Domingo, 31 Mayo 2020 00:24

El campo está listo para salir de la penumbra: Fenalce

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Los agricultores son muy conscientes del gran reto que trae el cambio en la economía mundial en donde la agricultura y el mercado interno de afianzan como la gran solución. Proponen IDEMA virtual.

La triste y alarmante realidad pandémica ha hecho que el mundo acuda a una serie de cambios que van desde lo económico hasta el mismo comportamiento humano. Dentro de las lecciones aprendidas está el dejar de lado la dependencia económica, bien sea por determinados mercados o por algunos bienes básicos que dejan utilidad en tanto la geopolítica no haga de las suyas, verbigracia, el petróleo, y también la coyuntura enseñó, así haya sido a la brava, que el campo fue el pasado, es el presente, y como nunca el futuro.

Hoy esa teoría planteada al interior del neoliberalismo y por quienes le apostaron a una corriente económica muy marginal en donde las importaciones y la banca son el eje de todo, quedó mandada a recoger porque importar en exceso implica sacrificar sectores productivos y con ellos empleo, desarrollo, tranquilidad y hasta seguridad. Lamentablemente Colombia reemplazó presente y futuro por el mercado externo, pero mandó a la ilegalidad a miles de cientos de personas que terminaron ganándose la vida en zonas cocaleras, un extremo al que no debió llegarse.

Las importaciones y las desgravaciones caben, como se ha dicho hasta el cansancio, para importar tecnología, bienes de capital y conocimiento, pero nunca para entregar la soberanía y la seguridad alimentaria porque en el caso de una hambruna los grandes productores de alimentos van a priorizar su mercado, su nación y algunos amigos estrechos. Hay una situación palpable y es que el comercio globalizado entró en franco reposo y los países ya están trabajando en potenciar sus mercados y en abastecerlos sobre pilares de productividad y competitividad, en ese nuevo juego Colombia no está ausente.

Henry Vanegas Angarita

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas, Fenalce, Henry Vanegas Angarita, reconoció que se vienen nuevos retos por el nuevo contexto mundial de la economía en donde la agricultura retomará su protagonismo porque después de la salud lo que más gana terreno es la agricultura de cultivos agroalimenticios, es decir que producir comida va a volver a ser buen negocio en el sentido que se quiere consumir el producto local, apoyar la dinamización económica generando empleo y propiciando una ola de consumo de alimentos sembrados y procesados en Colombia.

Para el dirigente gremial esa será sin duda la mejor política de apoyo para los campesinos porque Colombia debe cambiar el chip y con ello respaldar a los productores de la ruralidad nacional a quienes los colombianos les darán una mano importante comprándoles sus siembras y premiando una laboriosidad que muy pocos valoran. Para el Vanegas resultará más que agradable volver a las compras en los mercados campesinos y a las plazas de abastecimiento porque el consumidor podrá tener precios bajos, productos frescos y toda la tranquilidad de absorber productos de calidad e inocuidad.

Con la nueva tendencia, indicó, vendrán cambios grandes como mercar con olor a campo, en sitios en donde hace convergencia el campesinado y por fuera de las aglomeraciones de los centros comerciales con la garantía que la gente comprará alimentos colombianos para darles remuneración y reconocimiento a los labriegos colombianos quienes con su esfuerzo permiten que el consumidor coma lo que quiera y no lo que le toque. Adelantó que con el nuevo esquema habrá un fortalecimiento al suministro a domicilio así como al retail o venta al detal. La idea, expuso, es comprarle al expendedor más cercano como el tendero o al negocio del vecino, una disposición que tomará gran impulso.

A criterio del Gerente General de Fenalce, en el campo agrícola los cultivos que van a tener mayor arrastre serás aquellos que contribuyan directamente a la seguridad alimentaria, aclarando que en todo lo que se puede comer tiene que relacionarse con seguridad alimentaria porque el término abarca variables en el sentido que el aprovisionamiento de alimentos tienen que garantizar calorías y proteínas como y también los nutrientes que demanda el ser humano para poder ejercer un trabajo o una actividad socialmente útil.

