Domingo, 04 Agosto 2019 01:31

Aroma, cuerpo y acidez, café enorme que produce el Tolima Grande

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Este departamento es el tercero en producción nacional y sus caficultores, como muchos, saben que el café especial, con valor agregado mejora los ingresos y garantiza la sostenibilidad del negocio.

El muy próspero y hermoso Tolima, uno de los 32 departamentos que componen el mapa de Colombia fue fundado en 1550 como provincia, pero erigido como departamento el cuatro de agosto de 1886, en momentos en los que el Presidente, Rafael Núñez, marcaba la fina nota con la Constitución Política, esa que tuvo una duración casi eterna, pero que gracias a su consistencia el país y sus regiones basaron su economía y sus comportamientos muy al amparo de la institucionalidad y regidas por Ley de Leyes.

El Tolima fue habitado por indígenas de la etnia Caribe, pero la región igual fue el fortín de los temibles pijaos, tribu de alta belicosidad, también estuvieron allí los Panches, una cultura mucho más dedicada a las labores de pesca y agricultura. Por su ubicación geográfica, el Tolima tuvo en sus tierras múltiples culturas precolombinas entre las que se destacan los coyaimas, yaporoges, Ondaimas, Muzos, Marquetones, Kolimaes, Kimbayas, Paeces, y Natagaimas entre otras.

La hostil tierra fue abordada en sus comienzos de conquista por Sebastián de Belalcázar y Gonzalo Jiménez de Quesada, ese adelantado que deliraba por las riquezas de El Dorado. Finalmente les correspondió a los encomenderos, Andrés López de Galarza y Francisco de Trejo, llevar a cabo una avanzada militar, campaña que terminó con la toma del Valle de las Lanzas en el centro del departamento, dándole vida al fuerte de San Bonifacio de Ibagué. Estando allí hubo contacto con Pijaos Panches y otras culturas que sumaban más de 30.000 hombres listos para la guerra.

Este departamento con jurisdicción en la vertiente oriental de la cordillera central y en la margen occidental de la cordillera oriental cuenta con todos los pisos térmicos por estar ubicado en la zona del Ecuador. Allí hay picos nevados a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, factor que hace que el Tolima tenga temperaturas bajo cero en los nevados del Huila y del Tolima, pero igualmente temperaturas superiores a los 40 grados en los valles del Magdalena.

Sus ríos abundantes, garantizan y garantizaron una agricultura fértil y generosa, allí afluentes como el Saldaña, el Magdalena y el Combeima así como ríos claves en el desarrollo agropecuario de la importancia del Cucuana y el mismo Coello le fueron dando al Tolima esa característica de muy noble para la agricultura, la pesca y la cría de ganado.

Hay que decir que la agricultura inició con tabaco, maíz y algodón, pasando por oleaginosas y luego afianzando cultivos de arroz y ganadería, pero la misma colonización antioqueña de 1850 y el boom del café en Cundinamarca y Santander hicieron que el Tolima adoptara esta siembra en el siglo XIX. Hoy la caficultura se desarrolla en municipios como Líbano, Anzoátegui, Santa Isabel, Ibagué, Murillo, Chaparral, Roncesvalles, Dolores, Planadas, Fresno, Rovira, Villarica, Rioblanco, Ataco, Cajamarca, Herveo, Lérida, Armero, Villahermosa, Falan, Alvarado, Mariquita, Ortega, y Venadillo entre otros.

algunos municipios caficultores del tolima
De los 47 municipios del departamento, en 38 se cultiva café. 


Como consecuencia de la caída de los precios internacionales del café, en esa transición entre el siglo XIX y el siglo XX factor que se sumó a la guerra de los mil días vino un cambio en el mapa cafetero y en la manera de sembrar café. En esa crisis de las grandes haciendas vino un cambio desde 1875 ya que se amplió el número de productores entre pequeños y medianos. Con el afianzamiento del modelo de desarrollo exportador cafetero que tenía como base la economía campesina, en las primeras décadas del siglo XX la caficultura da un giro con los antecedentes de migración y colonización haciendo que departamentos como Antioquia, Caldas, Valle del Cauca y el Norte del Tolima le dieran expansión a una caficultura que tomó las riendas de esa economía en el occidente del país.

