Sábado, 04 Abril 2020 01:35

Agro, un negocio lamentable, ajeno y sin rentabilidad: productores

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La apertura económica legitimó la intermediación y con ello entregó la llave de la ruina campesina, hoy exacerbada con unas importaciones desbordadas.

Este espacio estaba gratamente reservado para los grandes héroes de Colombia, para esos seres humanos que en medio de la tristeza, la desilusión y la tragedia decidieron no parar y seguir labrando la tierra y poner semillas para que los colombianos, en las buenas o en las malas, pudiéramos alimentarnos. Muchos consumidores están denunciando precios altos en los productos del campo, pero quizás no saben que la culpa no es del productor primario sino de unos intermediarios rapaces y de unos comercializadores que saben de todo menos de humanidad pues en medio de la crisis, manejan los inventarios como les viene en gana dejando en la penumbra a las amas de casa y sus familias y condenando a la quiebra a unos campesinos que en algunos casos lo perdieron todo, absolutamente todo.

El gobierno está haciendo rondas, pero algunos productores dijeron que a los funcionarios se les olvidó ir a la totalidad de las bodegas en la Central Mayorista de Abastos en donde hay producto importado con precios muy altos y haciendo gala del acaparamiento en momentos muy difíciles para el país, para el gobierno y para los campesinos que dicho sea de paso, desde hace rato están en vía de extinción.

En días pasados hubo una situación aberrante en la gran central y fue el precio que le pusieron a la mazorca, un bulto era comprado al campesino en 10.000 pesos y la carga en 20.000 pesos o un poco más. Una propuesta infame e injusta porque no hay derecho que esos productores del campo resulten atracados por el mercado mayorista que vende ese mismo bulto en más de 100.000 pesos. Muchos preguntaron, ¿dónde está el gobierno?

La respuesta hay que darla, el ministro de Agricultura estaba en Corabastos, pero en su amplio recorrido no alcanzó a darse cuenta, uno asume que por asuntos de agenda y por la celeridad de las visitas no hubo tiempo suficiente para ver todas y cada una de las bodegas, lo cierto, y hay que decírselo, al funcionario, se le viene un reto gigante porque los campesinos se aburrieron, ya no quieren saber de paros ni de movilizaciones, anhelan tan solo vender sus fincas, dejar de cultivar y salir a un sitio en donde la vida sea un poco más grata.

En charla con Diariolaeconomia.com, el agricultor y enorme ser humano, Jorge Espinosa dijo que la situación de los labriegos es cada vez más terrible porque hay una intermediación sin corazón y unos negociantes que tan solo llenan sus cuentas de dinero, dejando de lado la tragedia campesina adornada con créditos bancarios, deudas por agroinsumos, costos de producción muy elevados y en ocasiones con el gota a gota cobrando sin piedad.

Cosechando papa

Narró que en días pasados llevó mazorca tierna a la Central Mayorista, un alimento sembrado en la región del Sumapaz en Cundinamarca que tuvo ofertas en camión por bulto que iba desde los 10.000 pesos. La carga más cara de este producto, y cuando hablamos de carga hacemos referencia a dos bultos, fue pagada a 50.000 pesos y la mazorca que estaba algo más dura no la recibieron a ningún precio razón por la cual tuvieron que regalarla.

Un bulto de mazorca es pagado al productor a 20.000 pesos, suma que incluye costales y transporte, pero el agricultor afirmó que para que este tipo de cultivo de renta debe venderse a 60.000 pesos pues de ahí para abajo no hay utilidad pues una carga de 40.000 pesos tan solo cubre gastos y no en su totalidad. Añadió que con todo lo que está pasando, el productor del campo está perdiendo plata porque las ganancias no se ven.

