Domingo, 23 Octubre 2022 00:33

Por geopolítica, insumos, clima y dólar, ruralidad sigue en el limbo: SAC

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Por geopolítica, insumos, clima y dólar, ruralidad sigue en el limbo: SAC Imagen-de-Yves-en-Pixabay

El precio de los insumos sigue golpeando los costos de producción y hay temas en discusión que pueden afectar la economía agropecuaria, hoy amenazada por el clima.

Cuando hablamos de alimentación y agricultura generalmente nos dirigimos al neolítico, unos 12.000 años atrás según los registros consolidados por los arqueólogos e investigadores. El ser humano encontró alimento inicialmente en la caza, la pesca y la recolección., pero una vez encontró bondades en el sedentarismo se inclinó por las siembras y domesticación de ganado, una actividad que le facilitó proteína expresada en carne y leche.

El hombre desde sus inicios ha dependido de la generosidad de la tierra, en los comienzos de la vida homínida el ser humano subsistió gracias a los árboles, arbustos y raíces, con la evolución halló una fuente de alimento importante en los ríos, mares y espejos de agua, pero cuando entendió que cambiar los riesgos de la cacería por la convivencia con algunos animales, acortaba caminos y facilitaba el bienestar. De todas maneras, los científicos aseguran que las primeras crías y domesticaciones dejaron una amplia estela de muerte, sencillamente porque muchos animales portaban infecciones y enfermedades que cegaron vidas durante siglos.

Como se puede observar, la agricultura no es tarea fácil, empezar tuvo un costo, pero sostener la producción agrícola y pecuaria igual ha pasado facturas onerosas, de un lado por las guerras, invasiones, pestes, inconvenientes geológicos, pero, ante todo, el hombre luchó y sigue dando la pelea con un enemigo fuerte e impredecible, el clima y sus intempestivos cambios.

 

 

En Colombia y América Latina, los indígenas que habitaron el territorio antes del descubrimiento al parecer encontraron alimento en dos actividades básicas, la caza y la pesca, con el tiempo y gracias a la observación fueron apareciendo nuevas fuentes alimentarias necesarias porque las comunidades se multiplicaban y la necesidad de nutrición apremiaba, fue así como entraron a la mesa de los primeros habitantes del continente productos como el maíz, la yuca y la papa.

Para el caso de Colombia, los expertos dicen que las labores agrícolas habrían tenido sus inicios en la Costa Norte hace 5.000 años cuando algunos grupos étnicos lograron explorar vegetaciones y beneficios, pero igual poner toda la experiencia para domesticar plantas. Existen versiones que aseguran que la labranza bajó del litoral atlántico y sus sabanas al resto del país y de la región. Los estudios dejan claro que la papa fue un alimento Inca, cultivado en Perú y Bolivia, pero sostienen que el maíz de origen mexicano viajó por muchas culturas, motivo por el cual su diversidad en semillas, colores y tamaños.

No se descarta entonces que las labores de siembra hayan sido la consecuencia de intercambio tanto de bienes como de conocimiento entre las múltiples culturas de Latinoamérica y que, al territorio, hoy conocido como Colombia, el agro pueda verse como un legado de otras familias aborígenes de enorme arraigo por la labranza, esas que sumaron a su dieta aguacate, cacao, pimentón, tomate, calabaza, limas, hongos, chiles y setas, igual fueron importantes alimentos como el frijol, amaranto y chía.

En las sociedades indígenas de gran relieve, verbigracia mayas y aztecas fue común la ingesta de frutas como papaya y guayaba, los mayas fueron muy amigos de preparar platos exóticos como tamales y otras recetas en las que usaban la vainilla.

Los alimentos eran muy parecidos en la región, pero de acuerdo con los climas, la oferta de productos variaba, por ejemplo, los incas no solo comían papa o maíz, igual disfrutaban de granadillas, piña, ciruelas, chirimoyas, zapallos, tomates, pimientos, hoja de coca, quinoa y algas, dieta muy afín con la de los grandes núcleos culturales de México y Mesoamérica.

