Sábado, 25 Julio 2020 01:13

Colombia regaló en gabelas veinte reformas tributarias: Analistas

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Entre 2002 y 2019 el país se ha dado el lujo de obsequiar 196 billones de pesos a las clases más pudientes, una situación que empujó la crisis fiscal de hoy acompañada de Covid-19.

Muchos colombianos han dicho que las privatizaciones no fueron positivas y, muy por el contrario, sumamente nocivas porque el país, como pasa en una casa con padre irresponsable, renunció al trabajo, vendió los muebles y empeñó el televisor. Tristemente la plata se evaporó sin hacer mercado, dejando cortar los servicios, sin que se pagaran las deudas y sin solucionar absolutamente nada.

Las empresas que vendió el país en varios sectores pasaron a manos de personas o grupos que multiplicaron su riqueza, Colombia poco a poco y después de 1990 pasó de tener entidades boyantes y muy necesarias, a quedarse con una mano adelante y la otra atrás. El problema no quedó ahí, los estados entregaron la soberanía en servicios públicos, desaparecieron los recursos y lo más grave, vendieron muy por debajo del valor real de las empresas.

Las electrificadoras regionales experimentaron un cambio adverso, perdieron sus respaldos y prácticamente se quedaron sin nada. La nación vendió Isagen también a precios irrisorios y los recursos canalizados por una venta irresponsable y desafortunada tampoco se vieron. Como si fuera poco, salieron de entidades útiles como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, para dejar el paso libre a los intermediarios que exitosamente acabaron con la renta agraria.

Todo ese relicario de errores, hayan sido cometidos con buena o mala fe, hicieron daño, como dirían muchos, se tiraron el país y lo condenaron a vivir del rebusque, de la tozudez, la esperanza y el sufrimiento pues con más ventas, sobreviene menos poder económico y suele haber una descapitalización doméstica. Hoy quedan unas empresas emblemáticas que parecería son intocables por lo que representan para Colombia y sus Foto Pixabaynacionales, que según la Constitución Política, son los dueños legítimos de la riqueza. Cualquier mal proceder debería ser causal de responsabilidad fiscal porque un administrador o gobierno no puede vender la propiedad de las mayorías que depositaron toda su confianza en un programa ofrecido en campaña como salvación para que luego los males fueran agudizados. Eso cree uno, y sobre el papel todo está bien, pero hay mucha insistencia en vender la parte rentable de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, y de salir cuanto antes de Interconexión Eléctrica S.A, ISA, el gran paradigma de manejo y valor por lo que representa una empresa muy bien administrada que mueve caja y deja utilidades.

Hay un hecho real, Colombia vendió casi todo, hizo concesiones, algunas petroleras se pasaron de dulce como en su momento lo denunció el ya desaparecido Senador, Hugo Serrano Gómez, con el sonado asunto del petróleo condensado. En fin, pasó todo y no pasó nada, como es costumbre el escándalo queda en el titular, luego llega la liga o el periodo de eliminatorias al mundial de fútbol y nada aconteció.

Quizás no hay lugar al reclamo porque cada pueblo tiene lo que merece y más si éste es feliz repitiendo una historia que ha costado ruina, proscripción, desigualdad y una salida importante de colombianos a otras latitudes porque las oportunidades locales son más estrechas y el entorno de vida nada amable. Es por eso, que las embajadas que mueven esa “colombianidad” están en manos de los deportistas, los artistas y los agricultores, entre ellos, los que aún creen en las siembras de café, esas que le dieron buena identidad a Colombia, un país señalado por sus recurrentes actos espurios.

La pregunta es, ¿después de Ecopetrol e ISA qué son las empresas que dan dinero, de qué piensa vivir el estado?, ¿arrendará Monserrate, el Pueblito Paisa o cobrará por el derecho a respirar? En fin, son muchas las inquietudes y para hablar del tema acudimos a dos expertos en economía que han visto con el tiempo la manera en que Colombia se fue quedando sin respaldos, sin activos y todo por emular a Chile, un país que hoy muestra que pagó y pagará muy caros sus errores. Eso pasa por querernos parecer y no ser.

 

Aurelio Suárez Montoya

 

En analista económico y líder de opinión Aurelio Suárez Montoya, le dijo a Diariolaeconomia.com, que la pandemia ha demostrado la estreches fiscal del país y un nivel de deuda superior al 60 por ciento del producto interno bruto, PIB, del sector público no financiero consolidado. Indicó que los compromisos en el servicio de deuda muestran que, además, con los riesgos de perder el grado de inversión, la situación económica de Colombia por las cifras estatales, no es buena.

