Colombia es sin duda un país de admirables luchadores, tierra de gente trabajadora y de aguante que supera pandemias, tempestades y cualquier otra expresión agresiva de la naturaleza, los hijos de esta tierra bondadosa saben de sufrimiento y necesidad, algo que combinan muy bien con sonrisas, humor y deleite. Hay empresarios que ya han pasado por las verdes y las maduras, inversionistas que aprendieron de cada revés y hoy defienden a capa y espada la libertad de empresa, siendo muy conscientes de la obligación de pagar impuestos, generar empleo y todo ese componente admirable de innovación, competitividad, sostenibilidad y tejido social.
Los industriales tienen claro que un país productivo debe sostenerse sobre pilares de formalidad y apuesta por mejores ingresos para todos, empero advirtieron que si se sienten acorralados será muy difícil continuar y ello llevaría a que muchas empresas, como ya se está notando, cierren sus puertas y busquen nuevos rumbos económicos en el lugar del mundo que sea.
En charla con Diariolaeconomia.com, el presidente de Colombia Telas, José Miguel Piedrahita afirmó que el devenir del país en el sector textil y en el sistema moda es oscuro y nada halagüeño porque en cuatro años estos dos frentes productivos, si no se toman los correctivos urgentes, desaparecerán dejando no solo pérdidas económicas sino unos saldos sociales para el lamento, todo porque no hay coherencia con las medidas tomadas para hacer viable el sector y por la falta de comunicación en una cadena que debe abordarse como tal y no en defensa de dos o tres empresarios de gran reputación en vista que atender asuntos particulares o individuales generalmente termina arrastrando a todos a un caos inevitable cuando hay maneras amables de salir adelante.
Un espejo para nada deseable, aseveró el industrial, es Argentina que está en el peor de los escenarios porque a la fecha han cerrado las puertas muchas empresas textileras debido a las políticas adoptadas por los Kirchner, los Fernández y compañía que llenaron de impuestos a los empresarios, sin pasar por alto que pusieron aranceles costosos para evitar la importación, pero lamentablemente, de manera paralela el país del Cono Sur se llenó de contrabando, a tal punto que hoy en día el 90 por ciento del mercado de textiles en Argentina lo mueve China, Bangladés y otros jugadores asiáticos.
Las cosas en textiles no van bien, Colombia, anotó Piedrahita, sigue en una zona de alto riesgo porque continúa cometiéndose errores, hace unos meses el empresario le puso al sector diez años de subsistencia, pero en esta nueva plática admitió que se quedó cortó, que los cálculos fallaron porque haciendo cuentas al país textil no le quedan ni seis años, posiblemente cuatro porque todos los días a los empresarios les están cerrando más la brecha porque tristemente en el sector y en la Cámara Colombiana de la Confección lastimosamente no va la coherencia con la consecuencia, reconoció que en el periodo máximo de la pandemia al sector le fue muy bien, quizás uno de los mejores en los últimos 30 años porque fue cuando más se defendió la empresa textil, pero además porque hubo creatividad y un exagerado compromiso para que el colombiano comprara colombiano.
Con esa campaña en defensa del producto nacional, expuso el presidente de Colombia Telas, los resultados fueron estupendos, los números crecieron y sin duda se reportaron los mejores resultados en pandemia y postpandemia de los últimos 20 años, pero en ese tiempo hubo equivocaciones porque algunas personas pensaron que como había un arancel del 17 por ciento para importar prendas de vestir lo cual se vio como muy ínfimo porque no permitía estar a la altura de la exigente competencia, además porque las grandes superficies no compraban producto colombiano y preferían traer prendas con el 17 por ciento.
