Domingo, 10 Enero 2021 00:55

Leche de China pondría en serias dificultades a productores del mundo

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Los productores dicen que el raudo crecimiento de la producción del país asiático hace prever que ni siquiera Nueva Zelanda será el enemigo. ¿Un castigo para los, mala leche del mercado?

Sin duda alguna China es un país que entró en las reformas económicas para conquistar el mundo, muy seguramente el veneciano Marco Polo, el mercader y hombre de grandes viajes, miraría con asombro el paso del gran país de Asia en el entorno mercantil internacional. Advirtiendo que China empezó a cabalgar sobre la bestia de los cambios en 1978, de todas maneras, con la recordada “Inspección del Sur” en 1992, Deng Xiaoping, marcó el derrotero del nuevo país, de la nación productiva, competitiva y exportadora, con el tiempo el temor de más de medio planeta.

El capítulo China no debería preocupar a las grandes potencias, ese es un país que aprendió a leer los mercados, asimiló con celeridad la globalización y por ello resulta hasta desgastante ver las campañas de desprestigio en un mercado abierto que ni siquiera el gigante del Lejano Oriente propuso, es más, son tan grandes los avances que posiblemente a China no le llame la atención competir en la tierra, ese país debe estar pensando en vender en marte o en cualquier otro punto del espacio. Para el tema que nos ocupa muy seguramente se inspiró en la vía láctea.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Asociación Nacional de Productores de Leche, ANALAC, Javier Ardila, dijo que en materia de comercio e importaciones de lácteos, son varias las amenazas y advirtió que China en muy pocos años será autosuficiente en la producción del alimento y un jugador nada desestimable en el mercado ecuménico.

Agregó en consecuencia, que un análisis a tener en cuenta, sin razón para estar por fuera de la observación, es el futuro productivo del “Enorme Dragón”, mercado en creces, seguramente con la meta de lograr importantes excedentes, y allí, complementó Ardila, no hay que hablar de cifras ínfimas, muy seguramente serán ofertas a gran escala las cuales inundarán al mundo con leche y derivados lácteos, un nuevo reto en el mercado que surge de la potencia asiática.

 

“China tiene unas fincas o unos núcleos de producción de leche de gran tamaño, son centros productivos en donde la imaginación no llega porque se trata de ordeños de 10.000, 20.000, 30.000 o 40.000 vacas. Ellos cuentan con tecnología y una logística espectacular. El engranaje es de unas proporciones que nadie en América Latina o en el mundo que no haya ido, alcanza a percibir. Son complejos productivos atiborrados de tecnología americana porque para mayor impacto, los ganaderos chinos contratan estadounidenses que llegan con lo último en adelanto e innovación. Los gringos venden ordeños, tuberías, techos, tejas y todo tipo de bienes para mejorar el ambiente productivo”, declaró el señor Ardila.

 

En breve, vaticinó el dirigente gremial, los chinos aprenderán del trabajo, imitarán los productos americanos y harán lo mismo. Como si fuera poco en China están comprando vacas y genética americana y de otros países con grandes desarrollos en razas altas producciones lecheras como es el caso de Argentina, Uruguay y aquellos con elevado nivel de avance en investigación y producción mejorada. Sobre el tema afirmó, las vacas que llegan a China, procedentes de estas naciones, son de muy buena productividad en leche.

Informó que la alimentación de las vacas de China es importada de los Estados Unidos porque allí van concentrados, heno, alfalfa, maíz y todos los derivados de la agricultura americana, como quien dice que el agro de los Estados Unidos engorda las vacas chinas. Explicó que a la fecha los costos de producción son muy altos, dejando claro que conociendo a los asiáticos y sus habilidades en el mundo de los negocios muy pronto le darán vuelta a la ecuación.

 

“Hoy se puede asegurar sin ningún temor que los chinos no se están preparando para la industria láctea, ellos están listos y seguramente llegarán con producto a esferas impensadas como Nueva Zelanda y muchos más exportadores de las grandes ligas”, dijo el directivo.

