Si bien tuvimos tiempo para hablar de un tremendo producto, el café de Guacamayas en Boyacá, igual resultó reconfortante tener un momento muy amable con las autoridades del municipio para hablar de la calidad turística que el municipio ofrece, pero también de su clima, su gente y todo ese entorno paisajístico y espectacular que termina de encantar viendo las calles, la plaza principal y su esplendorosa iglesia.
Este bello pueblo del norte de Boyacá hace parte de la Provincia de Gutiérrez y se ubica estratégicamente en la microcuenca del río Nevado, en un rinconcito cálido y afable de la cordillera oriental, sirviendo de puerta al nevado de El Cocuy.
El origen o evolución del nombre de Guacamayas tiene dos lecturas ya que no ha sido preciso establecer la fuente, en primer lugar se dice que puede venir de la familia lingüística Arawak y puntualmente un término extraído de la lengua Taino ya que en las Antillas y en buena parte de Hispanoamérica el vocablo hace alusión al colorido papagayo, sin embargo, no se descarta que su bautizo tenga raíces indígenas puesto que Guaca quiere decir tumba y maya significa río o corriente de agua lo que traduciría “río de las tumbas”.
En tiempos prehispánicos el hoy Guacamayas tuvo como habitantes a los indígenas Laches, dueños de un territorio amplio y próspero, según los historiadores dominaron las comarcas que bordeaban El Cocuy, un lugar ubicado entre dos ríos importantes, el Nevado y el Chitano, fueron estos nativos celosos protectores de las tierras que hoy integran la privilegiada provincia al norte del departamento de Boyacá.
Guacamayas es un plan inaplazable en tiempo de vacaciones, el municipio es cálido y cafetero, pero cuenta son zonas de alta montaña en donde se cultiva papa. Cuentan los lugareños que por allá en 1508 los Laches divisaron y arribaron a un caserío llamado El Plumajal, sector del pueblo que actualmente se conoce como vereda La Palma. Estos nativos fueron guerreros muy combativos y beligerantes, eso sí, a la hora de lucir bien, acudían a la naturaleza para poner sobre sí los mejores y más lujosos ropajes y adornos, todos compuestos por plumas coloridas de guacamayos.
La base de su alimentación fue el maíz, pero la dieta estuvo bien reforzada ya que en los platos de aquellos lejanos tiempos también se servía yuca, para acompañar carne de venado, guagua, la misma guartinaja y otros mamíferos, asimismo consumieron morrocoyes y algunas aves como guacamayas. En la caza todo se aprovechaba, carne, huesos, pieles, cuernos, plumas y caparazones. Las frutas estuvieron a disposición de las comunidades y por eso eran muy consumidas la guayaba, el aguacate y la chirimoya por citar algunas.
Para los Laches la sal era un insumo de gran importancia y por eso el suministro venía del yacimiento de Chita, vecina población y parte de la jurisdicción de la familia Lache.
Estos indígenas tuvieron gran talento y por eso desde siglos atrás fueron tenaces en la manufactura de cerámica y la tejedura, conocieron y trabajaron el algodón, igual el fique y supieron darle uso a los cueros que curtían de la mejor manera, un asunto que explica la habilidad con el manejo de fibras y los respectivos avances textiles expresados en mantas y otros bienes.
Guacamayas fue erigido el 14 de julio de 1764, todo por una expedición motivada por información brindada por aborígenes que obedecían al zaque de Tunja, le comentaron a Hernán Pérez de Quesada que existía un santuario al norte llamado “Casa del Sol” en donde abundaban las riquezas de oro. Con el mapa en su desesperada y codiciosa memoria el explorador y conquistador granadino, hermano de Gonzalo Jiménez de quesada, arrancó tras la dorada fortuna con un séquito de soldados, campaña que lo llevó a recorrer Chita, El Cocuy, Panqueba y Guacamayas.
