Domingo, 05 Mayo 2019 06:50

Risaralda, una caficultura ancestral que glorifica y enamora

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Los productores de café del emblemático departamento del Eje Cafetero le siguen apostando al valor agregado para poner en el mercado mundial un grano de gama alta y muy apreciado.

El avión blanco, un ATR de la empresa Easyfly hacía el afortunado aterrizaje en la muy bella ciudad de Pereira, estábamos cerca de arrancar con una nueva aventura por tierras cafeteras en donde la alegría, la amabilidad y la generosidad de sus gentes están a la orden del día. Faltaba muy poco, pero la bienvenida nos la dio un cultivo enorme de café, supremamente hermoso y dueño de un verde oscuro que brillaba con los rayos del sol.

Por fin tocamos tierra en la “querendona, trasnochadora y morena”, en esa bella Pereira que tantos recuerdos nos trae a quienes tuvimos el privilegio en algún momento de trabajar bajo su sagrado techo. La agenda estaba matemáticamente trazada, al salir del aeropuerto internacional Matecaña la cita era en el Comité de Cafeteros de Risaralda en donde había un café esperando y la hospitalidad de quienes dirigen con tanto tino la caficultura risaraldense.

Camino al centro de Pereira, llevando la mirada al costado izquierdo de la ruta, tratando de ver el otrora espacio del zoológico fue imposible no hacer algo de retrospectiva de una tierra con historia y linaje. Risaralda fue el sitio de grandes culturas prehispánicas pues antes de que llegara el adelantado, don Sebastián de Belalcázar en 1537, reinaban aborígenes de las familias Quimbaya, Gorrones y Caramantos.

Sin duda los españoles descubrieron asentamientos o pueblos indígenas que habitaban valles y montañas en climas que variaban al subir o bajar ya que había calor, frío y ambientes templados, mucho más llevaderos. El ambiente fue complicándose y vinieron exterminios inexorables de indígenas que según los cronistas optaron por morir de hambre antes que cultivar para ver a sus hijos en condiciones de esclavitud y maltrato.

En ese entonces, Cartago la Vieja, hoy Pereira y Buga eran ciudades que sirvieron de escenario para unas confrontaciones sanguinarias en donde los nativos luchaban hasta fenecer por el derecho que les asistía sobre la tierra. Risaralda en un comienzo no llamó la atención de los españoles y por eso experimentó un abandono hasta la mitad del siglo XIX cuando el silencio fue irrumpido por la colonización antioqueña que llegó para construir pueblos, ciudades y desde luego a sembrar café.

Risaralda, un paraje verde y caracterizado por tierras fértiles y muy magnánimas tiene la gracia del agua y la bendición de la naturaleza puesto que por sus montañas y valles corre apresurados los ríos Cauca y San Juan, las dos grandes hoyas hidrográficas, empero también aportan con agua afluentes como el Otún, Risaralda y La Vieja. En los catorce municipios la calidad de suelos es una cualidad y por ello los ancestros supieron darle el mejor uso pues allí creció café, pero también caña de azúcar, plátano, yuca, guayaba, papa, maíz, algodón y frutas. En esta tierra prospera igualmente una ganadería especializada en carne y leche que muestra unas conversiones muy rentables.

Esta región fue y es de alta capacidad industrial por cuanto allí generaron dinámica empresas que fueron desde las privadas hasta aquellas que hacían parte de las rentas departamentales. Su producción industrial puso un timbre especial al procesamiento de alimentos, bebidas, textiles, confecciones, papel, carrocerías y carbón. Risaralda, igual aporta gran cantidad de alcohol carburante para las mezclas que requieren los combustibles fósiles.

Al llegar a la sede del Comité Departamental de Cafeteros quedamos lelos y con una mirada enclavada en la casona que alberga la institucionalidad cafetera de los risaraldenses. Una mansión de grandes dimensiones, pletórica de balcones y adornada con plantas ornamentales nos decía bienvenidos. La verdad, ingresar a la bonita sede nos generó agrado y orgullo porque las paredes de la vetusta construcción le dicen al visitante que Risaralda es gente, optimismo, trabajo, innovación, historia, amor, valores, paz y café.

El Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Risaralda, Jorge Humberto Echeverri Marulanda, le dijo a Diariolaeconomia.com, que amén de las vicisitudes y los líos que ha ocasionado el desplome de los precios internacionales del café, hay vigente un activo en la caficultura departamental y es la fe. Agregó que la actual crisis amerita un análisis juicioso y sosegado puesto que no resultaría sano hacer juicios apresurados de la coyuntura.

Explicó que sencillamente lo que está pasando en términos generales es un exceso de oferta de grano que es aprovechado por los especuladores y quienes viven de este cultivo en las bolsas y los tostadores a nivel internacional. Según el directivo, luego de hacer un ejercicio con los productores pudo determinarse que el café es rentable más si se tienen en cuenta que el Comité Departamental está absorbiendo grano a las asociaciones para el consumo propio, para los temas de promoción y para las tiendas cafeteras, todo ello enmarcado dentro de una estrategia que en el departamento se conoce como “Risaralda, diversidad de perfiles”, que es una apuesta de los caficultores de la región la cual está enmarcada en once pilares.

Estos cimientos empiezan con uno muy importante que es el fortalecimiento organizativo, determinante al considerar que al haber muchas asociaciones el asunto de establecimiento y fortalecimiento asociativo se constituye como base importante. A partir de allí, expuso Echeverri Marulanda, se le abre paso a otros diez pilares como el empalme generacional, el tema de la mujer cafetera, la red de laboratorios, ya en construcción y seis funcionando, así como las tiendas de café. No menos importante es la promoción al consumo, la calidad del café y la venta de grano a nivel internacional en donde se busca posicionar a Risaralda como un importante destino para compradores de café en todas las presentaciones.

“Toda esta estrategia lo que quiere es mejorar la rentabilidad del caficultor y va alineada con la estrategia de la Federación Nacional de Cafeteros porque nosotros no podemos estar por fuera de lo que define el Congreso Cafetero cada año y que se ha plantado a través de la Gerencia con una consigna definida y es la rentabilidad del caficultor. Nosotros queremos volver sostenible, no solamente el Comité de Cafeteros sino el negocio de las familias cafeteras de Risaralda, dejando claro que es a través de esta estrategia que lo estamos haciendo, teniendo en cuenta que es una apuesta a veinte años y con unos indicadores muy definidos, celebrando, eso sí, que ya reportamos victorias tempranas”, apuntó el señor Echeverri Marulanda.

El Comité Departamental que ya cuenta con tres tiendas “Risaralda Diversidad de Perfiles” y se alista para abrir la cuarta en Pereira. Un punto para tener en cuenta es que la capital de Risaralda, la imponente “Perla del Otún” se está quedando sin caficultura, pero afortunadamente con el café, es decir que en Pereira las áreas sembradas con el grano han disminuido de manera importante porque el municipio pasó de tener 18.000 hectáreas hace 25 años a menos de 4.000 en la actualidad, un bajonazo visible y por momentos desalentador, pero incontenible por el desarrollo de la ciudad, el uso de predios para urbanismo y el consecuente precio del suelo, como quien dice que hacer caficultura en la metrópoli ya no es rentable.

Dadas las circunstancias Pereira optó por abrirle espacios a los negocios de café o tiendas en donde se promociona el espectacular producto regional y por el ello el gremio cafetero les hace un acompañamiento técnico a quienes se lanzan a la gran aventura de ofrecer café preparado y en unos ambientes en donde tomar una taza de café resulta toda una experiencia.

Para llevar conocimientos varios a los emprendedores y empresarios, el Comité cuenta con el concurso de la Escuela de Calidades del Café del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, muy articulada con la institucionalidad cafetera en Risaralda. Igual hay apoyos a los caficultores y a los jóvenes emprendedores que no son pocos.

