Sábado, 15 Mayo 2021 00:23

Colombia sigue desperdiciando los beneficios del TLC: ANALDEX

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Colombia sigue desperdiciando los beneficios del TLC: ANALDEX Foto tomada de Portal Portuario

El país se quedó en competitividad, no hay una infraestructura acorde, el tren es una palabra romántica, de vieja data y explicada por los abuelos. Para saborear esas mieles del libre comercio, falta mucho.

Después de nueve años de entrar en vigor el tratado de libre comercio, TLC, con Estados Unidos, posiblemente el gran paso de Colombia a la globalización por su ingreso a las grandes ligas, los empresarios manifiestan que ese trabajo no se nota, aseguran que se ha desaprovechado una gran oportunidad de intercambio que redunde en mejores empresas, mayor productividad y desde luego en la apertura de nuevas plazas laborales.

La experiencia colombiana en materia comercial deja un mal sabor, pareciera un déjá vu, siempre algo falta o algunas cosas no encajan. Así pasó con el Pacto Andino que nació al amparo del Acuerdo de Cartagena en 1969, en medio de las vicisitudes, tratado que no mejoró ni siquiera migrando a la Comunidad Andina, CAN, porque el problema siempre fue el mismo, la falta de consenso sobre el famoso y desgastado Arancel Externo Común. Una vez rubricados los vínculos comerciales vienen los lamentos, quejas y reclamos. Pareciera que no aprendiéramos sobre los beneficios de traspasar fronteras.

Regina VargoEn materia de TLC, los inicios de la gran aventura se dividen en dos partes, en primer lugar, tras el inconveniente con el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, el entonces Presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, socializó la propuesta a Estados Unidos de negociar un TLC, la invitación se hizo pública el 30 abril de 2003. Luego en agosto del mismo año, el representante comercial de los Estados Unidos Robert Zoellick, anunció que su Gobierno aprobaba el inicio de diálogos para lograr la firma de un acuerdo de libre comercio con Colombia, Perú y Ecuador. De inmediato vinieron los anuncios periodísticos, las reacciones por parte de analistas, los espaldarazos y las críticas.

Las rondas de negociación empezaron el 18 de mayo de 2004 en el la ciudad de Cartagena bajo el techo del Centro de Convenciones en el atávico, pero amañador sector de Getsemaní. Día inolvidable en el que fue posible ver los representantes comerciales de cuatro países, tres andinos y la comisión proveniente de Washington, con Regina Vargo, a la cabeza del duro y casi inamovible equipo negociador norteamericano. El encuentro fue muy protocolario y dio opción para que cada nación expusiera sus inquietudes.

Al término de trece agotadoras rondas, un 27 de febrero de 2006 Colombia y Estados Unidos terminaron la tarea de negociación del TLC y esperaban las instancias siguientes para la total aprobación del pacto comercial. Hay que decir que de los tres países del Área Andina que arrancaron con la intención de sellar un convenio, tan solo dos lo lograron, Ecuador decidió apartarse.

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le puso su firma a la Ley TLC el 21 de octubre de 2011 y posteriormente, el 10 de abril de 2012 el Congreso colombiano le dio el aval al acuerdo que entró en vigor el 15 de mayo de 2012, tras la rúbrica del Presidente Juan Manuel Santos.

Hace nueve años partieron los primeros cargamentos bajo la figura arancelaria del TLC, un avión que fletó en el Aeropuerto El Dorado de Bogotá 4.200 cajas de flores con destino a Miami y luego un barco que salió de Cartagena con bienes protegidos por las nuevas reglas comerciales binacionales. En ese tiempo el balance no es generoso y más bien ha dejado un sabor amargo porque Colombia, en opinión de los exportadores y expertos en comercio exterior, no ha sabido capitalizar un mercado enorme en donde reinan las oportunidades.

Otros han asegurado que las dificultades fueron reportadas en Estados Unidos, en donde las exigencias son todas y las cláusulas extremadamente rígidas, ejemplo de ello fue la admisibilidad del aguacate Hass, la cual tuvo que pasar por un periodo estimable para su ingreso. Firmar acuerdos, sostienen los empresarios, es relativamente fácil, lo difícil es hacerlos rentables, sobretodo en un país como Colombia en dónde las falencias son el común denominador, un palo en la rueda a un mejor desempeño.

