Los cronistas dicen que el café hizo su afortunado arribo a las tierras de Boyacá cuan do ya agonizaba el siglo XVIII como quedó consignado en unos documentos o registros de quien fuera arzobispo y virrey Caballero y Góngora en el año 1787. En ese tiempo se hablaba de la siembra cafetera en el municipio de Muzo del cual hablan porque se hacía igual que en Girón en Santander.
Como ha sido usual en Colombia, fueron los Jesuitas quienes implementaron el cultivo de café cuando internaron unas semillas procedentes de Venezuela por allá en 1730, logrando una expansión eléctrica de la caficultura desde el nororiente del país a otras regiones lo cual incluyó a Boyacá que adoptaría otro de sus tesoros, en esta ocasión un grano aromático y de grandes características.
La actividad cafetera que ya mostraba dinámica en 1787 logró una rápida expansión puesto que desde Santander y Boyacá avanzó hacia el centro del país con mayor decisión en 1850, afianzándose como una oferta exportable con sello colombiano en ese meridiano del siglo XIX.
Desde entonces la caficultura ha viajado por todo el territorio, experimentó dichas fundacionales y tragedias como consecuencia de las guerras, el clima y las plagas que fueron apareciendo y generando estragos. De todas maneras, el café, como ocurre en cada región, hace parte de una cultura distinta, dueña de un paisaje único y de unos cafetos cargados de calidad, sabor, fragancia e identidad.
En charla con Diariolaeconomia.com, la representante legal de Shaya Café, Deisy Veloza Ibáñez, aseguró que la marca sigue trabajando y creciendo gracias a la obtención de cafés especiales de enormes atributos en taza gracias a unos procesos de fermentación controlados que realzan el sabor y las particularidades de unos granos suaves lavados. Anotó que la empresa está incursionando con la variedad Castillo, manteniendo siembras de tremendo reconocimiento como Típica y Caturra, todos cafés de gran condición para los paladares más exigentes y demandantes de experiencia y exquisitez.
La marca, un activo que hace parte del bonito municipio de Macanal, el que fundaron un 4 de mayo de 1807 ha venido evolucionando de manera sorprendente pues si bien es una empresa pequeña, vende un café grande y ya es conocida en la región, el departamento y otras latitudes en donde ha recibido los mejores comentarios por los atributos del café que maneja y el adecuado beneficio que reciben los granos. Un punto a tener en cuenta es que este municipio de la Provincia de Neira en esa imponente ruta que lleva a los llanos del Casanare por el Valle de Tenza goza de prestigio y aprecio por su paisaje el cual ha incentivado un turismo que no solamente consume servicios de distracción y descanso sino café de calidad, ese que produce Macanal, uno de los tantos municipios que siembran café en la histórica y atractiva tierra libertadora que hoy ve con orgullo el repunte y posicionamiento de Shaya Café, producto muy demandado por propios y extraños que aprovechan los viajes de paisaje y respiro que ofrece Macanal para llevar café verdaderamente excelente que combina con lo exótico del lugar, haciendo de su consumo una fascinante experiencia.
A juicio de Deisy Veloza Ibáñez, este municipio produce un café de reconocida calidad y Shaya procesa el mejor bebestible a unos precios cómodos para la gente de la región, los turistas y visitantes internacionales que puede llevar lo mejor de la caficultura macanalense a sus lugares de residencia con la seguridad que llevan lo mejor de lo mejor y para consentir el gusto ya que la marca procesa y comercializa desde los suaves hasta los amargos, pero siempre buscando equilibrio y lo más óptimo en taza para quien apuesta por una bebida llena de calidad.
La representante legal de Shaya Café apuntó que es clave explotar y deleitarse con esos aromas y sabores especiales del café lo cual es totalmente posible con el café que vende la marca que tiene un proceso que arranca en la siembra, la selección y culmina con el beneficio y su delicada tostión.
“Nuestro grano lleva una cadena de procesos que en efecto van desde los cultivos, los mecanismos de cosecha, los procesos de calidad, beneficio y secado, luego estamos haciendo las cosas muy bien, con filtros de atributo e inocuidad para llevar el producto de la marca a los mercados y seguir consolidándolo como un espectacular café”, especificó la directiva de Shaya Café.
El proceso de obtención de este apetecible café se hace de manera amigable con el medio ambiente, respetando todo el entorno del agua. Para mayor eficiencia, apuntó Veloza Ibáñez, la marca trabaja con una Ecomil que es una tecnología desarrollada por el centro Nacional de Investigaciones del Café, Cenicafé, para alcanzar un beneficio ecológico y con la que se reduce ostensiblemente el consumo de agua y la contaminación. Esta herramienta, explicó, minimiza con eficiencia el mucílago del grano y combina despulpado en seco, fermentación controlada y lavado con poco recurso hídrico, mecanismo que garantiza un café de muy buena calidad.