Hoy Tolima sigue apostándole al café, en sus tierras de montaña crecen las nuevas variedades y los productores hacen su mejor esfuerzo por lograr darle a su grano una tonalidad especial y unos valores agregados que finalmente agregan valor y mejoran el ingreso de los productores. Bajo el liderazgo del Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Tolima, Gildardo Monroy Guerrero, el departamento ocupa puestos de honor por cuanto hoy Tolima es el tercer productor nacional del bebestible.

Según cifras del Comité, el Tolima tiene 38 municipios cafeteros, 70.516 fincas dedicadas a producir grano y unas 110.169 hectáreas sembradas en café de las 377.148 hectáreas disponibles para la agricultura. La actividad cafetera les brinda sustento a más de 61.506 familias que realizan la caficultura en 1.287 veredas. El Tolima reporta un área promedio de café por hectárea de 1,56, es decir una caficultura basada en pequeños y medianos productores.

El departamento cuenta 87.414 hectáreas de café tecnificado joven, es decir el 79,3 por ciento. En café tecnificado envejecido la región suma 21.184 hectáreas para un 19,2 por ciento y 1.571 hectáreas en café tradicional que representa el 1,4 por ciento. En este departamento la renovación cafetera es visible y las cifras así lo dejan notar por cuanto hay sembradas con variedades Colombia, Castillo, Cenicafé 1 y Tabi 87.677 hectáreas, un 79,6 por ciento.

Caficultura. Foto: pixabay
Caficultura. Foto: pixabay


En variedades como el Caturra, el Catimore costarricense y otras hay 19.890 hectáreas que representan el 18,1 por ciento y en variedad típica el departamento cuenta unas 2.602 hectáreas que equivalen al 2,4 por ciento. Hoy Tolima representa el 13,14 por ciento de la participación en la producción nacional de café.

La economía cafetera en este departamento muestra una interesante inclusión y participación en el tejido social ya que los pequeños productores dejan ver una participación sugestiva porque en minifundio, es decir con una hectárea en promedio, hay 19.492 caficultores, los de economía campesina que registran entre una y cinco hectáreas llegan a 40.060 en tanto que los medianos que son aquellos que siembran entre cinco y diez hectáreas totalizan 1.854 productores y los cafeteros empresariales que superan las diez hectáreas contabilizan 276 caficultores que representan el 0,4 por ciento de la caficultura departamental.

En los años recientes, el mejor momento de la caficultura lo reportó el año 2013 cuando fueron sembradas en el Tolima 119.334 hectáreas y la más complicada fue la cosecha de 2008 que dejó un registro de 102.800 hectáreas.

Cabe anotar que en café verde, el año pasado mostró una producción nacional de 13.5 millones de sacos de café de sesenta kilos, inferior a la de 2017 que fue de 14,1 millones. Para el capítulo Tolima dicha producción fue de 1.7 millones en 2018 y 1.8 millones en 2017.

 

Dentro del programa de renovaciones el departamento tiene trazadas nuevas siembras por valor de 1.400 millones de pesos que beneficiarán a 2.800 hectáreas con más de 12.5 millones de árboles. En programas el Comité tiene programados más de 7.490 millones de pesos en convenios y acompañamientos para la vigencia de 2019.

 

Tolima ha hecho una tarea juiciosa desde su Comité de Cafeteros y es por ello que la comarca adelanta un trabajo encomiable en cafés especiales y diferenciados. La labor también se hace en cafés sostenibles, razón por la cual hay 14.328 caficultores acogidos al Código de Conducta 4C que tiene que ver con responsabilidad compartida en donde los caficultores, los exportadores, los comerciantes al detalle, las ONG y los gobiernos de todo el mundo se unieron para construir sostenibilidad en ámbitos tan importantes como el social, el ambiental y el económico.

