Miércoles, 09 Septiembre 2015 09:42

Boyacá tiene que entrar por la senda de la tecnología, la innovación y la competitividad

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Algunos boyacenses con aspiraciones políticas aseguran que la nueva era demanda mentes frescas y llenas de proyección porque el departamento sigue en tiempos de la colonia.

La situación de las regiones es cada vez más complicada en lo concerniente a lo político y lo social porque el mundo maneja ciclos que por lo general toman por sorpresa a los países en vía de desarrollo. Claro ejemplo es la revaluación, la descolgada angustiante de los precios del petróleo, la desindustrialización y la pérdida de participación de sector primario.

Así las cosas, es perentorio asumir papeles protagónicos para viabilizar el futuro de las regiones y los departamentos, porque al ritmo que va la economía con cargo al libre comercio y a las equivocaciones del pasado, habrá un caos económico y social que ya asoma como consecuencia del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, de la devaluación y de la precariedad a la hora de negociar los tratados de libre comercio. A lo anterior se suma la exclusión campesina, la plusvalía y el desencanto empresarial.

En dialogo con Diariolaeconomia.com, la abogada Tunjana, Diana Guerra Soler, afirmó que los tiempos modernos exigen una clase dirigente menos arrogante y más centrada en el conocimiento y la acción. Demandó menos charla, menos promesas y prácticamente erradicar los perjurios porque hay una necesidad perentoria de mostrar eficiencia y resultados.

Consideró vital la política económica por cuanto los pueblos actualmente se desarrollan sobre la base de proyectos y planes consecuentes con sus necesidades. Lamentó que para el capítulo Boyacá y su capital Tunja, el progreso esté frenado y haya tenido que aplazar el impulso por las corruptelas casi que perpetuadas y el manejo feudal de un departamento que por gobernar bajo la férula de las mentiras y la incompetencia perdió sus mejores activos, llámense electrificadora, licorera, acerías y para colmo de males agricultura y minería con la apertura de 1991 porque no podía faltar el aporte de la nación para poner de hinojos al gran departamento de la libertad.

La ciudad de Tunja, dijo Guerra Soler, demanda una mirada más ambiciosa en donde la planeación sea el común denominador y la proyección un imperativo por cuanto no le puede suceder a la capital de Boyacá lo que le sucedió a Bogotá que pensó, habló y ejecutó en diminutivo porque en sus cuitas jamás imaginó que sería la gran ciudad y siguió proyectando poco hasta tener el enorme problema de hoy.

Para la candidata al Consejo de Tunja, hay que aprender de las experiencias propias y ajenas con el fin de no repetir la historia, afianzando un proyecto de ciudad de cara al futuro en donde sean condiciones normales la calidad de vida, la seguridad alimentaria, las vías del progreso, la seguridad, la educación, la salud, los servicios básicos y la recreación.

“Todos los días y en todos los espacios, vemos cómo nuestra clase política añeja y curtida en vicios le pone conejo al departamento y a la ciudad pues para nadie es un secreto que manejan el presupuesto de nuestra región a su acomodo y sin ningún saldo a favor de la comunidad. Esa deuda moral y esa factura onerosa de retraso ya no aguanta más porque hacer política es elevar la mano para jurar por lo vertical y no para darle rienda suelta a la mala fe”, aseveró la señora, Guerra Soler.

Planteada así la situación, Diana Guerra instó a los caciques electorales de siempre a dar un paso al costado, así como a muchos políticos de turno que adolecen de conocimientos en administración pública y que de manera increíble no saben lo fundamental de la Carta Política. En su opinión ni Boyacá, ni Tunja, ni el país puede seguir legitimando con votos la ineptitud de quienes llegan al poder bajo falsos juramentos o contaminando a las personas con prácticas irregulares que van desde la invitación o la dádiva hasta la literal compra del voto.

Expuso que la terrible situación del departamento y las urgentes obras que requiere Tunja para brindar por lo menos dignidad a sus gentes obliga al cambio, a posicionar ideas nuevas, honestas y estructuradas para no seguir en los aplazamientos de siempre que cuestan miles de millones y que finalmente hacen parte de los peculados que se denuncian a viva voz, pero que pasan por debajo de la cerca y se quedan como pruebas crecientes en la impunidad.

“Es el momento de un cambio, hay que pasar de una dirigencia clásica y perversa a una que de verdad sume y contribuya para que Boyacá se desarrolle con criterios claros de competitividad y mejoramiento en la calidad de vida”, expuso.

Al iniciar la plática sobre la economía boyacense, la candidata reconoció que uno de los principales retos del departamento y de la nueva dirigencia es la modernización de la economía campesina para convertir la ruralidad en el gran negocio de quienes a la fecha han perdido hasta la camisa porque los labriegos fueron despojados de los cereales y hoy están arrinconados y amenazados por cuanto están muy cerca de perder los cultivos de papa y la producción lechera.

Instó al gobierno nacional, a los empresarios y a la comunidad internacional a revisar los acuerdos porque una cosa si es cierta, los TLC llenarán las góndolas de los supermercados con productos extranjeros, desplazando la producción nacional y la amena vida en los campos. “Es el momento de abrir el debate y propiciar un análisis a fondo sobre la situación campesina, porque una cosa es que nos vendan televisores, computadoras, carros, máquinas y electrodomésticos y otra muy diferente que nos arrasen el campo, ese punto no es coherente”.

Para la reconocida catedrática y amante del deporte, es la hora de inyectarle recursos al campo, de proteger a los labriegos y de incentivar el agro-negocio para hacer de Boyacá la gran despensa alimentaria del centro del país.

