Sábado, 17 Diciembre 2022 07:54

El campo no aguanta una desilusión más: Analistas y productores

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Los productores quieren que las políticas sean integrales y en favor de la agricultura, no solo un modelo hecho a la medida de las exportaciones, porque es urgente recuperar soberanía alimentaria.

Muchos dicen que en Colombia todo se hace al revés o sencillamente pasa lo increíble, pues mientras el neoliberalismo pide que el Estado se ausente de los procesos productivos, potestad del sector privado, hay dineros por cantidades que van al sector productivo, ese que en su gran mayoría defendió, no se sabe por qué, la globalización cuando la misma apertura económica quebró a grandes empresarios y agricultores.

Como si fuera poco, la clase política pide puestos burocráticos y desde las endebles toldas, todas mandadas a recoger, se exigen despachos, ministerios y cuotas que tan solo han lesionado las siempre lánguidas metas del sector agropecuario, tan relevantes como el presupuesto que se le asigna a la postrada ruralidad.

En el sector agropecuario hay quejas de todo tipo, desde la falencia en bienes públicos e infraestructura hasta la debilidad de unos gremios en donde la política igual ha permeado su poder, una queja de muchos productores que lamentan la intromisión abusiva de los llamados varones electorales, los mismos que están exigiendo cargo para los subsidiarios de la causa, verbigracia, el Comité de Cafeteros del Huila, hoy el más posicionado y ejemplar, en donde se construyó caficultura a punta de trabajo, ideas, innovación, todo fruto de quienes estuvieron en la dirección ejecutiva y desde luego logro de los caficultores que hicieron la tarea y llevaron el grano huilense a los más exigentes mercados de gourmet, ello matizado en calidad y productividad, pero jamás se vio el oficio en los políticos por dar una mano, dicen los caficultores, que debieron bailar con la más fea en los malos tiempos, sin que nadie se acordara que ellos como fuerza gremial existían.

Eran y son 540.000 familias cafeteras para el total del país, pero ya muchos lo miden como caudal político en un escenario contradictorio porque en el Huila fue derrotada la causa petrista, algo que de alguna manera lo libera de compromisos y caso contrario le permite demostrar de manera general que como Presidente tiene la visión y la altura para decirle a caficultores y agricultores que hay una camiseta puesta, sin tono político y por fuera de las más precarias costumbres.

 

 

Una cosa es muy cierta, los gremios son estrictamente de los empresarios y productores del sector primario, así como de otras actividades industriales que durante décadas han edificado institucionalidad y respeto, todo porque abanderaron el ideario de los sectores productivos y crearon la hoja de ruta que hoy les permite seguir en la dinámica, un espacio en donde nada, en absolutamente nada debe inmiscuirse la política porque esa intervención deslegitima la credibilidad y el talante que per se tienen las agremiaciones, sea cual sea su origen.

Los productores y trabajadores del agro coinciden en afirmar que inclusive las entidades del campo adscritas al ministerio de Agricultura deben tener el respectivo relevo, pero con gente idónea y capaz de darle un empujón a la política del Presidente Gustavo Petro, en aras de reactivar la economía rural. En esos cargos, aseguran, deben estar técnicos, ingenieros, veterinarios, agrónomos y todas aquellas personas que sumen en conocimiento, nada que esté relacionado con peticiones de naturaleza coactiva o cuotas, tan solo meritocracia y compromiso.

En el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, entidad que debe ser protagonista en la nueva era campesina, aseguran, debe estar un conocedor de la sanidad agrícola y animal, así como de inocuidad, buenas prácticas y todo lo concerniente a aspectos sanitarios. La ministra de Agricultura, afirmaron los consultados, tiene claro que debe existir una entidad que garantice las exportaciones y las mismas importaciones, luego deja un mensaje preocupante frente a lo relacionado con soberanía y seguridad alimentaria.

 

 

Tanto campesinos como empresarios del labrantío tienen muy claro que el ICA es una entidad creada para la protección a la producción agropecuaria con la finalidad que los labriegos vuelvan los cultivos estratégicos, una tarea que debe darse con la expansión de las siembras de los medianos plantadores. Dicen que lamentablemente se ha perdido la asistencia técnica porque el ente estatal se dedicó a certificar exportaciones y sacó de los campos a los técnicos y profesionales de la agricultura, algo delicado porque hoy tiene en el desamparo a pequeños y medianos productores.