 

No nos digamos mentiras, 40.000 o 50.000 pesos por carga de mazorca no es plata pues ya hay ventas de mazorca a 50.000 pesos revendida y la que comercializan a 60.000 pesos les deja a los negociantes 20.000 pesos sin mucho esfuerzo mientras en el campo las obligaciones y las deudas asfixian. Hoy los campesinos vendemos un bulto de mazorca en 20.000 pesos y por cada uno pagamos 7.000 pesos en transporte, es decir 14.000 pesos por carga, eso sin contar costales que por bulto cuestan 1.500 pesos y por carga 3.000, mano de obra y otros gastos. Esta es una realidad, el campesino no tiene derecho a ganar, es como si fuéramos responsables de algo que no hicimos pues nos pagan con empobrecimiento, olvido y maltrato”, declaró el señor Espinosa.

 

Este hombre trabajador, madrugador que tiene que sembrar o cosechar con agua y sol, soportar las inclemencias del cambio climático y producir en tierras olvidadas en donde la gente no ha merecido vías terciarias decentes, aseguró que hoy por hoy no vale la pena seguir en el campo pues este no da margen sino pérdida y retomando los productos, dijo, la mazorca no solo fue la castigada, también hay inconvenientes con la papa porque los mayoristas compran la carga a 80.000 y 90.000 pesos para revenderla en 130.000 pesos, una utilidad para los intermediarios de 40.000 pesos en promedio.

Hoy la triste realidad la viven productores agrícolas y transportadores que no están hacienda absolutamente nada y si arriesgando su capital porque la inseguridad no da tregua y en Bogotá y otras ciudades están saqueando los carros y llevándose la carga en muchos departamentos como pasa en la Costa Norte en donde combatir el flagelo ha resultado muy difícil para las autoridades.

 

Agricultura próspera en la tierra de los osos

 

Oso de anteojos en provincia de Sumapaz

La muy fértil, hermosa y verde Cabrera al igual que el resto de la Región de Sumapaz, cultiva papa, mazorca, frijol, tomate de árbol, curuba, granadilla, uchuva, gulupa y otros alimentos, pero igual es rica en la producción de ganados aptos para leche, carne y doble propósito.

 

“Esto se puso tan mal que inclusive la ganadería está dando pérdidas pus con los costos de hoy no vale la pena tener una res, vale mucha plata y a la hora de monetizarla, sale lo comido por lo servido o sencillamente el ganadero termina vendiendo con una visible desventaja”, apuntó Espinosa.

 

Los campesinos de hace treinta o cuarenta años, reveló, o ya no están en el campo porque vendieron la finca a un precio muy bajo o están embargados por los bancos como está pasando hoy puesto que quienes tienen créditos con el sistema financiero están acorralados y algunos que sumados son muchos en la región, van a perder sus casas y sus tierras.

Instó al gobierno a mirar hacia la ruralidad y básicamente hacia el pequeño productor porque el campo más que nunca está en desamparo, dejando ver que hay campesino y productores ricos a los que les dan o simplemente no necesitan y los más vulnerables a quienes no se les da garantías pues muchos créditos tienen estrato porque van a los más pudientes o a los de corbata.

Una idea consecuente del productor es que en este momento en que el gobierno está llevando ayudas y mercados debería aprovechar muchos productos del campo y adquirirlos de manera directa a un precio y con toda la frescura, de un lado porque el tiempo es de cosechas y de otro porque hay productos que no los quieren a ningún precio como es el caso del aguacate, un producto que abunda en la región.

 

“Todo esto se veía venir, los productores dejaron de producir café y otros productos del campo para volcarse al aguacate y hoy ese producto no lo están comprando y como dicen muchos, regalado es caro, porque hay sobreoferta y de igual manera la gente no lo ve como un producto alimenticio de primera necesidad, es decir que nadie está pidiendo el llamado oro verde. No aprendimos, Colombia ha tenido experiencias como la del maracuyá en la década de los noventa y con otros productos, pero seguimos cayendo y perdiendo los ahorros”, señaló el empresario del campo.

 

En su opinión lo importante del gobierno, no es que hable bonito por televisión sino que trabaje y deje ver oficio pues no es justo que los agricultores sigan comprometidos con el abastecimiento y salgan terriblemente mal librados a la hora de poner los productos en oferta, una cachetada improcedente que no merece consideración.

