El tema del arroz en Colombia ha estado en la palestra informativa en los últimos meses por asuntos que tienen que ver con productividad y precios hasta con cambio climático y políticas estatales para el agro. El debate se hizo mucho más amplio con el incentivo al almacenamiento, subsidio que no fue utilizado por la industria que dejó ver sus razones.
Según el Banco Mundial, las políticas agrícolas de los gobiernos a menudo distorsionan los precios de los productos agropecuarios pagados por los consumidores. Esto hace que dichos precios aumenten o disminuyan con respecto a los precios hipotéticos resultantes de un mundo sin intervenciones de política agrícola.
Dicho lo anterior, que hace parte del documento Arroz: El problema no es de esta cosecha, entramos en materia sobre un sector visto desde la industria en donde se insiste en que se requiere de una política sectorial para este alimento en vista que el arroz es un producto clave en la canasta familiar de los hogares y en particular de los más vulnerables. De igual manera la producción del cereal es cerca del cuatro por ciento del PIB agropecuario mientras que su procesamiento implica el 1,8 por ciento de la industria manufacturera.
El análisis de Induarroz señala igualmente que en Colombia hay 17.000 productores de arroz con una alta concentración importante el Tolima, Huila, Meta, Casanare y Bajo Cauca. Añade que del área agrícola nacional calculada en 6,7 millones de hectáreas, el 10 por ciento está destinada a la producción arrocera, tres veces más que la destinada a la producción de papa y similar a la de maíz amarillo y blanco.
La Cámara Induarroz de la Andi sostiene que la productividad del arroz al hacer el ejercicio de tonelada por hectárea es dispar entre las distintas regiones productoras, dejando claro que el promedio está por debajo de la media internacional y del promedio latinoamericano.
Dentro de la importancia económica del arroz está el hecho de que las plantas industriales se distribuyen en las diversas regiones del país, lo cual se afianza como una contribución importante al desarrollo regional y a la misma descentralización económica. Cabe anotar que la industria molinera ocupa el puesto cinco en ventas en el sector de alimentos en Colombia.
Las empresas molineras de arroz, precisa el informe, son de capital nacional en un ciento por ciento, con lo que su valor agregado se distribuye internamente en el país.
Al analizar el arroz como componente de equidad social, Induarroz comparte la visión del Centro de Investigación Económica y Social, Fedesarrollo, en el sentido que el efecto de la política comercial sobre el precio del arroz en Colombia es particularmente regresivo y tiene implicaciones sociales importantes. Explica el documento que si se eliminara la brecha del 60 por ciento que existe actualmente entre el precio nacional y los precios internacionales, más de 1,2 millones de personas saldrían de la pobreza y más de 450 mil dejarían la indigencia o la pobreza extrema.
Para tener más detalles sobre el mercado del arroz y puntualmente desde la perspectiva de la industria molinera, Diariolaeconomia.com, habló con el Director Ejecutivo de la Cámara Induarroz de la Andi, Silverio Gómez Carmona, quien indicó que por ser el sector arrocero parte de un mercado global demanda un plan integral para el campo con unas variables muy concretas para que el arroz colombiano sea muy competitivo a nivel internacional.
Precisó que Colombia no exporta el cereal porque no tiene la capacidad para competir y aclaró que de igual manera no está en condiciones de recibir muchas importaciones porque por efecto de la protección no es tan rentable como ya lo demuestran las cifras.
Expuso que Colombia tiene un bajo nivel de productividad arrocera por hectárea a nivel internacional ya que en el continente ocupa el puesto número once, no solamente en el llano sino en su ejercicio promedio.
“Hace treinta años Colombia tenía una productividad que era de las primeras en América Latina, hoy no lo es y entonces hay que mejorar y recuperar el terreno perdido porque este es un mercado que por efecto de los tratados de libre comercio, cada día los aranceles van a ir disminuyendo y específicamente en el caso de los Estados Unidos, acuerdo con el cual en 2030 el arancel será cero y entrará arroz sin ningún tipo de impuesto, en una competencia totalmente abierta lo cual obliga a prepararse y a actuar porque no se trata de seguir con el discurso planteado desde hace 25 años, aquí es necesaria una acción concreta para ser sostenibles desde el punto de vista financiero y social por cuanto hablamos de un mercado totalmente globalizado”, acotó el señor Gómez Carmona.
