Domingo, 12 Julio 2026 08:40

Ganaderos deben adoptar modelo palmero para mejorar y prosperar: Murgas

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En opinión del productor, la ganadería asociativa sería un piloto de la palma de aceite que garantizaría mejores rendimientos, crecimiento y sostenibilidad, un contexto ideal para los retos globales.

La ganadería bovina ha resultado una actividad apasionante desde que prendió motores hace unos 10.000 o 12.000 años atrás en los inicios del Creciente Fértil cuando el hombre identificó al uro como un animal promisorio para solventar grandes necesidades proteínicas, este animal ofrecía carne, leche, cuero y hasta fuerza para el trabajo. Con esta domesticación que inicialmente se dio con ovejas y cabras, empezó la llamada Revolución Agrícola, un momento en el que los seres humanos pasaron de nómadas a sedentarios.

Puede decirse que los primeros ganaderos habitaron Turquía, Siria, Irak e Irán, en esos países milenarios que fueron igualmente persas y babilonios, un logro de Oriente Medio que luego logró una importante expansión de ganado manso que se conoce como Bos Taurus hasta llegar a la Península Ibérica y diversas regiones de Europa, pero también a zonas asiáticas como también africanas.

Hay que anotar que este imponente rumiante, el uro, que surgió en tierras de India hace dos millones de años aproximadamente vagó sin conocer límites y llegó al norte de África, Asia y Europa razón por la cual se dividió en tres subespecies, la Euroasiática o Bos primigenius primigenius natural de Eurasia de donde emergió el Bos Taurus, el conocido ganado sin joroba.

 

 

Otra subespecie fue la asiática inicio del Bos primigenius namadicus, anterior al ganado jorobado hoy el muy demandado cebú o Bos Indicus. La tercera fue la africana definida científicamente como Bos primigenius africanus, ganado que prosperó inicialmente en el norte de África, predecesor del vacuno africano.

Ese primer ganado, el uro o Bos primigenius, la raíz de la totalidad de bovinos utilizados en las granjas y haciendas del mundo en la actualidad llegó a medir 1,80 metros hasta la cruz y pesaba según los registros 1,300 kilos. Este animal quedó retratado en el Neolítico cuando los cazadores de ese tiempo lo pintaron en rocas, mostrando potencia y respeto, finalmente ese bóvido llegó a las incipientes granjas del Neolítico en donde resultó determinante para enrutar la agricultura que hoy cuenta una historia grandilocuente con el protagonismo de un mamífero cargado de características.

El ganado llegó a América en el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493, pero la llegada a zonas continentales como Colombia se dio solamente en 1525 cuando los conquistadores introdujeron las primeras razas y especies mayores y menores.

Los bovinos fueron importados al Nuevo Reino de Granada, hoy Colombia, por Rodrigo de Bastidas que embarcó 200 rumiantes en La Española, hoy República Dominicana, con destino a Santa Marta ciudad que luego envío animales de tremenda adaptación a distintas zonas del país con valles y llanuras repletas de pasto y forrajes naturales.

El caso colombiano es bien interesante en ganadería, entró por la Costa Norte, aprovechó unas razas fuertes, de alta resistencia y rusticidad que conquistaron las tres zonas de productividad en el país, trópico bajo, trópico medio y trópico alto, todas las castas con inmejorables condiciones y excelentes rendimientos. Luego vino la llegada de nuevas razas especializadas en carne y leche, mejoramiento genético, innovación y la puesta a punto de una ganadería productiva y altamente sostenible.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com el ganadero y reconocido hombre de industria Juan Carlos Murgas Dávila manifestó que la ganadería debería pensar en incorporar otras fincas al proyecto ganadero como se ha hecho en palma de aceite lo cual demanda inversiones en tecnología e industria, pero por lo pronto, afirmó, la vocación de la finca familiar es seguir fortaleciendo las praderas que no son aptas para palma.

