Martes, 24 Marzo 2020 18:34

Carne del monte, un consumo peligroso que también se ve en Colombia

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No solamente en China las personas consumen fauna silvestre, los indígenas y campesinos en Colombia echan mano de la carne de monte, un potencial peligro que podría generar enfermedades y epidemias.

En estos momentos aciagos en los que el planeta se encuentra arrinconado y escondido por la nueva pandemia del Covid-19, patología que según expertos vienen de la ingesta de carne de murciélago o del mismo pangolín, surgen nuevas inquietudes a lo que debe ser el comportamiento del hombre con la naturaleza y del conocimiento que demanda el consumo de una parte del ecosistema devorado y depredado por el hombre no solo en Asia sino en buena parte del mundo, incluida Colombia.

Esta oferta de carne para muchos desconocida es todo un riesgo para la salud humana porque en términos de zoonosis no está dada la última palabra y hay muchas enfermedades inherentes a los animales que pueden inclusive actuar como vector, verbigracia, la rata, haciendo de las plagas el plato del día.

En charla con Diariolaeconomia.com, la investigadora y bióloga de la Fundación Panthera, Jenny Gallo, aseguró que no solo en Asia la gente se come todo lo que se mueve pues en aras de la equidad y la verdad en Colombia también se hace tal y como se observa en las comunidades campesinas e indígenas, entendiendo que esa es su única fuente de proteína bien sea porque no hay acceso a las ciudades y su oferta de carnes debidamente tratadas o porque tristemente sus ingresos como es el caso del labriego, no les da para hacerle el gasto a la carnicería y sus ofertas de bovinos, porcinos, ovinos o caprinos.

 

“En esas zonas rurales o indígenas el consumo de carne de especies de la naturaleza se da por necesidad, pero lo cierto es que en Colombia tenemos que mirar muy bien ese tema porque ellos lo hacen por hambre, pero hay que buscar la manera de suplir esa seguridad alimentaria en Colombia. Ese tema hay que revisarlo desde la institucionalidad porque la gente está devorando las especies de fauna de manera preocupante”, declaró la conocedora de temas ambientales y del jaguar.

 

Precisó que en Colombia hay un alto consumo de carne de monte en donde por excelencia la gente consume dantas, borugas o lapas, venados, tortugas, zarigüeyas, guaras, armadillos, caimanes, marranos de monte, pecaríes, carpinchos, conejos, tapires, monos y muchas otras especies que se ven fuertemente impactadas por el apetito humano.

En opinión de la bióloga en esas carnes, potencialmente, puede haber diversos tipos de virus tal y como los extraídos de Asia en donde puede nacer un gran problema pandémico porque nadie sabe a qué microorganismo o enfermedad se enfrenta.

Agregó que en la medida en que avanza la “frontera agrícola” el ser humano cada vez está adentrándose en sitios en donde no había incursionado abriéndole las puertas a la exposición de graves enfermedades, muchas de tipo epidémico.

 

“Ese tema tenemos que revisarlo y regularlo en Colombia, en Latinoamérica y en el mundo porque estamos dañando ambientes, pero igual estamos propiciando la llegada de nuevas enfermedades de difícil control, de un lado por falta de conocimiento y del otro por vacíos en la regulación como también por baja vigilancia y cuidado de los ecosistemas”, señaló.

 

La experta explicó que por la condición de animales silvestres, poco se sabe de ellos lo cual puede conducir al consumo de agentes patógenos que pueden afectar seriamente a los humanos lo que dice que las personas deben comer animales de granja en donde se acrediten las mejores prácticas ganaderas y ambientales.

Sobre el mandato global de ampliar la frontera agrícola para abastecer al mundo de alimentos, la investigadora indicó que tener mayor producción en el campo es posible, pero bajo esquemas de respeto por las especies y preservación pues desde Panthera se ha promovido el desarrollo sostenible y los corredores también sostenibles lo cual implica que las fincas o los sectores acudan a las buenas prácticas ambientales, dándole espacio a los corredores biológicos dentro de esos cultivos con lo cual se le garantiza libre tránsito a la fauna de un lado a otro, y eso abarca especies de todo tipo porque se trata de aves, venados, pumas y jaguares entre otros que requieren de un trato especial dentro de los procesos productivos.