Dijo que las causas principales son muchas y dentro de estas pueden citarse los beneficios tributarios otorgados a lo largo del siglo XXI entre ingresos no constitutivos de renta, rentas exentas, contratos de estabilidad jurídica, descuentos, deducciones, zonas francas y la eliminación del impuesto de giros por utilidades o el llamado tributo de remesas de las utilidades de las casas matrices al exterior o a paraísos fiscales, porque igual allá también envían plata. En las cuentas del contertulio la cifra en pesos entre 2002 y 2019 llega a 196 billones de pesos, es decir que hay de por medio el equivalente a veinte reformas tributarias de 10 billones de pesos.

A lo anterior hay que añadirle que los beneficios tributarios en 2021 del año gravable 2020 van a sumar nueve billones de pesos, que en el año 2022 del año gravable 2021 los favores van a llegar a trece billones de pesos y en 2023 de año gravable 2022 la adición con cargo a las ayudas gracias a la ley de financiamiento superará los veinte billones de pesos. Lo anterior dice que al cheque de 196 billones habría que sumarle otros 40 billones de pesos.

 

“¿Cómo es posible que un país pueda tener holgura fiscal cuando prácticamente le ha regalado el fisco a los grandes grupos financieros, a las compañías multinacionales mineras y petroleras así como a los sectores de mayor presencia de inversión extranjera directa en Colombia?, ¿cómo es posible que el país pueda ampliar el frente fiscal cuando, por ejemplo, los impuestos que están pagando los fondos de capital exógeno que invierten en títulos del tesoro, en siete años se les ha rebajado la tarifa del 33 por ciento al cinco por ciento?”, indagó el señor Suárez Montoya.

 

Lo cierto es, aseveró, que ante una dificultad como la actual, viene una peor y es coger el patrimonio público y sacarlo a subasta en un momento de profunda depresión económica para que alguien gane muy buena plata. Explicó que el valor en el mercado de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, a finales de 2019 era superior de 130 billones de pesos, hoy, afirmó, ese valor con dificultad llega a 85 billones de pesos. Sobre este escenario dijo que muy seguramente algún avispado ganará una inmensa suma de dinero por una operación de compra, no solo de la estatal petrolera, a la que se le aprobó vender el veinte y tan solo puso en el mercado el diez por ciento entre el año 2005 y 2006.

Ecopetrol, Foto PixabaySuárez aclaró que la Ecopetrol de ese entonces no es la empresa de ahora con Reficar, amén de sus escándalos, no era la compañía que tenía propiedad total sobre Transporte y Logística de Hidrocarburos, Cenit, filial del Grupo Ecopetrol, ni mucho menos la Ecopetrol que había consolidado un núcleo muy avanzado de petroquímica en el centro de las otras empresas que conforman el conglomerado.

Bajo esta premisa, el analista consideró perentorio mirar en dónde se están originando las inequidades y dejar de lado unos beneficios tributarios que no se compadecen con la realidad fiscal, pero igual frenar la feria del patrimonio público que terminaría pagando los platos rotos de la absurda generosidad de los gobiernos con los grandes capitales.

Lamentó el comentarista e inquieto en los comportamientos económicos, que las privatizaciones pasadas no dejaron buenas sensaciones porque el país salió de casi todo en activos y empeoró pues sería grave falta a la verdad indicar que continuó igual o mejor.

Anotó que no fue sana la serie de concesiones hechas a la inversión extranjera porque precisamente esas empresas dueñas de importante capital ya tienen un acopio en Colombia de cerca de 200.000 millones de dólares, una cifra que en la medida en que sigue creciendo, al compararse con el PIB, es fácil encontrar que en los últimos cinco años, contrario a lo que han dicho, la cifra del producto interno bruto va a la baja, porque los registros muestran que la caída es de 4,1 por ciento del PIB en promedio, cerca del uno por ciento de crecimiento anual, una ecuación que corrobora que la famosa inversión extranjera directa, por la que se han hecho tantos sacrificios tributarios, no tienen la correspondencia con el progreso y con el repunte total de la economía.

 

Todo eso invita, para beneficio del país, a replantear toda una estructura fiscal que está basada en dos grandes pilares, los beneficios tributarios ya citados, y los impuestos indirectos, que son la mayoría con casi el 57 por ciento de recaudo pagado fundamentalmente por las clases medias y las de ingreso bajo, teniendo no solamente al IVA como impuesto indirecto sino una secuencia de gravámenes que se han venido creando como el de las cervezas y bebidas azucaradas, el del consumo, el del cambio climático, combustibles, cuatro por mil, aranceles y toda una gama de impuestos transversales que le dan cuerpo a una fuente fiscal con la cual hay que financiar la contrapartida a los beneficios impositivos que es el endeudamiento del país y el servicio de deuda pagado con impuestos indirectos”, precisó.

