Domingo, 27 Octubre 2019 00:24

Café de Colombia, calidad para quien toma lo que quiere y no lo que le toca

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La juventud empoderada del café asegura que el futuro del sector cafetero está en el producto diferente y no en un commoditie sin valor agregado. Café por catálogo, un nuevo emprendimiento de la nueva sangre cafetera.

Los jóvenes cafeteros aseguraron que los caficultores no deben seguir estresándose con los pésimos mensajes que envía la bolsa de Nueva York y sus especuladores los cuales propenden por enriquecer a muchos, desconociendo el esfuerzo y el sacrificio de 540.000 familias colombianas. Igual anotaron, el gran mercado pasa por alto la caficultura del mundo que como la colombiana sufre las terribles e injustas decisiones de un mercado que se hizo para enriquecer multinacionales y transformadores, dejando de lado al sector primario.

Según la nueva sangre cafetera la apuesta es sin duda por los llamados micro-lotes y por una calidad de café especial que le dé mayor valor a los granos excelsos colombianos que sin duda saben mejor por la bondad de los suelos, por las calidades en semilla y por un beneficio que ayuda a rescatar de cada grano, un potencial en aroma y en sabor que le inyecta precio y exclusividad.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente del Gremio Nacional de Jóvenes Cafeteros, Oscar Andrés Neira Quintero, aseguró que la crisis del café lleva mucho tiempo, algo más de dos décadas y por ello consideró que el tema no es seguir llorando por la tragedia sino buscar alternativas e innovando tal y como se viene haciendo en los últimos tiempos. Añadió que igual la situación invita a trabajar muy duro y buscar opciones dentro de lo cual está el afianzar alianzas y trabajar sobre bases de asociatividad para mejorar con estrategia y producto porque una crisis tan larga no cambiará las cosas de la noche a la mañana.

Para el cafetero una cosa si es cierto, Dios toma café y le gusta el colombiano porque en medio de todo no permite que las cosas empeoren. Dijo que así el próximo año entre Brasil y Vietnam el mercado esté lleno de café, se trata de un café robusta, sin mayores valores agregados y sin la calidad ni la taza del café colombiano.

Expuso que el tema de los cafés especiales sigue tomando fuerza y consideró que por lo que se puede percibir en los caficultores, este tipo de café con valor agregado y marcada diferenciación es la nueva era de la oferta colombiana que decidió dejar a un costado el lamento por la especulación en Nueva York para poner en el mercado un grano tan exclusivo que solamente podrán pagar unos pocos en el mundo. Los cafés conocidos como robustas, aseveró, seguirán siendo mezclas comunes, de pocos atributos y escazas propiedades que solamente adquieren producto sin diferencia alguna. Los cafés especiales, indicó, solamente lo pagarán los que toman lo que le quieren y no lo que les toca.

Por fortuna, afirmó, los cafés de Colombia cuentan con diversos pisos térmicos en el trópico que le ayudan al país a ofrecerle al mundo un café especial y único, asunto que puede ser un potencial porque si bien la producción de café subió a nivel mundial en los últimos tres o cuatro años de manera exagerada porque Brasil, por citar un ejemplo, pasó de 40 a 62 millones de sacos lo que obliga a Colombia a seguir por la senda de los micro-lotes y los cafés especiales, una salida de renta ante la invasión de café sin calidad que ponen Brasil y Vietnam, aspecto que muestra que les sobra la cantidad, pero adolecen de calidad, esa que matiza el grano colombiano.

 

“El tema en el mundo del café es de calidad y no de cantidad razón por la cual nos estamos enfocando en la producción de cafés diferenciados a sabiendas que el nicho es más estrecho, pero eso sí mucho mejor pagado, luego los caficultores deben tener en cuenta que en asuntos de calidad no se puede bajar la guardia porque justo a eso le estamos apuntando”, declaró el joven cafetero, Oscar Andrés Neira Quintero.

 

Tenemos que creer en lo nuestro y consumir lo que producimos

Foto Diariolaeconomía.com
Foto Diariolaeconomía.com

En opinión del Gremio Nacional de Jóvenes Cafeteros, el tema del consumo y las importaciones de café amerita una mirada mucho más profunda y ambiciosa porque lo único cierto es que Colombia ya está tomando más café, pero la gente quiere un producto de calidad y no el café de bolsa que venden los supermercados y que es un grano importado de Brasil, Perú y Vietnam, entre otras cosas sin conocer sus orígenes y su trazabilidad.

