La situación del campo es tan compleja que en cuatro años no habrá, según los expertos, una recuperación de la economía agropecuaria afectada por la apertura económica y también por un adormecimiento alarmante tras la firma del TLC con Estados Unidos, acuerdo que genera más dudas que certezas con la inesperada e inconveniente fijación de aranceles, algo histórico porque firmar un acuerdo de cero tarifas para luego castigarlo va inclusive en contravía de la legislación mundial del comercio, como se dice en Colombia, de no te lo puedo creer.
Aparte de los temas económicos, el agro pasa por retos enormes como el cambio climático, dificultad con matices geopolíticos para adquirir fertilizantes e insumos agrícolas, la situación de los suelos que día a día muestran menos salud y poca vida, una comercialización que pide con urgencia reconstruir su red, eso sin hablar de la pobre infraestructura, deuda con bienes públicos, falencias con distritos de riego, inseguridad tanto física como jurídica y la pérdida de productos autóctonos, tema muy delicado así como rutinario, tanto que ya ni se nota.
Si un sector tiene problemas de verdad graves y cultivados desde épocas atrás, es el campo, en primer lugar, porque encontró en el Estado su principal enemigo puesto que en los años 90 fomentó un libre comercio sin la mínima preparación conduciendo a tragedias productivas y bancarrota en sectores, un ejemplo la pérdida del algodón y las textilerías, para completar, la mano de obra se fue de las veredas o centros de producción porque nadie quería o quiere quedarse para perder o para que lo evaporen con importaciones o esa leonina intermediación. Ahora bien, existe una situación geopolítica en donde nadie sabe qué va a pasar y si llegase a suceder, nadie, absolutamente nadie le dará un saco de arroz al vecino, es decir que si no se activan cultivos con urgencia podría venir hambre, enfermedad y tremendas dificultades, dicho de otro modo, el palo no está para cucharas, frase ya de cajón en este medio.
La economía agropecuaria es y seguirá siendo trascendental en la vida de los seres humanos, desde el Neolítico el hombre domesticó plantas y animales dándole vía a la economía primaria y luego a la transformación, todo dentro de un marco de seguridad alimentaria esencial en todos los tiempos.
El gobierno actual tiene tremendos retos en ese frente, el de la producción agrícola, porque tal y como vienen los tiempos lo mejor es tener proveeduría, almacenamiento y toda una contingencia que evite dolores de cabeza a futuro en vista que en temas alimentarios lo mejor, sin duda, es ir un paso adelante y conjurar con el don de la precaución una tragedia que nadie puede descartar con todas las alertas que se han encendido a la fecha.
El presidente del Grupo Desarrollador de Semillas, GDS, Henry Vanegas Angarita manifestó en Diariolaeconomia.com, que hay una buena intención por parte del ministro de Agricultura Indalecio Dangond Baquero quien conoce del campo y quiere hacer cosas, sin embargo, apuntó, necesita un equipo que le ayude a que esas metas o proyectos lleguen a buen puerto porque como dicen los viejos, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, luego, la puede tener bastante clara, estar muy comprometido y tener la decisión política, pero cierto es que no todo se hará como quiere el funcionario, habida cuenta que existen aspectos que no son sencillos de cristalizar, un ejemplo avanzar con el combo McDonald´s, es decir el pozo profundo, la motobomba y una celda de energía solar, también mangueras y aspersores, todo porque no es sencillo excavar y alcanzar un poco en la finca porque es necesario consultar la Corporación Autónoma Regional, ya que si se extrae agua sin pedir permiso a las autoridades ambientales el labriego se gana una multa.
Agregó que en ese orden de ideas hay que tener con la CAR, el mapa de aguas subterráneas y establecer cada cuanto se puede perforar un pozo y todo eso, un tramite por demás engorroso que el ministro no se lo puede saltar por tratarse de competencias distintas.