Tras su amable plática, Murgas Dávila comentó que a muchos palmeros les sucede que no tienen agua en sus predios y que además carecen de las condiciones ideales de suelo que perfectamente pueden volcarse a ganadería con razas fácilmente adaptables y rentables, una iniciativa en la que se avanza, pero igual invirtiendo fuertemente en la zona del norte del Cesar con el fin de voltear las fincas, mejorarlas, fertilizarlas, alimentarlas igualmente con compost, todo en aras de buscar una mayor productividad.

El conocedor aclaró que intercalar ganadería con palma no funciona porque cuando las reces pisan la raíz de la palma afectan su productividad y por eso, apuntó, hay que tener bien divididas y definidas las líneas de negocio porque una cosa es palma y otra muy diferente la cría de ganado. Explicó que, si bien es aconsejable separar las actividades, lo cierto es que pueden vivir juntas porque un tremendo caso de negocio se ha logrado en algunas fincas en donde hay palma y ganadería.

Murgas Dávila recalcó que la visión de negocio será ganadora en la medida que cada línea alcance altos puntos de rentabilidad. Evocó que su familia nació en la ganadería, una esencia que conserva y que los lleva a trabajar día a día para cambiar los paradigmas del sector ganadero lo cual empieza por profesionalizar a la gente que labora en los hatos y fincas como también por los mismos empresarios de un sector que le ha dado desarrollo, empleo y prospectiva a Colombia, eso sin contar con los aportes significativos en seguridad alimentaria.

 

 

Para mejorar, aseveró el destacado empresario y ganadero, lo primero que debe considerarse es la tecnología y la sistematización de la actividad bien sea para carne o leche y lamentó que el ganadero en la mayoría de los casos maneja su hato como si fuera una tienda y el tema es optimizar procesos y formas de administración. La ganadería de los Murgas Dávila, familia reconocida por los enormes favores a despegue de la palma de aceite, cuida las hectáreas destinadas a la cría y engorde de bovinos, invierte en tecnología para optimizar las praderas, aumentar su productividad por kilo día en el retador frente ganadero.

 

Urge dar garantías de seguridad en el campo

Para Juan Carlos Murgas Dávila, hay un problema complejo en la ruralidad productiva y es la seguridad porque como se vienen dando las cosas, apuntó, el ganado es enemigo de esa condición de protección que amerita un trabajo armónico entre productores, alcaldes, gobernadores y la Casa de Nariño que ya tiene nuevo presidente, algo perentorio porque sin seguridad no hay ganadería, algo que es muy claro.

Expuso que no es viable apostar por un hato ganadero y una mejor dinámica en medio de amenazas, asesinatos, secuestros, abigeato, carneo y todo un entorno de miedo y zozobra sin que haya una respuesta estatal contundente que lleve tranquilidad a las zonas de crianza hoy amedrentadas y sitiadas por una delincuencia de todos los pelambres.

 

 

Pasando ese capítulo aberrante y confiando en que pronto la tranquilidad retorne a los hatos para que la carne se pueda llevar a los centros de consumo y los puertos para seguir creciendo en exportaciones, el ganadero Juan Carlos Murgas expresó que la finca familiar en línea con otras de alta productividad y prestigio hace agricultura para potenciar la alimentación bovina porque aparte de pasturas, la hacienda trabaja en acopio de forrajes y la mejor suplementación.

 

“Hay un caso interesante y es la industrialización del ganadero porque cuando se tienen unos vientres, hay un pie de cría, ese productor hace ceba y llega hasta cierto punto, la única salida para aumentar las ganancias está en la obtención de bienes agrícolas que finalmente lleva a que un criador invierta, aparte de dieta común en potrero, en distintos alimentos para vacunos como pueden ser torta de palmiste, melaza y pasto, sin dejar de lado que hay haciendas en donde son vitales el maíz, sorgo, trigo, soya, alfalfa y trébol entre otros”, declaró el amable industrial y ganadero.

 

La hacienda que comanda Murgas Dávila no está haciendo forrajes sin que los descarten por las amenazas climáticas, eso porque hay un estricto control de costos, algo en lo que la finca está focalizada.