 

Con una especialización de China en leche, que con toda seguridad se va a dar, tendrán que temblar Estados Unidos, Nueva Zelanda y los grandes productores de lácteos porque los chinos en el mediano o largo plazo serán autosuficientes, dejarán de importar leche y sus derivados para incursionar en el mercado global con una oferta importante.

 

“Lo mismo pasó con Brasil que era un país deficitario en la producción del alimento y debido a un trabajo juicioso y aplicado en el ordenamiento ganadero, pudo producir cada día más leche hasta lograr su autosuficiencia y alcanzar con éxito la exportación lechera. Hace quince años Brasil era un importador neto de leche”, destacó el Gerente General de ANALAC.

 

El caso de Brasil, apuntó, lo replicará China porque ya hizo las inversiones, entró de lleno en el aprendizaje, maneja conceptos de competitividad y productividad, ahora está absorbiendo un conocimiento vital para autoabastecerse y renglón seguido poner leche en todos los puertos del mundo, a eso le apuntan.

El mercado de Nueva Zelanda, dijo, tiene que desviarse hacia otros países para no depender tanto de China y quizás eso explique la presión del país de Oceanía, un tema que sigue a fuego lento. Aseguró que los lecheros de la tierra de la Gran Nube Blanca, no pierden la esperanza de arribar a Colombia.

 

“Ellos han regalado asesorías, han invertido millones de dólares neozelandeses, pero con un objetivo muy claro, y es el de entrar al mercado nacional”, señaló Ardila.

 

Un Cierre normal, en producción, pero anormal por importaciones

A criterio de ANALAC, el 2020 fue un año atípico por la pandemia, pero en términos generales, normal desde el punto de vista de la producción toda vez que no hubo grandes problemas o dificultades porque la leche salió de los hatos con la mayor naturalidad y en medio de una calma que ayudó a reportar unas ventas mucho más que tranquilas.

Dijo que a principios de año hubo un muy buen precio porque no había leche, igual llegó un verano bastante prolongado acompañado de unas heladas que causaron problemas en la producción lechera. Lamentablemente en el mes de julio, con todas las importaciones que empezaron a arribar, vino una caída en el valor del producto y todo un entorno de preocupación en los ganaderos.

Según las proyecciones que se vienen dando, las importaciones de leche y sus derivados, fácilmente superarán a las de 2019 y años anteriores, un fenómeno que castigó al sector primario porque conllevó a una disminución considerable en los precios de la leche, luego de hacer la comparación con los primeros meses de 2020.

Dentro de los cálculos del gremio lechero se estima que al cierre de 2020 habrán ingresado aproximadamente 70.000 toneladas de leche, apalancando la información en las internaciones hechas hasta octubre pasado. Quedarían por tabular los ingresos de noviembre y diciembre para tener una cifra que podría inclusive ser superior.

Ante la situación apremiante, el directivo les hizo un llamado a las industrias y a las empresas que están importando leche para que no inunden el país de leche pues hasta octubre el inventario sumaba 16.000 toneladas de leche en polvo acopiadas, aclarando que hacen parte de la producción nacional. Explicó que hace un año, para esta misma época, no había ni una sola tonelada de leche en polvo guardada en el país.

En materia de importaciones y campañas en favor por el producto colombiano el país ha manejado una doble moral y de alguna manera una posición hipócrita porque mientras todos al unísono toman al campo como bandera y exhortan por consumir lo producido en suelos colombianos, hay un número importante de empresas importando leche, papa, cebolla y un significativo número de productos que le quitan opciones al agro, que le roban el empleo a las regiones y que le niegan el desarrollo a un país de vocación agrícola.