El debate, anotó, es complejo porque hay cafés del extranjero muy baratos que llegan a la industria nacional y se venden muy por encima de los tres dólares, eso quiere decir que Colombia podría vender café colombiano y no unos bebestibles ajenos y desconocidos a unos precios muy por arriba del dólar y mejorar la situación de quienes siembran el preciado grano.


Para Neira Quintero, una opción podría ser el aumento en la producción de café y permitir que la industria compre grano nacional a unos precios razonables sin que pierdan la utilidad en el negocio de la tostión y la transformación de grano, mejorando las ventas, no dañando la esencia cafetera de Colombia y dándole una mano importante a los caficultores para que mejoren su ingreso.

 

“Digan lo que digan, la importación de café si nos afecta y nos maltrata porque muchos de los que sembramos grano de calidad y hacemos la tarea ponemos en el mercado café de buena calidad a diez mil pesos o algo más, pero siempre con un precio que derrota al café común de góndola porque el de nosotros y el de otros productores sí es café colombiano de verdad. Desde ese punto de vista debería haber algún tipo de restricción a la importación de esos cafés porque entra a competir deslealmente con quienes sembramos con buenas prácticas agrícolas y defendiendo la calidad. Lamentablemente por hacer todo al derecho salimos castigados”, comentó Neira.

 

Expuso que la creación de una política cafetera de estado que defienda el café colombiano y que les garantice la toma de café suave nacional a los ciudadanos, fomentando una estructura más sólida del negocio, permitirá incentivar las siembras porque muy seguramente mientras Nueva York paga miseria y café a un dólar o por debajo de este precio, en Colombia muchos podrán vender producto a más de tres dólares en el mercado interno, es decir que parte de la solución la tiene el país en las manos, pero tristemente hay otros intereses más fuertes que no permiten que opere el sentido común.

El empresario afirmó que el país cafetero urge de soluciones inmediatas porque Colombia lleva años con precios de café que oscilan entre los 700.000 y los 800.000 pesos en un sube y baja muy lamentable porque no remunera con justicia el esfuerzo del caficultor. Explicó que al dividir los 750.000 pesos en 250 libras que trae la carga de café, la libra sale a menos de 3.000 pesos mientras que las fábricas que procesan grano compran a precios mucho más bajos y lo venden a más de tres dólares al hacer la conversión cambiaria.

Lo anterior, expresó, es muy injusto porque el trabajo de dos o tres años le deja ruina al cafetero en tanto que al comercializador e industrial lo enriquece en una semana, lo cual muestra una enorme desigualdad con la inmensa preocupación que el lío lleva años sin que pase nada, a tal punto que el precio del café sigue a niveles de hace seis o siete años.

 

“El mundo cambia, hace décadas el café costaba casi lo mismo que un barril de petróleo y ahora el crudo está altísimo en su cotización mientras que el café congeló su precio y preocupantemente arrastró con una labor supremamente dura que ya no es rentable para las familias de Colombia y del mundo. El tema del café entre siembra y comercialización sigue siendo muy desigual porque se habla de gente muy pobre que cultiva y de intermediarios e industrias que nadan en dinero, pero eso parece tener muy tranquilos y felices a algunos que deberían propender por la equidad en el negocio, sabrá Dios ¿por qué?”, señaló Oscar Neira Quintero.

 

Ventas de café y derivados por catálogo

Ante el oscuro panorama de los caficultores, Oscar Neira, reiteró que la situación invita a mejorar, a optimizar los procesos y a ser innovadores y creativos, es decir ampliando la oferta de productos de café y potenciando con ello el portafolio.

En este momento un modelo de negocio que llama poderosamente la atención es la venta de café por catálogo con lo cual se fortalece la venta directa, ello con el fin que las madres cafeteras del país y de esas emprendedoras que siembran con amor y compromiso el grano excelso colombiano tengan la opción de aumentar sus ventas y compensar con ello un esfuerzo que se resume en la palabra excelencia. En el catálogo igual hay dese café tostado y molido hasta jabón, mermelada, dulces, vino, bisutería dentro de lo que se destaca las manillas, los aretes y collares, todos productos del café que hacen parte de una economía solidaria colaborativa porque las mismas mujeres producen y fabrican, pero igual ellas mismas a través del catálogo pueden salir al mercado a vender de manera las efectiva.

