Domingo, 19 Octubre 2025 00:30

Papúa Nueva Guinea, paraíso en donde prosperan palma y ambiente: Pupita

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Papúa Nueva Guinea, paraíso en donde prosperan palma y ambiente: Pupita FotoTomada-de-Flag-Match

A la fecha, Papúa Nueva Guinea siembra en 250.000 hectáreas, pero el gobierno ya dio la directriz al gremio palmero para cultivar hasta en un millón de hectáreas, extremadamente fértiles.

En medio de la charla palmera, de las economías y las opciones que crecen en seguridad alimentaria es imposible no citar a Papúa Nueva Guinea, un país amigo y aliado en temas económicos, culturales y agrícolas ya que con esa grata nación Colombia comparte actividades como la de palma, bananos, plátano y café. También goza de la plenitud del mar Pacífico y de la siempre sonrisa cordial de sus gentes amables, respetables y trabajadoras.

El Estado Independiente de Papúa Nueva Guinea es por fortuna un país soberano ubicado en Oceanía, del que se dice ocupa la mitad oriental de la isla de Nueva Guinea, así como un gran número de islas circundantes en torno a esta. El otro 50 por ciento de la gran isla es propiedad de Indonesia. El territorio espectacularmente insular hace parte de una región legendaria y paradisiaca bautizada Nueva Guinea Occidental.

La capital de Papúa Nueva Guinea es Puerto Moresby, su centro urbano más poblado, y el país limita al norte con Australia, al occidente con Islas Salomón y al suroriente del imponente océano Pacífico, región determinada desde los albores del siglo XIX como Melanesia.

Papúa Nueva Guinea es un país con una soberanía relativamente joven ya que estuvo bajo el mando de tres potencias exógenas como Alemania, Reino Unido y Australia, un dominio que empezó en 1884 y terminó con su independencia reconocida en 1975, pues hay antecedentes de la ruptura de cadenas en 1973, 60 años posteriores a la gobernanza australiana que arrancó con los comienzos de la Primera Guerra Mundial.

Papúa Nueva Guinea, también llamada “Unidad en la diversidad” registró la llegada de los primeros asentamientos humanos hace 42.000 o 45.000 años, generalmente emigrantes africanos, igual pueblos elamo-drávidas e indígenas australianos. Allí hubo una mezcla de familias o clanes no solo con africanos, sino que hay reportes genéticos y antropológicos de cruces con indoeuropeos, australianos, semitas, asiáticos y amerindios, todos de migraciones posteriores.

 

 

Hoy Papúa Nueva Guinea es una monarquía y por derecho autónomo hace parte de la Mancomunidad de Naciones, su mandato está soportado en una monarquía parlamentaria en donde hay aparte del rey, un gobernador general y su respectivo primer ministro. El país está formado por 22 provincias y su capital es la demasiado atractiva Puerto Moresby.

En línea con su lema, Papúa Nueva Guinea es referenciado como uno de los países con mayor diversidad cultural a nivel mundial, ya que se tiene reporte de 848 idiomas diferentes en promedio de los que siguen vigentes 836. Su población se calcula en 8´935.000 habitantes siendo la población rural la que predomina, puesto que solo el 13,25 por ciento conforma los cascos urbanos.

Los conocedores aseguran que Papúa Nueva Guinea es uno de los países en donde menor exploración se ha hecho tanto geográfica como culturalmente. Precisan que la ciencia está en mora de auscultar un territorio exótico en donde un considerable número de especies de fauna y flora están por descubrir, no en vano un país megadiverso.

Este país tiene fuentes importantes de riqueza y por ello con minería alcanzó un trascendental desarrollo en la década que inició en 2010, otra fuente de ingreso es la agricultura con siembras vitales como el café, la palma de aceite, azúcar, té, caucho, cacao y otros productos como coco, plátanos, batata y yuca.

 

 

En ese lugar del mundo la agricultura empezó a darse de manera independiente cuando corría el año 7000 antes de la era cristiana, lo que dice que Nueva Guinea fue de las escazas regiones en donde fueron domesticadas plantas de manera autónoma, por iniciativa de sus pobladores. Con la migración del año 500 a.C, famosa por la llegada de pueblos con habla austronesia a las mágicas costas, fueron adoptadas nuevas actividades como la cerámica, la cría de cerdos y las primeras estrategias pesqueras, en la actualidad Papúa Nueva Guinea es muy fuerte en la captura de atún y otras especies marinas demandadas por la industria gourmet.