A juicio del reconocido ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en producción vegetal y quien acredita Doctorado en mejoramiento genético vegetal y semillas tropicales, la sustitución de coca que quiere hacer con coco, ello acompañado de una línea de crédito a 15 años, con dos años muertos e intereses blandos, es una buena iniciativa porque el país está en capacidad de producir coco, pero además, palma, cacao y otros, solo que habría que ver los cultivos agroalimenticios, los de ciclo corto y por eso es urgente ver como se va apoyar decididamente, no solo a la Altillanura en soya-maíz, sino por ejemplo, el maíz de zona de ladera.
“Creo que eso de pedir no llamar a los labriegos campesinos sino pequeños productores del campo, fue una salida en falso del jefe de la cartera agropecuaria porque el campesino es un sujeto de la ruralidad que debe estar protegido puesto que no se puede por decreto fijar que solo los que tengan una actividad productiva en donde ganen más de dos salarios mínimos serán los únicos viables, eso sacaría de las regiones a más de medio campesinado, luego eso no se puede ordenar por disposición ejecutiva, algo que no tiene sentido cuando critica que muchas cosas se hacen desde los escritorios de Bogotá entre otras cosas porque hay de por medio leyes y normas trazadas lo cual impide que se haga porque sí, simple y llanamente por capricho del Ministro que quiere cambiar una connotación que está en la misma Constitución Política.
Insisto, hay voluntad y ganas de trabajar. Será, si se lo propone, un buen funcionario en favor del campo, pero necesita un equipo muy robusto para que todo funcione como él quiere y proyecta”, declaró el señor Vanegas Angarita.
Tierras, un tema nada fácil
Sobre el peliagudo tema de las tierras hay demasiado por hacer, la agricultura demanda extensiones y suelos adecuados para dar resultados, ello pensando no solamente en el mercado interno sino en generar oferta exportable de calidad y todo lo concerniente a valor agregado, asunto complejo que muchas veces deriva en un talón de Aquiles.
Si bien la Agencia Nacional de Tierras, ANT, está diciendo que se quiere un país de propietarios, al ritmo que va la titulación, conceptuó Vanegas, se necesitaría entre 25 y 30 años para tener esa condición de colombianos dueños y con título en mano porque hay muchas personas que hacen agricultura como arrendatarias en donde utilizan figuras como la parcería, sin embargo, se reportan inconvenientes en el mismo trámite porque se llega hasta la escritura y a veces no se cuenta con los recursos para el registro en la oficina competente, la de instrumentos públicos, a fin de que todo quede formalizado, unas diligencias que tienen sus costos y a la gente se le ha dificultado llevar todo a feliz término. Aunque lo ideal es que Colombia en efecto sea un país de propietarios, expuso el presidente de GDS, es también importante tener figuras variadas para poder hacer agricultura de diferentes formas, verbigracia, contratos de riesgo compartido, figuras como pagar con parte de la cosecha y regular los arrendamientos en la ruralidad que no pueden crecer de un año a otro por encima del índice de precios al consumidor, IPC.
“Así como hay esas situaciones de regulación en vivienda, en lo rural también hace falta legislar sobre los arrendamientos de tierra porque hay sectores que padecen como el del arroz que tiene arriendos altísimos y cuando hay buen precio el canon sube sin ningún tipo de control o regulación, castigando fuertemente la estructura de costos que muchas veces se dispara increíblemente de un año a otro, o lo peor de un semestre a otro, luego hay cosas por mejorar, por ajustar y demasiado que hacer en la equidad urbano-rural en vista que si se tiene una legislación en lo laboral para lo urbano, también habría que ver cierta flexibilización en los asuntos laborales del campo, algo que lleva a revisar las temporadas de cosecha que son más demandantes de mano de obra, no solo en el café, en todo”, apuntó el conocedor.
Vanegas recalcó que la producción rural no puede mantener una nómina estable como lo hace el sector urbano sino que hay una cuestión más estacional en la ruralidad, luego existen muchos aspectos que en cada uno de los encadenamientos productivos necesitan unos ajustes y desde luego mayor equidad urbano-rural y equidad también dentro del mismo encadenamiento productivo sobre la base de que beneficios tienen los transformadores o los agroindustriales frente a quien cultiva para que el sector primario goce de los mismos favores.
