El subsector agrícola de frutas y hortalizas es el más grande del país, con 1´068.000 ha sembradas por unas 850.000 familias que intervienen esta economía y que tienen necesidades básicas insatisfechas muy altas. Si analizamos la producción y comercialización del sector, esta se encuentra en manos de pequeños productores (80%) que no cuentan con asistencia técnica adecuada y especializada (según el censo del año 2014 el 85% no la recibe), porque esta la dan los vendedores de agroquímicos de las casas comerciales.
La asistencia técnica que brindan las instituciones del Estado es insuficiente, porque solamente la prestan por unos meses, sin dejar un conocimiento real en los productores intervenidos; la ley de extensión agropecuaria (Ley 1876 de 1917) en su texto, no desarrolla lo que se titula y se enmarca más en registrar productores que solicitan asistencia técnica y que en últimas, a la fecha, lo que hace es dificultar el acceso a este servicio público que es necesario para desarrollar el campo; además, presenta inconvenientes en la ejecución fiscal (que se debe ejecutar por vigencia), lo que empeora y limita la prestación del servicio por su temporalidad, es decir hasta el 31 de diciembre de cada año.
Este panorama es contrario a lo que ocurre con el Fondo Nacional de Fomento Hortifrutícola, administrado por la Asociación Hortifrutícola de Colombia – Asohofrucol, que presta los servicios de asistencia técnica y transferencia de tecnología con extensionistas preparados para generar conocimientos, que cuentan con el tiempo necesario e indispensable, para hacer que las asociaciones de productores produzcan más con menos y por sobre todo, que estos productos sean de alta calidad e inocuidad, para llegar no solo al mercado nacional, sino también al mercado internacional, generando rentabilidad para ellos y el desarrollo del subsector, todo esto enfocado en beneficiar al consumidor final.
La asistencia técnica y transferencia de tecnología, no pueden ser un proyecto, deben ser un programa metodológico que obedezca a un proceso claro y definido para lograr un impacto real en el sistema productivo, que es precisamente lo que hace Asohofrucol, con recursos del Fondo Nacional de Fomento Hortifrutícola, a través de un modelo que denominamos Somos Agricultura Tropical.