Una realidad en ganadería que ya muestra Brasil es que las grandes extensiones de tierra utilizadas para la cría y engorde de bovinos están desapareciendo ya que se impone el manejo de ganado confinado, una técnica que ya maneja la hacienda de Carlos Murgas Dávila que ha visto muy buenos resultados con forraje verde en vista que hacerlo con concentrado en diversas instalaciones dispara los costos por los altos precios de mercado.

 

Cambio climático exige nuevas exploraciones genéticas

 

 

Expertos en ganadería colombiana como Alfonso Dávila Abondano insisten en que la cría de bovinos en confinamiento debe hacerse con forrajes y un suplemento de proteínas con concentrado, empero dejaron claro que la gran fuente de nutrientes para este tipo de ganadería es el forraje.

Colombia ha logrado grandes avances en ganadería con mejoramiento genético y a juicio de Dávila Abondano, la genética ocupa gran parte del desarrollo en cualquier actividad agropecuaria habida cuenta que es concluyente tanto en levante de bovinos como en agricultura en vista que si no se hacen las necesarias optimizaciones de genes y los cruzamientos requeridos por el clima y la dificultad que implican los pisos térmicos en el país, los productores se quedarán retrasados, algo que no puede permitirse un sector en tiempos de enorme competencia y abundancia de desarrollos.

Al retomar Juan Carlos Murgas Dávila, apuntó que los ganaderos tienen un enorme reto y es tecnología, sistemas para canalizar data y por esa ruta entender el negocio porque hay criadores que no entienden la dinámica, dicen que el manejo de rebaños no da plata, pero la teoría se cae cuando se confrontan las cifras que llegan de una buena organización, manejo de datos y claro está, buenas prácticas, entendiendo que hay inseguridad y agudos apuros de orden público que lamentablemente le pone límites a la ganadería.

 

“Desafíos hay varios, pero lo real es que deben manejarse muy bien las proporciones en ganadería porque si le doy concentrado a mis bovinos, tengo que saber cómo hago para generar ese mayor valor entre genética y gramos día para que el beneficiadero lo reconozca, entonces ese factor económico que queremos que la industria nos entienda y ofrezca más dinero por una carne en canal que realmente rinde, es sin duda un reto de los empresarios ganaderos que no tienen industrialización en su sector”, indició Murgas Dávila.

 

 

La clave del negocio es elemental, dijo el conocedor, se trata de alternar pastura con genética porque nada se gana con nutrir muy bien un toro o una vaca si en genética no hubo acción lo que dice que habrá muy poco crecimiento en el animal, ahora bien, manifestó, la genética debe ir acompañada de muy buena alimentación para evitar que el ganado se quede en huesos.

Colombia tiene muy buenos bovinos en los tres tipos de trópico, para el clima cálido están los desarrollos cebuinos en carne como el Brahman rojo, blanco y gris, igualmente el Nelore, Guzerá e Indubrasil, excelente para cruzamientos, entre otros. Ahora, no pueden obviarse las mezclas entre estirpes con ganados europeos como Brangus y Braford, en leche hay combinaciones importantes que tienen muy arriba el ganado Girolando, el Simbrah, el F1 Pardo Suizo por Cebú o el sorprendente Guzolando.

Aprovechando el potencial que tiene Colombia con razas criollas como Blanco orejinegro, BON, Romosinuano o Sanmartinero por citar algunas, también se hacen cruzamientos con linajes cebuinos con lo cual se obtienen bovinos de gran eficiencia, elevada adaptabilidad climática, rusticidad, precocidad y mejores condiciones en su levante.

Sobre este asunto el empresario Alfonso Dávila Abondano dijo que más allá de los avances alcanzados, el país debe seguir avanzando en un mejoramiento genético que vaya más acorde con el cambio climático en las diferentes regiones del país porque si el ganadero no se amolda a esa realidad atmosférica estará en problemas puesto que la ganadería extensiva de hace décadas es muy distinta a la de hoy en día lo que obliga a tener otra visión del negocio y haciendas avanzadas en donde se priorice el tema financiero y la data porque la información que no se recoge no se puede administrar, práctica en labores agrícolas que se transforma en mayor eficiencia y rentabilidad, eso soportado sobre pilares de resistencia y adaptabilidad.

