La cooperación energética entre China y Rusia no está dirigida contra terceros y no debe ser objeto de interferencias, afirmó la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino Mao Ning.
El pasado 8 diciembre, el senador estadounidense Lindsey Graham (catalogado en Rusia como terrorista y extremista) declaró que el presidente de EEUU, Donald Trump, permitió avanzar en el proyecto de ley para endurecer las sanciones contra Moscú. Según el senador, el proyecto daría al presidente Trump una enorme influencia sobre países como China, India y Brasil para incentivarles a dejar de comprar el petróleo ruso barato.
"China se opone sistemáticamente a las sanciones unilaterales ilegales. La cooperación comercial, económica y energética normal entre China y Rusia no se dirige contra terceros ni debe estar sujeta a interferencias ni influencias", dijo la vocera a Sputnik.
En abril, el republicano Graham presentó junto a su par demócrata Richar Blumenthal un proyecto de ley que impone sanciones primarias y secundarias a Rusia si Moscú no entabla negociaciones de "buena fe" para alcanzar la paz en Ucrania.
El proyecto, respaldado por 85 senadores, incluye la imposición de una tarifa del 500 por ciento a los bienes importados desde países que compran petróleo, gas, uranio y otros productos a Rusia. En julio, Trump afirmó que estaba considerando "muy seriamente" el proyecto de Graham. Sin embargo, subrayó que la decisión de promulgar la ley dependía enteramente de él.
Desde entonces, Trump ha dicho en varias ocasiones que estaba dispuesto a imponer nuevas sanciones a Rusia. Moscú ha asegurado reiteradas veces que puede soportar la presión de las sanciones de Occidente, que comenzaron en 2022, y han ido escalando.
El presidente ruso, Vladímir Putin, sostiene que la política de contención frente a Rusia forma parte de la estrategia a largo plazo de Occidente y que las sanciones perjudican a la economía mundial.