 

“En ese sentido tenemos que mirar que en el caso de los cereales el protagonismo lo tendrían en maíz y el arroz, y en el contexto de las proteínas dicha importancia la tomaría el fríjol, la soya y la arveja entre otros porque serían los cultivos que tendrían una inmediata reacción. Estos son cultivos en los que podríamos estar ya en umbrales de competitividad y en donde faltaría la voluntad y la decisión política del estado para que haya unos incentivos y un tratamiento diferencial al sector agrario que produce comida. La seguridad alimentaria se sobreentiende, y en esto hay que ser muy claros, como un suministro permanente de productos”, especificó el señor Vanegas Angarita.

 

Para el experto, con el nuevo modelo de producción se hace perentorio romper con la estacionalidad de las cosechas lo cual se hace dotando a las regiones con la infraestructura para el manejo pos-cosecha, un tema que tiene que fortalecer Colombia porque los granos básicos agroalimenticios una vez secos permiten el suministro continuo y permanente para abastecer a los demandantes de este tipo de comida.

Estimó vital que los productos que provengan de siembras colombianas sean asequibles a los cuales tengan acceso las clases menos favorecidas. Dentro de ese relicario de condiciones que pone el mercado está el hecho de ofertar productos sanos, nutritivos e inocuos en donde se note la sanidad y las buenas prácticas tanto agrícolas como ganaderas. Allí, dijo, los fortificados va a tener muy buen espacio en la comercialización. En su observación, Fenalce consideró esencial tener un plan de producción que permita potenciar una cadena de suministro estable, tal y como lo venía mostrando la importación, algo que no sucedió con el producto nacional que apareció en las cosechas, pero que luego se esfumó por la falta de hacer un provisión permanente.

Ese mecanismo, explicó, es lo que ha permitido que el agro nacional crezca en frutas y en cultivos perecederos. Lo más complicado, razonó, es que se les dé un manejo a los granos básicos como transitorios cuando no lo son. Señaló que en la nueva agricultura, la que necesita el país hoy, hay que hacer todo un trabajo por parte del estado que tiene que dotar a la ruralidad con bienes públicos y fortalecer de manera más decidida el conocimiento, el uso de tecnología y todo el entorno digital como bien público, pero reconoció que para eso el estado no tiene los recursos suficientes para fortalecer y darle así un empujón a la producción agroalimentaria.

Insistió que para robustecer el agro se hace urgente focalizar las prioridades y las metas para darle forma a una política agroalimentaria que permita garantizar las siembras constantes para poner con sello de garantía, calidad y constancia, la dieta diaria de los colombianos. En eso, apuntó Fenalce, es en dónde el gobierno está en mora puesto que debe decidir de una vez por todas con qué tipo de cultivos es que Colombia se va a convertir en una despensa de alimentos, definiendo, claro está, cual es el indicador principal porque hay un mercado importante de por medio.

 

“En este momento estamos importando catorce millones de toneladas de alimentos y ese es un mercado que tenemos que atender y un mercado satisfecho, ese es un indicador de mucha contundencia el cual nos obliga a tener niveles de autoabastecimiento y a ponerle rúbrica a la seguridad alimentaria produciendo como mínimo los productos que consumimos o en una situación intermedia poder darle vuelta a la ecuación, es decir que en lugar de tener 80 por ciento de importado y 20 por ciento nacional como pasa con el maíz, lo ideal sería invertir la cifra y hacer que el país consuma 80 por ciento siembras colombianas y 20 por ciento productos importados”, declaró Vanegas Angarita.

 

El directivo no escondió su optimismo y manifestó que todo puede hacerse para recuperar la agricultura colombiana sobre la estrategia de apostarle al producto y a la siembra nacional, pero con un plan a mediano y largo plazo en donde haya igualmente un plan indicativo así como una agenda que seguir para poder avanzar porque ya el país, el gobierno, los productores, los consumidores y todos se han dado cuenta que sí se puede y que hay zonas en el país sumamente competitivas lo cual ha permitido disputar mercado de tú a tú con cero arancel, evitando que algunas siembras desaparezcan del panorama nacional con el libre comercio.