“Ahí fue cuando la Cámara Colombiana de la Confección peleó por el 40 por ciento y en la mesa técnica en donde estuvo la cadena, incluidos los algodoneros, importadores, exportadores, confeccionistas, textileros y todos los componentes del sistema moda, nos sentamos la totalidad de los actores de la industria no en vano hubo por lo menos 35 representantes, se pusieron mesas técnicas para sacar conclusiones teniendo soportes de manera universal luego de mirar tarifas, volúmenes y aranceles en el globo, en donde nos podíamos acoplar los empresarios para ganar y no perder en las diferentes etapas secuenciales de la cadena. En ese momento llegó la pandemia, se atomizaron las mesas técnicas y entonces después del Covid-19, como Duque no quiso firmar lo que se pretendía porque para algunos el asunto no era técnico, diferente a los aranceles y otros mecanismos que si encajan en esa expresión, pues como todo lo que se relaciona con economía debe que ser técnico y no de plumazo porque el arancel del 40 por ciento iba a generar mayor contrabando puesto que las grandes superficies no dejarían de importar en vista que tenían o tienen una ventaja, quienes asisten a ellas certifican capacidad de compra, están respaldados por tarjetas de crédito es decir que se les facilita moverse con efectivo o sin él. Por decir algo, quienes van a Falabella, H&M y Stradivarius son los estratos cuatro, cinco y seis, personas con toda la capacidad de pago. En resumen, cuando sembraron la mecha y pusieron el 40 por ciento de aranceles estas grandes superficies siguieron importando porque como siempre lo digo, ningún empresario trabaja para perder”, declaró el presidente de Colombia Telas José Miguel Piedrahita.
En ese momento los grandes comercializadores no se complicaron puesto que, si una blusa costaba 150.000 pesos con el 18 por ciento de arancel, sencillo, el precio pasó a 220.000 pesos argumentando el ajuste en el arancel, pero si la señora se enamoró de la prenda, no hubo lío y pasó la tarjeta de crédito.
Las grandes superficies, recalcó el empresario, no frenaron sus importaciones, estas crecieron y los detalles estadísticos los tiene el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, en efecto, dijo aumentó el recaudo en favor del gobierno porque si bien unos no compraron en el exterior, las grandes tiendas no pararon, pero los contribuyentes de importaciones como los de San Victorino, el Hueco y otros prefirieron no pagar el 40 por ciento al gobierno y optaron por el contrabando y para vender más fácil utilizaron las plataformas de Temu y Shein, disparando el contrabando técnico con las bodegas que tienen.
Con ese sistema, precisó Piedrahita, el paqueteo de esas grandes zonas francas mutó a evadir el 40 por ciento de arancel habida cuenta que se fueron por las plataformas y así empezaron a ingresar mucho contrabando adicional al de esos entornos tecnológicos. Ese tipo de comercio permeó los grandes centros abiertos de Colombia lo incluye pueblos y ciudades intermedias en donde hay marcas y enormes estructuras de gran escala que afectó a muchos que vieron una competencia tenaz con el contrabando.
Hay un tema cierto y es que el contrabando se triplicó y por eso las cifras de incautación son irrisorias y poco confiables porque el ilícito pasó de un espectro a muchos en donde es muy complicado detectarlo o atacarlo, un flagelo que barrió con los agentes formales y legalmente constituidos.
Existe un problema aún mayor y es que la poca credibilidad que tenía la micro, pequeña y mediana empresa de generar empleo se agudizará en 2026 y un ejemplo es la compañía de Piedrahita en donde hay 12 empleados, pero ya les notificó que en enero apenas arrancan tres. Hay muchas aristas para bajar la velocidad y es que el salario mínimo contrario a lo que se piensa, mayor demanda de bienes y servicios, puede llevar a mayor inflación lo cual con el costo país pondrá la plata en el piso porque no va a tener valor, algo similar a lo de Venezuela cuando en su momento el expresidente Hugo Chávez incrementó el salario básico al 30 por ciento, mismo periodo en el que la inflación de Venezuela repuntó hasta el 80 por ciento.
Una situación tan compleja que la plata que devengaba el público venezolano no daba ni para comprar una cubeta de huevos porque la inflación creció y devoró otros indicadores entre ellos los sociales. La gasolina, apuntó, es otra inquietud porque durante tres años este combustible casi que se duplicó pues llegó a 16.000 pesos, la inquietud es, ¿en dónde está esa plata, se embolató o fue a parar a paraísos fiscales?
Hay muchas inquietudes y los trabajadores tendrán que ver si el pan, la gaseosa y el salchichón que consumen de media mañana, cuando no de almuerzo, valdrá más o ese menú criollo crecerá en más del 30 por ciento, aunque para temas de precios al público el indicador lo debe fijar el Banco de la República con la inflación causada porque salir de ese pacto sería ilegal, no sería coherente desobedecer al rígido Emisor.