Los problemas al parecer son de nunca acabar, ahora a la gerencia de Corabastos le dio por prohibir el ingreso de ayudantes de camión obligando al conductor a ingresar solos, una medida equivocada porque en la central la inseguridad es un común denominador y a muchos les ha tocado ver como los delincuentes desvalijan los camiones sin que haya una acción que remedie la insoportable situación.

 

“Aparte que nos roban en los precios, nos despojan y nos atacan los carros, una realidad insostenible porque perdemos por un lado y también por el otro, es decir no dan ganas de volver porque los productores son irrespetados y duramente tratados solo porque producen alimentos lícitamente y por ser campesinos, no hay derecho”, puntualizó el labriego.

 

Producción agrícola Sumapaz

En su finca el productor siembra tomate de árbol, curuba, granadilla, mora, pepino que ayer tuvo buen precio, pero que en ocasiones, casi todas lo pagan a 5.000 pesos la caja.

El tema de la granadilla, dijo, es igual de alarmante porque los precios se desplomaron por exceso de oferta porque la que iba a ser exportada tuvo que quedarse y eso le puso más volumen y presión al mercado interno hasta dejar los precios por el piso.

Hoy la tristeza abraza al campesinado del Sumapaz ya que su trabajo y su sacrificio no tiene precio, sus productos menos y sienten una ausencia estatal preocupante porque en este momento el gobierno, dicen, debería estar en las fincas y no en abastos, en ese comercio los problemas no existen porque estos con ruana y sombrero deben volver a sus casas en las frías o sofocantes veredas con unas migajas en la billetera, la tragedia está ahí, en el campo, pero nadie la quiere ver.

Otro problema, tiene que ver con el precio de los insumos que suben y suben de precio sin que nadie regule o le dé una mirada a ese tipo de industria. El asunto es que a mayor precio de los insumos, mayor es el costo de los alimentos, pero en eso también hay indiferencia porque el gobierno controla el valor de los productos, dejando de lado el impacto de los insumos. Muchos están vendiendo insumos importados a 3.000 pesos como si lo hubiesen adquirido a 4.000, una carga más para el empobrecido agricultor.

Hace cinco meses un abono costaba 90.000 pesos y hoy ese mismo producto no se baja de 110.000 pesos el bulto, un problema que se trató en el pasado paro campesino en donde a todas luces se desoyó la queja de los agricultores en vista que siguen subiendo de precio los abonos, los fungicidas y otros químicos vitales en la erradicación de plagas, en eso no hay control.

La familia de Jorge Espinosa es una saga respetable que trabajó y sigue trabajando el campo para llevar alimentos frescos, con calidad, inocuidad y buenas prácticas a la mesa de los colombianos. Sus padres y sus abuelos, que se rompieron el lomo a punta de azadón en las montañas del Sumapaz murieron viejos y pobres porque la tierra no les compensó su esfuerzo, una historia que narra que con el campo ha pasado de todo sin que concite el interés de los colombianos que podrían apostarle al producto colombiano sembrado por manos colombianas.

 

“Hoy estamos en una encrucijada ya que quienes estamos endeudados con los bancos no vamos a poder pagar porque el campo no está dando plata ni siquiera para lo básico. El estado colombiano hizo muy bien su tarea porque si quería acabar con el agro, hay que reconocerle que lo logró”, expresó.

 

Un lío está en el ambiente porque una vez se terminen los inventarios de comida importada habrá que comprar con tasa de cambio por encima de 4.000 pesos y esa situación de inflación no la va a parar nadie. El frijol bola roja está siendo remunerado a razón de 700.000 pesos en promedio la carga, pero con una eventual importación tumba el precio hasta llevarlo a 400.000 pesos, como quien dice el agricultor lleva del bulto.

El agricultor Jorge Espinosa es un hombre de 52 años casado y con cuatro hijos, su gran felicidad es ver la belleza del agradecido Sumapaz, una provincia especial y bendecida en donde pasan muchas cosas buenas y hay espacio para las sonrisas en medio de la distancia que hay con los campesinos que producen mucha comida y alimentos de espectacular calidad, pero este trabajo se hace invisible con la intermediación y con la caída de los precios al productor.

