Actualmente el mundo empresarial avanza en distintas decisiones y cambios de modelo frente a los retos geopolíticos y las huellas que marcaron la globalización, haciendo que algunos propongan reconsiderarla o replantearla. El tema no es menor, en todo el planeta se vivió la crisis logística, los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania, pero el tema no termina allí, existen tensiones en oriente medio por el eterno desencuentro en Gaza, lugar en donde las invasiones y abusos de las llamadas potencias le dieron rienda suelta a un problema de grandes magnitudes que ya cobra cientos de miles de víctimas inocentes.
En este momento hay que pedir que hable la historia que los responsables generen diálogo porque del ambicioso y fallido proyecto de la Gran Siria tan solo quedó muerte, odio y tragedia en las tierras sagradas de Canaán, lugar en donde tuvo su territorio la hoy arrinconada Palestina. Desde 1896 con el movimiento sionista empezó una cruzada de despojo patrocinada por Inglaterra que con la infausta declaración de Balfour en 1917 dio luz verde a unas invasiones que a las que se les llamó colonización, proceso que había iniciado en la penumbra del siglo XIX.
Todo impacta, una cosa lleva a la otra y el mundo está lleno de aspectos políticos, militares, sociales, económicos y hasta patológicos porque con el libre comercio apareció en Europa la Peste Negra y luego en barcos más sofisticados fueron arribando virus, calamidad y decesos, una factura costosa que finalmente asumieron los estados como quedó sustentado con el Covid-19. Siempre que algo ocurre, nada hay fortuito, tan solo deben revisarse los compendios y allí en el pasado está la explicación a los inconvenientes de hoy, un banco de sentimientos y sensaciones que les sirve a los llamados señores de la guerra.
Hacer empresa no es fácil, hay de por medio muchas cosas, en principio las materias primas que se siguen concentrando en China, India y otros cinco países, de igual manera están los gobiernos que crean impuestos y con ello inestabilidad en el sector real puesto que los cambios impositivos suelen ser recurrentes como pasa en Colombia, país en donde la corrupción vale muchos billones de pesos. A lo anterior hay que sumar baja inversión en infraestructura, países en vía de desarrollo que viven como en los tiempos de la colonia y un atraso tecnológico abismal.
Como si fuera poco, gran parte de América Latina adoptó un modelo económico socialmente inviable en donde la extracción y el saqueó se llamó inversión a tiempo que fueron apareciendo políticas equivocadas que fueron sepultando la economía primaria, medida que entregó en bandeja seguridad y soberanía alimentaria. Los modelos exitosos como el de la Federación Nacional de Cafeteros pasó de agache en la agricultura y con el espejismo al que llevó el petróleo con precios inmejorables, el campo terminó destrozado, sin rentabilidad, con incentivos invisibles y muy baja mano de obra. Para algunos mandatarios fue más rentable importar alimentos que producirlos, resultó mejor una política para atomizar al agricultor colombiano, dándole todos los recursos a los labriegos fuera de las fronteras, a los productores de Norteamérica, Europa e inclusive de Suramérica.
Los empresarios, en medio de todo, siguen remando contra la corriente, demostraron arrojo, resiliencia y compromiso, si bien no la pasan bien, un común denominador de los últimos 30 años, siguen creyendo y apostando por un país posible, con mejores opciones industriales y llevando la transformación y el valor agregado a niveles muy elevados.
Hay retos por la globalización de los mercados, por las nuevas maneras de proponer Estado, también por las falencias en bienes públicos y por una deuda social multimillonaria que no se paga a punta de asistencialismo y dádivas de poca monta.
La Constitución Política habla de derechos, claro está, a la vida, al trabajo, a la salud, educación y muchos otros, pero antepone la dignidad como una condición inherente, eso sí, no avala la mendicidad, el campo en harapos y unas tierras ricas y numerosas que no tienen quien las ponga a producir. En este capítulo, es bueno insistir, es necesario medir la productividad indígena, porque hay muchas hectáreas en su poder y muy poco en oferta alimentaria, una buena oportunidad para sellar un pacto social y productivo en donde la riqueza, la laboriosidad y el alimento lleven la batuta.
Las empresas siguen solicitando políticas que hagan viable crecer, fomentar empleo, riqueza, desarrollo y crecimiento económico sostenible. La gran meta es alcanzar una aceptable productividad y elevar los niveles de competitividad para lo cual es perentorio trabajar de la mano en alianzas público-privadas, acudiendo a la tecnología como también a la estrategia y a unas medidas que premien al empresario, lo incentiven y lo lleven a ampliar portafolios, pero no a castigarlo por invertir.
Al hablar de productividad se habla del gran reto en el marco de la cuarta revolución industrial, de una era digital cargada de celeridad, eficiencia, atributo y acceso al público.