“No se puede decretar un salario mínimo vital si no hay un estudio técnico, en mi compañía jamás he pagado un salario mínimo, siempre remunero a mis empleados con más dinero porque soy consciente de que la rentabilidad que tiene mi empresa debo compartirla, pero porque mi empresa no es de 9.000 o 10.000 empleados que es en donde se siente el golpe. Las grandes compañías no quisieron entender eso y por dejarnos tirados a la micro, pequeña y mediana empresa van a llevar del bulto mucho más en este recién nacido 2026”, manifestó José Miguel Piedrahita.
Algunos podrán pensar en retomar algunas prácticas para salvar el sector textil-confección y el sistema moda sobre la base del sector primario y las siembras de algodón, pero en una decisión equivocada el gobierno le quitó el siete por ciento de arancel a algunos hilos, una guillotina, expresó Piedrahita, al sector agricultor por cuanto fue una concesión arancelaria para el campesino y volviera a la producción algodonera para le pagaran la materia prima a buen precio.
En su diálogo sobre textiles, medidas y agro, el industrial comentó que los tres algodoneros que hay en el país generan 10.000 empleos y la contratación venía creciendo, algo admirable en un sector que llegó a tener 220.000 hectáreas cultivadas hace 20 años, antes de pandemia cayó a 2.000 y hoy el registro es de 12.000 hectáreas sembradas con algodón colombiano de calidad, es decir que en los últimos tres años se alcanzó una admirable recuperación en el sector, pero infortunadamente se vuelven a desproteger lo cual llevará a un retroceso porque nadie sin garantías querrá poner semilla de algodón si sabe que va a perder.
El nuevo contexto de los algodoneros, estimó Piedrahita, es deplorable porque cuando esperaban semillas, apoyos, fertilizantes y todo lo atinente a bienes públicos el ejecutivo desmonta una medida que le daba razón al regreso al cultivo del algodón en Colombia, esa siembra que jamás debió irse.
“Para que resucite el sector textil y el sistema moda, la cadena se tiene que sentar porque desde mi punto de vista aquí hay una defensa de unos pocos, personas que buscan salvar sus compañías y no están vislumbrando el fortalecimiento y protección del sistema moda que está conformado por 450.000 empleos formales, se pueden inclusive generar muchísimos más. Hoy la totalidad del sistema moda representa en promedio dos millones de puestos de trabajo, como se dijo, solamente 450.000 formalizados, una carga terrible para las industrias, pero el trabajo formal genera impuestos, piso empresarial, pago de parafiscales y productividad, pero a este ritmo en cuatro años el sistema colapsará, no existirá si no se le da un vuelco en donde toda la cadena del sistema moda, es decir exportador, importador, sembrador, tejedor y todo en su universo se tiene que sentar a buscar salidas, consensos y la unidad, eso sí con un gobierno que se deje hablar, pero no logrando decretos a plumazo que tan solo beneficia a unos pocos”, subrayó Piedrahita.
Para muchos, caviló, es fácil determinar que la medida adoptada para quitar el arancel del 10 por ciento para distintas partidas de hilados, seguramente servirá para que esas compañías de gran tamaño que tienen que importar hilaza ya la estén viendo como instrumento para ajustar los precios de la reforma laboral. El empresario recordó que también produce y para ello, señaló, tiene tres turnos, de 6a.m. a 2p.m., de 2p.m. a 10p.m. y de 10p.m a 6a.m., era porque el de 10p.m. a 6a.m, no generaba horas nocturnas porque era un turno costoso, igual descansaba en el día y se facilitaba otro turno, algo más sencillo cuando hay maquinaria, pero hoy, remarcó, con las nuevas disposiciones es imposible pagar el turno de la noche porque hay menoscabo en la rentabilidad de la empresa, una situación que de asumirse acaba con el factor ganancia y competitividad porque hay países que fabrican con salarios de miseria como Bangladés.
Hay una inquietud y es que con el diez por ciento menos del hilo al acabarse el arancel, en los últimos dos meses o en los últimos 30 días nadie bajó el precio de las telas pues ningún industrial trasladó el menor costó al valor final, solo equipararon los costos de la reforma laboral, de algún lado había que cuadrar la caja o la salida era aumentar el costo al producto con lo cual no hubiese habido temporada de diciembre. Desde su lectura, habrá que esperar que acontece en enero, febrero y marzo pues el tema se está apretando tanto que, si no se adoptan con urgencia medidas de choque y con técnica, en cuatro años desaparecerá el sistema moda.
