Miércoles, 27 Enero 2021 22:38

Agricultura colombiana tiene dos opciones, reinventarse o morir

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La ruralidad está quedada, urge de inversión, aplicaciones tecnológicas, administración e inclusión. Sin jóvenes en los campos, el futuro de Colombia está en veremos.

Con la sana y perentoria intensión de lanzarle un salvavidas al alicaído y cada vez más empobrecido sector agropecuario colombiano, un grupo de ingenieros agrónomos le pidió al Presidente de la República, Iván Duque Márquez, un espacio en el cual puedan expresarle, no solo las agudas inquietudes, sino todo un planteamiento técnico, económico y social, para retomar las labores agrícolas a gran escala y de esa forma blindar la seguridad alimentaria, generar oferta exportable, impulsar el empleo y una mayor dinámica en las veredas de Colombia.

El grupo de Ingenieros Agrónomos egresados de la Universidad del Tolima, puntualmente de la promoción, segundo semestre de 1973, aclaró que la comunicación es totalmente desinteresada, sin ánimo de lucro o pretensión en representación política alguna, protagonismo, o crítica destructiva sino por el contrario, es una charla que pretende transmitir los análisis de la situación y problemática actual del sector Agrícola Colombiano, la cual de acuerdo a su experiencia profesional de 47 años, se encuentra en cuidados intensivos.

 

“Consideramos que nuestras proposiciones podrán dar luces a su gobierno en una reingeniería para el agro colombiano, con el fin de volverlo atractivo nuevamente a las futuras generaciones campesinas y morigerar el desplazamiento masivo de las poblaciones rurales a engrosar los cinturones de miseria de las ciudades; situación bien conocida y que lleva a infinidad de inconvenientes para nuestra sociedad”, apunta la comunicación dirigida al Jefe de Estado.

 

Cabe precisar que la misiva está rubricada por un grupo experimentado de profesionales preocupados por la difícil situación del sector, que se agravó desde 1990, fecha de la apertura económica, basada en los tratados de libre comercio, que, a criterio de los ingenieros agrónomos, generó incuestionables efectos negativos, tanto para la manufactura como para la agricultura y que se manifestó en la caída en la participación de esta última en más del 40% del PIB.

Precisaron que su experiencia en el sector agrícola colombiano ha transcurrido desde el desempeño profesional en entidades públicas y privadas de Investigación, transferencia de tecnología, docencia universitaria, actividades productivas y agropecuarias principalmente en los cultivos de algodón, soya, maní, sorgo, ajonjolí, palma africana, arroz, papa, cebada, maíz, trigo, hortalizas, frutales y similares; además de las actividades en el acondicionamiento, transformación y comercialización de las materias primas y sus productos derivados.

 

“Es nuestra generación la que ha nacido y convivido con la mayor cantidad de avances tecnológicos a nivel global, incluidas la conquista del espacio, desarrollo, invención y masificación de las comunicaciones digitales a través de los ordenadores, celulares e internet entre otros, tecnologías consideradas emblemáticas del siglo XX y que permitieron la mecanización digital de la agricultura global, resultando inquietante que estos avances no se replicaran en el país para el desarrollo y auge del sector agrícola colombiano. En general, señor presidente, se puede considerar a la agricultura colombiana como una lamentable analfabeta tecnológica”, apuntaron.

 

Los años maravillosos

Aseguran, quienes tuvieron la oportunidad de conocer y pertenecer a instituciones gubernamentales, experimentar tristeza y algo de coraje porque con el paso de los años nadie sabe, exactamente, qué sucedió con algunas de ellas, pues resultaron liquidadas y enviadas al baúl del olvido de manera increíble cuando el problema no era la institución sino quién y cómo la manejaba.