De igual manera 184 caficultores se articularon al programa Rainforest Alliance que busca proteger los ecosistemas, así como las personas y la vida silvestre. El éxito de este plan consiste en la transformación de las prácticas de uso de suelos, de las prácticas comerciales y del comportamiento de los consumidores.

Hoy el departamento tiene productores destacados en calidad como Edith Enciso Yasso, quién gano la Taza a la Excelencia en 2006, Carlos Sánchez Serrano, Ganador del premio a la Calidad Illycaffé, Astrid Medina Pereira, igual ganadora Taza de la Excelencia, José Anargel Rodríguez, ganador en atributos, acidez y exótico, Luis Alexandro Muñoz, ganador al atributo suavidad, Santos Vizcaya Hernández ganador también en atributos, acidez, balance y cuerpo del café así como Álvaro González Gamba, Ganador al atributo de acidez justo en el año 2019 en la cuarta versión de Colombia Tierra de Diversidad.

Cabe anotar que en 2018 en la tercera versión del concurso, Colombia Tierra de Diversidad, hubo 19 finalistas de ocho municipios en donde el ganador fue el señor Santos Vizcaya Hernández.

El Comité de igual manera cumple a cabalidad con la filosofía de desarrollo social por cuanto adelanta obras de infraestructura vial para el departamento que cubre vías principales y terciarias, en esa misma línea contribuye con la educación de la niñez y de los jóvenes tolimenses financiando proyectos de infraestructura educativa y adecuación de placas huellas, drenaje y obras de mitigación.

 

Café, una siembra con componente social: Cafitolima

 

Café del Tolima. Foto pixabay
Café del Tolima. Foto pixabay

Dentro del mundo del café están las esenciales y útiles cooperativas que a través de un modelo diferente y pensado en la asociatividad les da una mano a los productores con la compra de café. La cooperativas generalmente brindan a sus afiliados servicios eficientes y competitivos para generar fidelidad y así poder trabajar desde el sector primario cafetero con responsabilidad social empresarial, haciendo uso racional de los recursos para el beneficio de socios, clientes, empleados y la comunidad como un todo que debe aprender del cooperativismo que solamente unidos es posible alcanzar objetivos, progreso y perspectiva. El modelo cooperativo demostró en el café y en otros escenarios que solamente articulando fuerzas es factible llegar muy lejos y muestra de ello son las grandes potencias, verbigracia, Japón, Canadá, Estados Unidos, Francia y muchas más.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente de la Cooperativa de Caficultores del Tolima, Cafitolima, Fernando Sáenz Alfaro, sostuvo que gratamente el café del departamento ha regalado enormes satisfacciones, no solo en Colombia sino a nivel internacional. Indicó que el Tolima, no solamente es el tercer productor del país en volumen sino un café con una calidad de amplio reconocimiento en el mundo.

En opinión de Sáenz Alfaro, hay una realidad en el café y es que la calidad se antepone a la cantidad porque actualmente el mercado está especializado hacia esos nichos de cafés certificados bien sea por medio ambiente o comercio justo entre tantos, que precisamente ha hecho que las cooperativas se vuelquen a buscar ese café diferenciado pues a criterio de conocedores como el exministro de Hacienda y conocedor de café, Juan Camilo Restrepo Salazar, el asunto no es equivocar el modelo porque Colombia se dedicó a producir una sola clase de café, sin negar de las propiedades que lo catalogan como el mejor del mundo, porque hay que jugársela por otras opciones y alternativas de valor agregado.

“Lo único cierto es que hay que buscar esos cafés con valor añadido que a la fecha está pagando mucho mejor el comercio mundial por las características de taza, aroma y sabor así como otras particularidades organolépticas, la idea no es poner un café común sino un grano especializado. Nosotros nos creemos expertos en el tema cafetero, pero aquí lo único que se toma es pasilla, y eso cuando la mezcla no es mayor con cafés de Brasil, de Centroamérica o de Perú. Nosotros que posamos de muy buenos tinteros, tenemos mucho que aprender sobre cafés de excelente calidad, solo así seremos un mercado mucho más dinámico porque la demanda interna va a querer tomar café exceso tipo exportación”, anotó el señor Sáenz Alfaro.