 

 

Las tribus chibchas y básicamente los muiscas de la sabana de Bogotá y el altiplano cundiboyacense tuvieron al maíz como el referente de su agricultura, también sembraron papa, algodón, coca, maní, ahuyamas, arracachas y zanahorias.

Los muiscas fueron agricultores empedernidos y eso los llevó a desarrollar unas prácticas eficientes basadas en sistemas de riego para enfrentar épocas de frío extremo o heladas. Fueron los precursores de la siembra bajo la técnica de microverticalidad que consistió en cultivar en pequeñas parcelas y en distintos pisos térmicos.

Esta cultura sumó carne a su dieta y por eso combinaban alimentos de siembra con venado, conejillos, aves, cuys, orugas y hormigas, también consumieron pescado.

Del maíz vino una bebida sagrada que se fue quedando en los siglos, la chicha, un fermento del bendecido cereal, de tremendo poder embriagador, muy usual en rituales y festines, bebestible que en muchas ocasiones le sacó el muisca a más de uno, un derivado que aún sigue vigente en comunidades indígenas y campesinas, pero también en sitios emblemáticos en los que se ofrece como atractivo para saborear la génesis de una cultura especial y distinta, la latinoamericana.

La agricultura es parte del ADN de los colombianos, durante siglos llevó alimento y fomentó unión, con la conquista y la colonia mejoró opciones, así como técnicas porque llegaron otras semillas y animales de granja como vacas, ovejas, cabras, cerdos y aves de engorde, también arribaron para aportar en el desarrollo, caballos y burros. En América Latina el único animal doméstico que se encontró entre los indígenas fue el perro, muy querido por las familias nativas de Latinoamérica, aunque algunos canes terminaron en la mesa de algunos nobles en las tribus mexicanas que al parecer ladraban de hambre.

El solsticio de verano se impuso como el gran motivo de celebración por relacionarse con las buenas cosechas, una experiencia que aún se vive, solo que con mucha incertidumbre ante el embate del clima y la proliferación de enfermedades que se hacen más cercanas por el libre comercio. Los siglos devoraron calendarios, el hombre, una vez arrancó con las prácticas agrícolas no paró, por lo tanto, hoy se aborda el agro desde las siembras arcaicas y su evolución, las impulsadas con bueyes hasta la agricultura de precisión que hace uso de los increíbles favores de la cada vez más deslumbrante tecnología, lo cual incluye cibernética e inteligencia artificial.

En 2021 Colombia reportó una producción agropecuaria de 73.2 millones de toneladas, una cifra algo inferior a la registrada en 2020 que llegó a 73.3 millones de toneladas, por donde se le mire una cifra interesante, por cuanto el mundo afrontó un relicario de crisis que de hecho se mantienen como el Covid-19, el rompimiento en la cadena de suministro, desabastecimiento, inflación, guerra en Ucrania y todo tipo de problemas locales derivados del componente geopolítico, igual con cargo al clima y a la difícil realidad económica que impacta el entorno social.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, Jorge Enrique Bedoya Vizcaya, indicó que la salud del sector agropecuario depende del bienestar y el vigor de los consumidores nacionales, particularmente, y de los compradores a nivel global que finalmente les dan fuerza a las exportaciones. En ese orden de ideas, anotó, hay y seguirán los mayores costos de producción en el campo por el encarecimiento desbordado de los insumos, también de los créditos, impactados por mayor tasa de interés, medida del Banco de la República adoptada para ponerle freno a la inflación.

Agregó que las decisiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos para evitar que la economía se vaya a la recesión tendrán inexorablemente un impacto en la economía colombiana, un asunto que agudiza los apuros con la prolongación del conflicto entre Rusia y Ucrania, invasión que sigue generando volatilidad en los mercados internacionales de los insumos.