El directivo añadió que en Colombia hay dos modelos de producción de arroz que va desde el sistema del centro del país que es un arroz de riego con producción todo el año hasta las siembras del llano y en otras áreas en donde se produce arroz secano que tiene una sola cosecha en el año, haciendo que se presente un pico en la producción del alimento que afecta los precios al productor, cambiando las condiciones financieras.
Un asunto positivo es que para el capítulo Colombia, la compra total de la cosecha está garantizada porque la industria les compra a los agricultores toda la producción a unos precios que lo establece las reglas del mercado sin contar con los mecanismos de apoyo o subsidio que establece el gobierno para que haya una complementación en favor de ese productor primario.
Gómez manifestó que en el fondo lo que experimenta el país en materia arrocera es un tema de productividad porque estimó que hay que aumentar la producción por hectárea para hacer el cultivo rentable y competitivo a nivel internacional, dejando claro que ese trabajo no es solamente responsabilidad de los labriegos sino de otras instancias como un sistema de información nacional agropecuario, en el caso, no solamente del arroz sino de otros productos, porque adujo que la gente no conoce qué está pasando en el campo y cómo les va a los productores.
“Por eso hay que destacar algo muy importante que está planteando este gobierno y es el ordenamiento de la producción, es decir, establecer cuáles son las áreas aptas, las no aptas y si se hace necesario estimular la siembra en un momento determinado. Igual determinar hasta qué cantidad de hectáreas deben involucrarse y saber cuál es la producción, las áreas por departamentos, las expectativas de corto plazo y los costos de los sistemas de producción por regiones ya que producir arroz en el Tolima y en el Huila es distinto a hacerlo en el llano en términos de costos. Por todo esto es clave saber cuál es la estacionalidad de las cosechas a sabiendas que en el llano solamente hay una cosecha y en el centro y otras zonas como La Mojana y Norte de Santander se produce todo el año por tratarse de arroz de riego”, manifestó el Director Ejecutivo de la Cámara Induarroz de la Andi.
Otro punto a considerar en el sector, afirmó Silverio Gómez, es saber a ciencia cierta cuáles son los precios a lo largo de la cadena y su significado en la producción, es decir cuál es el valor de las semillas, de los agroquímicos, el costo del paddy y el nivel del precio al consumidor sin dejar de lado cuales son los precios internacionales y los consumos por regiones y por estrato partiendo de que en Colombia el consumo es de 41 kilos por habitante en promedio.
Declaró que con el nuevo censo el consumo pasó a 45 kilos por haber menos población puesto que ya no se tienen registrados 50 millones de habitantes sino 45 millones lo cual subió el consumo.
Sobre la planeación del sector, el experto sostuvo que tienen que haber unos compromisos específicos por parte del gobierno, de los productores y de la industria porque eso implica que los recursos públicos que generalmente son limitados, tienen que usarse de la mejor manera posible. Allí entran todos los recursos arancelarios o parafiscales, la cuota del arroz, los para-arancelarios, los recursos que deja el TLC con Estados Unidos y todos los ingresos que invitan a esa importante planeación.
De cara a ser cada día mejores en el sector arrocero y en la economía rural, Gómez Carmona estimó necesario trabajar en un plan integral de toda la cadena que redunde en soluciones de infraestructura para la competitividad porque en Colombia hace mucho rato que no se hace un distrito de riego, sistema que hay que repensar en el modelo tradicional porque desde el punto de vista financiero el Triángulo del Tolima es un total fracaso tal y como resultó el del Río Ranchería que se llevó mucha plata para tan poca funcionalidad. En ese sentido el directivo invitó a considerar otras opciones como los reservorios para el caso del llano para que la producción no sea transitoria sino permanente y corrija ese desfase.
No menos importante es adelantar inversiones y gestiones para mejorar la infraestructura física porque las vías terciarias que son las de la productividad están muy atrasadas o simplemente no existen, teniendo en cuenta que en una cantidad importante el arroz se produce en zonas de riesgo o en pantanos lo que sugiere una infraestructura particular para sacar el cereal. Induarroz exteriorizó que otro reto está por el lado de la adecuación de tierras y en la puesta en marcha de las mejores prácticas tecnológicas como también en el mejoramiento de los procesos.
