En el mundo hay todo tipo de personas, unas buenas, otras malas, algunas llenas de talento, inquietud y curiosidad, esas almas generalmente triunfan, levantan trofeos y crecen económicamente, espiritualmente y se hacen imprescindibles en la sociedad, sobre todo si dan muestra de humildad, decencia, conocimiento y valores.
Hoy queremos rendir tributo al campo, a los campesinos y a esas respetables personas de la ruralidad que con su trabajo, entrega, sacrifico y muchas veces perdiendo dinero ponen alimentos en la mesa de los colombianos, ellos, los de ruana, son quienes de verdad atienden las necesidades básicas de unos nacionales casi siempre desagradecidos porque ignoran que esas manos que entran y salen de la tierra helada, otras veces menesteres adelantados bajo temperaturas increíblemente altas en el trópico bajo, son las que nos permiten vivir y disfrutar de las bondades agropecuarias.
En este día grato en donde el pensamiento viaja por los aires toma rumbo al este del país hasta enclavarse en las partes altas y gélidas de la cordillera oriental, llegamos a un hermoso pueblo del norte de Boyacá en la Provincia de Gutiérrez, Güicán de la Sierra también conocido como Nuestra Señora de la Candelaria de Güicán, un lugar de gran belleza, con un paisaje seductor que se aprecia desde el casco urbano a unos 3.492 metros sobre el nivel del mar.
Este paraje es vecino del Nevado del Cocuy y guarda unas historias apasionantes que dejan perplejo a muchos como pasó con los evangelizadores que llegaron al lugar en tiempos de la colonia ofreciendo la imagen de la Virgen María, ofrenda que fue rechazada porque el pueblo bajo el mando del cacique Güaicaní no quería cambiar otro cuadro herencia de los ancestros que un anciano respetable les había enseñado a querer. Fue tajante al decir que no cambiarían aquella amada pintura porque había conexión y respeto además argumentó que tampoco ella la deidad hecha arte los iba a dejar.
Los indígenas no accedieron a mostrar su imagen, de hecho, fue escondida en las montañas escarpadas y cubiertas de nieve en la hoy famosa Cueva de la Cuchumba. Cabe recordar que Güicán de la Sierra fue fundado el 26 de febrero de 1756 y en ese tiempo el cura jesuita Miguel Blasco convenció al cacique de llevar la imagen ancestral al pueblo, propósito que logró en medio de respeto, majestuosidad y un ambiente festivo, así como ceremonial.
La deidad guardada con celo por los aborígenes fue designada reina y patrona del municipio y por eso desde esos tiempos se venera a Nuestra Señora de la Candelaria de Güicán, gran madre de Cristo a la que se le atribuyen milagros, situación que hizo crecer el fervor y una fe inquebrantable, tanto así que los agradecimientos a la Virgen Morenita de Güicán.
Es consecuente citar aspectos del hermoso municipio que parece haber sido ubicado en los fríos altozanos por el mismo creador por cuanto allí en esas alturas pomposas se desarrolla una historia grata de campesinado, agricultura, ganadería, historia, turismo y mucha, pero mucha fe.
Si bien nuestro egregio invitado es una persona amable y muy de la enjundia, el vigor o la potencia de quienes hacen patria desde la ruralidad, igual es un ser humano de enormes cualidades, lleva consigo amabilidad, aprecio, religión, trabajo, valentía, principios, generosidad y una sonrisa permanente que demuestra que en medio de la realidad del país en cada una de sus décadas, y las vicisitudes inherentes a los hombres que hacen producir la tierra, él es feliz, tan feliz como nadie imagina porque a su avanzada edad ha cumplido sueños, metas y promesas, sin duda le sobra la palabra.
