Lunes, 09 Noviembre 2020 21:03

Ruina en plena cosecha: Campesinos colombianos en vía de extinción

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La ANUC aseguró que si no hay políticas agrarias reales y un freno en las importaciones el país quedará al garete en materia alimentaria. Sálvese quien pueda.

El contexto no puede ser más lamentable para el campo, los productores de papa salen a venderla a la vera del camino para salvar algo, mínimo lo de pagar deudas. Quienes siembran plátano, yuca, ñame, frutas y otros alimentos están cosechando miseria porque hay mercancías de la ruralidad que son comercializadas muy por debajo de los costos de producción, y la banca rota, visible en los predios, ya hizo que muchos tomaran medidas, no más agricultura en sus fincas.

Mientras eso pasa en los campos sembrados y cosechados, las filas de camiones en la frontera con Ecuador siguen siendo largas con productos que brinda generosamente el agro colombiano. La papa sigue llegando de Europa y la quiebra se agudiza en la economía campesina sin que la situación le duela a alguien porque no hay medidas y lo único que se escucha, según los labriegos, es un subsidio irrisorio que no ayuda en nada.

Mientras los barcos llegan a los puertos con alimentos, en muchos núcleos de producción agrícola sigue el azadón arrumado y el tractor paralizado, los bueyes al parecer se fueron para la olla porque los animales estaban inactivos y la proteína estaba haciendo falta. En fin, hay un escenario que le debe preocupar al gobierno y a muchos porque la comida que se pudre y se pierde hoy es hambre para el mañana, por lo menos así lo dice la Biblia.

La seguridad alimentaria del país, esa soberanía que debería ser sólida y totalmente blindada como se salvaguarda el activo más preciado, sigue entregándose a un puñado de empresarios que no saben de siembras, el lío lo arreglan las compras de comida en el extranjero, pero nadie dice qué pasará cuando el hambre llegue como pandemia y los espectaculares socios comerciales digan que no pueden abastecer a Colombia porque la prioridad es darle suministro a sus nacionales, posición legitima por demás. Vuelve la respuesta, “averígüelo Vargas”.

Algunos agricultores consultados, en medio de su angustia, manifestaron su decisión de dar el paso al costado y cambiar de actividad, es decir que seguirá el abandono del agro en donde será izada la bandera de una política neoliberal que cambió cosechas, riqueza y empleo por unas importaciones que ayudan a unos pocos empresarios. Siguen las preguntas, ¿esa es la Colombia que le ofrecieron a los que se rompieron el lomo en las veredas?, ¿el país debe abandonar el campo?, ¿Quién va a responder cuando la comida se necesite y no esté a disposición?, en fin sobran las inquietudes, pero las mismas se han hecho por décadas y la respuesta fue la misma, nadie dijo nada y se hizo caso omiso a las inquietudes campesinas.

El presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, Luis Alejandro Jiménez Castellanos, le dijo a Diariolaeconomia.com, que es injusto, alarmante y vergonzoso lo que acontece con la oferta de alimentos en el país ya que ratifica que la ruralidad no hace parte importante de la agenda del gobierno, una coyuntura lamentable porque esa posición indiferente, está terminando una tarea que empezó en 1991 con la apertura económica, acabar de tajo con el campo.

En opinión de Jiménez, la situación es sumamente complicada porque se trata de un contexto crítico en vista que son varios los productos que pasan por un momento difícil en materia de precios. En principio, anotó, la papa arroja millonarias pérdidas y el anuncio de apoyo del ejecutivo, estimó, no compensa nada frente a la magnitud del problema, reconociendo que hay una buena intensión que resulta mínima para paliar la cruda realidad de hoy.

El directivo lamentó el castigo al cual se vieron sometidos los productores ya que hicieron la tarea, cultivaron y apostaron por abastecimiento, pero el premio fue mantener un contingente para importar el tubérculo de países europeos.

 

Eso sumado a la sobreoferta que hay ahora nos tiene en la realidad de papa al 15 o 20 por ciento del valor, muy por debajo de los valores que en la práctica cuesta producirla. Hay otros productos como la mora que para producirla hay que invertir por libra alrededor de 1.800 pesos, fruta que el mercado paga a 500 pesos, un revés económico muy fuerte que tiene a muchos con el aburrimiento encima”, declaró el señor Luis Alejandro Jiménez Castellanos.