Según los registros, el primer alcalde de la aldea inicial fue Francisco de Cuadros en 1764 luego de que el virrey Pedro Mesía de la Cerda firmara el decreto de nombramiento en Santa Fe de Bogotá. Como dato histórico adicional está la unión que Guacamayas hizo a la revolución comunera que estalló en los municipios santandereanos de El Socorro y San Gil en 1781, bajo ese momento de sublevación a la corona un grupo de guacamayeros se desplazó a Zipaquirá en donde adhirieron a Juan Francisco de Berbeo que organizó la marcha.
Esta población oscila entre los 1.983 y 2.132 habitantes y se encuentra estacionada a 2.296 metros sobre el nivel del mar, tiene como característica económica la agricultura de minifundio allí se cultiva además de papa y maíz, frijol como también trigo en las partes altas, de igual forma haba, arveja y hortalizas, pero las tierras son tan variadas y con riqueza en pisos térmicos que permite sembrar tabaco, hortalizas como parte de los cultivos transitorios.
En cultivos permanentes, Guacamayas obtiene café de grandes cualidades, caña de azúcar, chirimoya, guayaba y mora. La ganadería es diversa ya que hay cría de bovinos, ovinos, caprinos y porcinos. La pasión por los caballos es tremendamente amplia por lo que en el municipio hay fincas especializadas en equinos de paso, trocha y galope, pero en general animales que a la retina son todo un espectáculo.
La villa canaliza recursos por la minería pues Guacamayas extrae carbón, arena, gravilla y piedra, también hay arcilla utilizada en la fabricación de ladrillos. Como se citó al comienzo de este artículo, la artesanía ofrece otra oportunidad económica habida cuenta que es tradicional, ancestral y todo un legado Lache.
Una buena terapia en Guacamayas consiste en caminar por las tranquilas calles del pueblo, disfrutar de la plaza central y de su hermosa iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá. Hay que decir que la primera capilla se construyó con bahareque y paja en 1778 y fue llamada San Diego de Alcalá momentos en los que la jurisdicción fue agregada a El Cocuy. Tiempo después se hizo una rectoría de mayor tamaño hecha con mampostería, unas paredes logradas por la mezcla de arena, cal y piedras.
Un día de 1938 en tanto los habitantes hacían el mercado un terremoto afecto gravemente la estructura inicial, con la recuperación y restauración se hizo una edificación totalmente nueva de tres calles, dos torres adyacentes, la nueva planta fue dividida en tres naves. Hay que destacar que la iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá obtuvo el lienzo principal con la imagen de la patrona en 1950, de todos modos, durante el siglo XX, por situaciones de la naturaleza, el templo fue sometido a reformas o arreglos lo que incluye su estructura comunitaria e histórica.
Casualmente y por iniciativa del cura párroco Hervin Jacobo Rojas Tarazona, el hermoso templo fue sometido a una renovación, obra que le dio una nueva cara a la casa de Dios en Guacamayas.
Una tarde espectacular, matizada por un sol a plenitud y un firmamento despejado, fue la mejor excusa para caminar, ver artesanías de colores y comer helado en un entorno de total especialidad. Resultó este pueblo colorido y sorprendente una buena opción para darle aire al alma y oxígeno al pensamiento, desde un bonito retiro entre las montañas del norte de Boyacá.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, la alcaldesa de Guacamayas, Gloria Edy Gómez López afirmó que el municipio ofrece diversidad de climas razón por la cual hay tantas posibilidades de agricultura con un potencial enorme en la parte pecuaria, factor que tranquiliza frente al compromiso de seguridad alimentaria por cuanto no solo hay volumen sino calidad y trazabilidad en los productos que cosecha y obtiene la región.
Guacamayas, dijo la alcaldesa, es un municipio bendecido porque cuenta con casi todos los pisos térmicos una condición que permite sembrar desde papa hasta el mejor café, grano que se logra con las mejores características y que se expresa perfectamente en taza en donde el aroma y el sabor conquistan a los gustos más exigentes.