 

 

El clima es cada vez más retador y por eso, precisó Dávila Abondano, los ganaderos, con el fenómeno de El Niño, tendrán que estar muy pendientes de todos sus jagüeyes y fuentes de agua que deben estar limpias, medios que deben adecuarse con las otras fuentes hídricas a la mano para superar la crisis de fin de año.

El tema igual mereció el comentario de Juan Carlos Murgas Dávila quien anotó que a diferencia de la palma hay una ventaja y es que el hacendado puede liberar inventarios para descargar los predios, un tema complejo que debe hacerse y se hace en las fincas de la familia, un ejercicio que le da descanso a las propiedades rurales, que con el trabajo hecho para disminuir el área de los potreros dejan ver mayor eficacia porque pasaron de 50 y 25 a siete o 10 hectáreas. El punto no es nada ínfimo, subrayó, puesto que hay terrenos o pastizales de dos y cinco hectáreas que se rotan todos los días, una manera de hacer ganadería moderna.

La ganadería da para muchas entregas, y a juicio de Alfonso Dávila Abondano, en cría de bovinos es muy usual ver ganadería regenerativa, la misma que cuida los suelos y las fuentes hídricas de las fincas y regiones, ello porque como a la antigua usanza hay necesidad por respetar el medio ambiente y sus ecosistemas lo que incluye preservación de fauna, flora y nacimientos de agua, elemento que debe defenderse al máximo porque sin él habrá un eterno verano que dejará a Colombia sin carne para comer, sin genética que sostener, sin alimentos y en medio de la sed, algo delicado porque sin pastos óptimos los hatos dependerán indiscutiblemente de los costoso concentrados.

En ganadería, puntualizó Dávila Abondano, Colombia va camino a adoptar un modelo similar o cercano al del Cono Sur en donde países como Argentina y Uruguay por citar dos ejemplos, hacen ganadería estabulada, es decir en espacios cerrados y cubiertos, algo más incentivada por las pasturas y el cuidado del recurso suelo.

 

 

Contrario a lo que se propuso, dijo Dávila, Colombia debe seguir explorando y atacando, apalancada en competitividad, los mercados internacionales de la carne porque si crecen los despachos de proteína al exterior crece la economía y llega más riqueza al país.

 

“Colombia necesita dinámica ganadera, no podemos castrar un sector económico eficiente y juicioso, que verdaderamente aporta en tejido social y generación de empleo. Retroceder implica tener ganaderías paupérrimas y poco atractivas, pero no hay que pensar en eso porque tenemos genética, conocimiento y las cantidades que conforman un hato suficiente para ratificar que somos un país ganadero exportador, eso no puede tener pausa o freno alguno, necesitamos repuntar y ser cada vez mejores en lo que hacemos desde nuestros incansables hatos”, señaló Dávila Abondano.

 

El mercado muestra que día a día es mayor la demanda de proteína porque países como China y otros de considerable tamaño se quedaron cortos con el suministro de carne, una razón de peso para duplicar el rebaño nacional, pero esos mayores pedidos del alimento exigen máxima eficiencia, total calidad, inocuidad y puntualidad, eso sin descuidar el mercado interno.

 

 

Los ganaderos estaban viendo una caída en los precios del ganado, pero hoy, si bien mejora el panorama, hay preocupaciones por la descolgada del dólar y el entorno geopolítico que tiende a avinagrarse.

El empresario y ganadero Alfonso Dávila Abondano consideró que Colombia necesita una ganadería más sexy, más rentable y no una actividad de pura supervivencia. Concluyó que es necesario honrar el término y ganar dinero de verdad, que esa loable labor sea un verdadero, confiable y rentable agronegocio.

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