A criterio del dirigente gremial, debe verse también el entorno local, pues hay incertidumbre por lo que pueda ocurrir con la economía en el marco de la reforma tributaria que discute el congreso, pero también con el derrotero del salario mínimo, tema presto a ser abordado y adicionalmente preocupan las lluvias, ya que la agricultura se hace a sol y agua, todo sumado a una serie de complejidades que por más buenas intenciones que tenga el Gobierno, habrá factores que golpearán varias actividades económicas, con mayor rigor a la ruralidad porque es muy sensible a los factores citados.

Según Bedoya Vizcaya, la sustitución de importaciones es un reto que invita a trabajar muy duro porque finalmente redunda en el reavivamiento del campo como agronegocio, sin embargo, explicó el directivo, para producir 73 millones de toneladas de comida anuales en suelos colombianos, deben importarse más de dos millones de fertilizantes.

 

“El país importa entre seis y ocho millones de toneladas de insumos para el agro, materias primas como el maíz, frijol soya y el trigo, luego sustituir importaciones ayudaría a la economía primaria local, es deseable tener más producción nacional competitiva para que propicie un entorno de reactivación y con ella mejore la estructura de costos de quienes producen proteína de origen animal, pero eso requiere un patrón de economías de escala, el cambio de visión de los productores, incentivos estatales, mayor productividad en la tierra y un modelo de negocio particular, algo que no pasa de la noche a la mañana, luego el país puede migrar con políticas adecuadas, la voluntad del Gobierno y el concurso de los agricultores en ese camino, pero el asunto tomará bastante tiempo”, declaró el señor Bedoya Vizcaya.

 

 

En el caso de los fertilizantes, añadió, los labriegos requieren los productos nitrogenados, potasio y fósforo y puntualmente con nitrogenados y fósforo el ejecutivo debe tomar una decisión frente al tema de exploración de gas, fuente de los abonos ricos en nitrógeno, igual en fracking para garantizar suministro de esos fertilizantes, pero también son urgentes señales positivas en minería de donde viene la roca fosfórica que al parecer hay en el departamento del Huila.

Insistió hay pendiente una discusión amable que debe darse con el Gobierno Nacional lo cual contempla aspectos que van mucho más allá de lo expuesto por el Gobierno frente a la minería. Un tema que con seriedad y prontitud está llamado a iniciarse es el de las regalías y los recursos que pueden financiar la construcción de vías terciarias en las regiones más apartadas del territorio colombiano.

El último punto, afirmó el presidente de la SAC, abre el debate a propósito de lo que debe pasar con las regalías hacia el futuro, es decir que muchos elementos pueden llegar al campo, solo que, aterrizando cifras, analizando la viabilidad económica, jurídica y sobre todo de chequera que tenga el Estado para responder.

Algunos han dicho que la exploración petrolera puede seguir con verdaderas ganancias para Colombia, retomando el antiguo contrato 50-50 de los tiempos del Presidente Alfonso López Michelsen y volviendo al nivel de regalías llevado a menos en el Gobierno de Andrés Pastrana, unos dineros que de recuperarse deberían ir desde luego a infraestructura y desarrollo vial en los campos.

Sobre el tema, Jorge Enrique Bedoya Vizcaya, aseveró que para efecto del desarrollo agrario, no importa el cómo sino el qué, pues al final del día gran parte de los recursos de las regalías deben invertirse en la red vial terciaria del país, también en distritos de riego y en bienes públicos como escuelas, así como en la educación de los campesinos, de tal suerte que por encima de las premisas del Gobierno, dentro de su tesis de reconversión económica, la administración está llamada a mirar los impactos y la fuente de la cual saldrán los dineros para dotar de bienes públicos al campo porque de nada sirvió la resiliencia, el compromiso, el empuje y todo lo que garantizó seguridad alimentaria en medio de la pandemia, ya que la ruralidad sigue empobrecida, desprovista de herramientas, con atrasos preocupantes, sin desarrollo y carente de competitividad en un entorno de globalización.