 

Javier Díaz Molina

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, ANALDEX, Javier Díaz Molina, dijo que infortunadamente Colombia no ha aprovechado de manera adecuada el TLC, pues si bien era necesario firmarlo para no quedarse por fuera de un acuerdo con Estados Unidos que les permitiera un arancel de cero a las exportaciones, lo cierto es que las expectativas no se han colmado en estos nueve años.

La negociación, afirmó, era perentoria porque el país iba a quedar al garete del gran comercio mientras que los socios en la región hacían la tarea de matricularse en la globalización, tal y como pasó con México, Chile y Centroamérica, que lograron un TLC, lo cual implicaba una tarifa de cero a sus productos, era imposible pretender quedarse por fuera, pagando impuestos de ingreso porque las preferencias arancelarias que hubo, eran unilaterales, es decir que en cualquier momento las podía quitar Estados Unidos.

 

“El TLC con Estados Unidos no lo hemos aprovechado porque cuando entró en vigencia en el 2012 estábamos en plena Enfermedad Holandesa, la revaluación del peso originada por la bonanza petrolera o de los precios del crudo, llevó a que centráramos nuestras exportaciones básicamente en productos minero-energéticos, descuidando todo el resto. La verdad no era rentable cargar bienes diferentes a los del sonado boom, ya que la rentabilidad estaba en hidrocarburos y otros minerales así como en los no transables internacionalmente, pues en el país logró desarrollarse todo el sector financiero, pero igualmente, las comunicaciones, telefonía y otros que no se tranzaban de forma global y que finalmente alcanzaron un avance considerable, pero los bienes transables, por culpa de la costosa revaluación, no lo hicieron”, explicó el señor Díaz Molina.

 

Consideró que el país tiene hoy unas condiciones diferentes, lo cual invita a explorar mecanismos y fórmulas de comercio que permitan aprovechar ese contexto de comercio, un acceso al mercado de los Estados Unidos que bien utilizado permitirá diversificar la canasta exportadora y no depender exclusivamente de minero-energéticos sino tener productos agrícolas, agroindustriales, manufactureros y de alto valor agregado que puedan arribar sin ningún problema en el demandante país del norte.

En opinión del dirigente gremial, el sector agrícola y el de la agroindustria es el que puede responder más rápidamente a la demanda que tiene Estados Unidos, claro está, avanzando en la definición de protocolos fitosanitarios que permitan cumplir con las normas de control de plagas y enfermedades que eventualmente expongan la tranquilidad sanitaria del reciente socio comercial.

Al hacer su análisis de opciones vía TLC, Díaz Molina indicó que Colombia tiene que ver cómo puede diversificar su oferta exportable en el frente de las manufacturas puesto que hay una industria liviana que ha mostrado relativa competitividad, es decir que hay posibilidades en sectores como las confecciones, plásticos, químico, farmacéutico, calzado y manufacturas en cuero, sumando también la parte agroindustrial de alimentos.

ANALDEX dice que los ganaderos colombianos esperan poder ingresar al mercado americano con carne de la más alta calidad.
Hoy Estados Unidos es el primer comprador de calzado y bienes fabricados porque los estadounidenses de tiempo atrás dejaron de ser grandes productores de manufacturas, habida cuenta que decidieron apostarle con mayor fuerza a los servicios y a la agricultura, actualmente el importante mercado importa buena parte de los bienes que consume. Tan es así que los empresarios detectaron que las prendas ofrecidas en las grandes superficies, eran todas en su totalidad importadas, nada hecho en la tierra del Tío Sam.

