaban la liberación o salvamento, con los años este beneficio se extendió a fallecimiento por siniestro ante el hundimiento del barco y otros percances que se dieran en el transcurso del trayecto.

En tiempo de las cruzadas el “préstamo a la gruesa” tuvo una importante transformación ya que era posible asegurar barco y carga con el pago de una prima estable. Hacen su incursión en este tiempo pólizas contra incendio, inundaciones y robo que amparaban a los asociados a gremios medievales bajo la figura de asociaciones solidarias.

 

 

Por allá en el siglo IX fueron creadas las “guilds” en Inglaterra, una corporación de mercaderes que operaba de manera independiente como pasaba con los gremios de artesanos. Esta colectividad instauraba reglas afines a todos los miembros de la asociación. En la época aparecen instituciones profesionales en Francia y Alemania.

Sin embargo, los primeros aseguradores eran personas naturales que individualmente se hacían responsables de uno o varios riesgos, algo similar a los juegos de azar.

En el siglo XIV surge en Italia el seguro con ánimo de lucro, era un periodo en el cual el aseguramiento era posible solo por medio de préstamos, una forma de constituir las garantías de solidaridad de la totalidad de viajes y expediciones. En este tiempo, más exactamente en 1347, se rubricó el primer contrato de seguro marítimo, el mismo que blindó contra imprevistos al buque Santa Clara que trazó un viaje entre Génova y Mallorca dándole vida a la póliza.

En 1435 fue proclamada la Ordenanza de Seguro Marítimo en Barcelona, según los conocedores, la regulación más vetusta conocida a la fecha.

En los tiempos modernos todo fue más veloz y práctico, en ese momento Carlos I dictó firmó la primera Ley que reguló de carácter obligatorio el contrato de seguro marítimo. Con la disposición, el seguro dejó de ser potestad de algunas personas que trabajaban de manera particular a representaciones más sólidas organizadas por entidades pluripersonales y sociedades anónimas.

Como se anotó al comienzo de esta síntesis, el incendio de Londres ocurrido el dos de septiembre de 1666, marcó un hito en la historia del aseguramiento. Tras la tragedia, el médico Nicholas Barbon se apartó de su profesión para reconstruir las viviendas devastadas, una labor que lo impulsó a fundar su propia aseguradora contra incendios en 1667, la Fire Office. Paradójicamente, puede aseverarse, un galeno le puso remedio al problema de siniestros reportados por fuego.

 

 

Hay un momento del seguro en el cual hace convergencia con las ventas de café, unos lugares especiales y destinados a comerciantes y empresarios. El señor Edward Lloyd dueño de la cafetería Lloyd´s, tuvo un ojo clínico para la industria aseguradora, de un lado era un personaje inquieto y muy bien informado, como si fuera poco su negocio tenía posiblemente la mejor ubicación de la capital de Inglaterra, ni más ni menos que en el sector financiero.

Luego de varias sesiones y asambleas, el empresario lanzó una publicación en 1698 llamada “Lloyd´s News”, por medio de la cual informaba sobre viajes contemporáneos y todo lo relacionado con mercado a nivel global, con su periódico especializado daba noticias sobre cargamentos en altamar y desde luego abordó el tema de las pérdidas en el desafiante mar.

Para los analistas la firma se consolidó como una legítima bolsa de seguros dándole paso a la primera asociación de aseguradores particulares, claro nació Lloyd´s Underwriters, un grupo de amplia trayectoria que con el tiempo se afianzó como la sociedad anónima de aseguradoras más famosa que con el pasar del tiempo creció hasta poder reasegurar diferentes clases de pólizas. Su nombre llegó tan alto que inclusive hasta mediados del siglo XX la destacadísima empresa era dueña del monopolio de seguros marítimos en toda Inglaterra.

En el siglo XVII despierta el interés por el seguro de vida y de inmediato empezó a desarrollarse el método para lograrlo, toda una dificultad porque no era fácil determinar el costo real. Ese contexto le abrió la puerta a los “tontinas”, el primer ejercicio que utilizó las leyes de la probabilidad y el principio de perspectiva de vida para fijar los pagos anuales. Los asociados en este mecanismo avalaron un fondo de contribuciones que era invertido en su totalidad con el compromiso de repartir al final de cada periodo los intereses entre los supervivientes. Las tontinas no fueron exitosas, dejaron muchos problemas, algunos escabrosos, pero fueron la semilla del seguro de vida.

