Miércoles, 30 Junio 2021 19:31

La fusión entre Caixabank y Bankia: un banco catalán en toda España

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El efecto sinérgico traerá consigo una reducción de costos y se espera que el beneficio por acción crezca un 28% respecto a las estimaciones de mercado para 2022.

Juan Alfredo Pinto S.
Especial para Diariolaeconomia.com
@juanalfredopin1

Avanza la fusión que crea el mayor banco de España dentro de un proceso de concentración sin parangón en las últimas décadas. Tras nueve meses del anuncio de las dos enormes estructuras financieras y decenas de filiales, los líderes del proceso estiman que la armonización de plataformas alcanzará el cien por ciento entre octubre y noviembre de 2021.

Las magnitudes de la decisión son muy representativas. Caixa Bank llega a 664.027 millones de euros en activos, al agregar los 218.485 millones de euros de Bankia a sus 445.572 millones. Se convierte así en el primer banco de España y en la décima institución financiera de Europa.

En cuanto a la red bancaria las sucursales suman 6727 oficinas (4460 de Caixa y 2267 de Bankia). La nómina unificada alcanza los 51.536 trabajadores (35.589 y 15.947) para atender un poco más de veinte millones de clientes, el 25% del crédito total y el 24% de los depósitos.

El nuevo consejo de administración tendrá 15 miembros con nítido predominio de los propuestos por Caixa Bank para acompañar al presidente Ignacio Goirigolzarri quien culminará su carrera como sobreviviente del proceso manteniendo la responsabilidad que ejerció en Bankia más optimizando su salario en un 200%. El estado tendrá una participación accionaria del 16% fruto de su intervención hace unos años en Bankia. Los defensores de la fusión observan cómo el precio al que se cotizan las acciones de las dos instituciones se ha valorizado desde el anuncio de la absorción. La participación del estado se ha revalorizado un 35%.

El efecto sinérgico traerá consigo una reducción de costos y se espera que el beneficio por acción crezca un 28% respecto a las estimaciones de mercado para 2022. El nuevo banco mejora sus índices de solvencia y el buffer (colchón de capital) rebasa ampliamente el requerimiento regulatorio.

 

 

No obstante, los problemas de la fusión ahora se hacen patentes. Las estimaciones de personal que excede las necesidades, dan cuenta de 8300 trabajadores. Se plantea la opción voluntaria de retiro, pero, a la vez, las condiciones formuladas como opción, dejan en cierta forma sin piso, la voluntariedad. Hace 48 horas, en vísperas del día de San Juan, se llevó a cabo una huelga sin antecedentes. Los sindicatos de las dos vertientes empresariales paralizaron al gigante bancario para pugnar por una voluntariedad cierta en las decisiones atinentes a los ajustes en el talento humano que conducen a ese detestable apelativo usado por los expertos cuando hablan de adelgazamiento laboral.

Hay un mensaje de los sectores sociales en torno a la fusión. Más allá de la retórica afirmativa de la publicidad institucional a los acordes de la responsabilidad social, los clientes y los empleados del nuevo imperio financiero manifiestan que no desean ser tratados como números, como sumandos y sustraendos, quieren evitar el tránsito indeseable de la gratitud hacia el odio entre los servidores bancarios, y como clientes desean confiar en el banco como el guardián de sus ahorros que da crédito a sus ideas y a su honra. Lecciones para el caso colombiano donde las movilizaciones mostraron una cierta animadversión de los jóvenes hacia la institucionalidad financiera. Eso no se corrige con oleadas publicitarias sino con acciones de profundización financiera real en la parte baja del tejido empresarial y emprendedor.

Las fusiones y las economías de escala no son buenas o malas por definición, dependen de la consideración ética de los líderes y gestores en materia económica. En el caso de Colombia, vale la pena consolidar la banca cooperativa y las instituciones regionales para hacer alianzas que brinden mayor penetración y presencia. Y, con gran acompañamiento de los entes reguladores, bajo rigurosa transparencia, aglutinar las empresas de giros, de apuestas y sus consorcios extraordinariamente irrigados, para que, tal como lo han hecho en los casos de la distribución de subsidios en dinero, en el recaudo de los cobros por servicios públicos y de las transferencias en línea, se conviertan en las agencias de nanocrédito con costo razonable que expida el certificado de defunción a ese otro virus infernal denominado gota a gota.

Queda en el caso de la paquidérmica fusión española un aspecto por considerar. Mientras se otorga el indulto a los inculpados del proceso soberanista de Cataluña que tanta afectación causaron con su pretensión y continúan con algunas proclamas secesionistas, podríamos estar ante un enroque de alto turmequé político. Otorgar al capital financiero catalán el control sobre el activo financiero más importante de España no es acaso una llamada de facto para que la fuerza emprendedora y la capacidad gerencial catalana se proyecten en toda la nación en lugar de continuar por la ruta dañina e imposible de un nacionalismo elemental, divisorio y neofeudalista al cual no le alcanzan las razones así sean fruto elaborado de sus pregoneros. Los jóvenes no quieren una España segregada, los muchachos quieren una sana emulación que muestre una nación sin fanatismos ni polarizaciones, proyectada hacia el mundo, a la manera como lo hace Pedro Acosta, convertido a los 17 años ya en una leyenda del motociclismo, ganando allí doquiera que compite, a quien apodan en la Costa Cálida el “Tiburón de Mazarrón”. Vale.

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