En medio de tantas vicisitudes, apuntó el presidente de la SAC, la pregunta que surge es ¿de dónde va a salir la plata?

 

 

La agricultura, llamada a fortalecerse y a desarrollarse en entornos de asociatividad y cooperativismo por lo menos para el caso de los más pequeños que son mayoría en Colombia, pide a gritos equipos de alta tecnología como tractores o cosechadoras de precisión que permitan una producción más eficiente, competitiva, de menor costo y altamente rentable.

Lo anterior hace parte de lo dicho por la ministra de Agricultura Cecilia López Montaño, en lo que tiene que ver con asistencia técnica, un servicio que a criterio de la SAC debe darse, no solo para mejorar la productividad, sino para empresarizar la actividad rural porque los productores en todos sus tamaños deben tener una concepción de generación de riqueza ya que si el campo es rentable habrá una mayor producción de alimentos. El tema recalcó Bedoya, no es motivar un elevado número se siembras porque como se vio años atrás se puede perder la rentabilidad por sobreoferta.

En opinión del muy respetable economista de la Universidad Javeriana y Máster en Política Pública en la Universidad de Harvard, es importante ser muy precisos en los instrumentos que incentiven una oferta rentable de alimentos para que se convierta en un círculo virtuoso y no genere programas que motivaron siembras que dieron como resultado la quiebra de los productores.

 

“La Ministra y el viceministro, pero en general el equipo del ministerio de Agricultura tiene una gran capacidad de análisis y un llamativo acopio de información que les permitirá adecuar las políticas transversales, pero igual las sub-sectoriales. Desde el primer momento en que el Presidente Gustavo Petro designó a la Ministra, desde la SAC le ofrecimos todo nuestro concurso y colaboración con los 22 sectores que hacen parte del gremio, todos atiborrados de conocimiento, algo determinante en un Gobierno que quiere gobernar para todo y dialogar también con todos”, expuso Bedoya, un hombre con acreditada experiencia gremial.

 

Asistencialismo cero, a trabajar se dijo

 

 

Un problema de grandes proporciones para la economía primaria es el asistencialismo por cuanto la gente se enseñó al regalo, a la plata que se consigna sin esfuerzo y a una caridad cuestionable que les restó obligaciones a hombres y mujeres, que no trabajan y a cambio esperan el día de un pago inmerecido que lastimosamente termina en estancos y afinando los ya graves problemas de violencia intrafamiliar. El pan como dice la misma Biblia, debe ganarse con labor y esfuerzo, no puede ser la indigna misericordia que castiga inclusive a quienes sí trabajan y apuestan por el país.
Muchos a gritos piden el punto final de una compasión disfrazada habida cuenta que quienes duermen tarde y disfrutan de la vida nocturna, están en plenas condiciones de ganarse la vida, el país, según las personas en la calle, confundió ayuda con abuso y vagabundería.

Los empresarios del campo han tenido serias dificultades para contratar porque casi nadie está interesado en trabajar, los que ganaron el sustento con azadón, hoy quieren subsidios y consideración, unas prelaciones que cuestan y que no son justas a la hora de hacer sumas y restas desde el ministerio de Hacienda.

En su análisis, Bedoya indicó que la gente puede tener la titulación de las tierras, una buena iniciativa, que debe ir acompañada de crédito y asistencia técnica, pero en los factores de producción y en todo lo que implica sembrar alimentos, un sujeto tiene los predios, agua y el trabajo. Los registros, precisa la SAC, dicen que la tasa de informalidad en la mano de obra campesina se ubica en el 86 por ciento, una vergüenza y por ello la insistencia en los últimos mandatos de proyectar un régimen laboral propio para la ruralidad, puesto que el campo se está quedando sin talento y por eso la dificultad para encontrar quien coseche café u otros cultivos.