Agregó que aparte de frutales se siembra plátano, cítricos y prácticamente lo que un agricultor quiera porque el clima ayuda y los suelos son generosos a la hora de recolectar. Otro potencial es el pecuario en donde la raza de ganado normando tiene grandes expositores en las veredas Uragón y Alisal también famosa por la Laguna Negra, sin embargo, en estos dos lugares, especificó la funcionaria, hay muy buenos ejemplares normandos, un cúmulo de raza y un potencial genético.
“Aquí desde la administración municipal trabajamos en el fortalecimiento del campo y a nivel pecuario tenemos un proyecto catalogado bandera que es la inseminación artificial, básicamente en normando que es nuestra especialidad”, declaró la respetadísima alcaldesa.
La primera mandataria municipal indició que si bien hay apuestas del sector privado en la ruralidad, hay programas que la Alcaldía apalanca y que podrían ser más robustos si el municipio contara con mayores ingresos, pero inclusive en recaudo por impuestos la suma que se canaliza no es muy grande porque el municipio apenas cuenta con 1.983 habitantes, un número muy bajo para financiar las necesidades en infraestructura, educación, salud y las llamadas atenciones básicas lo que incluye temas sociales y eventualidades.
Un problema para Guacamayas y otros municipios con baja densidad poblacional es que el Sistema General de Participaciones, SGP, o los recursos que el gobierno central les gira a los municipios es demasiado bajo, para el caso de este municipio es complejo habida cuenta que la plata que llega debe cubrir educación, salud, agua potable y adiciona dos conceptos, propósito general y asignaciones especiales, un ejecución compleja si se tiene en cuenta que a Guacamayas le giran entre 3.500 y 4.500 millones de pesos aproximadamente por ser una jurisdicción de sexta categoría.
Para la vigencia de 2026 el gobierno nacional destino vía SGP para los departamentos, distritos y municipios 88.4 billones de pesos con los cuales ser financiarán los servicios básicos de la población. Estos giros aumentaron en 44 por ciento frente a lo aprobado en 2022.
El tema está sobre la mesa, apuntó la alcaldesa, los municipios con menor presupuesto ven comprometido su desarrollo y por eso sería trascendental que el ejecutivo recalculara las necesidades más cuando hay municipalidades que tienen muy bajo recaudo tributario porque el número de habitantes es bajo y mucho menor el número de contribuyentes.
Se hace aún más complejo el asunto, subrayó la mandataria, porque Guacamayas prácticamente no recibe recursos del Sistema General de Regalías, SGR, pues en una de las cifras de este mecanismo el desembolso, y no es broma, llega apenas a 365.474 pesos para el bienio 2025-2026, otra cifra increíble, aunque hay otros reportes más inverosímiles en municipios también de Boyacá.
A juicio de la alcaldesa, hay expectativa y demasiada ilusión porque las cosas mejoren con el nuevo gobierno en vista que hay ganas de crecer, de apoyar y generar sinergias propositivas en favor de las regiones, pero para eso se necesita dinero y unas aprobaciones mucho más justas desde el gobierno central.
En temas de inversión y recursos, la alcaldesa recordó que su jurisdicción tiene acceso a otros fondos e instrumentos de inversión en vista que más allá que las asignaciones directas del SGR son muy reducidas para Guacamayas, el municipio se beneficia de proyectos de inversión regional o departamental aprobados por la Gobernación de Boyacá y con la bendición también del gobierno nacional, una alternativa que permitió inyectar más de 5.250 millones de pesos en infraestructura educativa, algo importante, pero como suele pasar, hay sectores que no reciben el apalancamiento debido porque los recursos no son suficientes.
Guacamayas, turismo, artesanías y proyección
La alcaldesa de Guacamayas Gloria Edy Gómez López dijo que el municipio tiene todas las características para atraer turismo porque aparte de su clima templado y apto para las siembras de café de especialidad, hay gastronomía, paisaje y gente amable dispuesta a orientar, guiar o a atender al visitante.