TLC, lamentablemente no se hizo la tarea
Un tema delicado es la pronta entrada a plenitud del TLC con Estados Unidos que formalizará ingreso de contingentes para productos como algunos cereales, más exactamente el arroz a partir del primero de enero de 2030. El tema, dijo Henry Vanegas Angarita, es que no se cumplió con lo trazado en la Agenda Nacional de Competitividad. Una hoja de ruta para optimizar la productividad y la infraestructura porque hoy Colombia no cuenta con centros de acopio y menos riego o infraestructura de postcosecha, todo un entorno de atraso y deuda porque no hay vías optimas de penetración, algo para alarmarse porque si no se tienen las condiciones básicas, expresó el conocedor, será muy difícil sostener esa competencia y esa situación de apertura de 1991 hacia adelante hizo que muchos de los agroindustriales le dieran soporte a sus empresas con materias primas importadas, práctica que generó dependencia, lamentable escenario porque ni siquiera conocieron las bondades y beneficios de tener como fuente de abastecimiento la producción local.
En su charla, apuntó que las empresas que se formaron en los últimos 35 años ven como natural el que el suministro de materias primas sea con producto importado, lamentablemente, manifestó, no conocen productores nacionales, que tipo de bienes ofertan y cómo los incorporarían en sus formulaciones o presentaciones.
Agregó que ese cambio, si no se ha dado, mucho menos se va a dar cuando vendrá entera liberación en todo a cero aranceles, es decir que, si el sector arrocero no se preparó mostrando que el arroz colombiano tiene beneficios en la cocción, en la textura y en otros aspectos habrá problemas porque la competencia no es solo por precio y se debió haber ganado, afirmó Vanegas, el espacio, así como la participación de la producción local dentro del mercado nacional.
“Los gringos son muy vivos en eso, envían chef y gente que enseñe a incorporar su producto en las formulaciones destacando todas las ventajas que tienen, y en eso era que nosotros teníamos que haber ganado un espacio para tener una participación ya dentro del mercado y posicionar con todo el producto obtenido en Colombia para defendernos de la competencia del importado, pero insisto, ese trabajo no se ha hecho en varios sectores”, acentuó el presidente de GDS.
Importado le quitó encanto al gourmet local, la amenaza sigue
Con el tiempo, advirtió, el maíz socorrano o el maíz cristalino duro que tiene ciertas características gastronómicas con el crocante y los productos elaborados con este alimento como arepas, amasijos o preparaciones en cocina que gozan de una textura diferente, con el tiempo se olvidará porque si toda la plaza está inundada de importado, nadie se va a acordar que había un maíz con particularidades especiales porque esa condición y esa tradición sencillamente se perdió.
Otro ejemplo de las amenazas está en el cacao socorrano ese que mezclaban con maíz para hacer la chucula, esas bolas de cacao con harina de maíz que aparte de rico era muy alimenticio, pero todo eso, reiteró, se perdió porque el citado maíz no tiene ya la utilización y perdió su espacio en el mercado, seguramente relegado a las veredas o los hogares campesinos que se saben nutrir.
Todo eso pasó y seguirá pasando, enfatizó el ex gerente general de Fenalce, porque la gente tiene que amoldarse a trabajar y a vivir con lo que hay, en este caso el producto importado más allá de los riesgos que se corran por falta de trazabilidad, almacenamiento, manejos, transporte o formas de obtención.