Retomando el siglo XVIII, aparecen las tablas de mortalidad inspiradas en las teorías de Galileo y Pascal sobre el cálculo de probabilidades, un ejercicio que llevaba a calcular científicamente las rentas vitalicias y las indemnizaciones, tomando como base la edad y otros aspectos. También en Inglaterra en 1762 florece la firma The Equitable Life Assurance Society, totalmente apalancada en la citada teoría.

En 1802 aparece en Toulouse, Francia, una enorme mutua de seguros que le dio vida al reaseguramiento el cual tiene como finalidad distribuir los riesgos contraídos por los aseguradores, de esta manera si algo grave acontece, no será una sola compañía la que le asumirá la totalidad de los daños y erogaciones, no, el asunto se reparte entre varias.

 

Seguros agrícolas, necesarios por naturaleza

 

 

La agricultura y todo el entorno económico del campo se cumple de forma esencial con la naturaleza y sus distintas manifestaciones, una explicación apenas consecuente de los factores de riesgo y su trascendencia durante el desarrollo del sector primario y todo lo relacionado con la obtención de alimentos y materias primas.

En la ruralidad los riesgos llegan por distintos factores, uno el climático, incendios, los de origen biológico y la seguridad, últimamente en boga, allí entran robos, asaltos, daños causados a las estructuras productivas y el abigeato.

Cierto es que con el surgimiento del mercado formal de seguros a finales del siglo XVIII en Inglaterra y Francia, llegó un revolucionario mecanismo de gestión de riesgo en favor de ganaderos y agricultores. Según registros de la época los labriegos ingleses no tuvieron en el periodo ubicado entre 1750 y 1850 un acceso amplio a las aseguradoras legalmente constituidas y con algunos capítulos especiales para atender los riesgos agrícolas.

Dicen los investigadores que la Revolución Industrial inglesa, la primera, que se desarrolló entre 1760 y 1840, el proceso de cambio que pasó de una economía agrícola, ganadera y artesanal a una matizada por la industria y la fabricación de máquinas fue, evidentemente austera y lenta en la puesta en marcha de algunas líneas de aseguramiento que incluye el agrario.

Es necesario decir que no solo hubo desarrollo de seguros en los puertos, también se hizo en las montañas europeas, puntualmente en los Alpes cuando los campesinos a comienzos del siglo XVI optaron por una solución capitalista de comunidad pues organizaron sociedades de ayuda mutua y de esa manera tener la manera de protegerse frente a la enfermedad de una persona o un animal de granja, siempre los labriegos alpinos pensaron que el riesgo era algo que se compartía.

Los campesinos bajaron de las montañas y partieron para ciudades como Zúrich y Múnich en donde fundaron las más grandes compañías de seguros del planeta e inspiraron a las organizaciones en cada país conducidas por los gobiernos que terminaron siendo el fruto de las mutuales. Si bien los productores del campo apostaron por un blindaje económico desde tiempos lejanos, la figura del seguro agrícola toma fuerza en los albores del siglo XX en vista que desde 1902, empezó a mirarse el tema y a trazarse la hoja de ruta del aseguramiento rural.

Los seguros agrícolas tienen como meta cubrir los riesgos que afecten las explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales. Este tipo de pólizas blinda el patrimonio de los productores del campo frente a riesgos como heladas, sequías, inundaciones, deslizamientos, plagas, enfermedades y robos. Es por eso que las empresas especializadas en este tipo de aseguramiento invitan a los productores a generar una cultura de protección y paliar eventualidades económicas con el uso del seguro, una garantía a la mano.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, la Secretaria General de Previsora Compañía de Seguros Leydy Viviana Mojica Peña aseguró que por sus experiencias como empresaria del campo en frentes como la agricultura y la ganadería en donde hay tantas novedades y contratiempos lo más apropiado es asegurarse y tomar una póliza agraria la misma que debe hacer parte de una cultura y no de un simple gasto. Aclaró que en Previsora no se promete, sencillamente se asegura pues hay una grata mixtura pues si bien hay fuertes vínculos con el agro, también es parte de la firma estatal que busca motivar a los productores que pueden ser pequeños, medianos y grandes.

Anotó que el gobierno nacional se ha encargado de generar unos incentivos y es allí, apuntó, en donde hay una sinergia institucional porque Previsora es una marca del Estado, básicamente interesada en que el agricultor se blinde y proteja sus cultivos, es decir llevar soluciones y tranquilidad a las necesidades y vivencias propias que tiene cada campesino.

