Domingo, 20 Abril 2025 00:32

Química cero, la meta limpia de la agricultura sana: productores

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Química cero, la meta limpia de la agricultura sana: productores Imagen-de-Luaks-Johnns-en-Pixabay

Para los labriegos de Ubalá es urgente retomar las siembras ancestrales y acudir al bio-abono y los compost, el mundo y sus suelos no aguantan venenos o fertilizantes dañinos llenos de enfermedad.

Nada mejor que un análisis de la ruralidad productiva hecho por los propios campesinos o empresarios del agronegocio, solo ellos o ellas están autorizados para decir qué está bien o qué está mal, son los labriegos y los habitantes de las veredas colombianas, esos que tienen agricultura en fincas sin vías, en invierno cargadas de barro y lodo y en verano un polvero enfermizo e insoportable, los llamados a cuestionar o a reconocer. Esos buenos seres humanos en efecto sufren los rigores generados por la dificultad expresada en costos de obtención, falta de riego, inseguridad como también carencia de bienes públicos y de mercado. Los lugareños siguen quejándose por la vigencia de las estructuras casi omnímodas e intocables de la intermediación. Muchos hablan de verdaderos carteles de los alimentos que además de todo reforzaron su macabro portafolio con el indebido y perseguido gota a gota, otra causa de muerte súbita en el país.

Otro caos para el labrador es el uso de agroquímicos que prácticamente imponen los mercados, algunos con doble moral porque mientras promueven la agricultura limpia, despachan toneladas de químicos y venenos a los países en vía de desarrollo, a los que no les compran alimentos si llegan a sus puertos con trazas químicas, una situación aberrante, cuestionable y para la denuncia, no es justo que a una persona la obliguen a usar herbicidas, fertilizantes o insecticidas para luego señalarlo por carencia en confiabilidad y buenas prácticas agrícolas.

Antes de iniciar esta nota hablé con un gran amigo, es una persona buena y muy trabajadora que prácticamente está dejando el campo, produce tomate, papa, maíz y otros alimentos, empero narró con desespero que es imposible llegar a la Central de Abastos de Bogotá, Corabastos, porque al productor primario le pagan sus cosechas a muy bajo precio, hoy los tomates se están pudriendo en muchas fincas porque los costos de producción superan los 45.000 pesos, sin embargo la canastilla la pagan en el gran mercado capitalino a algo más de 20.000 pesos, en síntesis no es posible sembrar, la seguridad alimentaria entonces sigue pisando la línea de extinción porque no hay política, no existen apoyos y los agricultores están mirando otras actividades ya que cultivar, sino es hoja de coca, no es rentable.

 

 

En Colombia se afianzó de manera increíble una factoría de errores, en muchas partes optaron por los embalses y generadoras eléctricas sin importar que se estaban parrandeando en el campo y su productividad, ahora el contentillo es promover turismo y gastronomía, pero la productividad se fue al piso, el país perdió y para colmo hoy amenazan con racionamiento de energía, aunque eso está muy en veremos porque los colombianos llevamos 30 años pagando el cargo por confiabilidad, una medida que nos dejó dormir tranquilos después del apagón, claro costo muchos billones de pesos, era apenas comprensible.

El campo es entonces un gran damnificado de la apertura económica y la globalización, es tan grave ese tipo de modelo comercial que el gran patrón del mundo, Estados Unidos optó por cerrarse y comprar productos imponiendo mayores aranceles. Si Donald Trump dice que tener la puerta abierta en materia comercial no es sano, de verdad que le creo, él es negociante, gran empresario, sabe de economía y logró detectar que ese disfrazado libre comercio es arrasador, totalmente inconveniente y muestra de eso es Colombia, un país ocioso, sin agricultura de gama alta, sin incentivos, amenazada, sin posibilidad de canalizar oportunidades puesto que se quedó sin mano de obra y los plantadores que sobreviven envejecieron y se quedaron con el sueño de tener plata y poder heredar a sus hijos las encomiables labores ancestrales. Hay casos excepcionales, pero muy, muy contados, debería darnos vergüenza, qué pena con los socios andinos y con el mismo Mercosur.

