En Colombia la equivocación parece ser una tendencia, ahora bien, el asunto es si esos errores llegan por carencia de conocimiento o son orquestados en desmedro de sectores productivos con verdadera historia, para algunos la aniquilación del campo hace parte del modelo económico que fracasó hace décadas sin que importe la ruina y el caos económico y social de muchísimos nacionales en la ruralidad.
En este caso tenemos que hablar del algodón, una materia prima legendaria, una fibra prehispánica que utilizaron los aborígenes de la hoy América Latina en el territorio para confeccionar sus mantas, redes de pesca y prendas entre tantos usos, un regalo de la tierra que resultó útil y abrigó los cuerpos de todas las familias en las comunidades indígenas.
Es lamentable todo lo que le pasa al algodón, Colombia vivió entre este cultivo, de hecho, la desaparecida Armero fue conocida como la “ciudad blanca”, pero igual fueron blancas las tierras cultivadas que se observaban desde la carretera rumbo a la costa norte, actividad dinámica que adornaba el Cesar, Magdalena y muchas otras zonas en el país.
En materia algodonera se puede hablar de un uso precolombino determinante en culturas como los Guanes en Santander y los Muiscas. El algodón colombiano logró un auge que inició en 1950 y llegó hasta 1977, tomó tanto impulso esta siembra que algunos dicen que la producción se multiplicó a razón de 25, una labor amena y alegre que le arregló la vida a más de uno. El llamado “oro blanco” superó cualquier expectativa ya que en 1977 el país sumaba 380.000 hectáreas, toda una locomotora, unas turbinas poderosas que elevaron la economía en la Costa Norte y los pueblos algodoneros delo interior, asunto apenas razonable porque el cultivo generó 480.000 empleos y un movimiento en las economías regionales que mostró como el agro podía afianzarse como el verdadero impulsor del progreso.
Pero como todo en la vida no es dicha al algodón, el cultivo blanco, le llegó si momento oscuro, puede decirse que con lo que vendría, paradójicamente los algodoneros la iban a ver negra. En primer lugar, arribaron las plagas, una el picudo y dos la apertura económica que abrió las importaciones sin una hoja de ruta y llevó a que el algodón se derrumbará, de unas siembras que llegan a algo más de 85.000 hectáreas en 1985, ya con la desgravación arancelaria y la expectativa de mercado cayó a menos de 300 hectáreas en algunas regiones de tradición en esta plantación.
El gran motor de la economía, el cultivo rentable y base de otras economías porque era la base de una cadena que terminaba en la también recordada y loable industria textil y de la confección, también en mares de nostalgia, que prácticamente corrió con la misma suerte. Colombia pasó de sus telas y sus textiles exclusivos y cargados de calidad a la oferta china, del sudeste asiático o de donde quisieran traer géneros o tejidos baratos de regular propiedad, una jugada absurda que le aplicó la extremaunción al segundo producto agrícola exportable que ya soportaba enfermedades en las matas, pero que gracias a la apertura económica llegó a su punto final, el cierre de una “época dorada”. Hoy los algodoneros tratan de salvar su sector, hay propuestas orgánicas y nativas para darle nuevo impulso a los cultivos, otros piden el ingreso de semillas certificadas que mejoren resistencia y rendimientos, pero nada parece funcionar, lo poco que queda en algodón seguramente alcanzará para tejer la blanca y fina mortaja para el entierro, seguramente de quinta, de un sector y unas industrias que siguen viendo y sintiendo el rigor del libre comercio, el mismo que no perdona ni sabe de consideraciones. “Brille para el algodón la luz perpetua”.
En charla con Diariolaeconomia.com, el presidente ejecutivo de la Confederación Colombiana del Algodón, Conalgodón, César Pardo Villalba, afirmó que el algodón fue un cultivo muy importante en Colombia en el siglo pasado, con fundamento el segundo renglón de exportación después del café, pero expuso que poco a poco, por problemas fundamentalmente de rentabilidad la plantación fue disminuyendo porque de esas más de 350.000 hectáreas en el boom algodonero el país preció una caída lamentable, toda vez que a principios del siglo XXI el área sembrada llegó apenas a 60.000 hectáreas.