Cafitolima, una cooperativa con catorce agencias y que maneja el centro y algo el oriente del Tolima sin dejar de lado norte y sur con algunos municipios, está buscando la manera de trabajar con cafés mojados y con pasillas porque muchos creen que la pasilla es un desecho que no genera valor y resulta que quienes sacan mayor provecho de ese café son las industrias que venden grano procesado, asunto que conlleva a una desigualdad entre lo que reciben los caficultores con los intermediarios y las marcas que comercializan café tostado y molido.

En ese sentido, dijo el Gerente de Cafitolima, a la Federación Nacional de Cafeteros y a las cooperativas que son los encargados de velar por el componente social y por el bien público más importante por cumplir que es la garantía de compra, les corresponde transferir la mayor cantidad de precio posible lo cual es posible si se logra una modernización y si se hace uso de la innovación, dejando de vender café única y exclusivamente como pergamino y se le agrega valor para tener cafés diferenciados para ofrecérselos al mundo.

Colombia se enseñó a cultivar café de tan alta calidad que vio la pasilla con desdén cuando a decir verdad, este es un insumo de vital importancia en mezclas o en proceso final si se le da un manejo adecuado porque finalmente ese tipo de grano viene de semillas o colinos certificados en donde lo excelso es prioridad. En opinión de Cafitolima, el asunto es tan serio que firmas como Águila Roja, Café Sello Rojo, Mariscal y otras han vivido de la pasilla y son industrias supremamente grandes, pero tristemente, apuntó, el caficultor es el que menos ha recibido de ellas.

Una tarea urgente por cumplir, a criterio de Sáenz, es darle un vuelco a la forma de comercializar el café porque muchos la hacen tal y como lo vendían los abuelos que buscaban algo de precio y buenos volúmenes, dejando de lado la venta de futuros que puede representar hasta 100 mil pesos más por carga. Apuntó que hace dos semanas se estaba pagando café a julio del año 2021 a 850.000 pesos la carga más 50.000 pesos por algunos factores adicionales de calidad. En total se estaba vendiendo futuros a 930.000 o 950.000 pesos cuando los caficultores aducen que los costos de producción ascienden a 780.000 pesos por carga.

Infortunadamente, expresó el Gerente de la cooperativa, la gente no entiende el mecanismo o le tiene desconfianza a la figura, caso extraño en un país que le corre a las pirámides. Lo anterior dice que hay que modernizar el comercio de café porque en los futuros hay una salida puesto que en Colombia a duras penas el uno por ciento de los productores vende grano a futuro y eso hace que inclusive las cooperativas den el paso y cambien el chip.

“En este momento estamos trabajando en eso, estamos educando al caficultor desde el punto de vista del negocio para poder aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado internacional, pero lo cierto es que no podemos seguir sembrando, cosechando y vendiendo a la antigua usanza, el mundo cambió y por ende la caficultura también”, afirmó el amable Gerente de Cafitolima.

Sáenz Alfaro, quién acredita una experiencia superior a los veinte años en la docencia universitaria, en economía colombiana y desde luego en café, sostuvo que el compartir con verdaderas autoridades cafeteras, logró aprender que el grano en el mundo se compra de acuerdo a los atributos y a la calificación que tenga ese café. Anotó que lamentablemente el 99 por ciento de los productores en el Tolima ignoran qué es el factor de rendimiento o el precio al que le liquidarán su café.

 

Caficultoras del Tolima
Caficultoras del Tolima

En la caficultura en general, agregó, le hace falta aprender más de café, de calidades, de contabilidad y de ecuaciones porque hay que saber sobre la inversión para producir grano y determinar el factor de calidad para subir el precio y optimizar la remuneración por un trabajo duro que demanda tiempo y esfuerzo. El asunto no es mínimo porque si el precio está a 780.000 y les dan 800.000 pesos, se van felices, pero no saben que el intermediario se está quedando con 100.000 pesos de ese arduo proceso de siembra, cosecha y beneficio, solamente por falta de conocimientos en la comercialización.