Nada más oportuno que visitar Ubalá, ir de finca en finca y escuchar voces del hoy y del ayer, es visible todo lo acontecido en las últimas décadas en la amorosa región del Guavio, la llamada Ruta del Agua. Luego de transitar por unas vías amables y llenas de paisaje, adornadas a los costados con pino ciprés, eucalipto, helechos, arbustos, árboles de aguacate, limón, naranja y otros cítricos, pero igual con ese decoro especial que brindan las infaltables flores amarillas, llegamos a la finca San Miguel, ubicada en la vereda Sagrado Corazón, un lugar encantador y muy dulce, no sé si fue por esas deliciosas panelitas de leche que me ofrecieron. Allí hablamos de agricultura y la gran conclusión es que es urgente reavivar los cultivos y apostar por la siembra de alimentos, el mundo tiende a cerrarse y Colombia sigue condenándose a la hambruna, ojo señora Ministra de Agricultura, los tiempos no son fáciles y se hace necesaria una estrategia productiva porque lo apocalíptico no era tan de cuento, ya se están viendo cosas, es el momento de atender esas sabias señales de la naturaleza.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el técnico y experto en temas de agro Carlos Edwin Romero aseveró que la química está acabando con la agricultura y dijo que, si no se cambia la forma de sembrar, no habrá alimentos en el mediano plazo porque como pasa en China e India, pero también en otros países, los suelos están muriendo por uso y abuso de síntesis química y con ellos agricultores y consumidores que desarrollan enfermedades cancerígenas sin que esa consecuencia llame la atención de la Organización Mundial de la Salud, OMS, y menos de laboratorios o casas químicas que viven de la muerte.

La apuesta de la agricultura de Ubalá, pero en general de todo el país, dijo Romero, debe ser por consolidar un sello de agro cero químicos, una labor que demandará acompañamiento al productor, educación y concientización de que es mejor producir un poco menos, que no está comprobado, porque los bio-abonos, muestran lo contrario, pero obtener limpio y saludable, honrando el término inocuidad. El propósito, resaltó, es ponerles punto final a los suelos adictivos.

En opinión del conocedor el mundo no está metido de lleno o comprometido hasta los tuétanos con la agricultura limpia, la ambición, anotó, rompe el saco y por eso muchas personas del campo deciden saturar los suelos de fertilizantes químicos, muchas veces sin necesidad, algunos que ya trabajan agricultura de precisión se dieron cuenta que estaban tirando plata al bote de la basura y redujeron las aplicaciones, no obstante, están mirando modelos de agricultura sana que tiene mayor valor en el globo y una clientela garantizada. Lo mejor dijo el conocedor, es sembrar vida y nutrir al público con orgullo más no con cargos de consciencia.

 

 

Según Carlos Edwin Romero hay un compromiso y es recuperar la agricultura tradicional, desde su punto de vista el mundo tiene que volver a implementar los procesos de antaño porque la agricultura convencional, la que viene con paquetes tecnológicos lo único que ha hecho es acabar con los suelos, dejándolos improductivos y erosionables con el correr del tiempo.


“Es cierto, estamos acabando con nuestras unidades productivas, seguimos matando los suelos y si estos no están disponibles y llenos de vida no hay productividad”, declaró el señor Carlos Edwin Romero.


El futuro inmediato de las siembras debe hacerse recuperando el agro tradicional porque de no ser así el país agropecuario experimentará lo de los dos grandes asiáticos, sin embargo, hay países del sudeste asiático que se dieron cuenta de la tragedia y se matricularon en agricultura limpia, verbigracia, Vietnam, Laos, Camboya y otros, hoy muy conscientes de los suelos vivos y de las siembras sanas y sin tóxicos. Resultó gratificante escuchar del experto que ya los productores de Ubalá comenzaron a sembrar alimentos inofensivos, aptos para el consumo humano porque la química se dejó de lado, los campesinos y los empresarios rurales de este costado de Cundinamarca no quieren vender cáncer y otro tipo de patologías.