EL IDEMA Instituto regulador del mercadeo y comercialización de los productos agrícolas del país, desaparecido inexplicablemente y reemplazado por sociedades de economía mixta, conocidas como Corporaciones de Abastos, vinculadas al Ministerio de Agricultura, cuyo objetivo principal reza el contribuir al mercadeo y comercialización de los productos agropecuarios y; que desde sus inicios lo que han permitido es que comercializadores particulares impongan a su acomodo y propio beneficio, los precios de compraventa mayorista y minorista, sin normatividad ni control estatal y, dejando a la deriva y sin protección a quienes realmente se sacrifican con la diaria y ardua labor del campo, como sucedió en el año que acaba de terminar con la producción de papa, maíz, ñame.

 

“Ahora los campesinos productores se lanzan a los peajes y carreteras colombianas, como los desplazados por la miseria se lanzan a los semáforos y calles de las ciudades. Realmente da tristeza ver a dignos patriarcas, que forjaron la economía de este país, arrastrarse por unas limosnas para sobrevivir y llevar el sustento a sus familias”, deploraron.

 

Reprochan que un Instituto del talante del INCORA cuya función primaria fue la implementación de la tan requerida reforma agraria que favoreciera a los millones de pequeños y medianos agricultores sin tierra, inexplicablemente fue reemplazado sucesivamente por instituciones manejadas con objetivos diferentes a los proyectados, con un resultado final contrario al que necesita el país lo cual logró una concentración de la tierra en latifundios improductivos en manos de pocos propietarios.

 

El INDERENA, QEPD, 1968-1994

El Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente, INDERENA, entidad que se desempeñó como autoridad ambiental, base para la creación del Ministerio del Medio Ambiente, que en adelante se llamara de Transición Ecológica que integrara Energía y Medio Ambiente, aún está a la espera de resultados.

El ICA, cuyos objetivos fueron el control sanitario, la investigación y transferencia de tecnología para el desarrollo socioeconómico del sector; la innovación con variedades, razas y publicaciones técnicas así cómo científicas, reconocidas y difundidas a nivel internacional, después de más de 40 años son las únicas hojas de ruta que aún sirven de apoyo para técnicos y productores.

 

“Muy importante fue el conocimiento de las condiciones agroecológicas del país y la planeación centralizada de la producción, mediante recomendaciones a nivel municipal, la cual fue dejada en manos de las UMATAS y de las Secretarías de Agricultura departamentales, apoyadas por los gremios de productores, a través de los fondos parafiscales; conocimiento que desapareció con el paso de los años debido a la burocracia politiquera de dichas instituciones”, expresaron los profesionales.

 

Informaron al ejecutivo que, en el paso del ICA a CORPOICA, el primero le entregó veintidós (22) Estaciones y Centros de Investigación y sesenta y tres (63) CRECED. Al final de manera paulatina, exponen, CORPOICA los fue cerrando, igual que algunos centros de investigación, acabando con los programas de transferencia de tecnología a los productores. Dicen que veintisiete (27) años después aún el país está pendiente de los avances tecnológicos y resultados tangibles de CORPOICA, hoy AGROSAVIA, en cuanto a variedades, metodologías, procesos y publicaciones accesibles para los productores.

 

“Para resaltar como muy diciente el tercer informe de la misión de sabios reunida en 2019, el cual dejo la clara advertencia que sin aumentar la investigación, Colombia se condenará a rezagar su desarrollo, incluso por debajo de los demás países de América Latina, por que un país no puede depender de otros en conocimiento básico para tener un desarrollo económico acelerado o para disputar posiciones relevantes en la economía global, puesto que la creación de riqueza está vinculada al desarrollo científico. Colombia como mínimo debe multiplicar su inversión en Investigación y desarrollo en 1,5% anual del PIB frente al 0,24% actual como el ejemplo que nos da nuestro vecino Costa Rica que ya lo implementó”, aconsejaron.

 

Pusieron de manifiesto que entidades financieras como la Caja de Provisión Agrícola Minero y el Banco Cafetero, cuyos objetivos eran velar por el servicio al campesinado con el otorgamiento de créditos a bajos intereses, asesorados técnicamente, en beneficio de su economía y cultivos, igual fueron borradas.