Su melancolía, al lado de recuerdo de la infancia y de los padres, es la ausencia de los hijos que optaron por la ciudad porque saben que estar en el campo no les va a dar futuro porque hace mucho rato que partió la rentabilidad y sin ánimo de volver.

Exhortó al gobierno que por lo menos facilite carreteras para la ruralidad porque los productos siguen saliendo con dificultad toda vez que en las zonas más alejadas los productos, como en el siglo XIX, salen a lomo de mula o a lomo de hombre, una afrenta a la competitividad.

La tragedia de Cabrera empieza en el sector de Boquerón, el otrora bailadero y sitio de parada obligada para los alicorados capitalinos que retornaban de Girardot o Melgar en medio de la llamada prenda, a seguirla con música de Pastor López, Armando Hernández, Los Hispanos, y muchos más cantantes de aires vallenatos o de merengue dominicano, era un tumulto de chancletas y pantalonetas multicolores que veían progreso en la rumba, más no en la agricultura. La escena típica del sector de balnearios en una de las curvas más famosas del país.

 

El municipio hoy solo es útil para las campañas políticas, los intermediarios y el desdén, a tal punto que están buscando llevar a Carlos Vives, para que se inspire en la segunda parte de la Tierra del Olvido.

 

Los campesinos necesitan al gobierno y el gobierno a los campesinos, pero debe haber voluntad y consciencia porque los amigos no son los señores ricos de Corabastos que celebra de domingo a domingo, el campesino entre tanto sufre su desventura y hace lo posible por no incomodar pues quienes lo ven tomando Póker en el interminable mercado pasa por alto que la procesión va por dentro.

 

“Los campesinos viven muy a ras si compran arroz, tienen que medirse y comerlo de a poco porque si cocinan y se comen una papa de más, después no tendrán para el almuerzo o la comida, es una situación hasta cruel porque ya ni pancoger hay en muchos predios”, concluyó Jorge Espitia.

 

La carne está muy por arriba del costo porque una libra supera los 6.500 pesos en Cabrera y todo por las famosas medidas que para el caso de los cárnicos elevó los precios de la proteína porque cerraron los mataderos y ahora hay que sacrificar en Icononzo, Tolima. Esa gracia hizo que los precios subieran y para un campesino muchas veces ese precio es imposible.

 

Fenalce insiste en vender valor agregado

 

Siembras de maíz

Por su parte los cerealistas expresaron su total solidaridad con el productor primario y cuestionaron el hecho que los intermediarios se queden con toda la utilidad porque para el caso del agricultor de Cabrera, una mazorca es vendida en 1.500 pesos aproximadamente después de salir de sus manos y sumando las 120 mazorcas del bulto arroja una utilidad en los mayoristas de 180.000 pesos, una cantidad considerable frente a los 20.000 pesos que se lleva el agricultor.

El Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales Leguminosas y Soya, FENALCE, Henry Vanegas Angarita, sostuvo en este medio que la situación es complicada y desafiante lo cual obliga a fomentar la organización para poder hacer una transformación agroindustrial que con valor añadido les ofrezca más opciones de renta a los productores.

Para el caso de la mazorca, dijo, podría pensarse en transformar el grano fresco en masa para empacarla y venderla en bolsas como se hace con otros productos y darle la oportunidad a la señora ama de casa o a cualquiera en una casa de hacer una arepa de choclo.

 

“Nos quedamos vendiendo el choclo en bruto y ahí es en donde la situación de oferta y demanda más el aprovechamiento del comerciante con su posición dominante y su poder de compra le da en la cabeza al productor. Para evitar todo esto deberíamos trabajar con el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, para hacer una verdadera transformación agroindustrial”, declaró el Gerente General de Fenalce.

 

Indicó que siguiendo con el choclo, si el sector tuviera una línea de frío como la tiene Ecuador o Chile que cosechan manzanas verdes en un mes y garantizan la fruta para todo el año, el agricultor colombiano también debería tener sistemas de frío que permitiera mantener el choclo por más tiempo. Enfatizó que los productores tienen que salirse de la estacionalidad y apuntarle al valor agregado para vender un producto en condiciones, con rentabilidad y no apurar una semana de mercado para luego ver pérdidas.