 

Foto Federación Nacional de CafeterosLas mujeres cafeteras, esas que se empoderaron de una actividad rigurosa y exigente, están fabricando productos del café y los están comercializando por medio de un canal de distribución que les llevará utilidades a todos dentro de esa economía solidaria en donde todos trabajan y todos ganan porque sencillamente son dueños de una loable actividad, la caficultura”, comentó el caficultor.

 

Consideró que solamente trabajando e innovando es posible cambiar el sufrimiento de las familias cafeteras y campesinas por una felicidad sostenible como consecuencia de un cambio en el modelo de la economía cafetera que solamente será de largo aliento sobre pilares cooperativos y asociativos.

Un factor a tener en cuenta es que la caficultura está en nuevas manos y atravesando por un periodo de renovación o relevo generacional en donde los nuevos productores están llegando con un chip totalmente diferente, trazando métodos y metas diferentes, un talón de Aquiles para los mercados internacionales porque ya no van a negociar con labriegos sino con empresarios que saben que su producto vale y que no permitirán un manoseo desagradable en un mercado totalmente marcado por la desigualdad.

Un ejemplo es Oscar Neira, que va a las ferias como la de Cafés Especiales en compañía de su hijo Juan Andrés Neira, que reparte volantes y aprende de su padre que la caficultura es una oportunidad trabajando duro y no un sinónimo de pobreza. Solo enseñándole al pequeño cafetero es posible consolidar la economía familiar y de conjunto que impulsa las microempresas que nacen en torno al café fomentado riqueza, desarrollo y empleo.

Igual a los grandes eventos que permiten mostrar marcas, asiste con Oscar su señora esposa Damaris Arias, la gran aliada del productor y un motor de crecimiento que vela por que las cosas marchen bien y porque la familia prospere. Igual la señora Damaris es una mujer preocupada por el café y consciente que hay graves problemas, pero al lado de estas enormes soluciones que de darse con una caficultura unida, les llevará tranquilidad y calidad de vida a las más de 540.000 familias cafeteras del país.

Para Oscar Neira es urgente seguir promoviendo una caficultura empresarial y de inclusión para romper los estereotipos de hoy que ven en la actividad escasez y sufrimiento. Recalcó que solo con un sector más creativo y solidario será viable dejar de relacionar el campo con la ruina.

A criterio de Neira, el café vale la pena y reconoció que la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia está entrando en un tema importante como lo es el relevo generacional para que los jóvenes no se vayan del campo sino que igual le apunten a un futuro desde la ruralidad. La caficultura como la agricultura, manifestó Oscar Neira, en manos de los jóvenes cambiará su modelo de negocio en toda la cadena porque están llegando emprendedores, echados para adelante y con una visión muy diferente del sector ya que siguen viendo en la agricultura y en el campo una opción empresarial y no un sitio de violencia y desplazamiento.

 

Foto Nespresso“Hay que hacer del campo un cielo y no el infierno que generalmente pintan porque nuestros campesinos son gente buena, trabajadora, generosa, amable y hospitalaria. Las veredas están llenas de gentes laboriosas y de familias nobles que trabajan duro para cambiarle la cara al campo y a la caficultura, nosotros no podemos renunciar a darle continuidad a la economía rural porque el mundo depende de ella y la caficultura está allí como un bastión”, concluyó Neira.

 

El Gremio Nacional de Jóvenes Cafeteros de Colombia produce y comercializa el café joven del país, un producto tostado y molido, 100 por ciento colombiano que hace parte de la cultura del buen café, esa que crece desde el Valle del Cauca porque es un bebestible hecho por manos campesinas. La marca Joffee es el emprendimiento de una generación valiente y capaz que lleva el café en la sangre como un ADN imborrable, que en lugar de marchitarse se fortalece, sembrando grano con apasionamiento, pero dejando en la tierra noble, no solo una semilla, sino todo un aporte desde los campos cafeteros de identidad, paz y amor por lo que se hace con tanto arrojo en Colombia.

 

 

 

 

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