No sobra decir que en el siglo XVIII los comerciantes aparecieron con la batata, natural de Suramérica, alimento que tuvo muy buen recibo hasta afianzarse como alimento esencial y uno de los líderes de la canasta básica, a tal punto que el tubérculo reemplazó al taro y generó un importante uso de las tierras ubicadas en las partes más altas.

En Papúa Nueva Guinea hay un nuevo jugador que está siendo trascendental en la agricultura, es la palma de aceite, cultivo que está generando desarrollo, empleo, riqueza, innovación y grandes oportunidades.

En cumplimiento de la 21 Conferencia Mundial de Palma de Aceite llevada a cabo en Cartagena, el secretario general de la Corporación Industria de la Palma de Aceite en Papúa Nueva Guinea, Kepson Komea Pupita Papua, le dijo a Diariolaeconomia.com que su país ha venido aumentando su producción aceitera que visiblemente cada vez es mayor, todo fruto de trabajar con 200.000 toneladas de semilla con las cuales se obtienen entre 15 y hasta 40 toneladas de aceite por hectárea sembrada. Actualmente, informó el dirigente gremial, Papúa Nueva Guinea exporta a Europa más de 700.000 toneladas anuales de aceite principalmente dirigidas a Ámsterdam, un mercado que cada vez crece más a tiempo que Papúa Nueva Guinea es un productor no muy conocido en Colombia, pero que a nivel global sigue ganando mucho más peso y reconocimiento.

 

 

A la fecha, Papúa Nueva Guinea siembra en 250.000 hectáreas, pero expuso que el gobierno ya dio la directriz al gremio palmero para cultivar hasta en un millón de hectáreas, una extensión importante y una buena noticia más si se tiene en cuenta que los suelos de Papúa Nueva Guinea son extremadamente fértiles y de excelente calidad, lo cual se traduce en generosos rendimientos, todo un potencial para aumentar la producción aceitera.

Con esta actividad se benefician muchas familias, pues de las 250.000 hectáreas sembradas el 40 por ciento corresponden a pequeños productores, pero sin duda, dijo, el favor de la palma de aceite llega a más de 200.000 familias que prosperan afortunadamente con el crecimiento de la plantación de palma de aceite, una industria que sigue floreciendo en Papúa Nueva Guinea. La meta social, precisó, es ambiciosa ya que se quiere subir el número de familias impactadas favorablemente con palma a un millón en los próximos años, una cifra consciente con lo trazado en hectáreas previstas sembrar a futuro.

En Papúa Nueva Guinea existe un mecanismo de obtención similar al de Colombia en donde la agroindustria de la palma la hacen unas personas con musculatura financiera que se hacen a estructuras importantes para transformar fruto de palma en aceite, sirviendo de instrumento a los pequeños productores que pueden aprovechar esos montajes para procesar su aceite y comercializarlo, dinámica que redunda en mejoramiento de la calidad de vida.

 

“Allí a este sistema le llamamos plantación núcleo, en este caso la compañía grande tiene en el centro sus instalaciones y el engranaje para producir de manera interesante, lugar en donde procesa el 60 por ciento de la plantación y destina el 40 por ciento restante a pequeños agricultores para que contribuyan con su trabajo a la provisión de aceite”, explicó el señor Pupita.

 

 

Aseveró que este mecanismo ha resultado importante para reducir los elevados índices de pobreza en Papúa Nueva Guinea porque el empleo crece en favor de la población rural en donde suelen agudizarse todos los problemas que se van disminuyendo con las oportunidades que ofrece la actividad palmera, una vía para ofrecer trabajo, remunerar a la gente y mejorar los indicadores sociales.

La palma de aceite se consolida como un cultivo significativo en el tejido social, la construcción de sociedad y en la generación de riqueza en favor de todo un país. Agregó que en Papúa Nueva Guinea el aceite de palma a diferencia de otras siembras como la vainilla, el café y el cacao entre otros, genera una serie de posibilidades mucho más fuertes que le permiten a la población beneficiarse de manera trascendental con el negocio palmero, especialmente porque es sostenible a través del tiempo.

Pupita insistió en que la industria de aceite de palma de Papúa Nueva Guinea sigue muy comprometida para que el negocio siga creciendo, puesto que es muy importante que la publicidad para impulsar la palma se haga de manera mucho más masiva, no solamente para que la imagen del sector resulte favorable, sino que pueda ayudar a fortalecer la actividad al interior del país y catapulte a las personas que están involucradas en el prometedor cultivo.