 

Afirmó que como si fuera poco, hay líos enormes con el plátano que es otro cultivo que está en sobreoferta, un producto que al igual que la papa está ofertándose en las vías colombiana a un precio del 20 por ciento de lo que normalmente cuesta, es decir, unas pérdidas cuantiosas que desde ya tienen a muchos en calzas prietas.

Lo propio acontece con el maíz en Córdoba en donde la situación es mucho más que complicada porque se habla de 80.000 toneladas del cereal represado y en vilo, reconociendo igual que el gobierno está mediando para buscar compradores, sin embargo estos ofrecen precios de absorción muy por debajo de los costes de producción. La tonelada de maíz, explicó, tiene un precio normal de venta de 930.000 pesos y los ofrecimientos no satisfacen el esfuerzo y menos la inversión del agricultor, en este caso es muy útil la intervención del ejecutivo para poder superar el tema.

La ANUC manifestó que al observar el total de la agricultura, los problemas aumentan, incluyendo café que hasta hoy tuvo precios superiores al millón de pesos pues el precio para este nueve de noviembre fue de 997.000 pesos por carga de 125 kilos, una cotización que se espera, mejore y vuelva a los niveles en favor de las más de 500.000 familias cafeteras del país.

Anotó que no pasan por un buen momento las hortalizas, la yuca, el ñame y otros productos agrícolas porque además de todo el consumo bajó de manera importante como consecuencia de la afectación de la economía familiar que vio reducidos sus ingresos, otras que los perdieron por las medidas de salida de personal de las empresas y en términos generales por el efecto Covid-19, que al parecer tiende a agudizarse.

 

“Hay convergencias que no ayudan a los agricultores en este momento, tenemos sobreoferta, importaciones y desplome del consumo, los ingredientes perfectos para una crisis demasiado seria”, apuntó el Presidente de la ANUC.

 

Desde la perspectiva del agricultor colombiano, que para el capítulo Colombia se caracteriza por ser minifundista y con estreches económica, es el momento de crear de manera seria y con fines urgentes, una mesa en la que participen labriegos y sector primario en su totalidad, gobierno, agroindustria y consumidores para trazar los lineamientos de una nueva agricultura, que se focalice en innovación, rejuvenecimiento, uso de nuevas tecnologías, precisión, menores costos, cambio climático, relevo generacional y mayores rendimientos.

En esa mesa, puntualizó Jiménez Castellanos, debe haber espacio para proyectar un agro eficiente, al amparo de la legalidad y la rentabilidad porque en el momento actual hay cansancio y decepción, a tal punto que muchos agricultores no quieren saber de tierras, ganados o labores que al final del ejercicio económico, arrojan saldos en rojo, deudas y malas noticias.

El tema es muy apremiante, recalcó, porque un grupo importante de granjeros y dueños de explotaciones importantes en el sector rural, están anunciado su retiro de las labores agropecuarias, todo porque el campo no genera ingresos y ganancias sino deudas, gastos y pérdidas.

El tema de la papa, retomó el tema, seguirá siendo un problema de marca mayor porque para los papicultores, es mucho más barato dejarla en la tierra para que se pudra que pagar por sacar un tubérculo que no tiene valor comercial real o de renta para quien hizo una inversión, trabajó y cosechó, el tema, insistió es de gran calado y demanda atención estatal cuanto antes porque al descomponerse la papa que no será recolectada, atraerá insectos y vectores, sinónimos de muchas enfermedades, y con todo lo que pasa en este momento, el país estaría sumando otro riesgo sanitario.

 

“Muchos de los que se quebraron anunciaron que no volverán a cultivar por lo que le he propuesto al Gobierno Nacional que echemos mano de herramientas como el Fondo de Solidaridad Agropecuaria, FONSA, con el que se pueden gestionar importantes recursos, igual poniendo a funcionar el Programa Nacional de Reactivación Agropecuaria, PRAN, para nutrir con recursos a la gente y de esa manera reavivar el campo pues de lo contrario, y utilizando un dicho popular boyacense, nos lleva el que nos trajo”, señaló Jiménez.