El jaguar por ejemplo que habita toda la geografía colombiana, o gran parte de ella requiere de mejores políticas para su libre desarrollo en regiones como la Amazonía, la Orinoquia, el Magdalena Medio y otros sitios en donde ha sido maltratado y expulsado, dándole origen a nuevos problemas que perfectamente pueden ser superados en favor de las siembras, de la ganadería y del emblemático felino, ese que está tan de moda por su belleza, su fuerza, sus favores ecosistémicos y sus capacidades para sobrevivir.

La idea, manifestó la experta es generar escenarios para no dañarles o transformarles de una manera abrupta los ecosistemas y los servicios que estos le ofrecen a la humanidad.

 

Con la actual coyuntura el mundo está llamado a cambiar

 

Jaguar en selvas colombianas

En opinión de la Bióloga Jenny Gallo, existe la creencia urbana que las ciudades siempre han existido, haciendo que el ser humano se aleje cada vez más de la naturaleza, pero aclaró que el hombre como especie ignora o pasa por alto es que en los lugares en donde hoy retumban las grandes metrópolis, antes hubo mucha fauna y gran cantidad de biodiversidad.

 

“En Bogotá existieron bastantes humedales y por eso esa era común ver al oso de anteojos, al venado y a los zorros lo cual era lo más natural que le podía ocurrir a un escenario como estos. Cuando llegamos a la ciudad del altiplano hicimos una total transformación y nos apartamos de los ecosistemas que nos rodean y nos sorprendemos por eso, por el comportamiento animal. Los zorritos siempre están allí, se les ve en los cerros o en el páramo y por estos días de silencio total ellos se acercan más a donde están los humanos porque ven en las personas una fuente de comida, tristemente en los desechos en muchas ocasiones”, aseveró.

 

Agregó que ahora ese fenómeno se ve igualmente con el oso polar que ya se acercan a los asentamientos humanos, tema que ya tiene que ver con otras cosas en donde está de por medio la debacle natural.

Es por ello dijo, que la humanidad debe replantearse cuál es el tipo de urbe que quiere porque las ciudades en su totalidad, alejadas tanto de la naturaleza, están cada vez más contaminadas y afirmó que ese es el caso de Bogotá que demanda más zonas verdes que le ayuden a purificar el aire a una ciudad tremendamente afectada por la polución. Hoy el mundo, en ese resurgir y cambio, pide ciudades con actividades más sostenibles y mucho más verdes en donde se pueda convivir en armonía con la naturaleza, si bien no tanto con los zorros, para que caminen por las calles, pero sí con las aves.

 

“Necesitamos que a Bogotá lleguen más aves porque si esto se logra ello será sinónimo de más árboles y si hay crecimientos de bosques sencillamente vamos a tener un ecosistema mucho más limpio y un mejor ambiente natural. Hacia eso vamos, tenemos que replantear cómo estamos viviendo y qué tan alejados estamos de la naturaleza para así tener un modelo de ciudad más verde y saludable”, comentó la bióloga.

 

Covid-19, el antídoto a la plaga de fauna y flora, el hombre

 

Ciervo en la ciudad

Es paradójico, pero amén de la tragedia humana buscada por ella misma y que hoy suma al relicario de pandemias una más con el Covid-19, las grandes ganadoras son las especies de fauna y flora pues hoy los depredadores ambientales no matan animales y talan bosques de manera impía. Es tan especial el momento para los animales que ha resultado grato y simpático ver animales por las calles de las hoy desoladas ciudades.

Los productores del campo reconocieron que ha habido un precario trato al medio ambiente e invitaron a cambiar la hoja de ruta porque advirtieron que si no hay una consciencia ambiental en la agricultura o en la ganadería, el mundo colapsará y de nada servirá tener vacas, cereales o alimentos pues sin los agentes ecosistémicos el mundo no es viable y eso, sostuvo, está ratificado con la pandemia que nos espanta en esta fase del siglo XXI.