Lo propio pasa con algunos consumidores que tratando de mejorar su economía, van a lugares en donde los productos en apariencia son de menor precio, pero sin medir calidades y dejando de lado que comprar producto extranjero es negarle a Colombia la oportunidad de retomar el campo y de proyectar un país posible y en paz.

 

“La industria es bastante curiosa porque dice que las importaciones de leche son las que generan el problema, pero la pregunta es ¿Quién importa la leche?, sencillo, la misma industria. Nosotros como productores de leche no estamos importando el producto que nos da el dinero para hacer sostenible una actividad económica lo cual incluye salarios y pago de impuestos. No tenemos el músculo financiero para comprar y guardar leche porque ese no es nuestro negocio, pero la gran industria transformadora sí lo hace de manera directa o indirecta, es decir adquisiciones para terceros, toda una triangulación, que igual es sumamente leonina”, explicó el Gerente General de ANALAC.

 

La situación, puntualizó Javier Ardila, obligará al gobierno a poner todo tipo de controles y medidas a las importaciones de leche porque ante semejante amenaza, inclusive para la salud, es perentorio acudir a la trazabilidad para saber quién le vende a Colombia, a cuáles industrias les facturan esos pedidos y qué tipo de leche llega al territorio nacional.

Llama poderosamente la atención que las importaciones de leche, papa y otros alimentos se han hecho en medio de la devaluación, una invitación adicional para que las autoridades agudicen sus pesquisas porque no es normal importar con un dólar costoso. Otros sectores prevén que se puede tratar de lavado de dinero, algo que no se puede descartar.

La otra inquietud es que si con devaluación entraron las cantidades de comida que registró con angustia el país, cómo será con un dólar revaluado, un fenómeno que le dará vía libre a masivas compras de productos en el extranjero para inundar a Colombia de alimentos, buscando desde luego la quiebra de los productores nacionales que se dieron el lapo durante décadas para abastecer el país y que entrarían en una situación lamentable y de ruina, un factor que se sabía iba a pasar cuando el gobierno de turno, sin la más mínima consideración, avaló unos tratados de libre comercio con Estados Unidos y Europa, hechos a la medida para la banca rota de los empresarios del campo colombiano.

Los expertos prevén que la divisa pueda reportar fuertes caídas, azuzando una revaluación peligrosa porque con ello las condiciones estarían dadas para la hecatombe del campo, pues hay leche barata en el mundo y un dólar que quiere desplomarse, una mixtura letal para la economía rural en donde habría todo tipo de oportunistas sacando provecho de las dificultades ajenas. “En río revuelto, ganancia de pescadores”.

Una cosa si es cierta, los colombianos quieren comprar producto nacional, anhelan premiar el esfuerzo del campesino y de quienes invierten en el agro, pero hace falta mayor compromiso de las industrias y del mismo gobierno para que las personas accedan a la agricultura local y para ello sería ideal codificar o marcar los alimentos importados, para que sean los hogares quienes decidan si los compran o no, nada difícil de llevar a cabo, pero hay que insistir, Colombia no puede ni debe comprar producto americano o europeo del campo, porque eso sería contribuir con el fin de las cadenas productivas, con mayor desempleo y con un aumento injusto en los indicadores, no de pobreza sino de miseria. Si el campo nos cumple, cumplámosle al campo.

El tema, sostuvo Ardila, apretó, de manera preocupante el flujo de caja de los productores de leche y en algunas oportunidades hubo dificultades en la recolección del alimento porque no llegaban los camiones, en ocasiones porque las empresas transformadoras no podían ubicar su producto en las góndolas de los supermercados o porque algunos alcaldes cerraron los municipios, restringieron las entradas, evitando la salida y el ingreso de personas, promoviendo una escasez de leche ante la dificultad de extraerla de los centros de producción.