Mostraron preocupación porque otro sinnúmero de Institutos que cumplían funciones basadas en modelos de planeación, que realmente promovían el buen desarrollo del agro colombiano, igualmente desaparecieron sin razones justificadas.

En su oficio, los expertos anotan que producto de lo anterior, es preocupante luego de mal contadas, cuatro décadas, el país no se ha beneficiado de los avances agrícolas globales y sí por el contrario, ha retrocedido, como resultado del descuido de la agricultura, renglón básico de la economía, por convencimientos de gobiernos antecedentes, de pretender impulsar la minería, como el sector potencial de desarrollo a futuro, dejando a un lado a los pioneros del campo a la excelente calidad de los suelos, altamente productivos y al desempleo de los profesionales Ingenieros Agrónomos, e invertir en negocios poco confiables a largo plazo, no amigables con el medio ambiente y de por si con características muy efímeras.

Adicional, al malestar generado como alternativa, señalaron, los gobiernos consideran como panacea para el desarrollo económico, los TLC, generando el monumental desequilibrio de la economía que hoy aqueja a los colombianos por falta de un profundo análisis de competitividad en la producción nacional.

 

“Competitividad afectada por la escasa investigación y asistencia técnica, el bajo desarrollo de las vías terciarias, la falta de infraestructura para el acondicionamiento y transformación de los productos agropecuarios, el elevado costo de los insumos agrícolas y, la escasez permanente de créditos de fomento, entre otros. Esta situación a la postre obligó a la cascada masiva de importaciones de productos y al exterminio de los principales cultivos, panorama de la Colombia verde y prospera, como era el algodón de los años setenta que abarcaba 400.000ha en el Caribe, Llanos Orientales y Valles Interandinos, que hoy apenas llega a las 17.000 ha, y que de contera lleva a que la industria nacional importe el 75% de hilos, que perfectamente podríamos producir. Igual semblanza para esas épocas de bonanza en las que fuimos autosuficientes en la soya requerida para producir los alimentos balanceados para animales, donde en 1965 ocupáramos el primer lugar a nivel mundial en productividad con cerca de 4 t/ha, mientras que hoy a duras penas llegamos a las 1,8 t/ha. El caso del cacao en que continuamos con los mismos 400 kg/ha de 1960, cuando Ecuador alcanza 800 kg/ha. En papa promediamos 17 t/ha, mientras Holanda y Canadá superan las 42 t/ha y, eso que la papa tiene su centro de origen en nuestros altiplanos”, precisaron.

 

Al seguir con su análisis de impactos por el libre comercio y el abandono de la ruralidad, indicaron que productos como el frijol, ajonjolí, sorgo, maní, soya, cebada y trigo prácticamente han desaparecido de la agricultura nacional, advirtiendo que el maíz tiene la misma tendencia e igual y trágico camino.

 

“Estos productos del ayer son reemplazados por productos de baja calidad importados de países con elevados niveles de subsidio de la agricultura, promoviendo el aumento de niveles de miseria y desempleo en el campo colombiano. Preocupan de manera importante, los terrenos dedicados a la marihuana y cocaína, mucho más rentables y que en consecuencia invitan al agricultor a reemplazar la economía legal, promueve la reorganización de grupos ilegales y concluye en los desplazamientos masivos de las comunidades y resurgimiento de la guerra que hoy nos enfrenta”, reza la declaración.

 

Es de resaltar el protagonismo de uno de los cultivos básicos de nuestra canasta familiar: la papa, tubérculo que participa en la economía de 283 de los 1.103 municipios de Colombia y es el eje fundamental del sustento de aproximadas 100.000 familias, con 136.000 ha sembradas, que contribuye al 3,5% del PIB agropecuario y genera 264 mil empleos directos e indirectos, con un valor agregado de requerimiento del servicio de transporte terrestre de más de tres millones de toneladas anuales. Cultivo, que, por su baja productividad actual, requiere a gritos innovación en semillas mejoradas que optimicen su rendimiento, en razón a que las variedades cultivadas actualmente fueron las generadas por el ICA, algunas con más de 40 años.