 

En agricultura concluyó, hay que apreciar los productos que la tierra brinda, es por eso que se hace importante hacer agroindustria, contar con cadenas de frío y apostarle a una infraestructura que le permita al campesino tener una verdadera comercialización. Lo de hoy no da más que vergüenza, hablamos de agro y de producción rural, firmamos acuerdos comerciales como grandes productores cuando la verdad es que seguimos sin bienes públicos, sin vías terciarias o secundarias y extrañando el siglo XIX.

En su análisis hay un enemigo llamado tiempo al que se le unen indiferencia, falta de estrategia y otros factores que angustian porque no hay una previsión a futuro, dándole mayor relieve al problema. Todo eso sentenció, tiene al agricultor colombiano en vía de extinción.

 

“Ojalá que esos alimentos que tiramos a la basura en este momento, no los vayamos a llorar y anhelar en medio de una hambruna, lo grave es que estamos haciendo el curso para que eso suceda porque el país debe tener claro que ante una emergencia alimentaria nadie, absolutamente nadie le dará alimento a Colombia ni a ningún otro país, por eso la soberanía alimentaria no es una política ni una bandera es una obligación y una medida consecuente con el anunciado devenir”, concluyó el presidente de la ANUC.

 

El agradecimiento a los campesinos fue una bofetada

 

En este medio habló el productor Jorge Espinosa, quien comentó que en la región del Sumapaz algunos papicultores están vendiendo su producto en la finca a razón de 30.000 pesos el bulto, pero de manera muy marginal.

Dijo que en la zona quienes sembraron papa la van a dejar en la tierra y citó el caso de un agricultor con más de 2.000 bultos que decidió perder trabajo, producto y dinero porque, extraer el alimento cuesta, entendiendo que no hay margen de mayores pérdidas.

La región, aparte de sembrar papa, produce frijol, leche, mora. tomate de árbol, curuba, granadilla y otras frutas que no la pasan muy bien por estos tiempos.

 

Yo tengo dolor por lo que les pasó a los productores de papa, esa gente quedó en la calle y lo terrible es que siguieron las importaciones de alimentos como si el país no fuera prioridad. Ahora anunciaron un incentivo de 162.000 pesos por hectárea y el Ministerio de Agricultura sabe que con la plata invertida y con los valores que están de por medio, esa suma no ayuda en nada, entre otras cosas porque hay quiebras y gente desesperada que vive de trabajar y no esperando regalos o maná del cielo”, dijo el labriego.

 

El pequeño empresario del campo deploró que las vías siguen mostrando deterioro sin que el gobierno muestre trabajo y compromiso por la competitividad, una deuda que sigue sin pagarse y que caso opuesto crece, sumando motivos para abandonar las labores de labranza.

A juicio del noble agricultor, el abastecimiento que garantizó el campesino y los menesteres que fueron doblados para que a las familias colombianas nos les hiciera falta los alimentos, tuvieron como agradecimiento de lo siempre, desprecio y una bofetada. Reclamó del gobierno acciones contundentes para salvar la economía rural, pero con inversiones y logística, sin anunciar limosnas o dádivas que en resumen no solventan nada, los campesinos, insistió, quieren trabajar y que les garanticen rentabilidad por su esfuerzo, no un trato de quinta en donde la ofensa más grande es permitir que los intermediarios llenen a reventar sus bolsillos mientras que el sector primario se muere de hambre. Dogmatizó que trabajar para aguantar no se hace parte de ningún modelo económico.

Un fenómeno que, asegura, no tiene explicación, es que a mayor trabajo, mayor pobreza hay en los campos. Un ejemplo, agregó es la situación de la papa en donde fueron arrendadas fincas, contratados trabajadores para terminar en un fracaso total. A criterio de los agricultores, una muestra de grandeza por parte del gobierno en esta situación, sería suspender las importaciones.