 

Bastó una tragedia para que a muchos les importara el campo

 

El campo en su historia ha mostrado que está hecho de aguante, empuje, resiliencia, valentía, presteza, trabajo, sacrificio y pundonor. Los empresarios del campo fueron capaces de atender un mercado interno en medio de dificultades, perdieron sus cosechas por los diversos conflictos que sumados superan los 100 años, fueron expulsados de sus tierras, amenazados y maltratados. Como si fuera poco en 1991 el estado los metió en la “vaca loca” de la apertura y acabó con muchos más no con todos, en medio de esa pesadilla vinieron otras y los productores siguieron firmes ahí, inamovibles. Quizás aquí aplique la frase que acuñó el excelentísimo abogado y economista tolimense Alfonso Palacio Rudas, el imborrable “Cofrade”, el mismo que dijo que el café es el único muerto que no se deja enterrar, pues bien, al parecer la frase aumenta su radio porque por lo visto aplica para el grueso de la economía rural.

Fue de alguna manera necesario que al mundo lo golpeara una tragedia como la Covid-19 para que muchos en medio de la angustia y la incertidumbre miraran al campo como la gran opción de crecimiento, abastecimiento y seguridad alimentaria porque está escrito que el hombre ni vive del oro ni de petróleo, no, el hombre necesita alimentos agua potable y aire puro, esos lujos cuestan menos, no dañan a nadie y sí por el contrario llevan dignidad, oportunidad, sosiego y desarrollo.

Con la tragedia mundial que planteó por sí misma la puesta en marcha de un nuevo orden en el planeta lo cual incluye la manera de producir y la prioridad que toman los mercados domésticos en donde la economía primaria resurge en muchos países como el ave Fénix, el campo llega como gran protagonista porque finalmente será el encargado de subsanar errores, ajenos por demás, y conjurar líos como el de la anunciada hambruna.

Con todo este panorama, dijo el Gerente General de Fenalce hay que reorientar el rumbo para volver a recuperar mercados, dándole espacio para que el componente nacional siga ratificando que es estratégico porque de manera equivocada algunos pensaron que Colombia podía abastecerse únicamente de importados, pero con la situación difícil de hoy se da un campanazo con el que se advierte de la necesidad de acompañar al campo y su productividad.

Con una agricultura en movimiento vendrá igualmente mayor dinámica en la economía porque con mano de obra devengando y recibiendo periódicamente su ingreso, los comercios estarán más dispuestos y en constante repunte, un tema que abarca ventas, transporte, turismo, gastronomía y toda opción para bienes y servicios. La oportunidad será inmejorable para la mano de obra no calificada y llega en momentos en los que se necesitaba de incentivos y razones para garantizar de muy buena forma el relevo generacional como también la puesta en marcha de un plan de desarrollo rural eficiente porque reconoció que el campo está envejecido, un factor que pide acciones inmediatas.

Celebró que la pandemia aún no ha llegado a las zonas rurales, pero dijo que es imposible ocultar el sol con un dedo porque tarde o temprano la enfermedad hará su aparición en los campos razón más que suficiente para estar preparados porque por su capacidad de contagio la enfermedad llegará a todos los confines del país. Por el momento presente y por el futuro, Vanegas Angarita indicó que es importante pensar y decidir nuevas inversiones para mecanizar y automatizar el campo. Dijo que hay una necesidad gigante de robotizar algunas labores agrícolas y muy pertinentes para el desarrollo del campo.