Aclaró que los productores y conocedores del campo entraron a Conalgodón básicamente para impulsar el cultivo y hacerlo de rotación con otras labranzas de ciclo corto, esencialmente con el maíz y con el arroz, una tarea que resultó importante porque en primer lugar se tuvo en cuenta los altos niveles de obtención habida cuenta que Colombia tiene una productividad de más de mil kilos de fibra por hectárea, una cifra superior a la de Estados Unidos y a la del promedio mundial, sin embargo hubo líos con los elevados costos de producción que en otros países como Brasil eran de menos de 60 centavos de dólar, en Colombia el indicador llegó a 80 centavos de dólar la producción por libra.
Pardo Villalba explicó que como el precio del algodón se fija fundamentalmente por el precio por libra determinado en la Bolsa de Nueva York, el asunto se enturbió porque además debieron introducirse en el ejercicio otros factores como tasa de cambio, lo que representó un importante impacto en la fijación de valores porque el costo del algodón en los últimos años ha estado por debajo de 80 centavos de dólar, inclusive se presentaron precios hasta de 60 centavos de dólar la libra y en el último año fundamentalmente el tema fue complementado con una tasa de cambio menor a 4.000 pesos cuando hubo momentos en los que el dólar costaba 3.600 pesos en promedio y entonces, apuntó el directivo, si el precio se fija por la cotización del algodón en el mercado neoyorquino multiplicado por la tasa de cambio, sencillamente el resultante en pesos no es rentable para los algodoneros, sin embargo, indicó, los productores se estaban sosteniendo desde hace tres años ya que se venía de una producción cercana a las 30.000 toneladas logradas en aproximadamente 30.000 hectáreas, sin embargo cayó la rentabilidad, llegaron los inconvenientes en sostenibilidad y por eso muchos agricultores se apartaron del cultivo porque nadie puede sembrar a pérdida y migraron a actividades como el maíz y el arroz, pero la decisión no fue afortunada porque esos sectores también están muy mal debido a la situación de crisis que se extiende para todos los cultivos sobre todo para los de ciclo corto como el maíz, el arroz el frijol y otros que la están pasando mal y atraviesan por un contexto delicado porque se invierte mucho y se gana poco o nada, una realidad difícil para quienes apuestan por el agro.
“Nosotros en el año 2025 cerramos con menos de 10.000 hectáreas sembradas, más puntualmente cerca de 8.000 hectáreas, una producción de 9.000 toneladas algo que no es verdaderamente sostenible en el mediano y en el largo plazo, pero le habíamos pedido al gobierno por lo menos un apoyo en el tema de la importación de semillas certificadas o una especie de ayuda para que los agricultores se hicieran con estos núcleos que son de alta productividad, un algodón transgénico que se siembra en el 90 por ciento del territorio, no obstante, el gobierno ha tenido una actitud de total desinterés por el sector agropecuario y en general por la productividad de los renglones que pueden avanzar y en el caso del algodón no hemos recibido absolutamente ningún auxilio”, declaró el señor Pardo Villalba.
Añadió que las últimas decisiones que se han tomado por parte del gobierno tienen que ver con los fondos parafiscales que como bien se sabe son recursos que aportan los propios agricultores. Pardo aclaró que estas contribuciones son impuestos o cotizaciones que pagan los agricultores que producen algodón, arroz, maíz, etcétera.
Al no haber recursos presupuestales, sostuvo, el ejecutivo ha querido hacer algún tipo de política agropecuaria con los recursos de los fondos parafiscales, incluso, recordó, el gobierno sacó una resolución hace menos de un mes en donde parte de los recursos, casi el 20 por ciento de estos, tienen que destinarse obligatoriamente a la solución de los problemas que fueron ocasionados por ola invernal en el departamento de Córdoba y otras regiones golpeadas por el intenso invierno.
Asamblea para decidir subsistencia gremial
Dijo que Conalgodón llevará a cabo una Asamblea que se realizará esta semana en donde se planteará una situación definitiva porque el Fondo de Fomento Algodonero, FFA, no tiene recursos para el año 2026 y para rematar el Fondo de Estabilización de Precios del Algodón, FEPA, acabó sus dineros porque venían fundamentalmente de cesiones que hacían los propios agricultores cuando el precio del algodón era alto y groso modo no hay manera de compensar por cuanto no hay recursos de parte de unos fondos para poder ayudar, fomentar o solidarizarse con la situación actual de los productores.
El dirigente gremial manifestó que en ese sentido la Asamblea tendrá que tomar unas decisiones muy importantes en relación con la administración de los fondos parafiscales que tiene Conalgodón y con respecto a la propia subsistencia del gremio, o sea, precisó Pardo Villalba, hay confianza en que el algodón va a permanecer, pero dejó claro que en las actuales condiciones no se puede porque no hay rentabilidad en el cultivo.