Los insumos, siguen siendo otro lío porque un bulto de abono que costaba hace seis meses 92.000 pesos, hoy vale 108.000 pesos y en ese comercio no hay atenuante de nada, sube el precio por tasa de cambio, porque sube o baja el petróleo y jamás retrocede, en eso el agricultor quiere ver la famosa ley de oferta y demanda, pero no es notoria la regulación. Con la ruina actual, informó Espinosa, el campesino pasó de la línea de pobreza a la de miseria y vaticinó que vendrán embargos y más problemas.

El frijol por fortuna dio buena utilidad porque el cosechado pudo venderse a 650.000 y 680.000 pesos. Hasta esta semana hubo despachos del alimento a valores de 600.000 pesos.

En mazorca, el tema no mejora, la semana anterior en la Central de Abastos de Bogotá, Corabastos, los productores vendieron la carga a 30.000 pesos, es decir a 15.000 pesos el bulto que luego salió de Corabastos a 30.000 pesos. En papa el escenario es dramático puesto que un bulto es vendido en 20.000 pesos, la carga vale 40.000 y revendida es puesta en el gran comercio a 60.000 pesos.

El problema para este hombre del campo está en las importaciones y como van las cosas, vaticina que en Colombia morirá más gente de hambre que de Covid-19, porque ante una eventual hambruna, el país no tiene como reaccionar. Igual vislumbro más decesos por el factor violencia, que viene creciendo, un fenómeno que lamentablemente viene acompañado de un deterioro en el orden público.

 

Los agricultores estamos cansados, el agro no es rentable y como si fuera poco estamos ahogados en deudas, esos créditos nos tienen agobiados y el gobierno no ofrece ninguna garantía para aliviar los empréstitos. La suerte está echada, es poco lo que podemos hacer, vender la finca, buscar otra actividad económica y tristemente abandonar la tierra porque el gobierno está convencido que con importaciones todo lo arregla. Hay que esperar, y que ojalá no venga un desabastecimiento mundial de alimentos para que el país pueda darse cuenta que no estábamos ponderando las quejas. Sin campo la gente no come, así de sencillo”, escribió Jorge Espinosa.

 

Una medida con mala fama

Una alerta adicional en Cabrera, Cundinamarca, y en la región del Sumapaz, es que el gobierno busca cerrar las carnicerías como se viene diciendo en la destacada municipalidad de la comarca. Según los habitantes, la decisión sería fatal para la economía porque muchas personas viven de vender carne en los expendios conocidos casi que de toda la vida.

Con un cierre masivo de los expendios de carne, el problema no solo quedaría en el impacto económico sino social porque entorno a este negocio muchas personas devengan un sustento. Con las anteriores determinaciones del ejecutivo, los ganados de Cabrera deben sacrificarse en Icononzo Tolima, una diligencia que cuesta más de 100.000 pesos al llevar una res viva y regresar con el animal sacrificado.

Ya el estado había promovido la liquidación de los mataderos municipales para darles mayor dinámica a unos de influencia o con jurisdicción que garantizarían inocuidad y salubridad, una determinación que según los productores encareció el producto y aumentó la informalidad.

La región del Sumapaz es conocida por su hato ganadero, pero criar bovinos también es un dolor de cabeza porque con las últimas disposiciones, un novillo que en pie se vende en dos millones de pesos con arroba a 100.000 pesos, entre guías de movilización y gastos adicionales baja a 1,8 millones de pesos, un negocio que se queda en otros sitios. Lo que agrava el asunto es que ante la caída del comercio por la pandemia, muchos pagan el animal al precio que se les ocurra.

 

“Entre las Corporaciones Autónomas Regionales y la Federación Nacional de Ganaderos nos tienen arrinconados porque por un lado hay sanciones y multas para todo y por todo. A nivel gremial no hay defensa del productor, no se ven las bondades de estar agrupado y es poco lo que uno le ve a una asociación que maneja miles de millones del Fondo Nacional del Ganado, plata que ponen los que crían vacas. El campo no tiene voz y hemos cometido un error gigante porque les dimos un voto de confianza a unos líderes que vendieron la causa por nada, es decir no hay quien represente a los agricultores con conocimiento, honestidad, gestión y compromiso. El campo no tiene liderazgo y por eso es débil y poco creíble”, concluyó Espinosa.

 

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