 

“Realmente Previsora ha conocido esas necesidades y ha querido transformarlas en un seguro con una cobertura importante para que los agricultores se sientan acompañados desde el gobierno y desde la Previsora como una entidad aseguradora al servicio de la ruralidad productiva”, expuso la muy amable señora Mojica Peña.

 

 

Explicó que tomar un seguro agrícola es sumamente importante porque ampara al productor frente a eventualidades climáticas, enfermedades clasificadas como zoosanitarias y fitosanitarias, calamidades y otro tipo de circunstancias en donde la pérdida es el común denominador. Agregó que el futuro del campo también se apalanca en la consecución de unos seguros, todo bajo la premisa de conocer las necesidades y las mimas amenazas en un sector sensible como el agropecuario.

Dijo que por las vivencias propias experimentadas, verbigracia el azote de la plaga de la pudrición del cogollo, PC, que atacó y doblegó a Puerto Wilches en Santander, se ha venido platicando y convenciendo a los palmicultores sobre la importancia de cubrirse con un seguro agropecuario que evitará quiebras y malos momentos.

Hoy la ruralidad atraviesa por un momento complejo puesto que aparte de los riesgos naturales y patológicos está la inseguridad que se manifiesta en atracos, robos, extorsiones, abigeato y otras modalidades de crimen en donde la aseguradora cuenta con unas líneas especiales para cubrir los eventos que se puedan presentar. La funcionaria dejó claro que, en temas de pólizas, cada caso o cada cobertura es un caso particular y manifestó que precisamente desde Previsora es factible generar la debida confianza, un ejemplo la alianza sellada entre la aseguradora y los núcleos palmicultores para atacar las necesidades y llegar con portafolio a cada región del país.

Más allá de los casos puntuales del seguro agrario y teniendo en cuenta las nuevas situaciones del campesinado en asuntos de seguridad lo ideal es tener la integralidad de la póliza que tiene una cobertura importante y el respaldo debido para que el agricultor tenga plena confianza de que su proyecto productivo generará grandes utilidades y mejoras económicas, también tiene a su disposición un seguro que lo ampara como empresario del campo.

La Secretaria General de la Previsora Compañía de Seguros dijo que la entidad está esperando con los brazos abiertos a los productores colombianos pues como reza su lema, la Previsora no promete, asegura.

 

Semovientes también están cubiertos

 

 

La funcionaria indicó que si bien la Previsora enfoca sus actividades en el seguro agropecuario, manifestó que la compañía cuenta con un amplio y novedoso portafolio no solamente en asuntos agrarios sino en diferentes aspectos del campo, algo trascendental porque lo vital es lograr alianzas, ampliar la cobertura en los productores, una labor que empieza haciendo presencia en eventos como el 52 Congreso Nacional de Palmicultores llevado a cabo en Bucaramanga, la ciudad que estrena estrella.

La firma lleva entre 16 y 17 años con el seguro agrícola y lo bueno para la entidad es que el acceso a las pólizas viene evolucionando y en un in crescendo bastante llamativo porque el productor generalmente desconoce las bondades del blindaje y la cobertura que Previsora le puede ofrecer. Recalcó que la aseguradora está convencida que lo más importante es afianzar sinergias, y esa tarea, conceptuó, empieza desde el gobierno nacional.

 

“Nosotros somos la aseguradora del Estado, razón por la cual los estamos esperando a los agricultores que serán bienvenidos en el momento que lo requieran para que conozcan de primera mano los diferentes portafolios que se tienen diseñados para optimizar la muy dura, pero encomiable labor agropecuaria”, sostuvo Leydy Viviana Mojica Peña.

 

Actualmente Previsora trabaja con la Federación de Aseguradores Colombianos, Fasecolda, allí el presidente de Previsora Seguros, Ramón Angarita ha hecho una labor interesante y contundente en los procesos de formación lo que explica por qué la aseguradora estatal participa en las distintas actividades y eventos programadas en las diferentes regiones, primero porque se debe concientizar al campesino y al productor de lo trascendental de adquirir un seguro, segundo, enseñar, formar y educar, una misión que demanda la presencia de los agricultores a quienes se les pide acudir a Previsora Seguros en cualquier lugar del territorio.

 

Una mujer palmera y ganadera