Ante este panorama, Bedoya Vizcaya instó a los jóvenes a quedarse en los campos, eso sí con incentivos y razones de peso para seguir en el negocio agropecuario con dos aristas fundamentales, en primer lugar garantizar la rentabilidad y segundo, dignificar al trabajador rural, lo que explica porque se le solicitó a la ministra de Trabajo, a propósito de la reforma laboral que se quiere impulsar, trazar un régimen laboral para el campo, teniendo en cuenta que las actividades campesinas son muy distintas a las urbanas o propias de las grandes ciudades.

Una salida es potenciar la educación vocacional y llevar la universidad al campo, pues la idea es que los hijos de la ruralidad se enamoren del terruño y de las enormes posibilidades que este ofrece con las actividades agrícolas.

 

“Por eso vemos con mucha satisfacción el enfoque que el nuevo director del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, Jorge Londoño, le quiere dar a la entidad, pues construye sobre lo que encontró, pero también hace un énfasis en el sentido de que no se trata de tener solo universidades sino ofrecer una formación y educación para el trabajo que contribuyan en emprendimientos rurales o también a que los colaboradores del campo accedan a una instrucción que les permita ser mucho más competitivos y útiles como mano de obra para llegar a los empleadores del sector primario que igual hacen parte de la trasformación y la agroindustria en el país”, detalló Bedoya Vizcaya.

 

El IDEMA no es una opción para el campo

 

 

Uno de los desafíos de la economía campesina pasa por optimizar los procesos de comercialización, haciendo que la ganancia quede en el bolsillo de los agricultores y no en el de un relicario de intermediarios que finalmente no sufren los rigores de sembrar, cuidar y cosechar.

Así las cosas, el retorno del Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, no es una opción para los agricultores, entidad que terminó siendo un dolor de cabeza como también un foco de corrupción, sin negar, claro está, que el modelo no fuera bueno o eficaz, infortunadamente dependía de la honestidad y la diligencia, dos activos en UCI desde hace décadas.

El asunto es sencillo, dijo el presidente de la SAC, pues se trata de generar un cambio de mentalidad en los productores, de aprovechar los mecanismos estatales de compras públicas, fomentar la asociatividad, fortalecer las exportaciones y mirar el campo como la gran empresa porque finalmente el país está en un mundo globalizado en donde la competencia es buena para el consumidor, pero que igual debe ser benefactora con el productor.

Expresó que los mecanismos artificiales pueden derivar, como pasó, en temas de corrupción, o simplemente en estructuras que demandan muchos recursos los cuales se ven mejor convertidos en carreteras, educación, asistencia técnica, crédito y aseguramiento de las cosechas como bienes públicos que a la par del ingenio, la inventiva y el compromiso de los agricultores, puede llevar a una producción rentable de alimentos en donde el Estado debe intervenir en lo estrictamente necesario.

Cierto es que el campo colombiano tiene potencial y mucho futuro tal y como lo ven la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación, FAO, los empresarios y líderes agrarios de países de la región como Brasil y Argentina, pero similares conceptos de naciones europeas y asiáticas.

Cuando se habla con personas o funcionarios de los países en mención, señaló Bedoya, hay que hacer una gran aclaración porque diferente a Colombia, esos pueblos no tuvieron más de 50 años de guerra, un atraso, solo en la dotación de bienes públicos en la ruralidad por culpa de la violencia y una ausencia de paz territorial que mientras persista con la falta de inversión decidida gubernamental, será un punto que no resolverá la gran expectativa que tiene el país, y es ver como el campo se convierte en una potencia.

 

 

Las inquietudes según el gremio no son capricho porque si los agricultores tienen tierra, agua, asistencia técnica y crédito no estarán completos si hacen falta carreteras, si reina la inseguridad o si continúan actividades irregulares que fomentan miedo como cultivos ilícitos, minería criminal o extorsión.

La SAC es clara en decir que los grandes problemas de la ruralidad se empiezan a conjurar dotando de bienes públicos a los productores del campo, un reto para el gobierno actual y para los mandatos que vengan, pues deben apostar de manera férrea por seguridad y justicia en los territorios. Para el gremio la tarea es esa porque siendo conscientes de la necesidad de resolver el asunto de la mano de obra, hay tierra, puertos, mercados y el sello colombiano de enorme importancia en los entornos internacionales.