En charla con Diariolaeconomia.com, el ex embajador, escritor y analista económico Juan Alfredo Pinto Saavedra dijo que la competitividad evolucionó desde la ventaja comparativa absoluta porque para el caso de Colombia, tenía el mejor café del mundo por el clima, la recolección de la cosecha a mano y un beneficio sensacional. El mejor lúpulo estaba en Grecia, la mejor carne bovina salía de Argentina debido a sus praderas y esa era la ventaja comparativa absoluta, pero cambió a la ventaja relativa ya creada por el hombre en donde hubo capacitación, potenciación de los recursos humanos y desarrollo de tecnología. Entre tanto en productividad, afirmó el experto, ocurría lo mismo porque al principio era simplemente el cociente de resultados contra recursos.
Expuso que en otros tiempos un empresario que obtenía más resultados con menos recursos era más productivo, pero en un comienzo ese era un problema del hombre, de la innovación, de la maquinaria hasta llegar a lo que se tiene en tiempos más modernos, tanto la competitividad como la productividad que dependen de muchas variables, es decir, son parte de la complejidad, son multivariadas, difíciles de interpretar, requieren capital bien manejado, tecnología avanzada, innovación continua, mejoramiento incesante, prospectiva, entendimiento con el futuro, modelo de negocio práctico, flexibilidad, cambio rápido, ajuste permanente y claro está, apuntó Pinto Saavedra, para un pequeño empresario es muy duro.
“Nuestras pequeñas empresas tienen y han tenido en los últimos 15 años baja productividad en nivel comparado, no solo con medianas y grandes sino especialmente a nivel internacional. Sin embargo, en medio de ese escenario, hay un hecho nuevo para las pymes ya que si queremos tanto en política pública servirlas como ellas mismas servirse y desarrollarse, la clave hoy es la economía digital que es vital porque gracias a las plataformas y al juego comunicacional, actualmente los clientes pueden estar en comercio electrónico, a la fecha las masas están al alcance de un pequeño empresario lo mismo que de una gran empresa a través de esas evolucionadas plataformas, hoy la telefonía móvil es un recurso impresionante para reducir costos y para llegar a poblaciones enormes, entonces en economía digital la pyme por su flexibilidad es, tal vez, más competitiva que muchas de las otras organizaciones”, declaró el señor Pinto Saavedra.
Un buen consejo para los empresarios que quieren mejorar la productividad es acudir a la digitalización, el mercadeo a través de telefonía móvil y comercio electrónico, el uso de plataformas y la familiarización con las variables nuevas de la comunicación comercial y ahí sencillamente, manifestó Pinto, puede estar buena parte de la respuesta.
Las empresas están llamadas a producir más, mejor y con precio
Al mirar las empresas en América Latina, tan solo dos países, Brasil y México muestran eficiencia, producción de escala, transformación adecuada, uso de la tecnología y eficacia por medio de la logística. Seguramente ese tipo de adelanto debe ser replicado en la región y para lograrlo, apuntó el ex presidente de la Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, Acopi, no hay una única norma para alcanzar esos niveles puesto que hay ejemplos en los cuales se puede responder diciendo que ser pequeño empresario no es un vestíbulo previo a ser mediano o grande porque hay momentos en que manejar un nicho, una pequeña empresa y hacerlo bien, crecer, pero muy razonablemente puede ser la estrategia clave.
Según Juan Alfredo Pinto Saavedra, es imposible creer que el paso necesario de un restaurante acreditado, famoso, con cocina de autor, tenga que ser en volumen para abrir 20 restaurantes, en tanto que hay otros en que sí es necesario manejar la escala y operar en 20 locales porque de no hacerlo, seguramente va a desaparecer.
Para el contertulio, no hay un paradigma único, pero manifestó que sí se pueden saber cosas, por ejemplo, si la escala consistía en producir más unidades para reducir el costo unitario. Agregó que hay momentos en que la pequeña empresa debe buscar ahorros y eficiencias, llegará el momento, expresó, en que tendrá que racionalizar sus cosas y por eso el ejemplo de mercadeo telemático, de telefonía móvil que son recursos muy aplicables.
En determinados negocios, el que no esté actualmente en la red, sentenció el escritor, desaparece porque si la mayor parte de transacciones son en plataforma y el empresario no está, de manera obvia perderá espacios en el mercado.
Añadió que hay otros momentos empresariales en que la escala sería el derivado de una agregación que le interese al industrial, algo posible, las cadenas de valor, ya que si el agente es un buen proveedor y está instalado con una gran empresa en donde logra conseguir unas negociaciones mínimamente equitativas con ella, hay desde luego para esa pyme una alternativa de estabilidad comercial.