Don Hermes Carvajal, es un hombre con todos los atributos de gran persona y ganadero de respeto, como ovejero se ha ganado todo, premios, admiración y respeto, pero también tiene bovinos de leche los cuales cuida y alimenta con esmero. Este especial sin duda hablará de las ovejas de nuestro invitado, pero por encima de su especialidad queremos resaltar al buen ciudadano, al campesino noble, laborioso, comprometido y sumamente responsable. Don Hermes es, sin temor a ponderar, un ejemplo a seguir en honestidad, lealtad y probidad, supo ser un gran hijo, pero asumió con arrojo ser esposo y padre, así como hermano, abuelo, pariente o amigo.
Es un lujo darle la mano a don Hermes, no solo en desarrollo de Agroexpo, en donde es altamente reconocido por criar las mejores ovejas de la raza Romney Marsh, también en las calles, en los parques o en los sitios que frecuenta para adquirir los insumos o bienes que requiere para que su finca funcione y dé los rendimientos esperados. Reiteró, qué bueno es poder saludar a un individuo gentil y sosegado que ama lo que hace sin dejar de lado su hogar o los compromisos clericales que incluyen ir a la Santa Eucaristía o visitar a la Morenita de Güicán.
Este trabajo fue posible por el apoyo de Karoll Carvajal, nieta de don Hermes y quién luego de verlo, acompañarlo y admirarlo, escribió las particularidades de este ovinocultor nacido en el municipio vecino del Cocuy también de la Provincia boyacense de Gutiérrez, pueblo fundado el 28 de febrero de 1541.
En su narración, Karoll dijo que su abuelo Hermes nació y fue criado entre las imponentes montañas de la cordillera oriental en donde pasó infancia y adolescencia, contexto andino que le dio hogar. refugio y claramente su fuente de vida. Con cada paso este abnegado campesino fue tejiendo una historia, y no con la lana de sus ovejas, todo lo hizo gracias a sus esfuerzos e inteligencia que le permitieron aprender y pulir todo lo que se debe acopiar en el conocimiento sobre la vida agraria y más exactamente de la cría de ovejas.
Evocó los tiempos en que incipiente, pero ya conocedor, don Hermes hacía tremendos recorridos desde la vereda San Antonio de La Cueva hasta el Cocuy bien fuera llevando ovejas, vacas o caballos con su debido cabestro con regreso igual cargado porque le encomendaban hacer la compra de los alimentos. Esos desplazamientos demoraban medio día, algunas ocasiones iba a caballo y otras a pie, eso sí con unas alpargatas que dejaban tenue huella, en algunas ocasiones, recordó Karoll, alpargatas quedaron enterradas en el barro razón por la cual llegaba con mayor prontitud a la casa ya que con piso frío y descalzo el tema era correr y no congelarse.
En la casa ya de vuelta lo esperaba su señora madre con una caliente sopa de maíz que no faltaba en el agradable hogar de los Carvajal. Siendo niño trabajó y aprendió de la vida, también sacó tiempo para jugar y divertirse en su verde y sano entorno, el mismo que lo lleno de esperanza y propósito.
Cuando cumplió 21 años este hombre de los campos de Güicán recibió el sí de su entonces novia Alicia Duarte, a esa edad se casó un cuatro de mayo de 1968 con la mujer que lo acompañó en ese trasegar por la infancia y la misma adolescencia, un amor bonito y casi pueril que al ser recordado por el matrimonio convierte sus ojos en manantiales de donde salen lágrimas, agradecimiento y sentimiento.
Doña Alicia no solo fue cómplice de algunas ocurrencias del muy ocupado Hermes, resultó también ser la mejor amiga y su mano derecha por más de 57 años, hoy hablan con orgullo de un hogar al que llegaron siete hijos.
La vida le fue sonriendo poco a poco al matrimonio Carvajal Duarte, que vivían en esa pequeña casa rodeada de cultivos y en donde se pusieron sobre la mesa muchos proyectos. A la par con la agricultura Hermes y Alicia fueron sembrando anhelos y esperanzas, hacían parte de la bonita familia campesina en donde hay respeto, amor y temor por Dios, pero también una cuna de trabajo, nobleza, sencillez y humildad. Con los años fueron acumulando aprendizaje y una valiosa experiencia en la cría de ovinos, sector en el que se afianzaron como propietarios y exitosos granjeros, muestra de ello los incontables premios y reconocimientos.