“En Risaralda queremos que Pereira sea un destino y una ciudad en donde se tome el mejor café de Colombia y eso lo estamos logrando con todo el tema de promoción y con la exigencia que nos imponemos en todo lo atinente a la calidad del café en una taza”, aseveró el Director Ejecutivo.

La ciudad de Pereira, narró el directivo, sigue creciendo en oferta de tiendas de café, dejando ver la creatividad de los empresarios o emprendedores que hacen los sitios muy amables, cómodos y temáticos. En esta capital, agregó, hay café del muy bueno para todos los gustos y todos los ambientes. En opinión de Echeverri, el tener una bonita tienda de café en Pereira se ha vuelto un tema casi que exigente por parte de los consumidores y eso ha hecho que el café regional llegue a unos mercados muy interesantes, pero la meta es avanzar a unos sectores puntuales como la tienda de barrio y a las amas de casa que no tienen acceso a un buen café para lo cual habrá todo un ejercicio de capacitación con el fin de mostrarle a la interesada que el café que toma es de mala calidad y que lo más acertado es tomar café de buena calidad, sembrado en el departamento y en donde participa una familia de Risaralda.

Dentro de la estrategia del Comité de Cafeteros de Risaralda está el Centro de Tostión regional que le presta el servicio al caficultor o a cualquier ciudadano que quiera llevar una arroba de café en pergamino seco para llevar 16 o 17 libras empacadas y muy atractivas para la comercialización, ejercicio que tiene muy bajo costo porque el costo de maquilar esa cantidad de café tiene un valor de 48.000 pesos aproximadamente.

“Si yo le pago a un caficultor un café de buena calidad en 100.000 pesos y le invierto 48.000 pesos en la maquila, me está costando la libra de café de muy buena calidad alrededor de 9.200 o 9.500 pesos, es por eso que le estamos vendiendo esa idea a muchas personas para que inviertan un poco en su café y cuenten con producto excelso para la familia, para el consumo y así poder acceder a un café realmente bueno”, declaró Echeverri.

Al mirar cifras, Risaralda cuenta hoy con 46.000 hectáreas de café, siembras que están en los 14 municipios del departamento, siendo a la fecha el primer productor, el municipio de Belén de Umbría, seguido de Santuario. Hay en el departamento 19.400 familias cafeteras dejando ver un promedio de una hectárea por caficultor. Hay municipios en donde dicho promedio es 0.8 y otros en donde el productor cuenta con 2.8 o tres hectáreas por unidad productiva.

La labor es ardua y el Comité trabaja de la mano con organizaciones y firmas promotoras del cultivo incentivando a las familias a que tengan un café de muy buena calidad y también a que sean muy productivas en el mismo territorio. Risaralda hoy tiene un nivel de producción de casi 21 sacos por hectárea, quizás uno de los tres departamentos más productivos del país porque hay zonas en Colombia en donde ese promedio está en 15 sacos de café, Risaralda lo tiene claro y le apuesta a una mayor producción de café por hectárea a través de varias iniciativas, verbigracia, “Más Agronomía, más Productividad”, un tema muy de la Federación.

Igual el Comité busca diversificar las áreas en café porque en promedio hay 5.500 árboles por hectárea y la idea es llegar muy rápidamente a 6.000 o 6.500 árboles por hectárea, es decir bajar área sembrada, pero con mayor productividad lo cual es en definitiva parte de la solución a las dificultades de hoy, es decir hay que extraer más grano en la misma hectárea de café.

El Comité sigue insistiendo en productividad, calidad y competitividad para lo cual explora mecanismos que buscan valores agregados y una taza que sea totalmente remunerativa. Echeverri manifestó que al café hay que verlo como un alimento y por tal razón hay que tratarlo como tal, tenerle cuidado, manejar protocolos, fertilizar, manejo de periodos de carencia y garantizar la inocuidad. Solo así, expresó, será posible tener un café de elevada calidad y haciendo sostenible la actividad cafetera.