Los consultados dicen que el ICA debe recuperar su filosofía de retomar su labor social y agraria porque solo con asistencia y volviendo a los predios será posible exportar y generar la comida que el país necesita, impulsando en menor tiempo la sustitución de importaciones, el negocio de unos pocos con cargo a la ruina de muchos. En este sentido los de ruana, esos que madrugan a labrar y cosechar creen que el Presidente de la República dará un revolcón porque hay entidades del ministerio de Agricultura en donde el común denominador son las corbatas y puestos de gente muy bien recomendada.

De cara a exportar, dijo uno de los granjeros, el campesino no sabe todos los requerimientos técnicos, estratégicos y económicos para poder llevar sus productos a otros países, de eso, aseguró, la gran mayoría no tienen la menor idea.

 

“El ICA solamente atiende a los grandes exportadores y por ello es que han crecido los despachos como los de ganado en pie, pero en general entre el 60 y el 70 por ciento del presupuesto del ICA está destinado, entre comillas, a proteger la sanidad agropecuaria. Es perentorio contar con un plan de acción institucional que vuelva a sus orígenes y que haga lo que muy bien hacía, es decir sacar los técnicos de las oficinas y procurar por el bien de la sanidad que a los veterinarios les toque volver a atender a sol y lluvia como se hizo otrora, lo único que sirve para brindar asistencia técnica a todo nivel y reavivar las siembras de cereales como maíz y trigo, pero igual otros de ciclo corto que serán esenciales en la dieta de los colombianos”, dijo el líder campesino y mecánico agropecuario Iván Rojas.

 

Ahora con la amenaza de retorno del Covid-19 y la eventual aparición de nuevos patógenos, los países y Colombia por capacidad, deben tener siembras y la facilidad de suministro, pues muchos hablan de que los tiempos que vienen no son los mejores.

 

 

Las entidades del Estado, dijeron los campesinos visitados, tienen que ser autónomas, sin ningún tipo de injerencia en los funcionarios porque el Estado tiene claro que debe propender por sanidad animal y vegetal, así como por inocuidad e investigación, una actividad que fue muy dinámica con Corpoica, pero que perdió impulso con Agrosavia.

Los trabajos del ICA, que no son pocos, dijeron los agricultores, no se pueden quedar en ganadería, aguacate Hass, uchuva, flores y otros porque siendo importantes, tienen que darle espacio a la agricultura de primera mano, la que enfrentará los duros periodos que se avecinan y que demandan los mismos servicios y atención gubernamental, ya que las exportaciones generalmente resultan de alto costo para Colombia.

Hoy, afirmaron los labriegos, el sector agropecuario está paralizado, no ha habido línea, pues no se ha hecho ninguna modificación y algunos piensan que se está confiando en el Plan Nacional de Desarrollo, algo complejo porque lo que se haga hoy en la ruralidad se verá en cuatro o cinco años puesto que deben alistarse los suelos, trazar estrategias y cultivar, actividad que no se hace de un día para otro.

Hoy los dolientes del campo deben asumir sus tareas y obligaciones, las entidades del Estado deben operar como tal y para beneficio de todos los agricultores, los servicios de la autoridad sanitaria no se pueden estratificar porque como lo dice la Constitución Política están de por medio derechos fundamentales, llámense vida, trabajo o alimentación. Por su parte los gremios tienen que aprovechar la parafiscalidad con el fin de invertir e investigar, la capacidad técnica, insistieron los campesinos, debe darse para los productores más vulnerables y no poner veterinarios al servicio de las grandes explotaciones que tienen musculatura financiera.

Una petición que hicieron los labriegos fue parar la estéril entrega de tierras porque a juicio suyo de nada sirve adjudicar predios si no van acompañados de asistencia, proyectos productivos y comercialización. Recibir hectáreas, comentaron, puede ser un encarte ya que no hay un diagnóstico ni una destreza.

El país, a criterio de los labriegos no necesita consultores ni ningún tipo de inversión inútil, pues el ICA y la misma Agrosavia tienen a la mano las soluciones y los instrumentos técnicos como también científicos para sacar la pata del barro, la autoridad sanitaria, determinaron, no puede seguir operando como ente habilitador del libre comercio, todo un harakiri.