 

Desde su punto de vista, es imposible concebir una estructura de pago, de fuente, una de aplicación de fondos y otra de estructura fiscal más inicua de la que actualmente está presenciando Colombia.

 

Ojo con el IVA

 

Foto Pixabay

 

El analista no descartó la posible subida del impuesto al valor agregado, IVA, más con el discurso de la directora del Fondo Monetario Internacional, FMI, Kristalina Gueorguieva, quien soltó una de las frases que más han sonado durante la presente crisis de la Covid-19. Les dijo a los gobiernos gasten lo que sea, pero guarden los recibos, lo que quiere decir para el analista que los estados podrán cobrar después todo lo que la coyuntura ha costado.

Por lo anotado, puntualizó, que entrará a jugar un pulso de economía política para decidir quién va a pagar la crisis, si se va a descargar aún más sobre las clases trabajadoras, sobre la clase media, apalancado quizás en el empresariado medio nacional, o si la van a pagar todos aquellos que han logrado tener una serie de ventajas de las que hoy no puede seguir disfrutando.

 

“En Colombia, y lo digo también por mí, no estamos en contra de la inversión, no nos oponemos a que las empresas ganen y tengan suficientes recursos, no nos molesta que aumenten su inversión, su ahorro y su capacidad de acumulación. Inclusive vemos positivo que apalanquen sus expansiones dentro y fuera del país, pero sí hay cosas que con urgencia deben corregirse porque resulta inexplicable que el crecimiento del sector financiero duplique el crecimiento del ingreso por habitante. Yo creo que además de una reforma tributaria que debería darle al país los criterios de progresividad, tanto vertical como horizontalmente, es necesaria una reforma fiscal que limite la tasa de ganancia del capital financiero porque dicho indicador debe estar establecido por el nivel de crecimiento de ingreso por habitante pues de lo contrario no hay posibilidad de conciliar una economía diferente a la que estamos viviendo y la que hoy, en medio de la pandemia, muestra todas sus falencias estructurales”, apuntó Suárez Montoya.

 

Colombia ratificó ser una fábrica de reformas tributarias inservibles y poco prácticas ya que desde 1990 se han adelantado 17 proyectos de ley, es decir más de una reforma tributaria cada dos años. Las iniciativas mostraron que antes que modificar de manera estructural la economía colombiana para que por ejemplo la igualdad, luego de pagar impuestos, fuera tangible, lo que hizo fue profundizar la situación de la gente con una estructura impositiva regresiva, reaccionaria e insuficiente.

Concluyó que un frente que demanda trabajo y atención es el de la evasión y la elusión que hace fiestas en el recaudo tributario pues la misma Dirección Nacional de Impuestos y Adunas, DIAN, calcula que el contrabando es el 11 por ciento de la economía, otro boquete que afecta las finanzas.

 

Ex ministra sostiene que privatizar sería un error

 

Cecilia López Montaño

 

La exministra de Agricultura y ex Directora de Planeación Nacional, Cecilia López Montaño, afirmó en Diariolaeconomia.com, que el momento actual en materia económica es muy difícil para todo el mundo, incluidos aquellos que más tienen. Invitó a tomar desde el ejecutivo medidas consecuentes para enderezar un complejo contexto sin acudir a las privatizaciones porque vender activos vitales para hacer gastos corrientes resultaría totalmente inconveniente.

 

“Salir de una parte de Ecopetrol o de ISA me parece un error pues en este momento lo que tiene que hacer el estado es endeudarse para poder apoyar a la gente que lo necesita y después ver cómo, a través de una reforma tributaria, se puede salir del embrollo”, declaró la exministra.

 

Sostuvo que un ejemplo a replicar es el de Europa que viene reuniéndose a nivel de presidentes para mirar la manera de financiar los problemas que tienen. Para el caso de la región, anotó, le tocaría a Estados Unidos y Canadá ver que hacen con América Latina.

López Montaño expuso que las privatizaciones no ayudan porque en el momento actual los recursos irían a gastos corrientes y para eso, afirmó, no se privatiza, una situación que invita a buscar financiación en otros lados y ese sería el del endeudamiento, aclarando que la obligación o acreencia se vuelve un problema cuando la economía no crece, pero enfatizó que, si los empréstitos ayudan a recuperar la dinámica económica, se hace más fácil salir a flote.

Explicó que hay países con tremendas dificultades los cuales llegaron a deudas del ciento por ciento del producto interno bruto, PIB, y después se recuperaron.

 

“En este momento las privatizaciones no son lo más conveniente, insisto, porque es salir de activos importantes para unos gastos normales lo cual resulta terrible, entre otras cosas porque son mecanismos que no deben utilizar los individuos y mucho menos los gobiernos”, comentó la Señora López Montaño.