El departamento del Tolima experimenta lo de otras regiones en donde algunas personas se van del café, cambian de actividad económica, pero terminan regresando a la caficultura porque no hay otro producto que ejerza esa garantía de compra y en donde hay una entidad y una institucionalidad encarnada en la Federación Nacional de Cafeteros que brinda asistencia técnica, información, respaldo y fuerza gremial.

En estos momentos de innovación, las cooperativas, el Comité Departamental y los productores están comprometidos en la modificación del proceso de comercialización y para ello se busca implementar un sello practices con Starbucks para que los caficultores del Tolima puedan tener un mejor precio. Hay otra alternativa y está en los países europeos que están dispuestos a pagar un mejor precio si se cuida el medio ambiente, se promueven las siembras orgánicas y se erradica el trabajo infantil.

Por lo que se viene haciendo desde la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia en el sentido de liderar un movimiento de países productores de café, no cabe duda en la cooperativa que se está abriendo paso un cartel, estilo Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, en donde los productores de grano de todo el mundo podrán refugiarse de los embates de la industria, de las tostadoras y de quienes juegan con una economía pobre desde los mercados bursátiles.

“Eso sería muy importante porque con una asociación mundial de café sería posible revisar la producción y hacer las regulaciones del caso para poner en oferta un producto de calidad para devolverles la tranquilidad a tantas familias que dependen del café en el planeta. Hoy la crisis cafetera la vivimos todos en el mundo porque nos pagana café a precios de hace quince o veinte años y en ese tiempo los costos de producción se treparon a tasas increíbles, ello sin contar la devaluación que dispara el precio de todo. No hay duda, los países productores estamos en el peor de los mundos y eso nos obliga a cambiar la manera de vender café porque la mayoría de países consumidores son los más desarrollados y quienes producimos grano los más pobres sacando a Brasil y México, ello nos obliga al trabajo colectivo para exigir mejores condiciones de precio, es indudable”, declaró Sáenz.

Defendió la postura del Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez Vallejo, quien pidió un café mínimo de dos dólares teniendo en cuenta que en Estados Unidos o Europa una taza de café cuesta algo más de tres dólares, tremenda injusticia porque mientras el café baja en el mundo como materia prima llevando a la ruina a los caficultores, su precio se eleva en góndolas y cafeterías de manera increíble. Un logro de esos sería más que importante porque el café tiene un componente social muy grande en vista que es uno de los productos que más redistribuye riqueza en todo el país.

Del café, dijo el Gerente de Cafitolima, dependen el comercio, los servicios, el transporte y toda una dinámica económica que cuando hay buenos precios mueve la economía, pero que en vacas flacas no deja ver balances positivos ni en lo económico ni en lo social, el asunto es tan delicado que hasta el estado sufre porque hay menor ingreso por impuestos, como quien dice, con bajos precios, pierde hasta el gato.

Otro problema es el sistema de préstamos o créditos porque con los mecanismos de hoy, el caficultor queda empeñado gracias a anticipos o a fertilizantes que no pudieron adquirirse con liquidez sino fiados. Allí el tema es mucho más traumático porque no pocos productores deben salir a vender con algún desespero para cubrir sus obligaciones que en ocasiones es con el nefasto sistema gota a gota.

Si bien hay que repensar la industria del café ya que no se puede caer en la consigna del capitalismo salvaje, es decir si el negocio cafetero no dio hay que acabarlo para sembrar otros productos. El tema no es tan así porque hay impactos sociales muy grandes que recaen en más de medio millón de familias que dependen de este cultivo.

La Cooperativa de Caficultores del Tolima, Cafitolima, nació en 1957, en esos instantes en los que decía presente el Frente Nacional con el impulso de un plebiscito que terminaría con el mando de la Junta Militar y le daría inicio al mandato por relevos entre liberales y conservadores. La cooperativa ha cumplido con su mandato y ha hecho una labor de garantía de compra muy importante que les lleva calidad de vida a las familias productoras de café en el Tolima.