Recalcó, que, sin embargo, Colombia tiene la ventaja por encima de otras siembras de ciclo corto de que se tiene una productividad mayor por hectárea versus la de Estados Unidos que es el principal competidor.
El gremio, acentuó, está o estuvo adoptando una serie de medidas para reducir los costos de producción, mejorar las comercialización, etcétera, pero el asunto del decreto que expidió el gobierno en el segundo semestre de 2025 con el que disminuyó de 10 por ciento a cero por ciento el arancel a los hilos importados, terminó siendo una hecatombe puesto que eso provocó una crisis en las tres hilanderías que quedaban, las mismas que prefirieron cerrar porque Fabricato no está funcionando, Coltejer no opera desde hace más de 10 años y únicamente queda Colhilados como industria de hilados o tejido que continúa comprando algodón, pero a criterio del directivo, ya no comprará fibra el año próximo, una mala noticia, expresó, porque se perdió el mercado nacional y eso obliga a considerar que cualquier tonelada que se produzca en algodón habrá que ponerla en exportación que también agrega unos costos adicionales a la obtención de la esencial materia prima, es decir la clausura de las emblemáticas hilanderías terminó con el mercado nacional del algodón y por eso hoy se importan hilos, sobre todo de países asiáticos con cero arancel y obviamente las hilanderías locales no pueden competir porque esos hilos se logran en países en donde hay subsidios para las fábricas que los producen y a toda vista mejores condiciones en el tema laboral, un 50 por ciento menos de lo que tiene Colombia.
No todo termina allí, dijo Pardo, por cuanto hay otro tipo de situaciones que hacen que los hilos importados tengan un menor precio y entonces ingresan con un 20 por ciento menos del costo de la producción de hilo en Colombia y con es apenas consecuente, las hilanderías no pueden competir lo que explica la decisión de cerrarlas.
Enfatizó que la situación del algodón es muy difícil por lo menos en los próximos dos o tres años porque no se tendrá cultivo de la fibra en el país y por ello en la Asamblea venidera se mirará objetivamente que se hará con la institucionalidad algodonera que compre el Fondo de Fomento Algodonero, el Fondo de Estabilización del Algodón y el propio gremio algodonero que obviamente, al no haber cultivo no tiene razón de existir.
El panorama es triste y golpea, a Colombia nuevamente le quedó grande defender su sector primario y la reindustrialización, todos saben que la apertura económica fue la puerta de la tragedia, pero nadie tuvo la estrategia para salvar los sectores productivos que serán menos cuando entre en su plenitud un TLC que finalmente no fue revisado y en donde hay reparos y demasiado por corregir, como diría mi mamá, “válgame Dios”.
No se puede concebir el fin de una siembra y la defensa de los campesinos nacionales solamente por evitar disgustos en Washington en donde por fortuna no saben de hambre aguda, aunque ya tienen casos que responsablemente deben atender. El algodón es evocación, nostalgia y cuita, nadie olvida ese país blanco, repleto de motas listas para ser procesadas que le dieron tanto a la gente y al desarrollo colombiano, el que murió con la apertura económica que puso todos los activos en bandeja, confundió extracción con inversión y acabó con la agricultura que tendrá que retomar porque en tiempos de guerra es mejor asegurar alimentos y materias primas, nada diferente al sentido común.
Pocos saben que el algodón se produce permanentemente en Colombia porque se tienen dos cosechas, la del primer semestre que es el sembrado en la Costa Atlántica y una segunda recolecta en el interior del país que se siembra a comienzos del año en el segundo semestre. Las dos cosechas, puntualizó el presidente ejecutivo de Conalgodón, dan la posibilidad de un suministro permanente de algodón calificado de muy buena calidad, pero que desafortunadamente en las actuales condiciones no puede seguir activándose por el tema de la rentabilidad, un punto en que habrá que trabajar en adelante y por eso la política agropecuaria tendrá que mirar cómo le devuelve la fe y sus ingresos a esos cultivadores que además demandan asistencia técnica, apoyo financiero expresado en crédito y el suministro de semillas certificadas, algo que no se ha visto en este gobierno ni en los últimos mandatos en general en vista que se adoleció de unas iniciativas estatales agropecuarias que pudieran impulsar la productividad de muchos cultivos lo que dice que los de ciclo corto van a desaparecer si se sigue con la actual política porque en dos o tres años se quitará el arancel para el arroz que es del 60 por ciento, una forma compleja de competir porque sin arancel todo será más complicado.