El Presidente de la Corporación Nacional de Pequeños Productores Agrícolas, Bonisalvo Susa, dijo en Diariolaeconomía.com, que hoy muy a pesar de la pandemia, la naturaleza está feliz, un argumento de peso para sostener que la peor plaga del mundo natural es el hombre, aunque cueste reconocerlo.

 

“Un escritor citó alguna vez que el hombre con su comportamiento e imparable depredación era más animal que los animales porque las especies silvestres no hacen daño ni destruyen, tan solo toman lo necesario de la naturaleza y ayudan a mejorar o sostener los ecosistemas”, declaró Susa.

 

Expuso que la humanidad no conforme con talar bosques y selvas, con cazar, eliminar especies y llevarlas de manera estólida a su extinción, ayudó a contaminar con recursos petroleros que envenenaron la tierra y el ambiente, sin dejar de lado las quemas al igual que los botaderos sin manejo o protocolo. Como si fuera poco unas multinacionales le metieron a la agricultura todo tipo de venenos y tóxicos que aparte de producir cáncer, matan abejas y colibríes, poniendo en riego la polinización natural, es decir una afrenta desmedida contra la naturaleza y la especie humana.

 

“Aquí secaron ríos, otros los contaminaron, mataron animales e hicieron hasta para vender. En el campo igual hubo tremendos pecados porque la ignorancia como dicen es atrevida y por ello se cuestiona la falta de acompañamiento y las exigencias para una agricultura sana, familiar y competitiva, pero muy ambiental”, apuntó el dirigente campesino.

 

Osos de anteojos de los Andes colombianos

Cuestionó que en Colombia hay asentamientos y explotaciones en tierras intocables de osos de anteojos, de jaguares, cóndores, venados y otras especies que fueron desplazados de su hábitat, Ese desplazamiento hizo que muchos animales ingresaran a las fincas o propiedades que les fueron arrebatadas para cazar animales de cría, decisión que les ha costado la vida porque en ganadería por ejemplo, una explotación es más importante que un jaguar o que el planeta verde.

La ausencia de estado ha hecho que la presencia de animales se vea como una guerra y por eso los campesinos y colonos matan animales como pumas jaguares y osos, luego de cometido el hecho entierran el cuerpo del animal para evitar reclamos o procesos judiciales, es decir que en medio de la ignorancia, muchos saben que acabar con las especies o masacrarlas es un delito que debe castigarse de manera ejemplar.

Todo explica el por qué hay menos animales que fueron sagrados en los tiempos prehispánicos e inclusive aún por algunas comunidades tribales. El jaguar fue muy respetado, encarnaba poder, fuerza, inteligencia y sagacidad, hoy lo matan porque estorba o lo que es más infame por su piel que es adquirida por las grandes casas de moda, un sector que contribuyó descaradamente con el aniquilamiento de los grandes felinos y de otros animales como zorros, armiños y mapaches. Esa también fue la infamia humana de dedo parado contra la naturaleza.

Denunció que en Colombia siguen matando osos de anteojos y venados lo cual exige que el estado llegue con mejores orientaciones y propiciar armonía entre comunidades indígenas, campesinas y colonos con lo naturalmente intocable.
La mal llamada ampliación de la frontera agrícola, expresó Bonisalvo Susa, resultó la más grave equivocación porque se trató de tumbar selvas, de talar árboles, de acabar sin pena con especies de fauna y flora solo por ganarse el título de ganadero o agricultor, pero dejando de lado que hubo un crimen contra los sistemas verdes y sus actores.

 

“La frontera agrícola la está ampliando la terrible industria de la coca porque como los han sacado de zonas que fueron atacadas por las autoridades, los señores de la cuestionada planta se fueron para más adentro de las selvas, dejando desolación y luto natural porque se acabó con el entorno de dantas y otros animales como micos y felinos que vieron como de iban al piso cientos de hectáreas y con ellas su futuro. Este tema es muy delicado porque el hombre por el afán de oro, plata o riqueza inmediata, acude a las prácticas más abominables y una de ellas es destruir el ambiente y las especies. Lo más triste es que hoy con esta pandemia quedó demostrado que el hombre no vive de piedras preciosas, de petróleo, de oro o de coca, el hombre se está eliminando solo y no quiere parar, tema muy apremiante”, afirmó Susa.