Resaltó que Guacamayas, el municipio de los mil colores, es la grata puerta verde que lleva a la Sierra Nevada de Chita, El Cocuy y Güicán, un sitio tranquilo, con paisajes esplendorosos y en donde mucha gente decide quedarse antes y después de la aventura de subir a la imponente sierra. Guacamayas cuenta además con fincas y lugares de experiencia como pasa con el café, existe la posibilidad del senderismo, caminatas saludables y aprovechamiento de miradores.
Otra espectacular diversión, expresó la funcionaria, corre por cuenta de los murales que se encuentran dispersos por todo el casco urbano, una oferta cultural cargada de color y belleza que habla muy bien del talento y condiciones artísticas de los guacamayeros. Un sitio igualmente interesante, apuntó, es el parque del reciclaje que se encuentra en la parte periférica del municipio. En ese punto sinigual, explicó la alcaldesa, hay oferta de piezas o artículos elaborados a partir de material reciclable, verbigracia, esculturas, sillas, materas y muchas creaciones más, una muestra de que lo que se cree inservible, apenas comienza un ciclo, el del arte y la funcionalidad.
Uno de los activos más grandes y que genera orgullo es la artesanía milenaria porque como se especificó, es un legado de las comunidades Laches que hoy siguen vigentes, una de las manualidades es la cestería con técnica de fique enrollado sobre una estructura de paja blanca, artesanía muy llamativa, pletórica de colores y con múltiples diseños para decoración y optimización de interiores o espacios de oficina. Estas habilidades y sus productos exclusivos le dieron identidad a Guacamayas y tienen un proceso manual excelso que va desde el proceso de tratar el fique hasta el tejido y la puesta a punto de colores, toda una tesis sustentada a diario sobre el arte y los saberes ancestrales que fueron yendo de generación en generación.
Los años y los siglos han pasado y todo eso llevó a que la adquisición de materias primas no sea un tema fácil porque anteriormente la palma y el fique estaban en las montañas, en los caminos y hasta en el pueblo, pero muchas prácticas agrícolas fueron desapareciendo y ahora el fique y parte de la palma de adquiere en los pueblos vecinos en donde aún se conserva la obtención de fibras que igualmente demandan proceso como corte, sacado o extracción de fibras, lavado y secado hasta que ya en condiciones óptimas la tejedoras se dan a su majestuosa labor. Una artesanía de Guacamayas hace palpitar el corazón con más celeridad, enamoran sus colores y las maneras para lograr un producto, si bien la paja utilizada en estas manualidades es de tonalidades claras, los artesanos tiñen el material con unas anilinas industriales que se fusionan con extractos naturales provenientes de sábila, limón, naranja y otras frutas que le dan vida y matizan el color en las artesanías que viene más fuerte, pero adecuado, es por eso que se ven canastos con variedad en su coloración puesto que son atractivos al tener tintes naranja, verdes, azules, rojos y morados.
Una vez terminadas las artesanías, algunas útiles para labores hogareñas, otras destinadas a la decoración, dijo la alcaldesa, van a los almacenes o sitios de venta en donde se ofrecen artículos tradicionales como canastos, cestos, cofres, bandejas, floreros, cuencos, platos y muchas otras creaciones en distintas formas y tamaños, eso sí, llenas de color y estilo.
Algo para destacar de los artesanos guacamayeros es que viven en plena innovación, siempre buscan nuevos diseños y artículos con alguna destinación específica, por eso las creaciones con flores tejidas y abigarradas, con el mínimo detalle en cada pétalo. Esta permanente actualización e invención ha hecho que mejoren los ingresos y que la manualidad tenga mayores pedidos dentro y fuera del país, pura motivación para que tradición siga viva y con mayores perspectivas.
Un dato interesante que suministró la alcaldesa es que la artesanía de Guacamayas tiene denominación de origen desde 2009 y apuntó que es considerada patrimonio cultural de Colombia.