Dijo que si ese apoderado se vuelve estrictamente dependiente de ese comprador mayor que tiene y abandona los compradores de periferia de tamaño intermedio que son los que brindan mayor seguridad estratégica, puede estar cometiendo un gran error. El tema insistió, es inteligencia de mercados, analizar el modelo de negocio para definir la estrategia y además no enamorarse del éxito del pasado sino de la construcción del triunfo del futuro.
Problemas para todos, el tema mundo invita a replantear
En opinión del ex embajador Juan Alfredo Pinto Saavedra la situación del mundo conlleva a analizar proveeduría, logística, elaboración de productos, retomar siembras de materias primas como el algodón y de otros productos que fueron abandonados por necedad, un histórico error, cambiar producción local por importaciones.
Sobre el tema aseveró que los discursos son como los productos comerciales porque tienen un ciclo. Afirmó que hace unos años se decía que había que romper con los mercados domésticos para ir a lo internacional y hoy en día se reconoce que hay que estar en el globo, pero que la mayor parte del comercio mundial sigue dándose en mercados locales. “Abandonar el patio propio es absurdo también”.
Después, detalló el conocedor, vino el tema de las cadenas grandes y finalmente las cadenas globales de valor, pero enfatizó que la pandemia y la evidencia enseñaron que el mundo no puede depender de una única potencia industrial como pasó y sigue pasando con China, asimismo que el mundo no puede vivir a cuenta de una potencia manufacturera, un discurso idealizado de los súper-poderes.
De las cadenas globales de valor, que en opinión de Pinto Saavedra, seguirán existiendo, se pasará a cadenas globales con nodos regionales, verbigracia ver en el Caribe un mercado costa afuera para Colombia que puede ser importante, pero hacer parte de cadenas de valor resultará más estratégico a criterio del analista, desde luego viendo de qué manera se hace, con qué inteligencia y analizando hasta dónde la crisis de los contenedores le enseñó al país que estar en una cadena de valor sin tener gravitación ni capacidad negociadora también lleva a la vulnerabilidad.
Recalcó que definitivamente, las estrategias tienen que ver más con una combinación entre lo regional y lo global. Afirmó que la seguridad de las negociaciones depende de que todas las empresas tengan una muy buena veeduría de estudios estratégicos.
“No hay país maravilloso para vivir hoy en el mundo, no hay economías que no tengan riesgo, no hay cero vulnerabilidad en ninguna parte del globo, no hay total seguridad y certidumbre en el planeta, entonces definir a Colombia como una nación de alto riesgo comparada con otras, en algunos ramos sí, en otros no, hay aspectos en los que somos un país mucho más tranquilo y bastante más posible en lo económico, de tal forma que el problema también está en nuestras mentes. Estudiamos el mundo, lo comprendemos, lo monitoreamos, luego ¿tenemos la disciplina de explicarnos como ciudadanos globales de veras o somos todavía provincianos porque vamos de vez en cuando a South Beach a cambiar de tenis o a montarnos en una atracción internacional?
Llegó el momento de la reindustrialización
Al igual que debe premiarse, reconocerse e impulsar a los empresarios, lo propio debe hacerse con la economía rural que da muestras de innovación, valentía y ganas de seguir adelante, no se desconoce que hay obsolescencia en algunos sectores que fueron quedando rezagados, pero que con inyección de capital y política pública pueden despuntar y lograr determinantes protagonismos.
Para muchos, Colombia debe repensarse como modelo económico, cómo fábrica para retomar la industrialización potenciando productividad y así darle oportunidad al campo, a la agroindustria y a una serie de cadenas productivas que deben ir agregando valor paulatinamente, garantizando sostenibilidad.
Sobre el particular, Pinto Saavedra anotó que hay que celebrar después de 24 años de no tener política industrial en vista que la última se tuvo en el año 1999, debe aplaudirse que en este momento esté aprobado el documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social, CONPES, de reindustrialización y desde luego felicitar al ministerio de Comercio, Industria y Turismo por haberle devuelto a los colombianos una construcción de la política en ese sentido porque sin duda el país perdió mucho terreno, sacrificó demasiados activos y desmontó los instrumentos de fomento, pero también la industria de bienes de capital a nombre de un discurso elemental, fácil y alejado de la realidad productiva.
“Vamos para una reindustrialización casi que sin opciones ya que si no la hacemos, sencillamente nos complicamos”, expresó Pinto Saavedra.
En temas de café, no a las importaciones
Para Juan Alfredo Pinto el café sigue siendo un referente, y muestra de ello fue el pasado Congreso Nacional de Cafeteros en donde brilló la armonía, el diálogo amable y el liderazgo de la ministra de Agricultura Jhenifer Mojica, pero igual el del ministro de Hacienda Ricardo Bonilla González.