Hay que decir que Hermes Carvajal comenzó su vida de ovinocultor a los diez años de edad ya en el municipio de Güicán, como anotamos, en la vereda San Antonio de Las Cueva en el año 1958 aproximadamente. En aras de mejorar sus conocimientos el productor fue a Pasto, Nariño, en donde asistió a un curso de manejo adecuado de ovinos ofrecido por el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA.
Con muchas lecciones aprendidas y con la pasión que le generaban los ovinos, don Hermes adquirió en Chiquinquirá 100 hembras que tenían una edad que oscilaba entre los ocho y 12 meses, eran unos animales importados de Nueva Zelanda, rebaño que arribaron inicialmente a la finca La Esperanza, propiedad del señor Alfredo Valderrama en la Vereda La Cueva. Desde ese momento Hermes Carvajal arrancó su vida de ovinocultor, actividad que le producía las mejores sensaciones porque desde muy temprana edad se obsesionó por una cría de ovejas que le permitió tener ingreso, trabajo y perspectiva, pero también fue una labor que fue llevando por su núcleo familiar y las nuevas generaciones de su estirpe lo que incluye los pequeños y los que están por llegar.
El respetabilísimo señor Hermes y su admirable señora Alicia se dedicaron de lleno a la cría de ovejas Romney Marsh, una raza oriunda de Inglaterra muy demandada por su doble propósito, lana y carne. Los trabajos hechos con este linaje ovino les permitió ser reconocidos en múltiples regiones colombianas obteniendo recurrentemente los primeros lugares en distintas categorías.
“Mi abuelo fue reconocido con importantes distinciones, tales como la Orden al Mérito Ovino Grado Oro, Mejor Productor Ovino, Gran Campeón, Campeón Reservado de la Feria, así como Campeón Joven y Campeón Adulto, tanto en hembras como en machos. Su destreza y profundo conocimiento en la crianza de esta raza se ven reflejados en la innumerable cantidad de cintas y reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su trayectoria”, dijo Karoll Carvajal.
Un dato nada menor es que Hermes Carvajal igualmente se destaca como el mejor esquilador colombiano en el proceso tradicional de esquila con tijera para conseguir la lana de sus ovejas. Su magistral destreza en dicha técnica es reconocida en distintas ferias, descollando especialmente como Campeón Nacional de Esquila en la acreditada y autorizada Agroexpo.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el ovinocultor Hermes Carvajal aseveró que hoy el campo colombiano y en especial la parte pecuaria en el norte de Boyacá más exactamente en la Provincia de Gutiérrez, está prácticamente acabado porque no se puede trabajar porque no hay mano de obra y menos auxilios o incentivos estatales. En el caso de la papa, comentó, está muy barata porque la carga la están pagando en promedio a 60.000 pesos, un precio lánguido que no remunera porque supera en ocasiones los costos de producción.
Expresó su beneplácito por haberse afianzado con la raza Romney Marsh, un ganado ovino que produce una lana de excelente calidad, una materia prima de grandes cualidades para la industria textil. Tan de buena calidad, anotó Carvajal, que fue enviada al espacio en el Apolo 11 puesto que la nave tuvo recubierto su interior con esta materia prima producida en Colombia por Raquel Vivas, una empresaria de Floresta, Boyacá quien elaboró y envió de manera secreta el cargamento dirigido a la NASA.
La actividad ovejera en Güicán de la Sierra, expuso el conocedor, ha crecido levemente porque más gente llegó al sector, sin embargo, aclaró, las ventas están contraídas diferente a otros tiempos en los que se vendía de manera importante, de todas maneras, hay interés, mejoras en cría y todo parece indicar que volverán los buenos tiempos.