Consideró muy necesario recuperar los microrganismos del suelo porque hay tres factores esenciales en el suelo para la producción, la fertilización orgánica, microrganismos y obviamente todo en conjunto con las semillas tradicionales, de modo que solo así habrá seguridad y soberanía alimentaria, además se garantizará la conservación de simientes nativos, los que redundarán en una producción limpia, responsable y necesaria, serán vitales, expuso Romero, en una verdadera dieta, óptima y sin riesgos para la salud.

 

 

Recalcó que actualmente, todos los paquetes tecnológicos de distintas marcas, que no las nombró por prudencia, pero de las que todo el mundo sabe, son las que están afectando la salud de la humanidad hoy en día habida cuenta que se ha disparado el cáncer y otras patologías relacionadas con la ingesta de alimentos fumigados o envenenados, dicho de otra forma, enfermedad por el consumo de una alimentación no saludable.

Colombia tiene precedentes terribles en importación de químicos, ya en el setenta el país compró algunos remanentes del temido Agente Naranja responsable de ocasionar enfermedades teratogénicas o reconocidas por su potencial en producir malformaciones congénitas en los prenatales. No sobra decir que los llamados agentes teratogénicos quizás son físicos, químicos o biológicos.

A criterio de Carlos Edwin Romero en ese punto es trascendental las legislaciones de los países, pues hoy en día la ley colombiana es permisiva con el consumismo y tristemente, comentó, fueron los congresistas quienes permitieron que multinacionales con tremendos antecedentes ingresaran a Colombia para cambiar la agricultura y obligar a abandonar lo ancestral para adoptar paquetes tóxicos y muy peligrosos para la salud, algo que no está bien porque ello es coadyuvar para acelerar la enfermedad en la humanidad sobre el pretexto de apresurar la producción.

 

 

Invitó a los gobiernos y a los legisladores para que promuevan una agricultura tradicional, por fuera de la química y de los conocidos riegos que tienen a muchos en el cementerio. Expuso que es necesario que de manera responsable se proponga un alto en el camino porque son las transnacionales las que están acabando con la vida en el país, pero sin exagerar en todo el planeta.


“Hay que hacer invitaciones para volver a un agro confiable, verde, inocuo, necesitamos que se construyan políticas públicas desde el gobierno nacional para volver a la agricultura tradicional, personalmente conozco varios proyectos que están trabajando como la red de OCOL y la Red Nacional de Agricultura Familiar, RENAF, sólidas organizaciones de base, pero que son las que se tienen que apoyar porque realmente están involucradas en la vida sobre la base de una nutrición adecuada, pero igual sobre pilares de soberanía alimentaria articulada de biodiversidad y conservación”, afirmó Carlos Edwin Romero.


Una buena orientación para Cundinamarca y el país, dijo el experto, la podría dar el científico colombiano y experto en suelos, Orlando Castro Cabrera una persona dedicada a la investigación que demostró que el agro debe hacerse con instrumentos biológicos porque de lo contrario pone en calzas prietas la salud y la vida.

A los europeos, manifestó el agricultor, es urgente decirles que no vendan químicos porque después ellos no adquirirán los alimentos fumigados o tratados con los insumos que comercializan, un asunto inexplicable que abre el debate sobre agricultura, química e intereses particulares de empresas y algunos facilitadores en distintos países. El analista le dijo a la Unión Europea que, si está plenamente convencida de apoyar a los países en vía de desarrollo y azotados por la pobreza, lo mejor es no tener empresas que representan un peligro y que han defendido sus intereses de maneras refutables en contravía de unos campesinos que quieren lo mejor para sus vecinos, el entorno, los ecosistemas y el derecho a la vida. Es triste que, si una persona o una organización civil cuestiona a las multinacionales y sus amenazantes químicos aparecen extrañamente inconvenientes con algunas entidades, una situación que el ejecutivo debe revisar.