Artesanos, una vida, una historia
Los historiadores y quienes le vienen haciendo seguimiento a las artesanías de Guacamayas aseguran que el trabajo manual se hacía tal y cómo pasó con los ancestros, desde niños porque en ese momento era más fácil aprender el secreto del tejido y de las formas, en principio todas las creaciones fueron utilitarias, se diseñaban y tejían en paja y fique porque eran necesarias en la vivienda. Con el método de tejido enrollado en espiral igualmente se hicieron sombreros y pesas para determinar la cantidad exacta en los lugares de comercialización de granos. La técnica llevó a fabricar las nombradas “cajas cuarteronas”, indispensables para medir volúmenes más significativos de grano por cuanto en esos tiempos no se conocía la medida de la arroba.
Este medio habló con Rocío Manrique directiva de ASOARTES firma de artesanos y prestigiosa casa de las manualidades en Guacamayas. La experta anotó que la cestería en rollo del municipio al tener denominación de origen solo se hace en este lugar del país con las características y los detalles que lleva, una identidad ancestral que le sigue dando prestigio a Guacamayas que muestra con orgullo su cestería multicolor.
Por todo lo que se hace en el pueblo y al seguir con la herencia artesanal expresada en canastos de colores, Guacamayas es reconocida a nivel nacional e internacional. Un aspecto afable es que este tipo de artesanía es altamente demandada por los turistas que viajan a vivir la aventura de la Serranía de El Cocuy, viajeros que al retornar paran en el distrito y compran todo tipo de manufactura artística, según Manrique, las compras son por igual porque los turistas nacionales invierten como el foráneo de manera importante en este tipo de manualidades, saben que tiene historia y que hace parte de una cultura de tejedores.
Nadie que viaje a Bogotá o cualquier otra ciudad, para en Guacamayas para adquirir unos tesoros de gran colorido los cuales decorarán la casa o serán el mejor regalo para amigos o personas especiales.
La artesanía de esta población tiene gran variedad y por eso más que canastos o cestería, se hacen papeleras, individuales, jarrones, centros de mesa, productos para la oficina también muy pedidos como portalápices, joyeros y diversidad de producto con la misma técnica.
“La verdad somos muy orgullosos de ser de Guacamayas, de tener esta herencia artesanal y más cuando estamos cuidando toda esta tradición para que no se pierda y caso opuesto seguir transmitiéndola de generación en generación”, expuso la artesana y empresaria Rocío Manrique.
La paja, afirmó la vocera, aún se consigue en zonas frías de Guacamayas, Panqueba y El Cocuy, el fique, explicó, al tener un proceso totalmente industrializado se compra en Santander, para el caso de los artesanos guacamayeros se abastecen en el colonial Curití, conocido pueblo santandereano en donde el proceso del fique es a gran escala por lo que llega tinturado, escarmenado, procesos que ya no se hacen en los talleres, pero que ahorran tiempo para agilizar el trabajo de tejer.
El único proceso de tinturado que se hace en la asociación es el que se adelanta con tinte natural porque los artesanos, puntualizó, están volviendo a la usanza de los antepasados que tinturaban con hojas, plantas y semillas. Un dato alentador es que la saga no para, esa herencia se honra y por eso se hace lo imposible para que los niños crezcan con amor por la artesanía y por esos valiosos legados, motivo por el cual siguen aprendiendo en la casa o en algunos talleres que se ofrecen para que los más chicos sigan con la tradición y no la dejen perder.
En Guacamayas se consiguen trabajos artesanales para todos los presupuestos, el espectacular jarrón de un metro de un millón de pesos, artesanía que exigió sin pausa un mes de trabajo, sin embargo, hay también productos a partir de 10.000 y 12.000 pesos, dependiendo el tamaño y los días de elaboración, por eso hay manualidades con la afamada técnica de 50.000, 100.000 y 320.000 pesos que es lo que cuesta el jarrón de 50 centímetros. Desde la perspectiva de Manrique son precios a costo porque puesto en Bogotá vale el doble, lo propio en el extranjero.