Piedrahita manifestó que los tiempos y la situación no dan para el optimismo, sin embargo, anotó que hay que trabajar y poner los pies en la tierra de manera firme, nada sobre cáscaras de huevo, insistió en crear escenario de diálogo de donde salga el salvavidas para el sistema moda, hoy nadando en un mar de leva. Apuntó que los beneficios deben ser para toda una cadena, pero no para unos cuantos.
Hoy son recordadas con nostalgia Fabricato y Coltejer, empresas emblemáticas del país, pero tristemente Coltejer se acabó y Fabricato sigue en Ley de Salvamento, es tan difícil la situación de la compañía que ya sacó de producción la tela Jeans porque no tiene cómo competir con el mundo. El empresario reveló que a Colombia le está ingresando tela jeans a los mismos precios de hace 15 años, elemental, precisó, no puede competir, el margen no le da.
El punto no es menor ya que esa tela tan famosa años atrás por su calidad y eficiencia ya no viene ni de China o Bangladés, ahora la produce Brasil.
En asuntos de telas e hilazas el tema está enredado y si de verdad se quiere proteger el empleo formal, generar productividad, competitividad y sostenibilidad en empresas debidamente constituidas que logren salir adelante es perentorio ir a una mesa muy pronto con toda la cadena y no por partecitas, es necesario escuchar gremios comprometidos con un todo, pero no actuando como defensores de causas personales.
Reforma tributaria debe ser estructural y no una más
El empresario José Miguel Piedrahita apuntó que sin duda es urgente tener una reforma tributaria estructural que conjure los problemas fiscales de manera tajante, sin necesidad de que se trate de un régimen inviable, sino audaz, posible y amigo de la reactivación económica, del reavivamiento del campo y de una reindustrialización perentoria para tener mayores opciones comerciales dentro y fuera del país.
El fundador y propietario de Colombia Telas anotó que la idea de una reforma impositiva no es afectar a los empresarios como si fueran enemigos o actores indeseables sino generar política para aquellos que son capaces de crecer, fomentar riqueza y abrir día a día nuevos puestos de trabajo. Aclaró que una reforma tributaria en contra de los empresarios termina afectando a todo un país pues recordó que no hay un solo empresario en el mundo que trabaje para perder pues precisamente crean los núcleos productivos y las factorías para ganar y obtener rentabilidad ya que de lo contrario ninguna es viable y estará llamada a fracasar.
“Yo lo puedo decir porque tuve tres fracasos financieros en tres compañías diferentes que erigí, pero desafortunadamente hay cosas que no se pueden prever desde el empresariado cuando no se tiene la coherencia del industrial curtido y formado en el sector real de la economía. Cuando manejé PlantiYa había un tema del barrio El Restrepo y era una informalidad que llegaba al 80 por ciento en esa época. PlantiYa era una pequeña empresa formalizada con 16 empleados y en donde siete pagaban parafiscales y todo lo que ordenaba la ley, pero era muy complicado tener la informalidad como competencia, no fue fácil adaptarme a ella, no pude continuar porque como si fuera poco llegó la apertura económica que me tomó por sorpresa, sin tomar precauciones como tecnificarme y quedé por fuera”, evocó Piedrahita.
A criterio del empresario, cuando un fabricante cree que las cosas externas no van a golpear, más temprano que tarde se siente el empellón, los impactos aparecen de manera fortuita y para poder generar el piso empresarial, término muy de la jerga de Piedrahita, el actor debe ser formalizado en unas condiciones válidas en cualquier mercado, pero al ser Colombia un país en donde las reglas de juego cambian cada año, entorno complejo en donde no se alcanzan a implementar siquiera las del año siguiente, quien está en cualquier industria, cuando menos lo piensa está al margen de ella.
Un problema, aseveró Piedrahita, que se experimenta en el momento actual, porque una vez determinado gobierno afirma que vendrán medidas impositivas para afectar solamente a los colombianos más ricos, tarifas que se extienden inclusive a los combustibles, el daño es para todos por cuanto hay impacto para toda la cadena productiva una vez se aumenta el costo país en vista que crecen los gastos logísticos porque se encarece el transporte que va desde una moto que pide gasolina hasta un camión con el mismo derivado o con Diesel, todo con un igual, incremento en los valores del flete.