 

“Es sumamente importante dejar claro que en Papúa Nueva Guinea la regulación de la Unión Europea sobre deforestación se está cumpliendo, actualmente en un 50 por ciento de progreso y así mismo esto fortalecería el mercado más importante para este país de Oceanía como lo es Europa”, apuntó Kepson Pupita.

 

 

Recalcó que es importante mejorar y cumplir con los reglamentos para hacer más fuerte la voz de Papúa Nueva Guinea a nivel mundial, razón por la cual se tomó recientemente la decisión de ingresar al Consejo de Países Productores de Aceite de Palma con la finalidad de fortalecer la posición papú neoguineana a nivel global en la industria.

Añadió que es también muy importante para Papúa Nueva Guinea que mediante el Consejo se pueda dar a conocer al mundo que el aceite de palma no está en el planeta para destruir, su presencia no busca agudizar los problemas relacionados con el cambio climático y menos para destruir el medio ambiente, caso opuesto el aceite de palma está muy dinámico y prospectivo para contribuir a reducir los impactos ambientales o atmosféricos. Se trata, argumentó Pupita, de plantaciones que ayudan a capturar dióxido de carbono existente en el aire, las palmeras, acentuó, son árboles que contribuyen a mejorar las condiciones ambientales como las recientemente citadas, pero de manera directa con la seguridad alimentaria.

Señaló que debe tenerse en cuenta que Papúa Nueva Guinea es un país muy forestado, es decir que tiene mucha cobertura de bosque tropical húmedo y reiteró que esa riqueza debe conservarse, por lo tanto la mayoría de las plantaciones que se han querido llevar a cabo en el país ha sido en suelos fértiles sabaneros, no tanto del boscaje que se conserva de la mejor manera. Hasta el momento, manifestó el directivo, son 48 millones de hectáreas que actualmente existen dentro de la disponibilidad de tierras en Papúa Nueva Guinea de las cuales seis millones hacen parte de esas sabanas o terrenos planos que no son de bosque, unas tierras en las que se trabaja para no tocar ni afectar fauna y flora, todo en favor del bosque de Papúa Nueva Guinea.

Este país con espectacular perspectiva en palma aceitera hace parte del Consejo de Países Productores de Aceite de Palma, CPOPC, la organización interestatal fundada el 21 de noviembre de 2015 por iniciativa de Indonesia y Malasia que busca promover en equipo el uso de aceite extraído de la palma en todo el mundo, pero igual acordar los patrones de sostenibilidad en este sector productivo. A propósito de CPOPC, Pupita apuntó que la intención es clara y necesaria por cuanto se pretende a través de un trabajo conjunto y disciplinado impulsar el aceite de palma, pero poniendo sobre la mesa las inquietudes ambientales relacionadas en este cultivo ya que se trata se repuntar haciendo las cosas bien, hablando entre países productores, puesto que hay asuntos de interés común que abarcan buenas prácticas agrícolas, competitividad, productividad, respeto por el medio ambiente, condiciones laborales apropiadas, tejido social y nuevas opciones frente al cambio climático.

 

 

Ir a Papúa Nueva Guinea demanda tiempo y paciencia, pero finalmente quien se decide por el destino llega al edén, a un paraíso natural sin igual que ofrece paz, descanso y una experiencia maravillosa de mar y playa, pero también de zonas verdes, unas selváticas y otras de bosques tropicales hechos por el entorno para la maravilla y la relajación.

Desde Colombia a Papúa Nueva Guinea se parte hacia Ámsterdam, también con la opción de Colombia Estambul, en Turquía, lugares de donde se viaja a Singapur y de allí a Papúa Nueva Guinea y su capital, un viaje de algo más de dos días, seguramente un recorrido ideal para un desamor.

En este su primer viaje al secretario general de la Corporación Industria de la Palma de Aceite en Papúa Nueva Guinea Kepson Pupita, le encantó Colombia, país que le dejó una grata impresión porque vio cosas espectaculares, también como en su nación personas de piel negra, un país multiétnico y multicultural por lo que estaría orgulloso de volver pronto, seguramente antes de que termine el año para seguir disfrutando de Colombia.

 

“Colombia es un país de gente bonita, demasiado amables con el extranjero, una nación semejante a Papúa Nueva Guinea, café, palma, cacao y panela, sin duda somos parecidos en clima, ambiente y muchos otros aspectos”, concluyó Kepson Pupita.

 

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