Llama la atención que el departamento logró la taza de la excelencia gracias a un caficultor americano que llegó a Colombia, logró amañarse y se quedó para volverse cafetero, ejercicio en el que lleva cuatro años y probando con distintos tipos de café hasta lograr una taza de máxima calidad.

Una de las consecuencias de los bajos precios y de la pérdida de rentabilidad en el café es la migración a otros sectores, quizás es común ver grandes extensiones sembradas con aguacate has. Muchos han dicho que lo malo del asunto es que puede haber una sobreoferta a futuro por la cantidad de países que lo ofrecen, llevando el negocio a una situación de pérdida.

“Ese es un tema muy delicado, yo personalmente no estoy de acuerdo en que las implementaciones de esos cultivos se hagan tan rápido. El tema del aguacate no lo conocemos mucho, pero estamos ingresando en un negocio incipiente que consume muchísima agua y que es altamente contaminante por los fungicidas que maneja. Estamos entrando en un cultivo en donde no hay garantía de compra hoy pues ya uno ve que algunos municipios que van a pasos agigantados sin medir los impactos a futuro por el tema ambiental y de las familias que se incorporan”, enfatizó el destacado directivo.

Sobre esta siembra, el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Risaralda expuso que es alarmante ver el desplazamiento de personas porque hay gentes de otras regiones del país o de otras naciones comprando tierras, haciendo de lado al caficultor que en medio de la crisis prefiere vender su predio. Ese tema, aclaró, no es recomendado ni apoyado por la Federación Nacional de Cafeteros y por ello ha habido prudencia. Las recomendaciones solamente se dan cuando hay estudios confiables del Centro Nacional de Investigaciones de Café, Cenicafé, o del servicio de extensionistas. “Los caficultores deben seguir en lo que saben, evitando incursionar en insólitas aventuras”.

En Colombia hubo líos con las llamadas modas del agro ya que muchos dejaron de sembrar cafetos para poner semillas de maracuyá o mora en sus predios, a tal punto que los excedentes dejaron a muchos con una mano adelante y la otra atrás, por fortuna hubo reacción y esos legítimos soñadores regresaron a la grata caficultura en donde hicieron lo que más saben, sembrar café suave que en el peor de los mundos siempre tendrá mercado y dolientes.

Para Jorge Humberto Echeverri Marulanda el café tiene una serie de variables muy valiosas empezando por la gremialidad que apoya y empuja, pero igual dando la garantía de compra que es un bien público importante de los caficultores que de igual manera tienen a la mano el servicio de extensión que asiste técnicamente a los productores sin dejar por fuera la investigación científica a través de Cenicafé.

“Todos estos bienes públicos hacen que la actividad cafetera sea menos difícil en Colombia que en otros países en donde no hay una Federación, haciendo que nosotros tengamos un diferencial en precio. Para nadie es un secreto que por el plus que tiene, el café de Colombia recibe del mercado un poco más, hoy está por el orden de los 25 centavos de dólar por libra el diferencial, lo cual hace parte de un reconocimiento que se han ganado los caficultores de Colombia de la mano del gremio y de otro activo importante expresado en promoción”, dijo el directivo.

Recalcó que por todo ese contexto hay que analizar la crisis con toda tranquilidad porque también hay unos cafés que reportaron sobreprecio en cooperativa por ser de muy buena calidad y por ello son remunerados con diferenciales de 5.000, 6.000 y 8.000 pesos. Agregó que al sumar los diferenciales frente a la oferta es muy difícil la situación, pero indicó que por lo menos hay algo que suma.

En Risaralda hay caficultores vendiendo futuros y es por ello que muchos productores que ya vendieron la cosecha a 90.000 pesos porque el año pasado la fijaron en cooperativa dejando ver que hay instrumentos que blindan al productor de las coyunturas, pero que no se usan porque está dentro del arraigo tener el mejor precio y no cumplir la palabra. Lo cierto, explicó Echeverri, es que si en una temporada de bajos precios se tazó la cosecha por encima de los costos de producción más la rentabilidad, el tema realmente vale la pena.