En Colombia, apuntó, el uso de semilla certificada es apenas del 25 por ciento mientras que en Uruguay es del ciento por ciento y en Perú, alrededor del 60 por ciento. Los agricultores, señaló Gómez, deben entender que con semilla certificada hay mayor productividad. Por todo lo anterior, el directivo consideró perentorio establecer mecanismos para “empresarizar” a los agentes de la cadena porque aseveró que los agricultores son empresarios que invierten recursos, actividad que no debe hacerse al azar o en función del clima sino que exige conocimiento de la realidad del mercado y apoyo financiero a la cadena citada así como a los agricultores a través de fuentes de financiamiento oportunas y ajustadas a las realidades del sector agrícola.
“Es por eso que en la industria hay una gran expectativa con el método planteado por el gobierno en lo que tiene que ver con mejoramiento y programación de la producción introduciendo todas esas variables para hacer competitivo el arroz colombiano porque es claro que los consumidores no pueden ser los paganinis porque si no hay arroz le sube el precio a la ama de casa y si hay mucho arroz el precio no baja porque se piden precios de garantía sin permitir que haya un beneficio al consumidor cuando los precios están bajos. En el sector agropecuario, como en todo, cuando hay una oferta grande bajan los precios y cuando hay escasez estos suben tal y como paso entre 2015 y 2016 cuando un Fenómeno de El Niño dañó algunos cultivos haciendo que el precio se disparara”, afirmó Gómez Carmona.
Recalcó que en el arroz debe aplicarse el concepto económico de oferta y demanda, no olvidando que hay que actuar y ayudarles a los agricultores cuando hay distorsiones.
Aclaró el Director Ejecutivo de Induarroz que las importaciones no son responsables de nada, sencillamente porque el nivel de esas compras es limitado, teniendo en cuenta que a Colombia ingresa arroz de Estados Unidos que es una cantidad pactada en el tratado de libre comercio. Este año, dijo, entrarán aproximadamente 150.000 toneladas y por estos días, en enero, reveló, vendrá la primera subasta calculada en 75.000 o 78.000 toneladas que llegarán con el mecanismo de sobre-arancel que es distribuido en partes iguales entre Estados Unidos y Colombia.
Para el capítulo colombiano ese dinero va directamente a la Federación Nacional de Arroceros con lo cual se hace fomento tecnológico y para prestar ayuda técnica a los agricultores.
En el caso de Perú y Ecuador, advirtió Gómez, por las normas del área Andina se trata de un mercado libre, pero indicó que hay una sensación agridulce al pensar que Colombia no ha sido capaz de competir con esos países en materia de arroz lo que hace pensar que hay un problema que debe corregirse. El problema, insistió, no es ésta cosecha pues la situación obliga a pensar en un plan de mediano y largo plazo para solucionar el lío y dejar de ser recurrentes con la discusión anual sobre precios, oferta, demanda y picos de producción.
Invitó a los arroceros a invertir de manera intensa en campañas para aumentar el consumo tal y como pasa en otros productos con el fin de mejorar los indicadores económicos y sociales que conviven con esa siembra.
La industria arrocera movió en 2018 una cifra equivalente a 4.2 billones de pesos que son las ventas al consumidor final teniendo en cuenta que hay unos descuentos especiales por beneficio y agroindustria. En términos de ventas, la industria arrocera es la sexta en el frente de alimentos y con una particularidad en el sentido que maneja unos márgenes muy bajitos.
En Colombia se compra arroz a 900.000 o un millón de pesos la tonelada de paddy seco para vender el alimento a 2.500 pesos el kilo. Este año arrancó con pie derecho el precio al productor porque según datos de Fedearroz en enero de 2019 el valor del precio paddy es el más alto de los últimos 18 meses ya que al compararlo es superior al de mediados de 2017, es decir un aumento del nueve por ciento durante 2018 y en algunos casos como el del llano el aumento es del trece por ciento, no ocurre lo mismo en el Tolima en donde el precio ha estado casi que estático porque se ha movido a niveles del dos y el tres por ciento durante ese periodo, factor que ha estado acompañado por elevados costos de producción.
“Dadas unas condiciones atípicas, al Tolima hay que someterlo a una revisión muy detallada porque este departamento y el Huila dejaron de ser los grandes productores y en buena parte la producción se ha trasladado al llano, a regiones como Meta, Arauca y Casanare por efecto de unas condiciones mejores en materia de costos. Desafortunadamente en el Tolima y en el Huila, la variable arriendo de la tierra está pesando demasiado porque a criterio de los agricultores el impacto por este factor puede ser de entre el 25 y el 30 por ciento del costo total de la producción, asunto que amerita una juiciosa revisión lo cual es posible normalizando la producción. Aquí hay que garantizarle al llano que producirá arroz durante todo el año y no por ciclos, haciendo parte del pico de cosecha. Hoy buena parte de la industria molinera nueva se ha instalado en la región llanera”, comentó Gómez.