 

“Todo eso generó dificultades, nosotros estuvimos tratando de convencer a los alcaldes, había que dejar funcionar el mercado con precauciones, pero en medio de la normalidad. Algunas personas entendieron la situación y dejaron circular los camiones, otros fueron muy radicales, cerraron sus municipios, quedaron prácticamente incomunicados lo cual fomentó una baja de precios y una distorsión en los mismos. En departamentos como Risaralda, a muchos empresarios y ganaderos dejaron de recogerles la leche durante varios meses, un tema bien complicado”, apuntó el dirigente gremial.

 

Las novedades no se quedaron en el Eje Cafetero, en departamentos como Nariño, Meta, Arauca, Caquetá y Huila hubo que hacer uso de algunas herramientas para facilitar la comercialización. A través del Fondo de Estabilización de Precios, alimentado con dineros aportados por los productores de leche y de carne en Colombia trató de compensarse de alguna manera a las empresas recolectoras de alimenticio líquido, pero el vocero de ANALAC explicó que ese procedimiento tiene unas condiciones y unas reglas que deben cumplirse sí o sí, nada que se pueda acomodar a la necesidad o el gusto de cada ganadero porque es un protocolo que debe acatarse para que la compensación les llegue a las empresas y de esa manera siguieran adquiriendo la leche de los productores.

Hubo igualmente otros incentivos y compensaciones a través del Fondo de Estabilización de Precios para poder mover la leche por todo el país y evitar un caos económico en los ganaderos que hicieron su tarea y cumplieron con las metas productivas.

La leche reportó bajas en los precios por litro que oscilaron entre 100 y 150 pesos en la región Andina, en otros sectores del país el valor se mantuvo, pero hubo sitios en donde el precio subió y volvió a bajar, pero igual unas regiones que tenían leche barata y esta se quedó en el mismo precio. Por el tema Covid-19 y las dificultades no faltó quién propusiera en los territorios con mayores inconvenientes, recoger la leche, pero a razón de 500, 600 o 700 pesos, en la eventualidad que la propuesta les sirviera, de lo contrario la leche no subía al camión.

Hay fincas que no tienen la leche como el negocio central o su gran explotación y si les ofrecen algo, independiente del valor, les da igual. Este es un asunto, aclaró Ardila, que no se puede generalizar porque cada provincia tiene sus más y sus menos.

 

El clima, un acertijo

Según el Gerente General de ANALAC, Javier Ardila, el clima es un factor que invita a la reflexión ya que en los últimos días ha habido unas lluvias que no superan, en algunas regiones, las expectativas porque les ha faltado agua, caso opuesto a otras en donde los aguaceros han resultado intensos.

Lo anterior quiere decir que en algunas zonas habrá una producción de leche normal y en otras habrá posiblemente cierta dificultad porque si hay exceso de agua lluvia, las cosas se complican y si el verano se intensifica, igual no será fácil producir por el estrés que el calor trae en las vacas, aparte que los soles muy agudos disminuyen el pasto disponible, afectando la cantidad de leche esperada porque no habría mucha hierba para la conversión.

El 2020, dijo Ardila, fue normal para el sector lácteo al hacer el parangón con otros renglones económicos tales como restaurantes, hoteles y cafeterías, bastante impactados por la pandemia. Los lácteos, recalcó, está dentro de la fracción agropecuaria que menos sintió los rigores de la calamitosa epidemia.

 

Leche, un negocio que va reduciéndose

Las vicisitudes en el sector leche no han pasado por debajo de la cerca y caso opuesto, las medidas y todo el libre comercio llegó con factura en mano, haciendo que quienes fueron parte del sector hoy estén en uso de buen retiro, viviendo en el exterior o dedicados a otros menesteres.

Desde hace más de ochenta años empezó a notarse el desplazamiento de las fincas lecheras, no de manera exclusiva en Colombia, sino en el mundo entero. Anualmente salen del mercado un número increíble de productores de leche y allí entran los colombianos víctimas del término global de la consolidación, que para el caso del sector lácteo no significa que el eslabón esté en proceso de fortalecimiento, sino que un menor número de ganaderos producen mayor volumen de leche.