En opinión de Vanegas Angarita es muy visible que al maíz colombiano cada vez se le cierran más espacios porque sin ningún tipo de pudor, el ancestral alimento se entregó en una negociación que sigue generando dudas y que le abrió la puerta a productos que vienen de terceros países aumentando la dependencia de esos materiales que ya están dentro de la costumbre porque la gente echa mano de lo que hay, una realidad muy dura porque se perdió la variabilidad de los maíces nativos y las características típicas, un hecho que se ve en los otros cultivos, inclusive llegando hasta la ganadería que perfectamente condenará las razas criollas que así tengan muy buenas tipologías, saldrían por no estar metidas en el chip del consumidor, de quien se encarga de la canal o de quien comercializa, todo en desmedro de la producción local.
Aseguró igualmente que el gobierno actual no le pondrá obstáculos al libre comercio dada la estrecha relación con Estados Unidos, un dilema enorme porque todo ese contexto conlleva a dilemas profundos así se tenga el discurso y la claridad conceptual sobre cómo defender la producción nacional ante las importaciones, un mercado en el que riñen Estados Unidos y Mercosur, con la sabida desviación vía TLC que favoreció a los estadounidenses.
En medio de los nubarrones pasan rayos de sol
Por las necesidades que pueden presentarse y pensando en seguridad alimentaria, la gran inversión debería darse en cultivos de ciclo corto porque son rentables y funcionan perfectamente como contingencia ante cualquier eventualidad geopolítica.
Hay una situación compleja, pero legítima pensando en agronegocio, y es que según el presidente del grupo GDS, en los últimos 26 años y algo más se viene apostando por los cultivos de tardío rendimiento con mucho apoyo, Incentivo a la Capitalización Rural, ICR, y créditos blandos por tratarse de cultivos con potencial exportador.
Allí, en agricultura, explicó Vanegas Angarita, se crearon dos grupos, uno los exportadores y dos, quienes atienden la demanda local compitiendo con las importaciones. Añadió que si en un cuarto de siglo los cultivos de tardío rendimiento no crecieron lo que tenían que crecer con todos los apoyos será muy difícil que crezcan mucho más salvo algunas excepciones, uno el coco porque nadie se ocupaba de él y la palma que ha mostrado dinámica.
Insistió que Colombia tiene que repuntar y optimizar su agricultura con los productos de ciclo corto que necesitan todo el apoyo y el espacio en el mercado como también en la industria para que esa producción local logre una mayor participación y se posicione dentro de ese segmento del mercado porque preocupantemente todos están muy cómodos trabajando con producto importado, un ejemplo la industria de alimentos balanceados para animales en donde el cambio es imposible porque están en una buena situación y sin comprarle a tanta gente, tan solo una factura de un proveedor que ya viene de tiempo atrás porque suministra todas las cantidades que necesita el empresario todo el tiempo y como el agricultor local no tiene infraestructura de secamiento ni hay almacenamiento se hizo y permanece aún muy estacional ya que siembra con los ciclos de lluvia y cosecha dos meces al año.
“Para la industria no es negocio aprovisionarse de grandes volúmenes en época de cosecha y tener todo ese inventario para irlo consumiendo, es mucho mejor como están con el importado que les llega de acuerdo a lo que necesitan y piden cada mes. Para que nosotros podamos competir en igualdad con el importado se necesita infraestructura de secamiento y almacenamiento en aras de poder garantizar el suministro como lo viene haciendo el importado. No tenemos esa costosa infraestructura que se perdió con la liquidación del Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, luego no podemos romper la estacionalidad. Para completar, las industrias que tenían algo de secamiento notaron que ya no lo necesitaban y salieron de eso”, manifestó Vanegas Angarita.
Una salida, precisó el directivo, sería comprarles a varios agricultores, uniformizar esa producción, que sean bienes de tamaños similares, que tengan humedad semejante para facilitar un tiraje en las formulaciones de 1.200 toneladas, lo más usual. Insistió que ese tipo de producción debe ser igual en condiciones y en valor nutritivo, pero expuso que no hay quien consiga homogenizar esas calidades. Adicionalmente, indicó, para que los empresarios adelanten múltiples compras, copiosas liquidaciones y numerosos pagos, los lleva a aumentar las oficinas de contabilidad y tesorería, luego hay cosas que así se quieran reemplazar piden conocimiento y toda una revisión logística, lo que lleva, recalcó, a ver cómo es el modo de operar de la parte administrativa y de flujo de caja para asegurar los inventarios, todo sin comprometer el cupo de crédito para evitar que impacte la operación o el resto del proceso.