 

 

Actualmente hay una postulación para que un experto del ICA asuma la gerencia de la entidad, una solicitud de personas conocedoras de las actividades de quien aspira a formar parte del gran equipo desde las divisiones inferiores, pues hizo, literalmente la carrera en el campo, acredita 35 años de experiencia y goza del voto de confianza del cuerpo profesional del instituto.

Uno de los errores históricos del Estado colombiano, dijeron algunos empresarios del campo, fue adelantar la escisión de ICA y Corpoica, una tragedia porque la nueva Agrosavia vivió entre cinco y diez años con los proyectos que dejó el Instituto Colombiano Agropecuario. En su charla dijeron que hoy la investigación agropecuaria subsiste con el presupuesto de la nación cuando la idea era que todo eso se hiciera con el aporte del sector privado, pero no hubo desembolsos, ni aporte para el desarrollo tecnológico y la misma investigación.

Hoy hay grandes avances en los gremios que tienen sendos centros de investigación como Cenipalma, Cenicafé y otros, pero lamentablemente las entidades estatales se quedaron en un atraso tecnológico y agropecuario superior a 20 años, desde que acabaron el ICA.

 

“Algo es muy cierto y que es que la independencia gremial debe seguir para mejorar, crecer y proyectar un país afable, ojalá lleno se siembras y alimentos. La papa es de los paperos, el arroz de los arroceros, el cacao de los cacaocultores, el maíz de los maiceros, el café de los cafeteros, el ganado de los ganaderos, la leche de los lecheros y así sucesivamente, cada sector tiene una federación o una asociación, todo muy del arraigo productivo, pero deben ser entidades lejanas del tema político, cuando eso pasa, nada bueno se puede esperar”, aseveró Rojas.

 

La parafiscalidad, argumentaron, es buena porque desarrolla sectores y los catapulta, pero hay líos cuando esas platas se salen de su cauce y cambian de destino, un asunto que debe tener lupa encima. Ese dinero, afirmaron los agricultores, deben cubrir la totalidad de los labriegos o criadores de animales, no puede quedarse en los más fuertes, pues ello va en contravía de la idea parafiscal, o todos en la cama o todos en el suelo.

Dentro de las nuevas propuestas que se escuchan en el ICA en materia de consultoría es que no valdrá 1.500 o 2.000 millones, los expertos de la entidad la harán completamente gratis porque saben que dentro de su compromiso está el trasladar conocimiento a los campesinos y se habla de veterinarios, ingenieros, agrónomos y biólogos entre tantas especialidades, gente que ya se cansó de estar en una oficina sin hacer nada.

 

 

Hay mucha ilusión por el nuevo Gobierno y por la reactivación del campo, los productores por fin ven luz al final de túnel porque la producción de alimentos finalmente será el salvavidas de los colombianos.

En charla con Diariolaeconomia.com, el zootecnista y experto en temas agrarios Germán Silva afirmó que infortunadamente los gobiernos anteriores por el afán del libre comercio destruyeron el agro colombiano, puesto que los pequeños agricultores están desapareciendo y lamentablemente, sentenció, los medianos también van camino a evaporarse.

Cuestionó que la ruralidad terminó saturada de asociaciones y federaciones que manejan un discurso bastante elocuente, solo que tienen un lío, no van al campo, desconocen los problemas de los lugareños y jamás están presentes en tiempos de producción cuando tan mal les va a los productores por la malsana intermediación.

Dijo que, si bien hay federaciones, asociaciones y confederaciones, sin dejar de lado algunas cooperativas, la idea es tener verdadera representatividad, pero no la simple creación de unas instituciones que van tras los recursos de la parafiscalidad con el agravante que no todas llevan a cabo una función integral que beneficie a los campesinos.

 

“Nunca van a los predios, no hay asistencia técnica para los agricultores de menor tamaño, nadie los orienta sobre los sistemas de cultivo o cría eficiente, menos hay formación sobre competitividad, productividad y el agronegocio para que la comercialización genere renta. Hay unos verdaderos monopolios que manejan desde esos gremios el esfuerzo de pequeños y medianos labriegos. Hoy el país está dejando ir ganado vivo en perjuicio de los precios internos de la carne, están saliendo otros subproductos y las importaciones crecen, arrasando unidades productivas, anhelos y empleos, todo un modelo que estamos seguros va a cambiar con la nueva administración”, expuso el conocedor.