Lo deplorable, afirmó Pardo Villalba, es que no solamente se tendrá que competir con Estados Unidos sino con Ecuador.
Mal en maíz y otros sectores
Si por el lado del algodón llueve, por el lado del maíz no escampa porque no solo hay una muy baja productividad sino malos precios y con el algodón el horizonte es oscuro aunque todavía existe la esperanza de retomar el cultivo, pero eso solo es viable si se replantea la situación que permita hacer un receso porque no se les puede pedir a los agricultores que apuesten por una plantación que no tiene rentabilidad, que tan solo deja pérdidas.
Hay que insistir que Colombia tiene una agricultura maltratada, sin infraestructura, por fuera de los bienes públicos, lejana del verdadero crédito de fomento, sin seguridad física, saturada de impuestos y con serios problemas de comercialización. Con esa agria realidad es muy duro pensar en grande y tomar decisiones, la situación es cruda, llena de desdén y matizada por errores increíbles, lo cierto es que se lanza el salvavidas en productividad o Colombia quiebra definitivamente el campo y se expone a pasar hambre porque con países impredecibles nada fijo hay en los puertos, salvo un cargamento echado a perder y con latos componentes cancerígenos como responsablemente lo han mostrado otros gremios.
Frente a esta realidad, el presidente ejecutivo de Conalgodón, César Pardo Villalba aseveró que no se puede desconocer que hubo instrumentos y medidas que funcionaron como fue el tema de la política de financiamiento para el sector agropecuario que llevaba soluciones de crédito y liquidez a los pequeños y medianos productores en buenas condiciones, es decir que les daba acceso al crédito porque en opinión del dirigente, lo trascendental no son las tasas de interés sino que los labriegos tengan posibilidad de solvencia a través de los bancos intermediarios, asunto que se pudo resolver cuando el contertulio estuvo en el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario, Finagro, pero desafortunadamente hoy el 70 por ciento de inversión obligatoria se va para financiar grandes empresas.
“De esa manera entregan unos informes muy buenos en el sentido que están colocando crédito, pero eso lo están financiando grandes empresas que inclusive no están vinculadas directamente con el sector agropecuario y por el otro lado se pusieron a hacer microcrédito que tampoco es un mecanismo financiero que beneficie a los pequeños y medianos agricultores, es tan solo un crédito de consumo que nada tiene que ver con el crédito agropecuario diseñado con la Ley 16 de 1990. Eso desapareció y como se sabe se esfumo igualmente el apoyo para la adquisición a bajo costo de bienes, básicamente de maquinaria y tecnología agrícola que se necesita en aras de la innovación y la modernidad con el fin de implementar buenas prácticas de cultivo, tampoco hay auxilio para la investigación o adquisición de semillas que puedan ser mucho más productivas porque una d las cosas que necesitamos en las siembras colombianas es aumentar la productividad, desde luego bajando costos, pero optimizando rendimientos, resultado fundamental de cara a mejora la rentabilidad de los cultivos”, subrayó el dirigente gremial.
Finalmente, el ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional quien acredita además en esa alma mater especialización en economía agrícola y desarrollo rural, apuntó que queda muy claro que la política agraria debe diseñarse en cadena, con todos los componentes en la mesa para entregar derroteros claros y eficaces y no improvisación y errores que siguen pasando facturas onerosas y llevando a muchos a la banca rota. Desde su análisis las medidas que se toman generalmente se avalan para favorecer a ciertos sectores y eso lo muestra el aumento que hizo el actual mandato del 40 por ciento a las confecciones, es decir que para importar confecciones hay que pagar esa tarifa, pero sin embargo, matizó Pardo Villalba, los otros eslabones de la cadena textil no tuvieron el mismo tratamiento, y todo lo contrario, los hilos que tenían un arancel del 10 por ciento en los últimos tres meses de 2025, fueron llevados vía decreto al cero por ciento lo que posibilitó la entrada a Colombia de hilos asiáticos que llegan muy baratos por aspectos laborales, apoyos y costo de energía entre otros.
La medida terminó siendo de manera paralela un “papayazo” al contrabando y el lavado de dinero. Sin embargo, manifestó que más allá de lo que pase con el sector algodonero, seguirá participando en los temas de política agropecuaria de la que espera sea uno de los bordones del próximo gobierno independiente de quien gane las elecciones porque el campo no conoce de izquierda o derecha, tan solo pide ojos, atención y hechos.