En Antioquia y otras regiones de Colombia el fenómeno ya es visible porque existen hatos de 60.000 litros, igual de 50.000, 30.000 y 20.000 litros. En la Sabana de Bogotá ya se está hablando, comentó Ardila, de productores con una capacidad superior a los 100.000 litros de leche, es decir, volúmenes considerables, que hace unos diez o quince años no se escuchaban en el territorio colombiano. El asunto es que ese tipo de producción y de oferta sigue creciendo.

Algunos ganaderos aducen que ya están cansados del negocio lechero, pero quizás han trabajado sin mayores métodos, porque por citar un ejemplo una finca producía diarios 1.600 litros ordeñando muchas vacas, cuando la tomó el nuevo arrendador, en tiempo récord metió más ganado, abonó pastizales, predios prospectivos, le dio manejo al negocio, mejoró la condición salarial de los trabajadores, organizó el ejercicio, puso indicadores y decidió que todo tenía que funcionar mejor. Esa finca paso de 1.600 a más de 6.000 litros por día, un negocio mucho más eficiente en donde se cuadruplicaron las cifras en producción y obviamente en rendimientos. Ese factor, manifestó Ardila, está viéndose en muchas regiones colombianas.

Otro ítem para analizar es que hay gente y firmas que hablan del sector, algunos con mucho conocimiento y otros que deberían quedarse callados. Cierto es que una que otra firma asesora al Ministerio de Agricultura y en escenarios como un taller de costos de producción de leche quedó claro que no todos conocen el sector ganadero y menos el destinado a la producción lechera. Algunos aseguran que las empresas o fincas lecheras gastan mucho en concentrado y en mano de obra, sumándole al diagnóstico que hay una dudosa productividad porque es, según los consejeros, difícil hablar de vacas con producciones de 27 litros en promedio por día, un promedio que según el asesor no existe en Colombia. Tremendo asombro se llevó el crítico cuando supo que hay hatos con bovinos que producen 28, 29 30 y más litros diarios por vaca.

A propósito de la situación, Ardila estimó que ese tipo de personas, totalmente ajenas al país productivo en leche, el mismo que desconocen en su estructura tanto en costos como en rendimientos, son las mismas que van al Ministerio de Agricultura a pregonar sobre la ineficiencia de Colombia en el sector primario lechero, dejan de lado los esfuerzos en producción sin lamentar, desde el escenario lácteo, que omiten los avances en obtención y el terreno ganado en competitividad.

Para el dirigente las actividades hay que saberlas determinar porque una cosa es la lechería especializada y otra muy diferente la extensiva. El tema es bien complejo, aseveró, porque esa es la información que retumba en entidades como Banco Agrario, Finagro y otras que manejan crédito.

 

“Llega una finca muy organizada tecnológicamente, con excelentes manejos y buena administración, pide un crédito y le dicen que no es viable porque se sale de los parámetros normales ya que está produciendo mucha leche, algo que según algunos, no existe en el país, es decir tildan al productor de mentiroso y lo señalan, supuestamente, de inflar los datos, pero con todo y eso, son asesores, personas que no saben del negocio y tienen carta blanca, amén de su ignorancia, para negarles préstamos a los que hacen bien la tarea en sus explotaciones”, expresó el Gerente General de ANALAC.

 

El problema es mucho más grave porque por carencia de conocimientos, algunas firmas asesoras le están negando el desarrollo a Colombia, algo muy injusto si se tiene en cuenta que los agricultores y ganaderos colombianos siguen profesionalizándose y avanzando aun con la soga al cuello, pero igual con el cuchillo entre los dientes.

Los ganaderos de leche creen que el cierre de 2020 estará por los niveles de 2018 que registró una producción anual de 7.300 millones de litros y algo de 2019, año en el que el ordeño nacional sumó 6.300 millones de litros. La cifra final podría ser un promedio de los dos años mencionados.

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