En su análisis, el presidente del Grupo GDS aseveró que no ve tan fácil suplir importaciones sin que haya unas modificaciones esenciales y se equiparen las condiciones entre la producción local y lo que viene adquirido del exterior porque la sustitución debe darse en condiciones de igualdad en donde la competitividad marque verdaderas distancias porque cierto es, consideró, que a nadie obligan a que pierda plata.
El panorama, reconoció, no es tan fácil por cuanto afecta mucho la presión del importado y se ha perdido mucho terreno al igual que la participación de la producción local dentro de muchos procesos agroindustriales. Ahora bien, dijo, se quiere que el productor haga transformación y agroindustria, pero eso no es tan viable porque sin infraestructura de postcosecha cualquier buen propósito es imposible porque para almacenar hay que secar y para secar se debe prelimpiar, no solo en cultivos determinados, esas estructuras ausentes se requieren para todo, no solo en los productos básicos agroalimentarios. Si alguien va a sembrar papa, yuca, plátano, etcétera y todo sale en una misma época, fácilmente se satura el mercado, se caen los precios, hay crisis y no se puede crecer, caso opuesto aparecen las pérdidas, todo por falta de cuartos fríos, el encadenamiento de frío y bajas condiciones de almacenamiento seguro para los excedentes de la temporada de cosecha y si el productor no se queda con nada, elemental, no tiene que transformar, se daña el proceso de transformación agroindustrial simplemente porque el agricultor vende la totalidad de lo que recolecta como si fueran bienes perecederos, impidiendo la posibilidad de agregar valor.
La infraestructura de postcosecha, remarcó Vanegas Angarita, no solo es para granos, es también para frutales, hortalizas y otros productos del campo, es una solución para tener almacenado en el sistema IQF, Individual Quick Freezing, en español, Congelación Rápida Individual, todo un método para frutas, hortalizas y muchas otras cosas, pero sin esa infraestructura será difícil que haya una transformación agroindustrial.
A Vanegas le suena la propuesta de formar 70.000 jóvenes nuevos empresarios del campo para lo que habrá según parece financiación del Banco Mundial de cara a capacitar esa juventud que según el experto debe ser básicamente en mecanización, en procesos de automatización, aprovechamiento de la agricultura de precisión con los más modernos instrumentos e inteligencia artificial, IA, iniciativa que permitiría no solamente vincular profesionales del sector agropecuario al campo sino conectar otras profesiones que tengan que ver con georreferenciación, manejo de datos, exploración de series uniformes de manejo, automatización, robótica, IA aplicada a procesos del campo, información climática, económica y de mercados, es decir, paralelo a que haya la condición de contar con una buena asistencia técnica, debe configurarse un proceso de mercado, de desarrollo de infraestructura y toda una red de comercialización que se perdió desde la apertura económica.
“Uno mira y en el sector agrícola está mejor Ecuador que nosotros e inclusive nos supera Venezuela que cuenta con mucha más infraestructura, Perú va más lejos todavía. Uno quisiera que las cosas fueran mucho más fáciles de implementar, pero tiene sus dificultades y en cuatro años será bastante complejo que ese cambio se dé y no es que uno sea pesimista, tan solo hay que mirar la realidad en que está la gente y la ruralidad productiva. Tranquiliza el hecho que se mejore en seguridad, que pueda haber mayores facilidades de crédito que desde luego hay que pagarlo puesto que no hacerlo se traduce en apuros, aunque endeudar al productor no es la solución”, concluyó el presidente del Grupo Desarrollador de Semillas, GDS, Henry Vanegas Angarita.
"Prohibida la reproducción total o parcial, venta o distribución de este material sin autorización expresa del autor"