Dijo que no menos importante es la diversidad geográfica, la laboriosidad de sus gentes, el compendio histórico y unas tradiciones centenarias como la minería que pasó de ser un oficio ancestral y tradicional a una injusta criminalización porque con las nuevas disposiciones el minero de vieja data, ese que extraía carbón para complementar los gastos de la finca, pasó a ser un espectador de sus otrora actividad económica.

Guerra Soler sostuvo que Boyacá tiene todas las condiciones para ser un gran departamento, una región especial con marca propia que puede exportarse a través de sus productos, generando inversión y divisas con el turismo histórico, natural y patrimonial. El departamento, comentó, es un eje de desarrollo, de riqueza y de prospectiva en donde tomó fuerza y proyección el tema logístico pues no en vano el departamento es promotor y administrador de los principales sistemas de transporte.

“La región debe ser el gran centro educativo y de creación de conocimiento así́ como un territorio para la conservación de los diferentes ecosistemas que ayudarán a dar sostenibilidad a los procesos de desarrollo del país. La economía boyacense no se centra en una actividad puntual, sino en varias actividades como el transporte, el comercio, la industria, la minería, la agricultura, la ganadería y otras tareas inherentes al campo”, afirmó.

Guerra Soler fue enfática al decir que Boyacá no puede ser inferior a los retos que vienen con la globalización de los mercados y expresó su preocupación toda vez que la región no ha desarrollado conceptos vitales para permanecer vigentes en la economía como lo son productividad, competitividad, calidad, inocuidad, buenas prácticas sanidad.

Es comprensible, dijo, la internacionalización de la economía, pero anotó que asusta la indiferencia con la que se mira el reto porque cuando todos quieran puede ser demasiado tarde. Aclaró que no se trata de advertencias apocalípticas sino de recomendaciones para productores y gobierno.

Insistió en desarrollar con profundidad las herramientas cognoscitivas para entrar de lleno en la onda de la globalización, acopiando información, investigando e innovando para que un departamento que se ha caracterizado por una economía agropecuaria, minera, microfundista y artesanal pueda ser competitivo a nivel nacional e internacional.

Urge invertir en infraestructura

La candidata, Diana Guerra Soler, reclamó de los gobiernos nacional y departamental mayor oficio y cumplimiento en los temas de infraestructura porque las inversiones se están viendo, especialmente en el corredor central, es decir en la autopista Bogotá-Tunja-Sogamoso, pero el departamento a criterio suyo requiere de más vías y de mayores opciones de mercado.

“Pueda ser y hacemos votos porque el ferrocarril, con la visión de los nuevos propietarios de Paz de Río y el Gobierno Nacional, sea una realidad y tengamos acceso a la región del Carare y por consiguiente al Río Magdalena para llegar a los puertos y de allí saltar al mundo”, puntualizó.

Guerra dijo que a Boyacá le está haciendo falta un aeropuerto de buenas características, inclusive como terminal de carga porque con los TLC a Bogotá le tocará hacer uso del vecindario y qué mejor opción que Tunja o sus alrededores.

Lamentó la incapacidad para poner en funcionamiento cinco aeropuertos construidos estratégicamente y dijo que han faltado ideas para incentivar operadores públicos o privados.

Al retomar el tema del transporte, Guerra Soler expresó que el país no puede dejar de lado y es que en economía, el transporte debe ser subsidiado, incluyendo desde luego la infraestructura.

Reconoció que por fin el gobierno departamental está invirtiendo en pavimentación y mejoramiento de la red secundaria o departamental, pero consideró necesario recurrir a un empréstito internacional tal y como lo hizo Cundinamarca, para mejorar esa red, que es la que permite la salida de los productos agropecuarios a la red primaria o nacional y los lleva a los grandes centros de consumo.

“Es importante mirar hacia el norte del departamento, zona bastante deprimida, donde tenemos grandes reservas carboníferas, pero lamentablemente las enormes distancias que se agrandan por las deterioradas vías de comunicación, hacen que la explotación artesanal del mineral eleve los precios, disminuyendo sustancialmente su competitividad y dejándolo por fuera de cualquier mercado”, dijo.

La aspirante al Concejo de Tunja por el Centro Democrático, indicó que la globalización de los mercados y las nuevas economías basadas en la tecnología y la informática podrían dejar a Boyacá al margen de las posibilidades por su carencia de fortalezas competitivas dentro del nuevo modelo mundial de los negocios. Hoy, refrendó, la ventaja la tienen quienes puedan ofrecer un menor costo de transporte.

Exhortó al Gobierno Departamental, a los municipios agrupados por regiones afines, a la empresa privada, a las universidades, a las ONG, a las agremiaciones de profesionales, a la clase política y a las fuerzas vivas de Boyacá a propiciar un acercamiento con el fin único de poner en marcha un Plan de Desarrollo sobre la premisa de la globalización de la economía para que oriente los esfuerzos públicos y privados en la búsqueda de un desarrollo posible y sostenible.

“Hace mucho tiempo que la competitividad dejó de ser exclusividad de la empresa privada y sus acciones comenzaron a permear todos los estamentos de la administración pública, exigiendo eficiencia en la utilización de los recursos públicos pero también eficacia en los resultados. Boyacá tiene la obligación de modernizar su estructura, haciendo lo que debe hacer y hacerlo bien. De lo contrario otros ocuparán su espacio y harán mejor el trabajo”, sentenció la jurista y experta en Derechos Humanos.

Guerra Soler reflexionó sobre el ejercicio de la política y mantuvo su posición en el sentido que esta debe tener una orientación económica definida y pensada a partir de las necesidades y requerimientos de la población porque solo así será viable direccionarla y catapultarla a las grandes ligas, a los más exigentes mercados, solucionando con ello aspectos sociales muy alarmantes, reflejados en el abandono del campo, pobreza extrema, falta de atención a las necesidades básicas, desnutrición, tristeza y desesperanza.

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