 

Dijo que un ejemplo claro de carestía se puede medir con una simple pata o mano de res que hasta hace poco valía 2.000 pesos y hoy no se consigue por menos de 10.000 pesos, ha llegado el caso, agregó, que la cobran a 20.000 pesos, y eso tan solo para una parte del bovino, ni que decir de los cortes.

 

 

El mayor precio, explicó Silva, no se traduce en renta o ganancia para los pequeños o medianos ganaderos o para los criadores de cerdos que tienen igual que pagar una cuota de parafiscalidad, un dinero que no se ve en las fincas, granjas o potreros de los productores menos favorecidos.

Más que federaciones o asociaciones buscando plata, recalcó el zootecnista, el campesino y los productores urgen de la investigación que en su momento realizó el ICA, pues ya no se habla ni se ven los bancos de germoplasma, el verdadero activo del país y una riqueza que hoy no se sabe a quién se le entregó y lo más delicado, nadie da razón de dónde están, sencillamente se desaparecieron porque para los pequeños empresarios del agro, la ganadería o cría de especies menores, hay intención de todo menos de ayudarlos, no son del interés de nadie.

La gremialidad, añadió, se ha convertido en una palestra para acomodar personas con unos sueldos exorbitantes, muy superiores a los de un técnico agropecuario o al de cualquier profesional, una situación que debe cambiar porque hay exclusión y falta de oportunidad para las mentes maestras, muchas por fuera de Colombia y otras en el cuarto de San Alejo.

El profesional dijo que el diagnóstico, después de tantos años de equivocaciones e injusticias, no es el mejor, empero subrayó que hay unas muy buenas expectativas con el actual Gobierno que le dará la oportunidad a los técnicos de las entidades, lo cual será benévolo con el productor primario, en especial del pequeño que estuvo a la deriva de los planes de los mandatos anteriores.

 

Las compras de canasta básica son mínimas

 

 

Los problemas del campo son muchos, demasiados, pero ya se trasladan a las ciudades porque si los agricultores no siembran, el abastecimiento se ve comprometido y entonces los precios escalan a niveles alarmantes porque en la teoría de oferta y demanda, uno de las conclusiones es que lo que más vale es aquello que no hay, elemental.

Por un lado, la producción se encareció por temas logísticos que ya están quedando superados, pero igual por la situación de Europa del este en donde la guerra entre Rusia y Ucrania tierne frenado el suministro de fertilizantes y otras materias primas, entre ellas cereales y aceite de girasol.

Hoy, manifestó Germán Silva, hacer mercado aflige por cuanto la plata no rinde, no alcanza para adquirir bienes o alimentos básicos, a tal punto, que las amas de casa cambiaron el canasto por el pequeño talego, pues la fruta subió en 300 por ciento, la verdura a niveles afines y así en todo, es decir que comer se está convirtiendo en un lujo y gran culpa de esta situación, más allá de los insumos y todo lo demás, pasa por una inexorable intermediación que deja plata en unos cuantos bolsillos y hambre en un sinnúmero de hogares.

Hay muchas entidades e intermediarios que le restan dinero y desarrollo al campo, se maneja un discurso neoliberal y aperturista, pero los gremios fuertes que encarnan el poder económico viven de los dineros públicos y de los empujones que financieramente les brinde el Estado, un absurdo contrasentido.

Un tomate que en el campo vale 100 pesos llega a un supermercado a mil pesos, un asunto increíble que pide control y vigilancia porque los intermediarios se ganan todo en tanto que pierden irónicamente productores y consumidores, algo parecido a la arveja que al ser secada y empacada pasa de 1.000 a 5.000 pesos, una situación que exige la presencia del Gobierno para meter en cintura un mercado diseñado para mandar a la bancarrota a quien se parte el lomo labrando, sembrando, fertilizando y cosechando.

 

“Una pacha grande de plátano en la finca vale 10.000 pesos, le hablo de una arroba y media, pero en un supermercado, con las tarifas de intermediación, tres plátanos, tan solo tres, cuestan 7.000 pesos. Todo esto es consecuencia del gobierno de César Gaviria, el peor para el campo colombiano, que por resguardar la apertura económica acabó con las entidades que defendían la economía campesina porque otrora hubo apoyo e investigación, algo que fue marchitándose hasta quedar en nada. Otro error fue atomizar la figura del Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, que vendía el producto directamente, todo para hacer favores. El esquema como tal fue muy bueno, necesitaba gente honesta para que funcionara aún mejor, pero los gobiernos optaron por la fácil, acabar lo que servía”, declaró el señor Silva.