El tema, explicó, es que cuando eso acontece el empresario no puede dejar los bienes al mismo precio porque debe legítimamente defender su rentabilidad y todo eso entra a costos que inexorablemente lo paga el consumidor final que no son los 4.000 más ricos, de lejos 50 millones de colombianos que a diario tienen que consumir.
En opinión del presidente de Colombia Telas, a los más ricos no les preocupa una cascada adicional de tributos, a esos potentados, conceptuó, les favorece más el inconformismo social porque inmediatamente le aplican a todo el porcentaje que determine el ejecutivo. Sostuvo que el empresario más rico del mundo, llámese como se llame, nunca dirá que mantendrá su rentabilidad al 12 por ciento ya que, si le suben el siete por ciento a un producto, en esa misma proporción incrementará sus bienes fabricados y por eso los empresarios siempre tendrán sus contingencias y no harán inversiones a las volandas teniendo en cuenta los innumerables riesgos en Colombia o en otras partes del mundo, jamás pondrán a sufrir su dinero. El empresario, añadió, trabaja, justamente para que el dinero lo deje laborar tranquilo.
Una reforma que grava hasta las ilusiones
La reforma tributaria que se quiere aprobar es para todos, el sol, dijo el empresario, no se puede tapar con un dedo. Expuso que los mayores apostadores en Colombia son los estratos uno, dos, tres y cuatro que juegan chance y lotería en línea, igual fútbol, todo porque hay falencias económicas y en muchos casos una compra hecha a la suerte paga arriendos, mercados, pensiones y otras obligaciones.
En su análisis, José Miguel Piedrahita apuntó que puede haber ludópatas con mucho dinero, pero especificó que al mirar las estadísticas que maneja Coljuegos, más del 80 por ciento de las personas que acuden a los juegos de suerte o azar como chance o lotería online, son las personas de estratos bajos porque son aquellos colombianos de escasos recursos que anhelan ganar algo y literalmente viven de ilusiones.
“Si juegan 2.000 pesos y ganan, ya no les van a pagar sobre la base de los 2.000 pesos, sino que tienen que asumir nuevos impuestos y les liquidan el premio sobre la base de 1.500 pesos y el gravamen lo pago el iluso que invirtió sus 2.000 pesitos. Ahora bien, si un rico se gana la lotería, el impuesto no le hace mella porque sencillamente le sobra la plata, el castigo es a ese nacional que trabaja día a día esperando que algo bueno y fortuito ocurra porque no es suficiente vender empanadas, arepas, dulces o chocolates que sale al final de la tarde a una de las esquinas a comprar un chance o un partido en línea, ese no es el rico, los más adinerados desde su casa o en el lugar que se encuentren tan solo le dan Enter a su valioso iPhone y listo. Para el gobierno los apostadores se están ganando toda la plata, pero hay que recordar que todo empresario que monta un negocio es para eso, para obtener ganancias líquidas por una actividad económica lícita, nadie invierte para perder, al final del día todos los consumidores tenemos que adquirir lo que nos ofrece el mundo”, puntualizó Piedrahita.
Recalcó que un ludópata con recursos va a los casino porque tiene la manera de ir y gastar en juego todo lo que quiera, se puede dar el lujo de perder carros o apartamentos, pero la gente de mayor vulnerabilidad, afirmó, esa que no tiene para la renta, que carece del dinero para las pensiones de sus hijos, esa que vive de las ilusiones que por momentos se les da poque el juego tiene como característica que saca de problemas a mucha gente, eso si cobrando un chance en noviembre, pero comprando el número indicado todo el año, allí un impuesto adolece de todo argumento.
El empresario José Miguel Piedrahita dijo que todos los países viven de los impuestos los mismos que en Colombia pagan absolutamente todos, aclaró que el subsidio a los combustibles que en su momento dio el presidente Iván Duque Márquez tuvo sentido porque en ese tiempo hubo dificultad y no se contaba con el circulante necesario para comprar gasolina o Diesel para poder garantizar la movilidad en tiempos muy duros.
En 2026 hay todo tipo de desafíos porque seguirá la incertidumbre geopolítica, se hará notorio el déficit fiscal, el dólar tendrá inestabilidad y seguramente vendrán más inconvenientes para el empresariado que si no vende lo suficiente terminará reventado.