 

“Particularmente en esta coyuntura, cuando Estados Unidos está replanteando su aprovisionamiento, surge la inquietud de qué podemos hacer nosotros para atraer algunas producciones que perfectamente funcionarían en Colombia, o de qué forma conseguimos ser proveedores estratégicos en Norteamérica, teniendo en cuenta ese fenómeno que se está dando de fraccionamiento o rompimiento de esas cadenas globales de valor y el surgimiento de cadenas regionales de valor. Por su posición geográfica, Colombia podría aprovechar ese reacomodamiento, hoy en plena vigencia”, sostuvo el directivo.

 

Que pasó con la Agenda Interna de Competitividad

 

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

 

En las extenuantes rondas hubo en Colombia a manera de voto de tranquilidad, aunque algunos dicen contentillo o caramelo, dos figuras que llamaron la atención en el momento, en principio el “Cuarto de al Lado” que era el sitio de lobby o consulta con los gremios de la producción nacional.

La figura vino de México, justo cuando el país azteca negoció con Estados Unidos el TLcan o Nafta, sencillamente un tratado de libre comercio que involucró también a Canadá. Hay que recordar que la finalidad de esa instancia era abrir espacios de diálogo y coordinación entre el empresariado y el equipo negociador.

Para el gremio del comercio exterior, el ejercicio fue importante porque se hizo el diagnóstico y facilitó la elaboración de un plan que permitiera identificar los sectores llamados a desarrollar para adecuar el aparato productivo del país de manera tal que pudiera competir, pero reveló que el tema fue abandonado porque el país pensó que era suficiente darle soporte a la economía con el tema minero-energético. Esa desidia o apatía costó, añadió Díaz Molina, porque la nueva, pero efímera riqueza llevó, increíblemente, al abandono de los demás sectores, craso error.

La Agenda Interna, hoja de ruta para el desarrollo quedó en el cuarto de San Alejo, como una mentira a los cuatro vientos porque finalmente como lo reconoció ANALDEX, no se hizo nada.

 

“Uno de los programas importantes era Agro Ingreso Seguro, AIS, que fue diseñado para invertir en infraestructura como también en pequeños y medianos campesinos que pudieran desarrollar riego y otros bienes públicos para mejorar la productividad y la exigente competitividad, pero tristemente ya todos sabemos en qué terminó el plan, politizado y suspendido a causa de la corrupción que se presentó. Hay que decirlo, abandonamos toda la Agenda Interna, el plan que nos enseñó qué teníamos que hacer, labor que infortunadamente no se ejecutó”, precisó el presidente de ANALDEX.

 

Una noticia alentadora, según el gremio, es que dicha agenda se ha venido recuperando en la medida que el país está mirando el tema de infraestructura, hablando de 5-G, de mejoras viales, empero también de la posibilidad de recuperar los ferrocarriles y la navegación del río Magdalena.

Si bien aceptó que hay trabajos en esos temas, igual manifestó que los procesos son lentos. De todas maneras, dijo, hay avance en telefonía, en la ampliación de la cobertura, lo mismo en conectividad, pero expresó que con urgencia el país debe recuperar toda su red terciaria que se encuentra muy mal, imposibilitando la salida de alimentos y cosechas que no tienen mercado porque debido a las precarias rutas, su llegada a puerto o centros de acopio está impedida, mucha producción se queda en las fincas.

 

Aún hay tiempo

 

Imagen de Markus Distelrath en Pixabay

 

Pese a las fallas, a la tarea no hecha y a una ventaja que han tomado países como Perú y Ecuador, ANALDEX estima que todavía hay tiempo de retomar acciones y salir adelante con una economía dinámica que reconozca la vocación agraria, que recupere empresas claves en el desarrollo, apuntándole a la agroindustria y asumiendo como política el valor agregado, la calidad e inocuidad de los productos.

Un nuevo país reclama la actividad en la pequeña y mediana empresa, la generación de empleo y la reactivación económica fundamentada en pilares consecuentes de demanda interna.

Una apuesta ideal en los empresarios, gremios y el público, es el Made in Colombia, productos diferenciados, valor agregado y oferta exportable, una tarea que a criterio de ANALDEX, es la enseñanza que queda de la pandemia que golpeó de manera contundente el aparato productivo por los cierres, la suspensión de actividades y el confinamiento.