En este cultivo, manifestaron, ocurre igual con las prácticas agronómicas de cultivo, cosecha y postcosecha donde el avance ha sido nulo. Afirman que, desde la creación de CORPOICA, se tiene como aporte unas pocas variedades no usadas por los agricultores, sin ninguna opción nueva para el mercado doméstico que compitan con las harinas importadas para ser reconstituidas. Por tanto, a juicio de los profesionales, no hay condiciones para el mejoramiento de la calidad de vida de la mayoría de los productores.

Igualmente llamó su atención lo ocurrido con el cultivo de trigo, que en su era dorada en Colombia entre 1920 y 1989 alcanzó hasta las 145.000 ha sembradas, que a la fecha se han reducido a 652 ha; historia muy correlacionada con los Estados Unidos donde el diferencial en la producción que existe entre los dos países y los subsidios e incentivos del gobierno americano a sus agricultores, aparecen como causas del desplome del cultivo en Colombia y que permiten las importaciones de más de dos millones de toneladas anualmente, sin la esperanza de un cambio en el panorama. Estimaron importante destacar que en Colombia existen los microclimas especiales para su cultivo y abastecimiento del mercado interno.


 

A título de información, la reducción de las áreas cultivadas en el periodo comprendido entre 1990 y 2014 fueron las siguientes: sorgo 98%, trigo 91%, cebada 88%, algodón 83%, ajonjolí 71%, soya 69%, tabaco negro 59%, maní 23%, arroz mecanizado 23%, maíz 23%, frijol 17%, papa 4%, café 0,3%.

Con crecimientos en áreas cultivadas están los frutales 405%, palma de aceite 362%, arroz secano manual 157%, plátano de exportación 147%, flores 73%, banano de exportación 59%, caña azucarera 49%, hortalizas 42%, cacao 26%, fique 19%, caña panelera 17%, yuca 15%, tabaco rubio 15%, plátano 15%, arracacha 8%, coco 7%.

Se puede observar, señalan, que los incrementos porcentuales de los cultivos relacionados, salvo algunos, evidencian el auge los cultivos permanentes o de tardío rendimiento y los que sirven para producción de biocombustibles y exportación. Opinaron que también es interesante mostrar que la palma de aceite, la caña de azúcar y el café tienen sus propios centros de investigación e integran las actividades de transferencia y desarrollo tecnológico a sus propios resultados. Así mismo, enfatizaron, las flores y el banano de exportación siguen de manera fiel en sus sistemas productivos las recomendaciones de sus matrices de Europa y USA.

 

“Esto indicaría que para ser en exitoso en Colombia no se requiere de los Centros de Investigación nacionales, ni de los programas de transferencia existentes, lo cual de por sí, es muy grave. Vale la pena preguntar cuál ha sido el papel de la ciencia y la tecnología colombiana en el desarrollo del cultivo de moda: el aguacate Hass. ¿Realmente ha participado en algo?”, comentaron.

 

Resulta, para los versados en agricultura, significativa la reducción de los denominados cultivos transitorios o semestrales que son los que agrupan el mayor porcentaje de agricultores, dejando a la deriva esa gran franja de la agricultura mecanizada y que produce los alimentos de consumo interno y, de paso, modificando la estructura productiva agropecuaria colombiana para dedicarse con exclusividad a las grandes extensiones territoriales de los cultivos perennes y de ciclo prolongado, situación que aleja a la economía campesina que no tiene capacidad para vivir sin ingresos durante largos periodos.

Estimaron importante mostrar que los productos líderes en las exportaciones agropecuarias del país son café, banano y flores, que representan un 65% del total. La participación de los demás productos, denunciaron, es poco significativa, respecto a la demanda internacional, a pesar de contar con gran variedad de productos de alta calidad.

El análisis es bastante sugestivo y destaca que las importaciones agropecuarias son lideradas por productos de alta demanda nacional como maíz, trigo, soya, sorgo y cebada, compras internacionales que participan en más de 70% del consumo nacional de esos productos.