La receta, acentuó el dirigente gremial, está en los bienes públicos, en la puesta en marcha de una agricultura moderna y eficiente que avale rentabilidad, permitiéndole a Colombia ser una potencia en seguridad alimentaria para el ámbito local, así como foráneo puesto que habría la posibilidad de llevar provisión a otras latitudes.

Abordando el tema de soluciones, una experiencia cercana y de mal gusto se dio con la entrega de tierras en el Magdalena Medio por cuanto los predios que fueron asignados para la agricultura y la ganadería, terminaron en venta y sin cumplir con el propósito del Gobierno. La situación, dicen algunos, invita a confrontar las listas de beneficiarios de la época con quienes hoy solicitan suelos cultivables.

El tema no debe quedarse en un error específico, dijo Bedoya Vizcaya, porque lo que debe hacerse desde el aparato estatal es revisar porque salieron mal las pasadas reformas agrarias, ya que el asunto no es solamente entregar tierras, pues debe haber un paquete integral que les permita a los beneficiarios tener acceso al crédito, obviamente una visión de mercado, ser productivos y competitivos porque van a rivalizar en unos contextos globalizados.

Los agricultores colombianos dicen que el Gobierno tiene todas las herramientas para aprender de lo hecho en el pasado porque como lo dice el mismo ministerio de Agricultura, el tema no es solo entregar tierras porque el sitio de labranza, el actual y el que está por iniciar, es un factor de producción que requiere de muchas otras dotaciones e instrumentos para su efectividad y cumplimiento de metas.

El gremio durante su existencia ha insistido en el crédito de fomento con unas tasas de interés preferenciales. porque si hay un agente que necesita ayuda e incentivos es precisamente el primario. Como nunca antes los agricultores demandan un subsidio a los tipos de interés porque hay incertidumbre con los entornos económicos y las medidas del Banco Central que con la reiterativa subida en las tasas sigue encareciendo los costos de producción, un factor que se suma a fertilizantes imposibles, materias primas por las nubes y unos acertijos muy tenaces por el ambiente de guerra.

 

 

Independiente de los problemas con la papa que finalmente tienden a enderezarse por tratarse de cultivos de ciclo corto al igual que otros, el verdadero desafío lo impone el clima, una variable complicada del día a día que sigue exponiendo inversiones y la misma seguridad alimentaria.

Cabe recordar que la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, nació en 1871, justo en medio de cambios y mutaciones políticas, económicas y sociales. Este gremio erigido en el siglo XIX fue testigo de muchos hechos trascendentales para el país por cuanto vio el tránsito de los Estados Unidos de Colombia en medio del federalismo a la República de Colombia, ya haciendo uso del centralismo.

Según la SAC, su fundación se dio en una época que, aunque convulsionada por las luchas partidistas, vio la irrupción del ferrocarril, del telégrafo, y de grandes avances de la educación. En ese periodo fueron abiertas escuelas, construido colegios y puesta en marcha algunas universidades. Se instituyó en ese entonces, la educación primaria obligatoria.

Con la llegada de la SAC como gremio, vino una primavera económica, puesto que afloró el comercio y creció la industria. En ese momento los empresarios del campo ya hablaban de la necesidad de modernizar la agricultura mediante la introducción de nuevas tecnologías, entre ellas el arado y las semillas clasificadas. Colombia, dice el gremio, estaba en plena construcción.

Entre sus fundadores están Eustorgio Salgar, presidente de la Unión General, Gregorio Obregón, Manuel Umaña, Manuel Silvestre, Nicolás Sáenz, Carlos Michelse, Juan de Dios Carrasquilla, Mauricio Ruiz, José María Melo, Gregorio Salgado y Salvador Camacho Roldan. El general Eustorgio Salgar, fue elegido primer presidente de la SAC.

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