Destacó que por fortuna está bajando poco a poco el tono y el escritor manifestó que quisiera ver un Congreso Cafetero 2024 con la presencia del presidente de la República Gustavo Petro, sellando fraternales acuerdos con los cafeteros.
Pinto acentuó que hay cosas que no son de nacionalismo elemental sino de pura microeconomía válida y por eso manifestó que se opone radicalmente a la importación al mercado colombiano de robustas y de cafés como también de pasillas de mala calidad.
“Me opongo severamente como dirigente que he sido de la pyme en Colombia, como escritor económico y literario a que el país, siendo productor del mejor café del mundo, tome un bebestible de tercera por no decir de quinta, con orígenes asiáticos o de países latinoamericanos. Eso no es admisible, me parece un adefesio que un don de la naturaleza entregado a nuestros suelos, permanezca relegado, que ese saber producir con sentido de exclusividad quede rifado en unas mezclas impotables por cuenta de un falso subabastecimiento”, expuso el ex diplomático.
Aparte de los daños en salud que producen las pasillas en su totalidad, de los granos que ingresan sin trazabilidad y sin conocimiento de aplicaciones, hay un problema de probidad y así las cosas, subrayó Pinto Saavedra, no se puede, pues Colombia no debe ser un mercado de periferia que esté dispuesto a “tragarse”, literalmente, cualquier cosa.
Apuntó que esas medidas de defensa comercial en el caso del café nada tienen que ver con proteccionismos, son determinaciones más cercanas a frenar un problema de soberanía cultural y que tienen que ver con un problema de identidad, de amor propio, de realidad meritoria de lo que es la tradición cafetera colombiana, luego no es una discusión elemental, se muestra seria, pero sobretodo, indicó el invitado, debe traer acciones igualmente serias y luego que hace Colombia con producciones que realmente no sean más sofisticadas.
Pinto es un hombre cercano al café, disfruta la bebida y ha paseado por innumerables marcas. Generalmente toma café colombiano instantáneo, liofilizado, adquiere además grano tostado para moler, otros para obtener bebidas especiales, placer que disfruta en familia sin negarse la posibilidad de acceder al mejor grano del mundo.
En favor del café y de todas las empresas colombianas, el grandilocuente analista dijo que en el proceso de reindustrialización, la producción colombiana debe ser mucho más sofisticada, tiene que merecer el título de ser mejor y competitiva, algo que no necesariamente interfiere en toda la estructura de costos sino en un dominio inteligente de los conceptos que rodean un producto, puesto que nadie en el país productivo debe caer en la mediocridad y después buscar argumentos económicos, esos, dijo, solamente sirven para salir de la insuficiencia o mezquindad.
Colombia va camino a reencontrar futuro, está pensando en ferrocarril, metro y todo lo concerniente a infraestructura, bien sea por inversión estatal o por las concesiones que han dejado una buena experiencia en países como Chile en donde con el mecanismo poco o nada hay para robar. Atrás quedó la historia triste de Ferrocarriles Nacionales y sus lamentables exequias, hoy el país pide condiciones expresadas en obras para poner a rodar y darle un motivo más a la urgida reindustrialización.
Para Pinto Saavedra, en ese punto hay que tener un sentido práctico y superar el discurso ideológico elemental que está superado por los mismos creadores. Puntualizó que hoy el mundo entero, el de las ideologías más radicales es revisionista. Comentó que no hay ningún mundo que esté plantado sobre los dogmas de ninguna teoría económica, lo sorprendente es que Colombia sigue enfrascada, a juicio de Pinto, en debates ochenteros, cargados de ideologismo.
Recalcó que en la actualidad el mundo no discute entre privatismo absoluto y estatismo absoluto porque todos saben que eso es una gran mentira. Expuso que un país debe tener una generación joven de negociadores.
“Algo en lo que yo insisto mucho es en que ahora que en la universidad se habla de cátedras con prácticas profesionalizantes, uno de los temas más densos tiene que ser la capacidad negociadora del país a través de jóvenes profesionales para que podamos justamente decidir porque con la baja formación bruta de capital que tenemos, no satisfacemos nuestras necesidades competitivas, entonces el tren, el transporte, la navegabilidad, reducción de costos, la telematización, información en línea y las plataformas digitales son instrumentos que forman parte de la logística y de la nueva infraestructura. ¿Quiénes los deben negociar?, elemental, quienes estén preparados para ello, para que con criterio científico se diga si una decisión será estatal, privada o como se habla hoy, de la gran trilogía de la gestión social que encarna las alianzas público-privadas-comunitarias, es decir matizadas por inclusión social, responsabilidad ambiental, alta productividad y sofisticación de clase mundial”, concluyó el ex embajador y escritor Juan Alfredo Pinto Saavedra.