 

“El programa de reactivación económica debe comprender ese tipo de cosas, el cómo ser más eficientes, cómo recuperar la capacidad instalada en las empresas para retomar empleos y mirar con ambición el comercio exterior que debe tener un puesto prioritario porque creo que no basta en estas circunstancias con recuperar el mercado interno puesto que se verá muy golpeado por la crisis, estamos viendo como el país retrocede en términos de pobreza diez años, un golpe muy duro para la clase media que vio disminuida su capacidad de consumo porque registró una caída en sus ingresos, resintiendo el escenario local”, señaló Díaz Molina.

 

Ante el panorama actual, consideró la agremiación, es necesario complementar el mercado interno con el externo que a propósito está pidiendo alimentos puesto que el mundo sigue demandando productos del campo. En la parte agrícola, recalcó Díaz, Colombia puede ser un jugador importante sobre todo si hace la articulación agroindustrial, un paso gigante sí se hace bien la tarea.

Lamentablemente con el pasar de las décadas, Colombia incumplió su agenda de desarrollo y de no haber pasado, perfectamente el país estaría exportando el doble de Perú que reporta ventas cuantiosas y mucho más que otros países a los que se les ocurrió invertir en todo tipo de vías, en logística y por ello en transporte multimodal.

A Colombia, conceptuó Díaz, le toco recuperar su economía agropecuaria, invertir en riego, red terciaria, cadena de frío y muchas otras cosas que pide a gritos la Colombia agraria básicamente en pos pandemia.

 

La tasa de cambio no es el único indicador en competitividad

 

Imagen de Brett Hondow en Pixabay

 

En el tema de competitividad, aseguró Javier Díaz Molina, hay que ser muy cuidadosos porque en asuntos de dólar los escenarios súbitamente cambian, unas épocas llegan con revaluación y otras con una divisa depresiada. Hoy, dice el reconocido dirigente, el país tiene una mejor tasa de cambio, sin embargo apuntó que las exigencias tienen que valer por productividad y no solamente por la cotización de la moneda extranjera.

El tema de productividad, subrayó, es fundamental y por ello se hace urgente acabar con un paro que sigue castigando la economía, poniéndole la cereza al postre, por cuanto la pandemia impactó de manera tenaz la producción nacional.

 

Es necesario el consenso y el común acuerdo por una Colombia nueva

El presidente de ANALDEX, Javier Díaz Molina, expresó su preocupación por el paro nacional que según los cálculos del gremio, ya está pasando factura también.

Indicó que actualmente hay congestión de mercancías en todos los ancladeros de comercio, pero reveló que el puerto más afectado es Buenaventura que reportó cierres en el Valle del Cauca, una situación que hermetizó el muelle, pues el acceso es nulo. Caso opuesto muestra el Caribe en donde los puertos han operado con lentitud por algunos cierres parciales.

Buenaventura resulta todo un talón de Aquiles por ser el principal puerto de importación y en materia de exportaciones, el atracadero moviliza en cuantías elevadas café, en 60 por ciento, y azúcar. Se ha intentado mover esas exportaciones hacia el Caribe, pero hay más de 100 automotores bloqueados en la vía al puerto bonaverense, con unos riesgos abrumadores en materia de calidad en el grano porque al estar mucho tiempo bajo temperaturas elevadas y en camiones carpados, las propiedades y atributos se ven amenazadas.

 

“El café sufre y allí vamos a tener líos. Al ser Buenaventura el puerto por excelencia de la importación, al acumular carga, afecta el aprovisionamiento de materias primas y productos intermedios que el país tiene que traer del extranjero para fabricar bienes como pasa con cereales, puntualmente maíz y soya, claves en la producción de alimentación animal. Preocupantemente, una economía paralizada y en los ojos del mundo. En el tema comercial si a uno lo perciben como un proveedor que no es seguro, por más querido que sea el distribuidor, y por excelente que sea el producto, sencillamente lo cambian, porque quienes compran en Colombia buscan puntualidad y garantías”, afirmó Díaz.