En 92 años de labores, la Federación ha mostrado que es el mejor modelo para replicar en la ruralidad y hacer que las cosechas, cualquiera que sea, resulten rentables porque van a tener un manejo empresarial desde las siembras. En todo entorno, el Comité reconoció que gran parte del éxito de la caficultura se debe a la mujer que es la mejor catalizadora del conocimiento que va dispersándose en familia logrando que se cumplan muchos objetivos.

Actualmente Colombia cuenta con unas variedades de café casi que homogéneas, recomendadas por la Federación y que son resistentes a la roya. El gremio capacita al productor, le informa sobre floración y sobre las nuevas tecnologías de beneficio así como de innovación.

El caficultor suele ser incentivado porque recibe colinos de café y estímulos económicos por renovación de cafetos y zocas, bien sea por recursos de la Federación o del mismo gobierno. De todas maneras Echeverri indicó que gracias al café Colombia ha tenido desarrollo, oportunidades y opciones porque hubo colegios, puentes, parques y centros de salud. En este momento avanza exitosamente el programa Universidad en el Campo que muestra logros prematuros en los departamentos de Caldas y Risaralda.

La Federación Nacional de Cafeteros y los Comités Departamentales trabajan de manera eficiente, articulada y buscado multiplicar los presupuestos para que la caficultura esté siempre atendida y presta a servir. A criterio del Director Ejecutivo lo bueno es que los caficultores se den por enterados que son ellos los dueños de la Federación, una empresa que debe permanecer para que la labor cafetera no sea tan difícil bajo un techo caracterizado por gremialidad e institucionalidad.

Apía, un lugar especial y amañador en plena cordillera

El municipio de Apía tiene una historia muy particular, fue fundado el 15 de agosto de 1883 en un momento de altos valores y temor por Dios. La vida del municipio se debe al matrimonio del señor, José María Marín y la señora María Encarnación Marín, los primeros colonos antioqueños que llegaron a las duras, pero encantadoras tierras de Risaralda y más específicamente a Apía en donde instalaron su residencia.

Este encantador municipio ubicado en la vertiente oriental de la cordillera central fue muy conocido por la actividad ganadera, pero de a poco esta labor fue decayendo hasta convertirse en una pequeña ganadería con un hato de engorde en donde se buscan mejoras en peso para finalmente comercializar el rebaño en el pueblo o en la región.

Al llegar a Apía es común ver estribaciones sembradas en falda con café y unos picos de montaña que se dejan abrazar por las nubes que bajan y suben para luego irrigar agua por las selvas y bosques naturales en donde se levantan como defensores del lugar enormes cedros, robles, cerezos y yarumos. Las vías terciarias y la que conduce a Pereira tienen en sus orillas arbustos y otros árboles muy de la región.

Esta región briosa por el trabajo y visionaria, ve en las labores del campo el presente y el futuro del mundo, quizás por ello las nuevas generaciones están haciendo empalme con los ancestros para darle larga vida a la productividad cafetera, el alma de este bello municipio izado a 1.630 metros sobre el nivel del mar y con una temperatura promedio de 19 grados centígrados.

Es bueno recordar que este municipio y su área de influencia fueron habitados por aborígenes Apias, de donde muy seguramente viene el nombre de tan agradable poblado. El territorio que dependió del gobierno de Popayán, fue jurisdicción del virreinato de Perú hasta 1549, luego pasó a ser parte del Nuevo Reino de Granada.

Esta tierra que huele y sabe a café abriga buenos recuerdos y tiene como patrimonio una historia que arranco a finales del siglo XIX con el proceso de colonización antioqueña, ese que diseminó la raza paisa por selvas y montañas a donde llegaron abriendo caminos a punta de hacha, machete y fuerza bruta.