La tarea es ardua y definitiva porque en el Tolima hay municipios que por esa falta de infraestructura quedan a cinco, seis y hasta ocho horas de Ibagué cuando hay que transportar en camión. En estos tiempos esos pueblos del centro del país, preocupantemente alejados por el olvido no tienen una entidad bancaria que les permita agilizar sus negocios. La cooperativa llega hasta esos apartados lugares pese al tremendo dispositivo logístico que demanda comprar ese café, empero queda la satisfacción del deber cumplido, ratificando que las cooperativas son actores vitales del mercado. Este año fueron reabiertas dos agencias, una la de Playa Rica, corregimiento en donde convergen varios municipios del Tolima, y en Alpujarra en donde la cooperativa maneja el precio de referencia de la Federación.

En síntesis, aseveró Sáenz, las cooperativas son muy importantes para el mercado y para el caficultor porque generan inclusión, equidad y opciones de mercado.

Un punto que produce abatimiento es lo poco que el país le ha retribuido al café porque hay que decirlo abiertamente, el único sector que llevó desarrollo, educación y progreso fue el cafetero, hoy cuando llega la segunda década del siglo 21, aunque parezca mentira hay pueblos del café que no tienen como salir de las fincas porque no hay vías terciarias y las que se hicieron se acabaron. Llegar a esas veredas es algo tortuoso, pero las cooperativas siguen ahí, incólumes así no entren o salgan llamadas porque para muchos cafeteros la infraestructura no es un tema que les haya tocado. Hoy sigue vigente la recua de mulas y mientras hablamos a boca llena de libre comercio, Colombia sigue viviendo en el siglo XIX, y eso siendo generosos.

Si bien la caficultura está llamada a adelantar grandes cambios, lo cierto es que en medio de las características, no pueden tirarse por la borda más de cien años de historia cafetera pues se trata de un producto de muy buen posicionamiento por cuanto lo piden más de mil millones de consumidores en el mundo. Todos saben del café de Colombia, de Juan Valdez y hasta de la mula Conchita, ese prestigio deben ser un buen punto de partida para adelantar los cambios y mejorar un sector que no tiene por qué sufrir para que muchos disfruten.

 

Planadas, muy buena caficultura para el progreso y la paz

 

Familia cafetera de Planadas
Familia cafetera de Planadas

 

Una charla muy afable fue la que este medio tuvo con los caficultores de Planadas, Tolima, un municipio erigido en 1966, pero creado en 1920. Esta jurisdicción igual fue descubierta por una avanzada de Gonzalo Jiménez de Quesada en 1538 cuando los aborígenes Ataes miraban con asombro a hombres extraños con dos cabezas y cuatro patas.

La bonita población de Planadas es descrita por muchos como un paraíso, pero de manera paralela como un sitio, hasta no hace mucho, de miedo y zozobra por ser cuna de la guerra y la violencia. Hoy, y eso no se puede dejar de lado, el municipio disfruta de las mieles de la paz y ese silencio de fusiles hoy es un cántico a la esperanza y a las ganas de reconstruir un país que nació precisamente en la ruralidad.

Sobre Planadas igual hay que decir que es un sitio amable de gentes buenas, trabajadoras y honradas que aprendieron de la agricultura y que entraron en la caficultura con amor y compromiso, hoy siguen allí mejorando lo hecho y llevando al mercado un café sinigual y con características en taza de enorme calidad ya que se trata de un café con cuerpo, acidez y unos atributos únicos.

El cafetero, John Jairo Hueje, miembro de la Asociación de Productores Ecológicos de Café de Planadas, aseguró que el municipio entendió la importancia de los procesos asociativos en la conformación y la nueva configuración de la comercialización de cafés de calidad, hablando de especiales y orgánicos.

En medio de la entrevista había algo de prisa porque al caficultor le esperaban cerca de cinco horas de carretera para llegar de Ibagué a Planadas en donde se llevó a cabo y con mucho éxito Expo-Planadas, segunda versión de una feria impulsada por la asociación en donde participan conferencistas internacionales y autoridades del café en Colombia.