Aparte de todo el empaque se hace con un material biodegradable en caña de azúcar, una oferta de calidad que lleva al cliente el mejor café con el mayor compromiso con el medio ambiente.
Generalmente la gente habla de café y asocia departamentos como Antioquia, Risaralda, Quindío, Caldas, Huila, Cauca, Tolima, Nariño, Cundinamarca y Santander, pero el mapa cafetero sigue repuntando y allí está Boyacá una de las regiones pioneras y otras de la Costa Norte, de todas maneras, los caficultores boyacenses conservan una huella muy importante de calidad con cafés de gama alta, que podría decirse tienen una cédula real que los acredita como productores de muy buena calidad ello aprovechando que la región cuenta con varios tipos de clima, una particularidad del Valle de Tenza, pero la directiva enfatizó que todos los buenos resultados en especialidad obedecen a los cafés de altura, generalmente muy solicitados porque su atributo se sostiene en el sabor, garantizando una taza limpia y de calidad que permite deleitar al más riguroso consumidor de café, se trata, apuntó la conocedora, de variedades y procesos que redundan en un café de magníficas características, con tan buen nivel que puede competir con grano de otros sitios o zonas tradicionalmente cafeteras en donde la siembra y la transformación se hace a mayor escala, sin embargo, recalcó, Boyacá y Shaya Café poco a poco han ido incursionando en los cafés diferenciados con tan buenos resultados que ya en otras regiones se habla, se pondera y se disfruta café boyacense, puntualmente el de la bella Macanal que ve con beneplácito el crecimiento de nuevos sellos.
Sin duda el Valle de Tenza con Guayatá, Guateque, Garagoa, Macanal, Somondoco, Almeida, La Capilla, Sutatausa, Tenza y Sutatenza, ha hecho una tarea encomiable en café, aunque igual otros lugares del departamento alcanzaron estándares admirables como Moniquirá y Santana en la provincia de Ricaurte, así como Zetaquira en representación de Lengupá. En Occidente avanza el café de Muzo y Maripí, también en la Ruta Norte el consumidor puede acceder a los cafés de especialidad de notas frutales y de panela de Jericó, Monguí y Pajarito.
Boyacá fue uno de los departamentos pioneros de la caficultura en el país ya que sus inicios se dieron en los altozanos de la cordillera oriental lo cual involucró a Norte de Santander, Santander, Cundinamarca y parte del Tolima. Una variedad para tener en cuenta es Típica algo así como la variedad madre del café pues sus orígenes son africanos y más exactamente de Etiopía la tierra de Kaldi el pastor que un día cualquiera soltó sus cabras las cuales tras comer un tipo de cereza de un arbusto poco conocido, terminaron exacerbadas de ánimo y algo fuera de control.
“Esta variedad Típica ha sido como el rescate de las variedades antiguas, una especie que han olvidado los cafés arábigos porque en el chip y la iniciativa de la Federación Nacional de Cafeteros el asunto pasó por incursionar en otras variedades, desde luego de mayor rendimiento y resistencia a las amenazas fitosanitarias. Hubo un trabajo juicios de CENICAFÉ, entidad que trabajó en mejoramiento genético, cruces y optimización agronómica, pero en Boyacá paulatinamente se han retomado o rescatado esta variedad arcaica de gran potencial, aroma y sabor, todo dentro del perfil de las variedades antiguas, precisamente el Típica es un grano que se caracteriza por su inigualable sabor y rendimientos, lo que dice que valió la pena retomarlo”, precisó la representante legal de Shaya Café, Deisy Veloza Ibáñez.
La muy gentil directiva agregó que Shaya Café se caracteriza por ser una marca de café de especialidad que al igual que los demás granos que encajan en este tipo de mercado tienen molienda y tostión media puesto que esta siempre garantizará los sabores naturales del café, es un café sin nada que esconder con tostión alta y todo porque tiene procesos de calidad en sus cerezas rojas que con buenos procesos destaca sabor ya aroma gracias a una fermentación controlada que optimiza la sensación al gusto.
El empaque no solamente deja ver el trabajo en favor del medio ambiente sino ese reconocimiento de la mujer cafetera pues en el logo está la generosa mata de café y al fondo la silueta de la incansable mujer, todo un homenaje de una marca fruto del emprendimiento y el empuje boyacense en cada una de sus féminas, de hecho en lengua quechua, muy de los Andes en Suramérica, la expresión Shaya traduce “la mujer que siempre se mantiene en pie”, la que lucha y persevera, toda una inspiración para la marca en vista que el término hace referencia a la perseverancia, al compromiso y a nunca sentirse derrotada.