Sostuvo que con la incursión por parte de algunos productores en la agricultura de precisión, se ha ido mejorando en aplicaciones y rendimientos, una tarea que ya se hace en los campos con rastreo satelital, uso de drones y otras aplicaciones de gran utilidad que son perfectamente la punta del iceberg de otros desarrollos tecnológicos más avanzados que permitirá vincular mucha gente capacitada y entrenada en los menesteres tecnológicos para darle un manejo eficiente y mucho más vigoroso a la agricultura, la misma que demanda profesionales en informática y en todo el entorno digital, pero igual en cibernética y tecnologías avanzadas, los ecosistemas de la cuarta revolución industrial tan necesarios en la productividad agrícola.

 

“Por todo esto deben generarse espacios porque si hay tecnología es necesarios contar con gente adiestrada y profesional en el uso de las herramientas tecnológicas para mejorar eficiencias en el sistema productivo. Esto es visto con muy buenos ojos porque va a redundar en agro profesionalizado y de punta aparte que hará que muchos jóvenes le digan sí al retorno al campo en donde muchos no solo querrán sembrar y cosechar sino vivir y tener una calidad de vida amable, con aire limpio, salud y de frente a la naturaleza”, aseveró el dirigente.

 

Por un campo justo, la intermediación está mandada a recoger

 

Dentro del largo listado de líos e injusticias que trajo la liberación de aranceles y la puesta en marcha de una apertura que sacó a muchos de circulación, está la intermediación, una práctica indeseable que le quitó al campo rentabilidad, matriculándolo en el caos porque muchos de los señores de la plata compraron al precio que les vino en gana, pasando por alto un negocio esencial en donde el campesino fue doblegado y obligado a vender muy debajo de los costos de producción.

A ese cuestionable sistema que les quitó a los agricultores la tranquilidad y la plata muchos le ven muy corto tiempo de vida porque desde las asociaciones campesinas y cooperativas se busca la manera de llegar de manera más directa a la mesa de los colombianos haciendo que todos tengan acceso a una alimentación excelente y de buenos precios, una política de desarrollo agropecuario que beneficia a los dos extremos de la cadena, productores y consumidores.

En opinión del Gerente General de Fenalce, al agricultor le corresponderá ser mucho más eficiente en la entrega de productos frescos de manera inmediata, una labor que exigirá unos circuitos mucho más cortos de comercialización lo que hará que no sea necesaria tanta intermediación, un lío que estuvo presente para muchos hasta el momento vigente.

Para evitar que las deudas se acumulen y que los embargos atormenten a una población que trabaja duro y que ha visto contratiempos en sus trabajos de labranza, Fenalce igual estimó necesario que los productores entren por sendas de innovación y con manejos más empresariales de sus fincas o predios. En ese orden de ideas, afirmó, será necesario mejorar la presentación y el empaque de sus productos y vender de una manera muy diferente porque llegará el momento de dejar la carga y cambiar el patrón de medida para llegar con unas opciones mucho más cercanas al detal.

Añadió que para poder viabilizar toda esa iniciativa de nuevas presentaciones en producto también hay que echar mano de las tecnologías con el fin de mejorar los embalajes y tener un suministro de alimentos mucho más al tamaño de las familias, una tarea que busca individualizar mucho más el consumo lo cual permitirá que aparte de la productividad, las fincas tendrán que hacer todo lo posible por llegar directamente de las cosechas a la mesa del consumidor final.

 

“El valor agregado en el campo es una necesidad y en la medida que tengamos infraestructura y las implementaciones de tecnología así como de instrumentación, seguramente vamos a poder agregarle valor a nuestros productos porque con las condiciones actuales todo es una utopía en vista que no tenemos ni secamiento, ni almacenamiento temporal, como quien dice que la gente que siembra se queda sin nada, dicho de otra forma, sin a qué añadirle valor. Es lo mismo que la transformación agroindustrial en frutas pues mientras hay cosecha es viable mantener activa la producción, pero al no tener capacidad de almacenamiento ni líneas de frío para manejar las condiciones del producto, simplemente nos deja muy estacionales y sin perspectiva, pero ese tema hay que cambiarlo”, comentó Vanegas.