 

 

“Nos gustaría recibir con el mayor aprecio y respeto al doctor Orlando Castro porque queremos una buena retroalimentación, saber más y convencernos que la agricultura orgánica es la mejor opción para los seres humanos. Nosotros ambicionamos volver al agro ancestral y limpio, sin nada de química, solo con bioinsumos, sembrando de manera natural, inocua y con toda la sostenibilidad. Conozco una tecnología digna de imitar, la que ofrece Agricultura Natural Coreana, KNF, un método sostenible que inicialmente trabaja con la naturaleza y no para su menoscabo, esto involucra microrganismos autóctonos y otros materiales naturales que ayudan mucho en la recuperación y salud de los suelos, pero también en el crecimiento de las plantas que dejan su sometimiento y se distancian de pesticidas e insumos de síntesis química.

Este modelo implementado en las fincas colombianas, dijo Romero, sería un gran paso para recuperar suelos y agricultura porque ante semejante reto es urgente empezar y promover mejoras desde los mismos agricultores, desde las haciendas, los núcleos productivos y desde la base. Los avances se han notado con la participación en los mercados campesinos en donde la gente prefiere remunerar mejor los productos limpios y con valor agregado.

Un ejemplo de la colaboración la hizo la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, leguminosas y Soya, Fenalce, que trabajó de la mano con la firma de biotecnología y desarrollo sustentable, Salus Mundi en donde Orlando Castro es Director Científico, con las maniobras y exploraciones fue posible lograr maíz con verdadero atributo, con mayores rendimientos por hectárea y completamente limpio, muy evolucionado y sin tóxicos.

 

 

A juicio de Romero lo más acorde es hacer ensayos en parcelas casi vírgenes en donde no ha incursionado la agricultura mecanizada con agricultura tradicional, en otro punto hacer lo mismo con paquetes tecnológicos y química sintética, es muy probable que los resultados sean iguales, pero mucho mejor en la siembra orgánica porque tan solo lleva proteína, alimento mas no enfermedad.

El invitado les recomendó a las comunidades evitar el monocultivo puesto que si se va a sembrar maíz lo aconsejable es tener otros productos en el terreno o muy cerca, todo un esquema de policultivo que mejora la diversidad del suelo, del entorno y la seguridad alimentaria de las familias. Otro ejemplo es tener suelos para hacer relevos con arroz, maíz y soya, para el caso de Ubalá y la región del Guavio, el ejercicio resulta aconsejable con maíz, calabaza y frijol porque ofrece oxigenación del suelo, mayor biodiversidad y mejor polinización. Todo eso, explicó, lleva al plato una convergencia afortunada de cereales y otros alimentos atiborrados de proteína, energía y verdadera nutrición que a la postre se convierte en buena salud.

Hablando de todo tipo de agro, indicó que cuando estuvo en Cali en el marco de la COP-16, notó que la caña siendo importante para la industria, seguridad alimentaria, los biocombustibles y otros derivados tiene un gran problema y es el monocultivo que implica problemas para el paisaje y la misma producción porque son siembras industriales en donde llega una máquina y acaba con todo, algo que no sucede con el policultivo ya que este garantiza variedad así como diversificación de la producción, nada más y nada menos que un sólido bordón de sostenibilidad.

 

 

Carlos Edwin Romero enfatizó que en la hacienda el tema será el mismo, agricultura limpia y sostenibilidad porque si el productor no es sostenible la humanidad seguirá en vilo y si no se sigue un orden estará comprometida la vida humana, es por eso que, si hay labor desde la base, seguramente habrá esperanza.


Agroturismo, otra oportunidad de ingreso

Por más de 50 años Ligia Romero ha permanecido en la finca San Miguel y puede decirse que le correspondió vivir en la gloria porque el lugar es colorido, lleno de vida y con todas las opciones agrícolas. Más allá del azadón y los menesteres agrícolas esta visionaria mujer decidió que la propiedad debería ofrecer más que alimentos una experiencia para el turista y por eso sentó un precedente de turismo temático y campestre, una finca encantadora registrada y vistada por el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, entidad que brinda apoyo con cursos y capacitación, el único pendiente está en el Fondo Emprender en donde no ha sido posible conseguir un respaldo.