Guacamayas vale la pena
Con su charla amena y cordial, la alcaldesa de Guacamayas Gloria Edy Gómez López invitó a los colombianos de todas las ciudades y rincones, pero también a los turistas extranjeros para que se den una subida por la cordillera oriental y lleguen al cálido municipio, vecino del nevado de Chita, Güicán y El Cocuy. Recalcó que Guacamayas es amabilidad, color, belleza natural, tranquilidad y un destino que quisiera conocer mucha gente, además destacó las posibilidades para invertir y apostar por sectores agrícolas y de agroindustria, también apreciable y lleno de oportunidades, manifestó, es el turismo porque hay lugar para la construcción hotelera o el impulso de un turismo verde y saludable.
A propósito de tranquilidad, baja población y sostenibilidad ambiental, Guacamayas, comentó la alcaldesa, se hizo acreedora a la certificación internacional de Turismo Slow, totalmente derivado del movimiento Slow Food, la red Cittaslow que certifica localidades que acrediten menos de 50.000 habitantes, lugares que susciten modelos de desarrollo sostenible y totalmente respetuoso con la identidad de esos pueblos, su gastronomía, las tradiciones y por encima de todo, la calidad de vida tanto de los lugareños como de los visitantes.
“Afortunadamente aquí en Guacamayas tenemos paz y tranquilidad a pesar de muchas dificultades, pero somos una comunidad resiliente, acostumbrada a trabajar y como es perceptible el clima es fabuloso y los guacamayeros igual, los caracteriza ese don de gente”, acentuó la señora alcaldesa.
La invitación se extiende a visitar una región católica y marcadamente mariana pues como en Guacamayas hay fe, respeto, amor y alabanza a los santos patronos, la Virgen del Rosario de Chiquinquirá y el venerado copatrono San Diego de Alcalá, una ruta que bien merece ser visitada, por sus iglesias, costumbres y amables habitantes. Los senderos están a la orden del día, pero es muy recomendado el de peregrinación a la Santa Cruz, así como el sendero de las orquídeas y el parque principal que rinde tributo a los artesanos y artesanas.
Un dato nada mínimo es que, de las 12.312 especies de fauna observadas en Boyacá, el municipio e Guacamayas aporta 215, equivalentes a 1,7 por ciento. De estas, anotan las autoridades ambientales, 12 son endémicas.
Cabe recordar que en los ecosistemas de altozanos y esencialmente de alta montaña como los de la Provincia de Gutiérrez y desde luego en Guacamayas es posible ver osos de anteojos, pumas, tigrillos, venados de cola blanca y aves de rapiña, empero, con la ampliación de la frontera agrícola y todo el trabajo de los seres humanos en esos entornos rurales descendieron las poblaciones, dejándoles tan solo los corredores biológicos y áreas naturales esencialmente en las zonas de reserva de Güicán y El Cocuy en donde ejerce supervisión y autoridad Parques Nacionales.
Los ambientalistas aseguran que en Guacamayas fácilmente se pueden observar 200 especies de aves debido a su lugar en la cordillera y los tremendos, así como arrobadores paisajes de montaña.
El viaje desde Bogotá es de 11 horas en promedio y hay dos opciones para llegar a Guacamayas, una la ruta de Soata, Boavita, la Uvita y San Mateo y la otra opción es la que conduce desde Capitanejo y pasa por el Espino. No se equivocó la regidora cuando precisó que Guacamayas está en ese ranking afable de pueblos atractivos y enamoradores, hoy el cuarto más bonito de Boyacá.
Ese viaje sorprendente y maravilloso por el norte de Boyacá al que se llega en carro o haciendo uso de las rutas que brinda Coflonorte con su servicio Los Libertadores o Expreso Paz del Río, resultó enriquecedor y totalmente repetible, ver Guacamayas y sus montañas, el color de sus calles, murales repletos de vida y competencia cultural como también artesanías distintas muy de ensueño, ni qué decir del aroma y sabor de su café o de la amabilidad y carisma de sus gentes.
Repito, fui al paraíso, me dejó encantado el norte de Boyacá y la Provincia de Gutiérrez, ahora bien, conocer Guacamayas fue increíble, olvidarla estoy seguro, será imposible.
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