 

Instó al gobierno nacional, pero igual a los departamentales y municipales para que mejoren la infraestructura y doten a las regiones de centros de acopio, de secamiento y almacenamiento para poder garantizar un debido suministro, una estructura que no requiere el tamaño de aquellas de países con estaciones porque en Colombia, país tropical, a los cuatro o cinco meses hay una nueva cosecha. De todas maneras consideró importante generar inventarios en el campo para poder hacer la correspondiente transformación. Igual para entregar grano entero, otro procesado e ir innovando en presentaciones para ganar en la agregación de valor.

 

IDEMA sí, pero en línea

 

No son pocos los que recuerdan con nostalgia los servicios prestados y los favores del Instituto Colombiano de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, que pasó por una serie de transformaciones, pero que igual fue útil para una ruralidad que ganó en confianza por la política de absorción de cosechas, unas cosechas que fueron industrializadas para llevarles a los consumidores alimentos de calidad a precios relativamente cómodos.

La entidad nace como Instituto Nacional de Abastecimiento, INA, en 1944 gracias a la ley quinta del mismo año, en 1958 en plena dictadura militar se transforma en la Corporación de Defensa de Productos Agrícolas y en 1968 bajo el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, el ente se afianzó como Idema que tuvo a su bien asumir la compraventa, almacenamiento, transformación, importación y exportación de los productos del campo colombiano. En un tiempo no muy lejano eran comunes los empaques marca IDEMA, el aceite en latas de hasta cinco galones, los cereales, la leche líquida y pulverizada así como muchos otros productos que en su momento eran de muy buena calidad.

Cómo para no perder el hilo de la historia la entidad terminó marchitada por la corrupción y lo increíble es que contrario a procesar a los responsables de los desfalcos a la entidad aliada del campo, fue más fácil liquidar en 1997 un modelo versátil y rentable que hoy muchos recuerdan con agradecimiento y añoranza. Acudiendo a aquella expresión que las segundas partes nunca fueron buenas, los cerealistas aseguran que el viejo y recordado IDEMA dejó muy buenos recuerdos como modelo, pero este fue marchitándose en la medida en que el gobierno fue perdiendo musculatura y la capacidad de intervenir un mercado.

 

“En ese momento intervenir era comprar y en las condiciones de adolecer de infraestructura se hizo imposible captar las cosechas quedando como un moderador de buenos oficios para tratar de consolidar el encadenamiento productivo, pero sin poder hacer operaciones en el mercado, así las cosas, la entidad se fue esfumando”, enseñó el Gerente General de Fenalce.

 

Dejo muy en claro que hoy en imposible pensar en un IDEMA de las proporciones que llegó a ser la entidad porque este fue liquidado y entregado a la municipalidad que jamás supo qué hacer con eso, es decir que el Instituto tuvo un mal final toda vez que no quedó ni como recurso para el ministerio de Agricultura y menos como un servicio de los gremios de la producción que pudieron haberle sacado provecho lo cual fue imposible en vista que la entidad literalmente quedó desbaratada.

Sobre el asunto, Vanegas Angarita conceptuó que construir una entidad de ese calibre hoy sería muy costoso, pero no desestimó tener un IDEMA virtual en donde los productores, las cooperativos y las asociaciones puedan ofrecer sus productos de manera directa a los hogares impulsando consumo nacional de producto con mucha calidad y a precios relativamente bajos. A esta iniciativa habría que agregarle un fondo de comercialización en donde haya excedentes para que sean absorbidas inclusive bajo el esquema de compras públicas o en mesa de negociación.

Ese fondo consideró, podría autorizar a las comercializadoras o almacenadoras para comprar y así tener productos cuando vuelva el ciclo de alta demanda de determinados alimentos.

Otra opción sería hacer un plan de infraestructura de pos-cosecha en el que se dé una alianza público-privada, una iniciativa que sería muy rentable para agricultores e inversionistas porque permite dejar la dependencia del Incentivo a la Capitalización Rural, ICR, sino sumar mecanismos muy favorables para el agro que podrían partir del cincuenta-cincuenta en la capitalización del modelo para que no le resulte tan costoso al estado.