Carvajal indicó que la ceba de ovejas y la producción de lana y carne como también de material genético es una labor de fácil manejo porque se trata de animales dóciles y de tamaño pequeño lo que permite adelantar varias tareas sin riesgo o exposición para la salud. Agregó que los ovinos pueden estar sin problema en cualquier parte y destacó que donde mantienen una vaca se mantiene 10 ovejas, un rumiante que saca a sus criadores de apuros.
Un macho puro de la raza Romney Marsh sale muy económico en la finca de Hermes Carvajal por cuanto vale un 1.5 millones con siete meses, el problema es que el mercado varía y la gente no reconoce las bondades de la raza porque un animal de las mismas características puede costar en el pueblo boyacense algo más de 500.000 pesos.
Actualmente, explicó Carvajal, la gente se inclinó por la raza Hampshire, pero anotó que prefiere seguir con la estirpe que viene manejando porque muestra grandes bondades ya que en carne igual muestra una espectacular canal con unas características apropiadas para el mundo gourmet por su sabor, terneza y textura. Hoy, apuntó, un mercado muy dinámico es el de cordero que sale a buen precio y en las cantidades que se quiera porque hay déficit frente a la demanda.
El asunto, indicó el versado, es llegar al lugar indicado porque hay sitios en donde este tipo de proteína la pagan a muy bajo precio, pero los precios en restaurante son elevados sin que al productor le quede una utilidad justa. Ese tema, dejó claro, invita a mirar nichos especializados de mercado, apartarse de la intermediación y vender debidamente, con buenos valores.
Un aspecto a considerar de la raza es su cómoda adaptabilidad a suelos difíciles y muy bajas temperaturas, un negocio que da para comer y educar a los hijos, aunque por el esfuerzo debería ser más rentable.
Don Hermes adora sus ovejas, pero también cuenta con ganado bovino y por eso le dedica tiempo a sus normandos, un ganado de muy buena obtención de leche y con una carne que clasifica dentro de las mejores en sabor y calidad. En la finca hay caballos, pero están destinados para los hijos porque por salud y prevención el contertulio ya no monta, dejó de cabalgar hace un tiempo.
Un sueño del productor del campo es que la actividad, sea la que sea, repunte, progrese, que se logre con bajos costos de producción para que la rentabilidad sea toda y les dé ánimo a los empresarios de la ruralidad para seguir adelante.
Un problema para el productor primario es que las materias primas y los medicamentos veterinarios siguen por los aires, a unos costos imposibles que restan competitividad y rentabilidad, un factor que se traslada a los hogares campesinos en donde resulta complicado vivir porque no hay plata que alcance, la carestía está a la orden del día.
Este campesino honesto y trabajador tiene siembras de pan-coger, pero también se ve en calzas prietas porque los insumos para sostener los alimentos que cultiva son demasiado costosos. Hoy se sufre por falta de mano de obra y costos en insumos pues un suplemento o purga para las ovejas puede costar entre 700.000 y un millón de pesos cuando llegó a vales en promedio 50.000 pesos o menos.
El apuro es grande porque un agricultor o quien cría ovejas paga insumos a precios actuales demasiado onerosos, pero cuando les pagana los animales quieren mantener el precio de hace 20 años, toda una dificultad.
Colombia necesita gente con campo en las venas, pero hoy, señaló Carvajal, hay un entorno sombrío porque no hay ayuda y los gobiernos siguen haciéndose los de la vista gorda puesto que en materia de repartición de recursos la mayor parte se queda en las ciudades lo que incluye subsidios, pero el campesino, reconoció, sigue llevando del bulto porque cada vez lo aprietan más.
“Un tema que debería ser analizado con mucho empeño es el efecto de los subsidios en la caída de la mano de obra porque ahora todos quieren vivir del Estado y no trabajar, esas ayudas resultaron hondamente inconvenientes, nos quitaron obreros y sacaron personal de los campos, hoy todos quieren plata sin hacer nada y los gobiernos tienen que resolver el problema y entender que el mejor subsidio es un empleo lo demás es alcahuetería”, expresó Hermes Carvajal.