En Colombia en donde puede haber más de 48 empresas dedicadas a la molinería del arroz hay un aspecto importante y es que en una mesa caben todos de cara a la conciliación, la exploración de salidas a la problemática y a la búsqueda de consensos.
Sobre una agricultura sostenible y con oferta exportable, el economista se mostró optimista, poniendo como premisa que una cosa es la agricultura para atender la demanda nacional y otra muy diferente la que tiene como destino el mercado internacional. Dijo que en la agricultura los precios internacionales juegan un papel importante y determinante porque hay subidas y bajadas. Por ejemplo, indicó, para este 2019 se calcula que habrá una caída en los precios de los productos primarios que para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, podría ser del ocho por ciento.
Un factor que puede ayudar o influenciar en un momento determinado es la tasa de cambio que generaría unos pesos adicionales para mejorar en algo el ingreso al productor. Sobre la tasa de cambio que está por el orden de los 3.200 pesos, hay que precisar que limitó las importaciones de arroz del Perú y fue por ese motivo que en 2018 no llegó ni una tonelada de arroz peruano porque el negocio no daba.
En el caso de Ecuador, manifestó, ocurrió algo similar porque de 64.000 toneladas que estaban autorizadas tan solo entraron en el segundo semestre 8.000 o 10.000. De acuerdo a los convenios firmados al amparo de la Comunidad Andina de Naciones, CAN, habrá que establecer cuál es el contingente de importación de Perú y Ecuador.
Un dato para tener en cuenta es que la gran mayoría de las importaciones de arroz que ingresa de Estados Unidos se queda en la Costa Norte colombiana por los costos de transporte y logística lo hacen muy oneroso en el interior del país. Al llegar por Barranquilla, de allí es distribuido por los departamentos del litoral atlántico que son grandes consumidores de arroz.
Al tener en cuenta que Colombia no tiene ventajas comparativas en muchas áreas de la agricultura, se hace necesario acudir a la planeación porque el país no puede producir por capricho por cuanto hay países con enormes volúmenes que opacan a cualquier competidor. El caso del algodón es muy diciente pues el Tolima llegó a producir alrededor de 80.000 hectáreas, hoy tan solo produce 4.000 hectáreas.
Un caso para aplaudir es el de la tilapia en donde ha habido un desarrollo admirable ya que hay unas dimensiones industriales tan sofisticadas que ponen el producto en 24 horas en el mercado de Estados Unidos tal y como acontece con la del Huila, igual pasa con el aguacate, con la piña y la gulupa, pero todos esos productos y otros que quieran exportar tienen que estudiar muy bien el mercado mundial.
La agricultura requiere de modernización, tecnificación y formalización pues no habla bien el que el 85 por ciento de la mano de obra del campo sea informal. El modelo jornalero y a destajo, precisó Gómez, no es el que puede imperar en el campo que pide reglas de juego claras y unos apoyos estatales no representados en regalos de dinero o en subsidios directos sino en infraestructura y todo lo que conlleve a la reducción de costos.
“Colombia debió hacer lo que le dio desarrollo a Ecuador y es que sembró su petróleo y hoy se ven carreteras e inversiones en otros frentes, pero en nuestro país eso no se hizo porque no hubo modernización, como quien dice no se le sacó provecho a esa lotería de los hidrocarburos”, subrayó.
Esta es la otra cara de la moneda en el sector arrocero con una mirada agropecuaria y consecuente. La molinería le ha llevado desarrollo y empleo a zonas en donde algún día se fue el petróleo y dejó tan solo desolación, hoy la agroindustria hace su trabajo y le apuesta a la inclusión y al desarrollo de una agricultura eficiente y moderna que permita ser duraderos.
Sector primario o industria molinera, los dos hacen parte de una cadena relevante que defiende sus intereses, empero apostándole a la sostenibilidad. Las dos orillas, inclusive, corren casi que los mismos riesgos por cuanto si no hay evolución, inversión, innovación y modernización las importaciones del futuro pueden lastimar de manera considerable agricultura e industria y la idea es perdurar bajo lineamientos coherentes y la mejor hoja de ruta.