Señaló que hay otras alternativas de mejoramiento genético que prolongan por un tiempo más la turgencia del grano que debe estar tierno y con almidón en ampolla de agua de tal manera que si le oprime, deje escapar la leche del almidón. El tema es usar genes vegetales que garanticen mayor amilosa que mejora las cadenas de glucosa para el caso del maíz tierno.

 

“La idea es hacer trabajos de ese calibre para que el negocio no sea de siete u ocho días pues en la medida en que el negocio crezca y se lleve a la agroindustria va a exigir también acompañamiento e investigación para incorporarle otra característica como genes de superior calidad como Supersweet y el trabajo con otros maíces azucarados tipo sugary uno o sugary dos, es decir hay mucho que aprender de ese negocio porque hay puntos del producto en que se puede ofrecer para sopas, envueltos y otro tipo de alimentos, el secreto es pasar al valor agregado y empezar a dejar el bulto como única opción de mercado”. Expuso Vanegas Angarita.

 

Todo eso, recalcó el directivo, necesita organización porque el colombiano suele ser muy individualista y busca defenderse como pueda sin saber que así está entrando en una depredación de mercado en donde es la base infortunada de la cadena que alimenta solo a unos pocos. Eso les pasa a los que se creen que son los “chachos” para vender, pero después der las estrelladas empiezan a ver que la salida está en la organización.

Importaciones

Sobre las importaciones con cero aranceles, Vanegas dijo que los cerealistas se pueden dar la pela porque ya están enfrentados contra todos los tratados de libre comercio, pero dijo que tener un arancel diferente entre la materia prima y el producto terminado dentro del mismo encadenamiento genera unos favoritismos que no están acordes con la lógica de mercado.

Consideró que si desde el gobierno van a poner un arancel cero para el maíz lo mismo debería hacer para los trozos de pollo que tienen protección arancelaria pues los cuartos traseros de pollo registran 160 por ciento de arancel y hoy ese impuesto se ubica en 119 por ciento, es decir que traer esa proteína, de descarte en Estados Unidos, significa pagar más del doble para poderla nacionalizar.

Dijo que en aras de la equidad, el ejecutivo debería exigir que así como lo hacen los productores primarios, los industriales deberían igualmente darse la pela pues en aras de la ecuanimidad todos en las cadenas productivas o de comercialización tienen que poner. Una opción es aplicar la fórmula e importar pollo americano a mitad de precio.

Con un dólar a 4.000 pesos y saliendo de inventarios, la inflación va a llegar a unos niveles sin precedentes más con los pronósticos de algunos analistas que lo ubican en 5.000 y hasta 6.000 pesos como es el caso del Centro de Estudios de Exportadores Cafeteros lo cual sería nefasto porque sin renta petrolera y sin exportaciones que logren sustituir esas exportaciones, llegará el momento en que no tendrá dólares para pagar todo lo que importa.

Como se ha repetido hasta la saciedad, el país tiene que sacarse esa idea de la Colombia Saudita porque debe aprender de los errores, capitalizar las equivocaciones para poder retomar el campo y garantizar la auto-sostenibilidad en muchas líneas y que solamente lo que no se puede producir es lo que el gobierno debe importar.

 

“Tenemos que hacerle entender a la industria y concientizarla que es estratégico tener un componente de producción nacional porque de lo contrario estamos llamados a colapsar y a poner en riesgo la seguridad alimentaria”, sentenció el Gerente General de Fenalce, Henry Vanegas Angarita.

 

Hoy más que nunca hay que rodear el agro colombiano y compensar un arduo trabajo comprando productos campesinos cultivados y cosechados en Colombia, eso sí de manera directa y haciendo de lado la intermediación. Lo importado entra y no sabemos en qué condiciones llegan esos alimentos. En el país hay exigencias de inocuidad y un protocolo de buenas prácticas agrícolas. A los valientes, a nuestros campesinos, mil gracias.

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