 

Un animal muy golpeado ha sido la danta pues ya no se ve porque los cocaleros tumbaron decenas y decenas de hectáreas llevándose dantas y un grueso porcentaje de la fauna colombiana, mucha de esta del menú de los campesinos o “raspachines”.

Ampliar la frontera es urgente para sembrar alimentos, pero no para la coca, la frontera agrícola debe hacerse con asesoría y sobre pilares ambientales porque la agricultura fácilmente debe y puede convivir con el medio ambiente. El tema, subrayó, es erradicar cultivos ilícitos con justicia social y por esa vía garantizarle a la naturaleza que tiene su espacio. La nueva agricultura debe vivir con espíritu verde y bajo preceptos de rentabilidad y tranquilidad.

Susa concluyó que hay plantas que exigen regulación porque si bien son rentables afectan las fuentes hídricas indispensables para hombres, flora y animales.

 

Una lamentable y cruda realidad

 

Animales en vía de extinción
Foto Pixabay

Actualmente hay registros que dan cuenta de 35 especies de fauna extintas pues ya no se ven cebras de las llanuras, ranas incubadoras, tigres de Tasmania, bucardos, pájaros carpinteros de la especie imperial, rinocerontes lanudos, focas Monje, bilbys, rinocerontes negros de África Occidental, emús negros, osos Grizzli mexicanos, tijeretas de Santa Elena, leones marinos japoneses, gorriones de costa oscura, sapos dorados, tigres de java, carios ostreros, vacas marinas de Steller, pato mariana, Cyanerpes, delfines baiji, zampullines, tortugas de la isla Pinta, dodos, leopardos nebulosos de Formosa, palomas migratorias, mohos, guacamayos azules, alcas gigantes, huías, antílopes azules, cotorras de Carolina, gorriones costeros oscuros, aves elefante, lobos de Tasmania y moas.

En América Latina ya no acompañan a sus habitantes el cóndor de California, que adornó los cielos que iban de la Patagonia a Canadá, oso pardo mexicano, uno de los mamíferos más grandes del planeta, tortugas gigantes de Pinta, mochuelo pernambucano, ratón siervo de Pemberton, quiscal de Lerma y otras especies que ya penden de un hilo como es el caso del tapir y la danta.

En vía de extinción están el oso polar, los tigres, leones, canguros, atún rojo, gorila de montaña, perros salvajes de África, tortuga Laúd, oso panda, pingüinos, rinoceronte blanco, leopardo de las nieves, chimpancé, pangolín, orangután de Borneo, ajolote, mandril, mono dorado de nariz chata, lémures en todas sus categorías ranas arborícolas, anfibios, lince Ibérico, antílope Saiga, elefantes, grullas de coronilla roja, gavial indio, buitres pico zapato, esturión beluga y especies marinas víctimas de la caza, los tóxicos, los plásticos y el cambio climático.

En Colombia están en peligro de extinción el mono araña, marimonda, tití gris, cucarachero del pantano, jaguar, tortuga morrocoy, tití cabeciblanco, tortugas marinas, oso de anteojos, tapir, manatí del Caribe, delfín rosado, tití de manos negras, cóndor de los Andes, pumas, iguanas y armadillos.

En total se estima que hay un millón de especies de fauna y flora en vía de extinción, dato grave porque son ecosistémicas y muy útiles para preservar el equilibrio natural.

Esta es la historia de una humanidad que tuvo un tesoro verde y optó por darle punto final para disfrutar cadenas de oro o poner a correr carros movidos con la explosión de la gasolina. Este es una triste historia de grandes conglomerados y empresarios que terminando mostrando que eran muy pequeños pues en medio de la devastación, la tragedia económica los acosa, pues la naturaleza como todos sabemos tarda, pero pasa factura.

Hoy las montañas están tristes y por eso el cielo inconsolable llora, se fueron árboles y animales en exterminio de penumbra y aurora, hoy la madre naturaleza destruida con vista mustia acongojada se desmorona.

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