La empresa es muy familiar, pero se maneja con disciplina de corporación por cuanto hay exigencia, trabajo, experiencia, dedicación y las mejores prácticas que signifiquen poner en los mercados el mejor café, finalmente el excelentísimo embajador de Colombia. Shaya trabaja con mujeres cafeteras de todo tipo, valora las de años en la caficultura porque finalmente el éxito está en el conocimiento, razón por la cual no jubila sabias y matronas cafeteras, las mismas que inyectan amor y dedicación a una empresa visionaria, aunque reconoce en el hombre un aporte vital en el entorno cafetero porque igual sabe, conoce y tiene la fuerza para hacer una tarea corrientemente dura pues no en vano se ejecuta a sol y agua.
Los expertos en el grano coinciden en afirmar que el café que procesan las mujeres tiende a tener mejor sabor, más fragancia y un trabajo más detallado, ello porque tienen adeudo, cuentan con el detalle, el amor y la lealtad para lograr al final de los procesos un café de tan altas notas que se vuelve habitual en los clientes de alta exigencia.
En Colombia es imperdonable no tomar café de calidad, sin riesgos para la salud y remunerativo no solo económica sino socialmente, una libra de Shaya Café cuesta tan solo 40.000 pesos colombianos, una cifra cercana a los cafés de la industria con tostiones muy altas, poco aconsejables médicamente, y alcahuetas porque esconden todo tipo de defecto en los granos o pasillas utilizadas en esa gran industria que empieza a ver colombianos pidiendo café de verdad, del que realmente sabe muy bueno. Es, apuntó Deisy Veloza Ibáñez, inexcusable no comprar o consumir café colombiano de alta calidad, algunas veces despreciado por unos pocos pesos porque llega la comparación con los cafés de alto consumo, pero, a decir verdad, y viendo las diferencias y calidades, el precio es bastante accesible, nada imposible.
Lamentable, indicó la agrónoma, la gente no valora un trabajo duro y un proceso aplicado que pone café de gama alta en la mesa de los colombianos, muchos, aseveró, ignoran el trabajo que lleva un café distinto, siembra, cosecha, postcosecha, secado y otros procesos como tostión y empaque, algún día, anotó Veloza, la gente se dará cuenta que si era cierto lo del valor agregado de la marca y de la importancia de respaldar una empresa que nació y creció en una cuna en donde las canciones de mami eran las que hacían referencia a la calidad.
Al extender el tema del consumo, la representante legal de Shaya Café, dijo que infortunadamente Colombia adolece de cultura cafetera de atributo porque el país cayó en una malsana costumbre que no le permitió al público ir más allá y probar propuestas audaces y cargadas de notas como también de distinción. Muchas personas han probado el café puro y especial para no volver a lo de siempre, pero sigue habiendo gente tozuda que compra por rutina o porque los avisos dicen que hay un café mejor, solo que desconocen las enormes diferencias entre ese café claro, pero muy lleno de sabores a uno negro de greca, del que dicen es el auténtico café.
Sin duda alguna, insistió Deisy, resulta difícil cambiar hábitos y matrimonios con marcas tradicionales, pero hay mercado y un despertar en la gente que ya mira el bebestible de sabor diferente como una inigualable experiencia, de todas maneras, puntualizó, hay que educar el paladar y concientizar que hay un café totalmente puro, de gran sabor y amigo de la salud.
En materia de precios, la directiva dijo que llama la atención que los precios que venían en picada, súbitamente repuntaron, ganado más de 200.000 pesos por carga de 125 kilos en los últimos días, hoy esa carga se ubica en 2´800.000 pesos, una buena noticia para el ingreso cafetero que invita a analizar qué está pasando con la actividad cafetera de Brasil y Vietnam. Es bueno precisar que al cierre de esta nota la cotización bajó y el café se ubicó en 2´677.000 por carga, igual el mercado seguirá sorprendiendo.
Cualquier ayuda exógena para mejorar el precio interno de compra es bienvenida porque eso se traduce en mejor calidad de vida, innovación y crecimiento económico, pero si contrista de alguna forma que los buenos cafés de Colombia suban por coyuntura y no como respuesta a un esfuerzo y una historia de producir el mejor café suave del mundo que muchas veces se ha vendido a pérdida sin que eso inquiete a nadie, desconociendo el know-How, una calidad a toda prueba y un prestigio que no riñe con nada.
Una cosa si es cierta, concluyó la representante legal de Shaya Café, Deisy Veloza Ibáñez, en caficultura, mercado y precios jamás está dicha la última palabra, el producto sube y baja su valor de acuerdo a la oferta y la demanda, también responde a los comportamientos climáticos y allí por ejemplo nadie sabe que puede acontecer con unas cosechas que de la noche a la mañana pueden terminar cubiertas de hielo dejando a más de uno frío.