 

Reforma tributaria, una charla de país

 

 

En el tema tributario, el presidente de ANALDEX propuso crear un proyecto sobre la base del consenso y la armonía. Una propuesta impositiva que responda a las necesidades del país, pero igual, teniendo en cuenta la realidad del empresariado y de los trabajadores. Insistió que el gremio del comercio exterior aprobó en el seno del Consejo Gremial, la propuesta de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, ANDI, que consideró que el momento actual no era el más apropiado para presentar una reforma ambiciosa, ni más ni menos que de 26 billones de pesos, cuando las últimas a duras penas llegan a siete billones.

ANALDEX entendió, como el resto de agremiaciones, que un país en donde es visible la caída de ingresos en la población, un empresariado que no ha podido vender, una coyuntura pandémica que cerró negocios y cientos de miles de personas que perdieron el empleo, no puede asumir una carga adicional y menos de esa dimensión.

El Gobierno, expuso el directivo, cometió el error de insistir en ese proyecto de reforma tributaria, pero ante el retiro resaltó que el país puede promover una iniciativa intermedia que permita pasar el desierto y ya cuando los colombianos superen la coyuntura sanitaria, puede pensarse en algo mucho más estructural de mediano y largo plazo. El paso difícil puede superarse con un recaudo de entre 12 y 14 billones de pesos y ahí, dijo, se pueden suspender algunos beneficios y descuentos al igual que unas rebajas de tasas, previstas en la reforma impositiva de 2019 y que empiezan a regir el próximo año.

Ilustró que al suspender esos favores, Colombia mantiene un impuesto al patrimonio de manera temporal, si de manera paralela, el ejecutivo sostiene el descuento del impuesto de industria y comercio, ICA, en el 50 por ciento e igual una sobretasa de renta, fácilmente canaliza 12 billones de pesos, y si acude a la venta de empresas, con seguridad habrá dinero para pasar el árido e impío desierto, facilitando la financiación de programas sociales porque a nadie se le puede olvidar que en desarrollo de la pandemia el país perdió cinco millones de empleos, de los cuales se han recuperado cerca de tres millones, pero dejando un saldo en la población complejo que demanda ayuda, sumando la gente que ya venía con su lastre de pobreza.

 

“Podemos diligenciar una reforma moderada. En dos años, cuando salgamos de la pandemia miraremos qué tipo de reforma desarrollaremos”, puntualizó el presidente de ANALDEX.

 

Imagen de mrcolo en Pixabay

 

Un ejercicio que la nación debe adelantar, escribió el vocero, es el de garantizarle ingresos a la gente, porque única y exclusivamente las economías que muestran dinámica son las que están en capacidad de demandar bienes y servicios. Ante eso resulta mejor, opinó, cambiar los subsidios por empleos porque la gente se cansó de la caridad. El mejor subsidio y eso no lo discute nadie, aseveró Díaz Molina, es un puesto de trabajo, que remunere al trabajador y le ofrezca las garantías prestacionales.

La situación, concluyó, es muy dura, pero puede ser el punto de partida para reconstruir el país y hacerlo mejor porque en él hay cabida para todos. El problema es grande, pero en unión y apelando a la fraternidad será viable superar los escollos por cuanto los colombianos, todos, merecen mejores cosas.

Hablando de libre comercio es bueno repasar y decir que los antecedentes del libre comercio son del siglo XIX. El primer tratado de libre comercio lo firmaron Francia y el Reino Unido un 23 de enero de 1860. Se trató del acuerdo Cobden-Chevalier.

Este tratado impulsado por el político inglés y empresario textil Richard Cobden y el político y economista francés Michel Chevalier, eliminó los derechos de aduana para las importaciones de materias primas y avaló una baja apreciable en las tarifas aduaneras que pagaban los productos semielaborados o elaborados. El negocio tuvo adicionalmente, una cláusula de nación más favorecida, la cual contemplaba que si alguno de los suscriptores brindaba ventajas arancelarias a un tercero, debía aplicarlas por igual al país signatario.

A la fecha Colombia suma 16 acuerdos comerciales y el mundo más de 205, cifra que fue creciendo en las últimas dos décadas.

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