 

“Hay que buscar figuras que permitan que el productor y las regiones logren dotarse de esa infraestructura porque cuando uno va a cualquier zona agrícola y productora del mundo, lo que observa es elevadores, silos, capacidad de almacenamiento y otras herramientas, pero nosotros adolecemos de esas capacidades y las fincas terminan siendo tan solo el lote pues no hay depósitos, graneros o bodegas, sencillamente no hay nada y en eso debe actuar el gobierno con un plan nacional rural para volver a construir la infraestructura puesto que si no hay esa garantía será imposible repuntar en cualquier producto y caso opuesto se corre el riesgo de repetir los excedentes de producción que el mercado no puede absorber a ese mismo ritmo, ocasionando una sobreoferta en el taco de la cosecha haciendo desplomar los precios, es decir que nosotros mismos nos hacemos el harakiri cuando crecemos sin tener la infraestructura de almacenamiento”, explicó El Gerente General de Fenalce.

 

Independiente de productos emblemáticos de exportación que brotan del campo colombiano como café, banano, frutas, flores, aguacate hass y otros, hay una opción, si las cosas se hacen bien, de abastecer a Colombia generando una oferta exportable en otros renglones productivos diferentes a los citados. Lo importante, dijo Fenalce, es que hay en Colombia para el caso del maíz, un mercado de talla mundial porque se trata de siete millones de toneladas para 50 millones de colombianos, 140 kilos de consumo per cápita persona año que no lo tiene ningún otro producto.

En este sector, el del maíz, el ejemplo es tanto como que cada colombiano consume una libra americana por día, grata situación que el país no aprovecha y que hace pensar que Colombia para poder seguir importando al ritmo de hoy también tiene que exportar a un ritmo mayor para canalizar los dólares que se necesitan para poder pagar las importaciones, un ejercicio que lleva al equilibrio macroeconómico que tiene que buscar el país en su balanza comercial.

Especificó que Colombia tiene muchos productos que pueden ser exportados, empero aclaró que igual hay no pocos productos que tienen que ser importados y pagados en dólares, una dinámica que invita a pensar como país y definir si las divisas se van a quedar en el ejercicio habitual, es decir, aquello que se gana exportando flores se gasta en la importación en maíz, sin dejar de lado los costos de la importación de soya.

Hoy en día, detalló Vanegas, las importaciones de esos catorce millones de toneladas de granos básicos a millón de pesos tonelada en promedio quiere decir que Colombia está gastando en solo compras exógenas o adquisiciones en el mercado internacional de alimentos, 14 billones de pesos, el doble de lo que vale la cosecha cafetera nacional. Precisamente, resaltó, eso es lo que los encargados de proyectar desarrollo, Planeación Nacional y la clase política tienen que mirar con lupa para poder orientar la producción y las cuentas macroeconómicas del país.

Fenalce deploró la pérdida de tiempo para llegar a los niveles de productividad y competitividad porque, evitando ir muy lejos, tardó entre 20 y 25 años para reconocer que la investigación y la generación de conocimiento hacen parte de los bienes públicos. El gremio sostuvo que hay países que le tomaron ventaja a Colombia después de un liderazgo que se fue quedando en el tiempo, insistió en la necesidad de afinar en mejoramiento genético y en la obtención de cultivares mucho más efectivos y con mayor eficiencia. Para los cerealistas hay frentes que deben fortalecerse porque cuando se empieza a depender de las importaciones, el tema de estudio y mejoramiento queda relegado, una situación que amerita revisión porque Colombia debe tener sus propias semillas y desarrollar sus propios híbridos tal y como se hace en maíz, soya y otros productos.

 

“Eso es lo que nos puede dar autonomía e independencia para tener unas buenas productividades, logradas sobre bases de competitividad y sí poder avanzar a paso firme hacia una autosuficiencia y una sólida seguridad alimentaria”, concluyó el Gerente General de Fenalce, Henry Vanegas Angarita.

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