“Lo más importante para este territorio es ver cómo la asociatividad ha jugado un papel determinante en la nueva matriz territorial, pero igual analizar esa composición de la sociedad a partir de los cultivos de café del cual se saca todo el provecho y el linaje que éste tiene. Lo satisfactorio es que todo este engranaje se afianza como una alternativa real para muchos de los caficultores del municipio de Planadas”, expuso John Jairo Hueje.

Esta asociación que tiene como representante legal a Camilo Enciso, reconoció que en la agricultura y en el café hay alternativas de paz justo por tratarse del producto que más redistribuye riqueza, eso sí, no negando que tiene serias amenazas como el cambio climático que obliga a buscar desde el seno de la asociación unas opciones a un sector que termina configurándose como un monocultivo, expresadas en nuevos modelos de producción, haciendo que la caficultura sea sostenible en el tiempo, no siendo agresiva con los recursos naturales y que por el contrario propenda por la conservación de suelos, de especies, de flora y de agua. El convencimiento que tiene esta asociación es que esté inmersa la biodiversidad en la calidad del café.

La muy buena acidez del café de Planadas y las tonalidades las define un café sembrado en altura y gracias a ese entorno de montaña y de altitud, el municipio tiene un grano de calidades y notas insuperables que hacen del café de Planadas de los mejores del mundo.

“Uno de los grandes problemas que tenemos como colombianos es que estamos parados en la tierra del café y no sabemos nada de café. Si aprendiéramos un poco más de esta actividad y de las bondades de un grano excelso, muy seguramente aumentaría el consumo interno y le podríamos vender grano de calidad a los nacionales que quieren una buena bebida, pero igual les estaríamos garantizando a los productores una buena venta porque un volumen importante de café se estaría consumiendo en el territorio nacional, pero para eso hay que saber de café, es decir hay que aprende de café, la gente tiene que saber que es una buena taza, conocer de tostión y de barismo que entre otras cosas es una buena alternativa para los jóvenes en diferentes lugares del mundo”, apuntó el productor.

Señaló que en definitiva hay que asumir el café como una verdadera cultura económica puesto que más de once millones de campesinos trabajan en el café, y se trata de una sociedad que está ahí, que le tocó vivir la guerra y que hoy busca y anhela vivir en paz.

Hueje manifestó que indudablemente al campesino que trabajaba solo y que pretendía tomar el mundo a dos manos sin ayuda le cambió la vida con los procesos asociativos porque el modelo ayudó a entender al país como sociedad y a trabajar en equipo, manejando economías de escala con unas certificaciones que hoy le generan unos valores agregados al café ayudando a abrir las puertas de las oportunidades.

“Todo esto es igual es un modelo para demostrarle a la sociedad que hay vías para el progreso porque resulta amable decirle al vecino o a otro productor que si nos organizamos podemos trabajar mejor pues la individualidad nos hace daño en tanto que la asociatividad con sus conceptos de solidaridad, de armonía y de trabajo en equipo nos permite llegar muy lejos y lograr lo que sencillamente no podemos solos”, dijo el caficultor.

En materia cafetera, subrayó, hay que hacer una reflexión tanto externa como interna, sabiendo de las reglas de mercado porque le tocará a la Federación asumir unos nuevos roles en estas nuevas etapas del mercado y de igual manera hay que explorar las fórmulas para darle continuidad a la caficultura como un negocio viable para muchas familias y no como una tragedia.

De cara a poner precio, explicó el experto, Colombia tiene un gran inconveniente y es los bajos porcentajes, casi rayando en insuficientes en la escala de valor que tiene el negocio del café, pero destacó que paulatinamente el país cafetero lo ha venido entendiendo sobretodo el caficultor de base que ha decidido organizarse para proponer unos modelos de negocio totalmente distintos invitando a los compradores o exportadores de café a esos sitios para trazar las reglas de juego y elevando los márgenes de ganancia que básicamente están destinados a los productores y sus familias gracias a una relación directa y con cero intermediación.