Hoy los jóvenes, agregó el ovinocultor, no quieren trabajar, no tienen fuerza y la única destreza que acreditan es meterle las uñas al celular, un punto negativo del desarrollo tecnológico porque puso a la gente en un estado de idiotez bastante preocupante.
Hoy los hijos le piden a don Hermes que abandone las labores agrícolas y pecuarias por la rudeza que piden y el frío extremo, pero él no da su brazo a torcer, sigue enamorado de las actividades del campo y únicamente sale de allí, aseveró, cuando cumpla 100 años o quizás en el momento en que Dios lo solicite.
El dueño de la finca Cueva Blanca participó en Agroexpo 2025, pero hay asuntos para revisar porque los costos de participación son demasiado altos y hay gente que si desayuna no almuerza, un punto pesado. Hay inconvenientes y hasta críticas, pero Hermes Carvajal es tozudo, emprendedor y no se vence con facilidad.
La nueva sangre al frente
En buena hora don Hermes llegó acompañado por su nieta Catalina Carvajal quien declaró que la oveja es rentable por dónde se le observe habida cuenta que vale la lana, también la carne, compran su leche y como si fuera poco sus heces resultaron ser uno de los mejores fertilizantes, algo visible en los almacenes en donde el precio de la ovinaza cuesta y deja utilidad.
La joven asistente anotó que hay que meterle plata a la cría de ovejas porque es una excelente inversión, con unos retornos interesantes y unos costos que si se hacen con planificación pueden bajar y ayudar en rentabilidad.
Recomendó hacer compras de ovejas Romney Marsh porque son una buena opción como pie de cría, pero también en la obtención de carne y lana. Empezar puede ser fácil porque se necesitan dos hembras y un macho, pero especificó que como en toda la ganadería quien gana más es quien invierte en mejoramiento genético, preservación de la raza o cruzamientos con otros linajes para lograr animales F1 de buenos rendimientos.
Un lío es que muchas veces el mercado reacciona y pide en exceso, empero, el inconveniente es que no hay el suficiente inventario para atender las solicitudes que siguen creciendo por genética, gourmet o inversión. Un nicho perfecto es el sector de restaurantes con el que se puede negociar directamente con una ganancia de doble vía.
Resulta gratificante ver gente joven como Catalina, metida de lleno en el mundo de las ovejas, haciendo un plan de vida sobre la base de la ruralidad productiva. La amable y diligente asesora lamentó que la ciudad haya absorbido y siga sacando juventud que no quiere saber nada del campo, una decisión lamentable porque la agricultura dignifica, genera ingresos y permite estar en el staff de los grandes productores porque el presente y el futuro está en los campos ya que sin ellos no hay ciudad.
“La idea es seguir con el legado de mi abuelo cueste lo que cueste, el asunto igualmente es mantenernos firmes con la raza Romney Marsh, sería magnífico mejorar, pero hay bondades en esta estirpe ovina y queremos apostar por ella. Hay opciones genéticas como cruzar Romney Marsh con oveja criolla Mora, una mezcla afortunada y de altísimos rendimientos, el punto es tener animales destinados para eso porque no es negocio dañar la raza, pero como pasa actualmente, nada se puede descartar, se mantiene raza pura y machos seleccionados para cruzamientos, de todas maneras, para eso se necesita plata y ahí es donde los gobiernos no se ven”, concluyó Catalina Carvajal.
Finalmente, este criadero invitó a invertir en ovejas criollas como es el caso de la Mora porque hacen parte de la base genética de antaño, animales de buena rusticidad, acoplamiento y adaptabilidad, unos ovinos de muy buenos rendimientos y rentables si se manejan los apriscos como una verdadera empresa.