Para hablar del café de Apía que mejor que abordar al caficultor, Jaime Andrés Loaiza Zapata, un descendiente de la dicha colonización ya que sus padres y abuelos fueron pioneros también en las entonces inhóspitas e ignotas tierras destinadas a la caficultura. Este joven caficultor, pues tan solo ha cantado el "happy birthday" en 29 ocasiones, es un apasionado por el café, igual por la música y por su carrera, la economía, una mixtura apacible que garantiza triunfos y laureles.

Este emprendedor de raca mandaca pasa su tiempo en la finca “La Sonora” predio del cual extrae un café de muy buena calidad, el mismo que es beneficiado y tratado con mucho cuidado para llevar un pergamino seco digno de los puertos más exigentes en donde llega solo el mejor grano. Dijo que la historia del café en Apía tiene también matices clericales como pasó en Norte de Santander con el presbítero, Francisco Romero, solo que en el municipio risaraldense se hace remembranza del padre Guzmán que igual que Romero perdonaba pecados por siembras de café, un canje que le dio impulso a la actividad cafetera de Apia un pueblo con vena y tradición en este cultivo.

Mientras caminamos y hablamos con Jaime es posible escuchar el canto de las incontables aves que vuelan de árbol en árbol y juguetean mientras estático el colibrí extrae el néctar de las húmedas y abigarradas flores. Se escucha a lo lejos un murmullo hídrico, ¡claro!, es el corretear de los ríos Apía, San Rafael y Guarne, las afluentes del río Risaralda que a su vez son alimentados por frescas y cristalinas aguas que bajan por las quebradas que nacen en la montaña.

Su gran aprendizaje vino de su padre, el señor Jaime Luis Loaiza Acevedo y de su madre, la señora, Rosalba Zapata Ospina, unos risaraldenses trabajadores y amables hijos de antioqueños que llegaron en busca de riqueza y de oportunidad, claro está, pagando un precio muy alto porque en esa travesía pasó de todo en vista que hubo enfermedad, sufrimiento, aguante y mucha oración porque los colonos llegaron contra la fuerza del clima, soportando soles imposibles y aguaceros imparables. A lo anterior se sumaba la humedad, los animales de la selva y los eternos mosquitos. Es posible que a estos valientes los beatifiquen porque ¡oh travesía y qué aventura!.

La finca “La Ilusión” es otra propiedad de la familia, pero es muy especial porque fue la finca del abuelo, la tierra pionera de la familia que heredó don Luis y en donde creció sembrando café a tiempo que su padre, el abuelo de Jaime, le hablaba de las bellezas de Jericó y Andes en la poderosa Antioquia.

Sobre café destacó que Colombia tiene muy buena fama, pero precisó que aún hace falta mucho por hacer, asunto en donde debe estar el gremio cafetero, el gobierno y los consumidores.

Sostuvo que la caficultura no puede seguir en la tónica de llorar sobre la leche derramada sino explorar soluciones, variables y posibilidades de negocio porque hay cosas que están cambiando y el cafetero, necesariamente, tiene que adaptarse a esos cambios. En ese sentido el joven cafetero indicó que ya es hora de innovar y apelar a las nuevas tecnologías para mejorar las calidades del café y así tener una caficultura sostenible que debe redundar en una buena condición de vida para quienes de ella viven.

Loaiza ve sus cafetos como “hijitos” y es por ello que los cuida y protege, entre otras cosas, porque fue lo único que vio de niño cuando acompañaba a su padre en las jornadas de siembra y cosecha. Nunca olvida ese paisaje extenso de montañas y café, un espectáculo para la vista, muy en el recuerdo y en el corazón de Loaiza.

“En la finca tenemos algunas variedades de café, hay borbones, caturros, castillo y diversidad de genética que es aprovechada en la finca para estabilizar procesos en los cultivos y determinar cuál ofrece las mejores condiciones para así suplir las necesidades de los clientes específicos que se tienen o se van teniendo. La experiencia con los catimores no ha sido mala si se tiene en cuenta el rendimiento por árbol”, declaró Jaime Andrés Loaiza Zapata.