Sostienen que las cifras evidencian que la participación de la producción nacional de estos productos en el mercado nacional es muy inferior a la de las importaciones, destacando en el mejor de los casos el maíz cuya producción nacional participa únicamente en el 33% del mercado. El tema no para allí porque al comparar costos de producción de los productos importados, se pueden encontrar similitudes al medirlos por hectárea, pero sorprende la gran brecha en los costos por tonelada en función del rendimiento. Lo mencionado, afirmaron, da una idea del atraso en los niveles de productividad de Colombia en la mayoría de sus productos, que son insumos para la agroindustria de la porcicultura, avicultura, ganadería, piscicultura y para diferentes productos de consumo humano.

Matizaron la importancia de la inversión en investigación y desarrollo tecnológico que invierten los competidores de Colombia para el mejoramiento de la productividad y la calidad, factores claves del desbalance de Colombia para mejorar su competitividad.

Deducen también que las importaciones siguen presentándose en productos en los que históricamente el país no ha tenido autosuficiencia alimentaria como es el caso de cereales y leguminosas, los cuales tras los acuerdos comerciales tienen muy fácil acceso al mercado nacional sin ningún límite para su entrada.

Lo comentado nos lleva a concluir que la producción agropecuaria del país no ha sido lo suficientemente técnica, dinámica y diligente desde la apertura económica, lo cual da lugar de forma simultánea al deterioro de la balanza comercial.

Situación que solo se podría revertir con políticas que incluyan investigación, tecnología e innovación para incrementar la productividad y la oferta exportable y superar el reto de nuestro país en aprovechar los acuerdos comerciales y así obviar la debilidad estructural más importante del sector y principal obstáculo para que se intente posicionar como proveedor, con el apoyo del estado, de algunos productos agrícolas para el mundo”, dicen los ingenieros agrónomos.

Vale mencionar, para terminar como ejemplo, que a la fecha solamente el 1% de los productos nacionales exportados se ubica entre las 220.000 y 2´200.000 t representados en tres productos: banano, café y azúcar, corroborando la imperiosa necesidad de desarrollar nuestra capacidad productiva y las condiciones de competitividad.

¿Nos preguntamos, existen planes para la recuperación potencial de millones de hectáreas dejadas de cultivar por lo comentado?

Pensando en soluciones respecto al resultante desempleo en el campo para la gran cantidad de ingenieros agrónomos, los profesionales consideran que sería excelente medida, reinstituir la obligatoriedad de la asistencia técnica adjunta a los créditos de fomento para la producción, norma que de inmediato surtiría efecto en la productividad e incremento de rendimientos para la producción nacional agraria.

Los ingenieros la tienen clara y anotan que por fortuna las soluciones a muchos de los problemas ya están inventadas, tan solo es ver la superación de Países como Suecia o Corea, que, entre otros, al encontrarse en situaciones similares a la colombiana, superaron los obstáculos, apostándole a la investigación, planeación, logística e innovación del agro para que, a la fecha, honoríficamente Corea esté acreditada como la cuarta economía del mundo. No yendo tan lejos, consideraron, el vecino Ecuador, que, a pesar de su reducido tamaño en área, implementó tecnología, logística, planeación y mercadeo, convirtiéndose en el primer país exportador de Banano en el mundo y primer exportador de cacao en grano de América, los dos logros apoyados por su Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGAP).

 

“Aunque entendemos la complejidad en el manejo del estado y que se arrastra el lastre generado por gobiernos anteriores, es nuestro pensamiento proponerle el promover un giro de 180 grados al agro colombiano, con la seguridad de que su Gobierno será el que marque el rumbo lógico para la recuperación económica del País y el logro de la anhelada paz. Solo se requiere volver la vista al campo y reconstruir las instituciones que funcionalmente cumplían con sus obligaciones en transferencia de tecnología, planeación, investigación y créditos acordes a la situación del agricultor”, concluyeron los expertos, a la espera de pronta respuesta.

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