“Aquí viene mucha gente, hemos atendido bastantes personas como CorpoGuavio con carne asada, fiambres, gallina y con todo. Estaremos muy atentos para que, si algún día el gobierno ayuda a los campesinos como seres humanos y mujeres cabeza de hogar, le demostraremos que no se equivocó porque si algo nos caracteriza es trabajar de sol a sol, aquí la plata no se pierde, se invierte de manera acertada porque entre otras cosas hay asociaciones agroturísticas que apenas estamos empezando y el tema no es fácil porque hablar de turismo es algo profundo y lleno de diferentes aspectos entre bienes y servicios. Pretendemos una entrada adicional para el sostenimiento de las familias y la mejoría en calidad de vida. Lo bueno de este emprendimiento es que hemos conocido otras culturas porque viene gente de diferentes lugares del país y el mundo”, afirmó la señora Ligia Romero.


 

Mucha gente se equivoca porque cree que la región del Guavio turísticamente se reduce a Guasca o a Guatavita, pero hay mucho más porque el Guavio en la parte baja tiene lugares inhóspitos, agrestes y verdes, un municipio como Ubalá en donde hay mucho que ver, un lugar en donde hay historia y un potencial paisajístico, agrícola y cultural muy generoso. Ubalá ofrece platos muy sugestivos para el turista, pero la comida ancestral viene del maíz, un producto que permite muchas preparaciones, de todas formas, la gallina criolla lleva la bandera.

En la muy bonita propiedad hay un coqueto horno de leña, algo muy tradicional en el campo, pues como dice Ligia, finca sin horno de leña no es finca. En su conversación dijo que lo bueno de invitar a la gente para que conozca Ubalá es que se encontrará con sitios inimaginables y gente muy atenta que quiere con lo mejor de la población dejar huella y miles de razones para seguir en el campo, sin duda el mejor espacio para vivir.

No es bueno, dijo Ligia Romero, que tantos jóvenes migren para las ciudades porque terminan en la drogadicción, en la prostitución o encontrando la muerte muy temprano en atracos, guerras de pandillas o en accidentes normales de ciudades como Bogotá. Evocó que la pandemia dejó una experiencia formidable porque demostró que la gente sí quiere volver al campo porque lo ama y sabe que allí en la ruralidad hay riqueza o por lo menos comida y tranquilidad.

Reiteró que en tiempos de la pandemia del Covid-19 los agricultores respondieron y abastecieron al país lo que ratifica que la ciudad sin campo no existe. La fémina dijo que volver al campo es posible con un gobierno amigo que genere condiciones para producir y no esos mandatos que hicieron estragos con unas importaciones que acabaron con la oferta nacional y con el mismo empleo. Desde su perspectiva un campo solo progresa con un mandato que se interese de verdad por el país y sus zonas rurales porque la gente de la política solo va a las regiones a recoger votos y luego se olvidan que hay lugares que existen, que hay campesinos que laboran duro y no ganan lo debido, que hay gente sufriendo, pero tristemente después de elecciones todo es indiferencia.

 

 

Un tema a corregir, añadió la amable Ligia es volver los ojos a la agricultura limpia, con toda la calidad, y dejar los volúmenes que salen masivamente para los centros de consumo significando a futuro enfermedades tenaces que llevarán a muchos, como ha estado pasando, al camposanto.

Lamentó la productora que a la finca llegue mucho comprador, pero a adquirir alimentos muy baratos, muchas veces ofreciendo valores por debajo de los costos de producción lo que resulta injusto porque la finca le da empleo a muchas personas y esa situación de mercado similar a regalo no permite pagar jornales o salarios, por esto propuso reactivar mecanismos como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, en donde la absorción justa de cosechas la hacía el Estado, pero decidieron liquidarlo, anotó, por exceso de corrupción cuando lo más consecuente era encarcelar a los corruptos y salvar el modelo de adquisición de cosechas, una intervención que habla muy mal de los gobiernos que permiten todo y terminan sacrificando propuestas y mecanismos extremadamente útiles.

Con el entierro del IDEMA, afirmó, le entregaron el mercadeo a un grupo de personajes que suben y bajan precios a su antojo, llenado sus bolsillos de dinero con cargo a la ruina de los agricultores, un modelo que ha sido considerado como ideal por los neoliberales que no saben qué es cultivar o enfrentar unas importaciones que también llegan plagadas de enfermedad y tóxicos.