Un tema si tiene bien claro este cafetero el café da plata, pero con valor agregado porque hoy el mundo paga por una materia prima y lo ideal es sacar provecho de valores agregados y calidades expresados en taza. Sostuvo que por salud, por sabores, aromas y calidades hay que cambiar la mentalidad y aprender a tomar café colombiano de calidad sin dejar de lado los negocios interesantes que hay por fuera del país y que económicamente dejan una buena rentabilidad.

Lamentó que en la tierra del mejor café del mundo en forma de grano le estén vendiendo al público lo peor que se produce y lo más grave mezclado con cafés de otros países que no gozan de buena calidad, resultando todo un lamento para los colombianos y un riesgo para la salud porque no hay datos de trazabilidad.

Lo irónico de todo, afirmó, es que produciendo café de alta calidad, en la finca los capataces o agregados sirven un “tintico” maluco porque compran en la tienda lo que anuncian los medios como muy bueno o en ocasiones publicidades en donde piden que le pregunten a Colombia ¿qué café toma?, la respuesta la dan llorando, comentó.

“No tiene presentación que tengamos café de gama alta y tomemos basura, eso es como producir Ferrari y montar en Monareta con las ruedas pinchadas, esa es la relación que hago cuando veo el tipo de café que está consumiendo el país, lo cual no es justo porque en este país del Sagrado Corazón todos tenemos derecho a un café decente porque tenemos un café a la mano que pide que le agreguen valor, pero tristemente no creemos en lo que obtenemos”, apuntó el caficultor.

Se nota, y ello complace, que Loaiza Zapata es un enamorado permanente de su Apía del alma, un apiano de pura cepa que sabe lo que es ser embajador del terruño y vender el potencial de la tierra querida. Dijo que el municipio pasa por un momento especial porque los jóvenes están tomando o retomando las banderas de la empresa cafetera porque hay de por medio negocios y tradición.

Jaime es socio activo de la recién nacida Sociedad de Cafeteros de Occidente en donde hay productores de corta edad, es decir de entre 25 y 35 aunque igual hay una cuota de experiencia que allí converge con los productores de 50 años de vida que enseñan todo sobre la caficultura porque tienen experiencia y ya recorrieron los caminos pétreos de esta actividad agrícola.

Reconoció que si bien hay un nuevo aire en esa caficultura, igual los jóvenes están canalizando todo el conocimiento y la experiencia de los viejos del café que son vistos como héroes porque lograron sobrevivir en medio de tiempos muy complejos, en donde hubo guerras, conflictos sociales y caída de precios.

Sobre el retorno al campo por parte de las nuevas generaciones, Loaiza acotó que ese será un proceso importante porque el mundo depende y dependerá de la producción de alimentos y agua a disposición, recursos que tiene Colombia y que debe aprovechar de inmediato porque la humanidad no mitiga el hambre con oro o calma su sed con vasos de petróleo. “El que siembre vivirá, es así de sencillo”.

En esta pequeña población abrazada por serranías habitan en promedio 18.976 personas que aman el café, que disfrutan sus cultivos y que están comprometidos con una labor que resulta ser el ADN y la cédula de toda una nación. En esas montañas creció Colombia y allí a lomo de mula fue construyéndose la marca país y un origen de gran reconocimiento en café suave.

“Una de las cosas destacables de Apía es que la gente a diario busca algo nuevo que hacer, es un municipio inquieto, emprendedor y cultural, allí hay empresarios que miran la forma de fundar nuevos proyectos basados en cosas buenas y en favor del prójimo, eso me encanta y me hace mucho más orgulloso de mi pueblo”, exclamó Loaiza Zapata.

Apía es dueña de un paisaje único que ofrece destinos saludables y ecológicos como los parques naturales municipales Agua Linda y La María, el jardín botánico, la cascada de la Popa o la Laguna del Morro Azul. Llaman también poderosamente la atención el Valle del río Mapa, las minas de manganeso, la casa de la cultura y el monumento a los arrieros. Dentro de los atractivos está desde luego la iglesia Nuestra Señora del Rosario.