 

Reforma tributaria sí, pero en condiciones

En materia tributaria, la exministra señaló que hay trabajos por hacer en evasión y elusión, desafíos para meter en cintura, pero enfatizó que una reforma tributaria solamente es posible en la medida en que la economía logre recuperarse para poder crear tarifas en otra atmósfera y no en la actual situación apremiante de iliquidez, quiebras y desempleo.

En este momento, recalcó, no hay margen para crear impuestos porque las empresas están postradas y la gente no tiene dinero para cosas básicas, pero reconoció que, sin lugar a dudas, viene una reforma tributaria que le tocará pagar a todo el país de la cual espera, sea mucho más progresista que las que se tuvieron y resultaron totalmente equivocadas.

Dijo que pensar en ampliar el pago de IVA a las personas naturales en este momento no tiene ninguna posibilidad más con el desempleo histórico que tiene el país. Hoy, afirmó, no hay conocimiento de cuanta gente está perjudicada, igual ignora a que niveles ha aumentado la pobreza, entonces no hay asidero para proponer fórmulas impositivas que pueden ser inadecuadas y poco versátiles.

 

“El IVA no puede quedarse solamente como obligación de los más pudientes porque resultaría también difícil, eso no se puede hacer así porque este impuesto al valor agregado es muy generalizado y altamente regresivo, no es el momento de apagar el incendio fiscal solamente con el IVA”, apuntó López Montaño.

 

Al desbrozar las circunstancias fiscales estimó urgente proyectar una reforma tributaria a futuro sobre la base de la recuperación económica para evitar un desbalance fiscal que hoy es demasiado grande. Indicó que, por ello, apenas todo comience a mejorar, el gobierno debe actuar y reconoció que, si no hay una reforma tributaria, no se puede seguir adelante con una verdadera salud financiera que garantice estabilidad económica.

Hoy el gobierno, aseveró, tiene que enfocarse en una estrategia para incentivar empresa y para salvar lo que está quedando, un escenario complicado porque el país no ha llegado al pico de la pandemia lo cual impide saber cuál será el impacto final razón por la cual el ejecutivo tendrá que hacer lo que no hizo pues se demoró demasiado en apoyar a las empresas para que no despidieran a la gente. Dijo que el dinero que les está dando a los más vulnerables es muy poco y por ello hay tanto empobrecimiento.

Una salida inmediata es la apuesta por el mercado interno en donde, asegura la experta, están todas las oportunidades, empezando por el sector agropecuario y dándole gran protagonismo a la manufactura, el valor agregado, y la empresa local.

Si bien la globalización ha mostrado una desaceleración, la ex Directora de Planeación Nacional consideró que igual hay que mantener la puerta abierta de las importaciones, básicamente en lo que tiene que ver con materias primas e insumos porque la producción en Colombia depende en gran medida de la importación sobretodo de productos básicos.

 

Este proceso de apostarle al producto nacional sin dejar de traer materias primas, demanda todo el cuidado. Desde luego en aras de reactivar la economía hay que pensar en otros sectores, pero sin ponerle candado a la globalización de un día para otro. Retomar el crecimiento con oferta y demanda interna sin afectar el libre comercio es un asunto que, repito, pide el máximo de prudencia, sin embargo, es un hecho que hay que estimular la producción nacional, yo no digo que no, más cuando los campesinos han suplido la oferta de alimentos de una manera muy hábil y el gobierno en contraprestación no les está ayudando para nada”, precisó la reconocida analista.

 

Foto Pixabay

 

Desde su perspectiva el gran problema es que no hay un equipo económico fuerte en el gobierno porque tan solo está el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla y posiblemente el Viceministro Juan Alberto Londoño, pero cuestionó la falta de un buen economista al frente de Planeación Nacional porque, afirmó, hoy solo hay un tipo sin experiencia en ese despacho que está diciendo muchas pendejadas.

Sobre esta falencia agregó que el no tener un equipo económico adecuado es una limitación muy grande porque hoy más que nunca hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y añadió que inclusive los gremios no son los más adecuados para sugerir lo que se debe hacer porque ellos tienen intereses muy particulares y no son necesariamente los de la sociedad.

En las presentes dificultades, no es nada sano insinuar mas importaciones provenientes del sector primario porque precisamente se trata de ayudarle al campo y no acabarlo de manera sistemática cuando la ruralidad lo único que ha hecho es garantizar el suministro de alimentos. Si llegasen a aprobar más ingreso de alimentos habría un lío muy grande y al gobierno se le vendría el mundo encima, eso no puede ser.

 

“Casualmente este es el momento del campo, lo he dicho, porque el sector rural y sus labriegos le ha respondido al país, es un activo muy valioso que debemos cuidar, estimular y justamente remunerar, sino es así, el sector agropecuario desaparecerá”, sentenció la ex ministra Cecilia López Montaño.

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