 

 


“Queremos un apoyo grande y la toma de decisiones valientes para seguir cultivando y criando animales porque las condiciones de hoy tienen al campesino produciendo a pérdida, necesitamos que el gobierno le de la importancia que merece el agricultor porque, repito, sin campo no hay ciudad”, apuntó Ligia Romero.


Los productores se han dado cuenta de la importancia de asociarse y por eso nacieron Alianza y la Asociación para el Desarrollo Agropecuario y ambiental de Ubalá, Asogamu, mutuales que vienen trabajando en capacitación de lácteos y manejo de leches fermentadas para catapultar un emprendimiento con mujeres cabeza de familia, hoy hay 15 damas y dos caballeros, el propósito es vender productos regionales y de calidad con un sello de producción limpia, allí habrá un portafolio amplio que incluye quesos, yogures, kumis y otros subproductos de la leche, por ejemplo las riquísimas panelitas.


La niñez será clave en la supervivencia del campo

Antes de salir de la finca San Miguel y de quedarnos con la fotografía de la vereda Sagrado Corazón, hablamos con la docente Marcela Romero quien dijo que no cabe la mínima duda en el sentido de que el futuro del campo está en la niñez, pero orientó que hay unos conceptos muy distintos en las ciudades en donde dicen que la educación citadina es mejor que la campesina, de hecho unos estereotipos poco convenientes y distantes de la realidad, un caso es Samuel, su hijo que disfruta de la ruralidad desde que se despierta hasta que llega la noche, un niño que como otros está desarrollando muchísimas competencias, muy por encima de un párvulo que esté encerrado en un apartamento o en un aula de clase, los entornos son distintos, pero el ambiente de finca genera más desarrollo y conocimiento.

 

 

Resulta inmejorable, expuso, llevar los niños al campo para que se enamoren de él, aprendan de sus bondades y valoren el origen de los alimentos, solo así será plausible tener niños y jóvenes pensando en campo y en estudiar carreras afines para desenvolverse en escenarios deseados.

La licenciada en pedagogía infantil con maestría en neuropsicología se mostró de acuerdo con tener un tipo de enseñanza cercana al campo, un poco retomar el aprendizaje de las escuelas vocacionales en donde se formaron desde la base campesina grandes profesionales.


“A los niños hay que llevarlos por los sitios en donde mejor se motiven, eso es lo que llamamos en pedagogía moderna el aprendizaje significativo donde se adquiere el conocimiento a través de experiencias reveladoras, luego es importante que los infantes nazcan en un ambiente totalmente diferente a la ciudad porque allí todo el entorno es un peligro para ellos y sinónimo de riesgo en todo sentido y lo digo porque yo que trabajo en un colegio veo esa vulnerabilidad en niños y adolescentes que vienen de familias disfuncionales algo que genera la búsqueda de refugios en donde generalmente hay drogas y alcohol y todo tipo de vicio callejero, luego hay que educar con amor, responsabilidad y haciendo milimétrico seguimiento a los chicos que pueden ser presas fáciles del microtráfico y otros grupos delictivos”, advirtió la profesional.


Un niño de campo de entre cinco o seis años, explicó la docente, crece en un ambiente distinto, entre animales de granja, disfrutando de la biodiversidad, el paisaje y de todo lo que ofrece el aire fresco y las buenas costumbres, diferente, un niño de la ciudad se desarrolla frente a una pantalla 24-7, en la calle o desafortunadamente consumiendo drogas, un asunto que obliga a abordar la niñez desde una mesa seria y comprometida para lanzar un salvavidas porque los niños son el futuro del país y del mundo, preocupantemente no hay indicadores o tendencias que inviten al optimismo, pero, concluyó, no es momento de bajar los brazos.

 

 

Fue enriquecedor acudir a la finca San Miguel en la vereda Sagrado Corazón en Ubalá, no solamente hubo una charla, comimos panelitas de leche y gozamos de lo lindo en uno de esos momentos en los que es oportuno escuchar los puntos de vista de quienes, increíblemente, sufren el campo.

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