El productor dijo que el buen café es relativo porque cada quien tiene su fórmula para beneficiar y producir café de mucha calidad. En su concepto no hay una verdad absoluta en caficultura porque en los orígenes hay hasta aspectos sorprendentes bien sea técnicos o empíricos.

Un sueño hecho realidad

Después de mucho insistir y acopiar los recursos necesarios para erigir empresa, Jaime anunció que la tienda de café El Alquimista es un hecho porque ya está lista para darles el café más exigente a los consumidores. La meta es que quienes ingresen al recinto vivan la mejor experiencia alrededor de una taza de café porque esta bebida sin duda hace parte de un momento social que debe ser sublime y especial.

Con el café de “El Alquimista” habrá espacio y tiempo para compartir experiencias desde los aromas, desde los sabores y desde las sensaciones que produce el poder tomar un café casi mágico. Su socio es Camilo Castaño, un caficultor y barista que trabajó en los Emiratos Árabes en donde logró acumular mucha más experiencia porque posiblemente atender gustos árabes puede ser un camello.

En esta sociedad hacen convergencia dos amigos que expresan amor y pasión por el café y por el entorno cafetero. Ello, dice su propietario, avala la mejor ingesta de café porque lo venden los mejores.

“El Alquimista” tiene que ver con la transmutación, la transformación y la espiritualidad, todas particularidades del café que llevado al paladar con un buen barista, quizás el mejor, permite vivir lo mejor llevado en una aromática taza. El reto de la tienda es vender el mejor café de Apía y de la región en donde hay altos puntajes en calidad.

La tienda que llegó a Pereira ofrece productos derivados de café y otras bebidas, habrá también métodos para preparar el bebestible y la tostadora facilitará la entrega de muestras para algunos clientes que quieran aprender un poco más. El sitio pondrá a disposición del público café especial por libras con orígenes varios y calidades insuperables. El negocio quiere revolucionar el mercado doméstico razón por la cual será posible conseguir cafés de otros países, eso sí con buenos orígenes y calidad a toda prueba.

Al analizar todo el entorno colombiano, su pasado, su presente y su futuro, Jaime Andrés Loaiza, asegura que es viable cambiar las cosas que no funcionaron con ideas que seguramente partirán alrededor de una taza de café porque hay oportunidades grandes que le pueden cambiar la cara a una Colombia urgida de renovación y mentes frescas.

Apía tiene en promedio 4.600 hectáreas cultivadas con café de las cuales unas 600 puede decirse, están tecnificadas por ese oficio permanente y tozudo del Comité de Cafeteros. Este municipio produce unas 371.000 arrobas anuales de grano siendo el octavo productor departamental. La agricultura fuera de la caficultura está sintetizada en cultivos transitorios como el maíz, plátano, frijol, arracacha y yuca, una producción corta, casi de pan coger, en vista que surte a las familias campesinas y a algunos pequeños mercados de la región.

Salimos de Pereira en la mañana muy temprano cuando los rayos de sol atravesaban de manera tímida las nubes grises, de nuevo vino el encuentro con la Risaralda cafetera, esa de 4.110 kilómetros de superficie y 967.780 habitantes según el último censo. Partimos de la tierra del chorizo santarosano, de los turrones blandos, del pasillo “La Ruana”, ese de la capa del viejo hidalgo, de tiple y hacha así como del perro andariego que se perdió en la montaña. Cómo no evocar al compositor pereirano, Luis Carlos González Mejía, dueño de tan bella pieza musical.

Allá nos saludó con lucimiento el imponente nevado de Santa Isabel y el cerro de Tatamá. Nos fuimos de la amable Pereira y de otras poblaciones viendo sus suelos de ceniza volcánica dejando crecer árboles de donde emerge en cereza el café que todos quieren porque si algo enamora de Pereira, aparte de todo, es el sabor, el aroma y la especialidad de su tremendo café.

Todo nuestro agradecimiento a la caficultura de Risaralda. Siempre un abrazo.

 

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