“En la caficultura se ve de todo, desde compradores de países que quieren café orgánico, que no afecte el medio ambiente, que le abra oportunidades a las mujeres y que no tenga mano infantil en los procesos productivos, igual hay unas multinacionales fuertes y leoninas en el negocio, pero prevalece la humanidad con conciencia y por eso nos toca apuntarle a esos mercados”, afirmó John Jairo Hueje el joven caficultor de 43 años casado con una representante al Comité Municipal, con cuatro niñas de las cuales una es barista y la otra es catadora.

A criterio del entusiasmado productor, hoy la Asociación de Productores Ecológicos de Planadas, ASOPEP, integra a toda una comunidad cafetera con la ventaja que desde esa tribuna está tirándole línea al desarrollo y al futuro de toda una región a la que se le está enseñando como llegar a las grandes ligas. Por eso hay nuevas metas como la bancarización y otras herramientas vitales para mejorar el negocio porque la idea es seguir con un café de calidades y cualidades que hoy parte para los puertos de Europa, Estados Unidos y Japón en Asia.

Los caficultores de Planadas se la jugaron por el medio ambiente y lo hacen con mucho agrado porque consideran que todo sistema productivo debe estar enmarcado en la conservación armónica del recurso natural como una fuente que no se puede agotar sino que debe mantenerse para que el negocio sea todo un éxito para los cafeteros de hoy y los de las próximas generaciones.

Según el cafetero a partir del proceso de paz, Planadas se convierte en una región con una retaguardia de servicios ecosistémicos muy buenos en términos de agua, de suelos, de biodiversidad y lo más importante de su gente que logró sobreaguar en tantos años de conflicto y que hoy merece esa oportunidad para la paz.

Quizás tantas vicisitudes no dejaron ver la cantidad de cosas buenas que tiene un sitio o una región porque Planadas es un sitio paradisiaco a donde muy seguramente llegarán turistas de todo el mundo, muy especialmente esos que aman la naturaleza y premian los esfuerzos y los mismos sufrimientos.

“Aquí en Planadas hay muchas cosas buenas lo que pasa es que el ruido de la guerra no dejaba escuchar las cosas lindas que tenemos, por ejemplo su gente trabajadora, emprendedora y creativa que logró resistir a los inconvenientes que surgen en el país, pero que hoy ven con esperanza una oportunidad que nos la damos todos, una opción llamada paz que sabe y huele a café”, concluyó el productor.

Esta es una recapitulación del Tolima Cafetero, de ese departamento de mohanes, lloronas, espantajos y duendes. Tierra grata y bella en donde mejor suena el bambuco y las guabinas, igual los bundes y las rajaleñas. Tolima grande, tierra promisoria que inmortalizó el canto de ese dúo clásico y permanente de apellidos superlativos, Garzón y Collazos, esos que le dieron a la vida razón de ser en 1938. Del mismo modo llegó a los confines del recuerdo el talento de Alberto Castilla y la composición de Nicanor Velázquez, hombres de letra, pentagrama y poesía pura inspirada sin duda en las caras bellas de las tolimenses encantadoras.

Qué gratificante fue ir al Tolima, visitar Ibagué, la bella “Capital Musical de Colombia”, mirar su caficultura y hablar con sus gentiles protagonistas, recordar épocas, pensar y escribir en sepia, conmemorar cofrades de inteligencia cafetera, con mentes egregias y brillantes, surgidas de cafetos y montañas que se adornan con velos blancos fríos en amaneceres y atardeceres, los mismos que con esa exhalación natural, irrumpen en las casonas de las fincas productoras. Igual resultó muy afable evocar una historia respetabilísima que empezó a escribirse en la Colombia prehispánica, pero que rubricó con letras de oro y en filigrana la bella página del café.

Es bueno escuchar a tantas personas hacer cuitas con el siempre recordado, Alfonso Palacio Rudas, una herencia resplandeciente del café y del Tolima.

 

 

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