 

 

Hoy los campesinos siguen con el anhelo de ver un revolcón en la política agraria para que haya dignidad, respeto por el trabajo y derecho a la rentabilidad, los labriegos de Colombia no piden mucho, tan solo condiciones equitativas como también acordadas de mercado que justifiquen el trabajo y que les dé valor real a las cosechas, todo sobre pilares de desarrollo e infraestructura.

En consideración de Silva, el campo ha recibido tantos golpes y situaciones adversas que un fracaso adicional en la política agraria no se resistiría, un asunto que descartan porque creen en el Presidente y en sus políticas para reverdecer la ruralidad.

Para el experto hay fe y todo el voto de confianza, pero sostuvo que los lugareños quieren asistir al renacimiento de la economía agropecuaria con productores y campesinos de empuje, pero no con gente tóxica para el sector primario, lo cual incluye unas asociaciones que no ayudan y unos intermediarios que tienen una doble figura, ruina y tragedia.

El trabajo campesino, subrayó Silva, necesita ser reivindicado pues los agricultores son los verdaderos héroes de Colombia y por eso sería prudente y honesto que la prensa estuviera más tiempo en las zonas de producción agrícola y no tanto en el Congreso habida cuenta que los nacionales necesitan saber la verdad y percatarse de cómo es la vida en los campos, un escenario en donde unos pocos sobreviven para que todos en el país no sufran.

 

“Los ciudadanos tienen el derecho a saber cómo se produce y por qué no se cultiva, deben estar enterados de todos los pormenores técnicos, económicos y sociales de la Colombia rural, esa en donde se trabaja duro y por muy poco, allá en donde las mujeres recién paridas envuelven el bebé en un poncho y salen a recoger papa para que los citadinos coman, labor que hacen con mucho gusto, la verdad el campo necesita reconocimiento y respeto”, aseveró Silva.

 

 

El agro necesita un cambio de fondo, dijo, pues no tiene sentido que se exijan buenas prácticas agrícolas y ganaderas, impongan la Ley y después capaciten a la gente en vista que lo verdaderamente urgente es volcar a las entidades estatales a los campos para que los instructores capaciten y enseñen sobre inocuidad e higiene en la obtención para asegurar mercados, más con productos prospectivos como arándanos y cannabis que se puede manejar de manera extraordinaria, solo si se capacita a los productores para después llevarles resoluciones o normas.

Los pequeños y medianos productores, expresó el analista, pueden abastecer a Colombia y otras naciones, es una tarea pendiente porque los agricultores locales saben producir y hacer sustitución de importaciones con lujo de detalle, el tema es arrancar lo más pronto con la transformación del campo.

Finalmente, el zootecnista acentuó que un asunto que no puede quedar por fuera de la nueva agenda es el cambio de chip en la agricultura porque la síntesis química, prohibida en Europa, está arrasando con los suelos productivos tal y como se observa en Asia. En ese sentido, anotó, es necesario retomar las entidades del sector agropecuario que hacían investigación, darles nuevamente esa potestad para que exploren y adelanten análisis de tierras y mirar que productos e insumos son convenientes para garantizar futuro y alimento con suelos sanos. Igual resulta oportuno que a través del Estado y sus entidades se establezcan tipos de cultivos, variedades y calidades, así como rotación.

El país, concluyó el profesional, debe preparase para los tratados de libre comercio, que son buenos, pero bajo esquemas de ecuanimidad más no desproporcionados como hoy están, sin embargo, no se puede ser inferior, y de la mejor manera, Colombia debe competir porque hay capacidad, potencial y ganas de retomar las siembras para garantizar la seguridad alimentaria y generar oferta exportable.

Hoy el ejecutivo cuenta con muchos recursos medidos en divisa listos para empezar a reavivar el campo, lo ideal es que esa plata que anunció el ministerio de Agricultura, cerca de 100 millones de dólares, lleguen a los campesinos en alto grado de vulnerabilidad. Solo así habrá campo para superar tantos años de olvido.

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