Sábado, 24 Diciembre 2022 01:51

Agricultores de Córdoba lamentan sistemática extinción de las abejas

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Agricultores de Córdoba lamentan sistemática extinción de las abejas Imagen-de-Willgard-Krause-en-Pixabay

La síntesis química sigue envenenando acuíferos y entornos en donde los polinizadores encuentran injustamente la muerte, dejando la agricultura en riesgo y al hombre en los umbrales de la hecatombe.

Es triste decirlo, pero las abejas están en vía de extinción, igual siguen amenazados los colibríes y todo los polinizadores naturales que paradójicamente son sinónimo de vida. La química aplicada en la agricultura y todos los impactos de la contaminación asesinan miles de insectos y aves útiles sin que el hecho genere reacción en las autoridades.

Las abejas fueron y son muy necesarias, de hecho, la apicultura según algunos rastros rupestres tiene entre 7.000 y 8.000 años de antigüedad, tiempos en los que los pueblos milenarios llevaban a cabo la recolección de miel en unas colmenas totalmente rústicas. Según los investigadores hay rastros que ratifican que el ser humano quiso darle sostenibilidad a una colonia silvestre en 2.400 antes de Cristo.

Las abejas, intimidantes y naturalmente agresivas, fueron del mayor provecho para los pueblos antiguos, no en vano los egipcios transportaban colmenas en unas barcas aprovechando la navegabilidad del río Nilo. En esas épocas vetustas y pioneras en la civilización estos polinizadores fueron la base de empresas apícolas en la antigua Grecia, determinantes en Asia Menor y en la Roma imperialista en donde el manejo de las abejas ya era motivo de estudio, razón por la cual hubo una explotación racional de cera y miel.

Por ser en su momento el endulzante natural por excelencia, la apicultura fue creciendo y expandiéndose por el mundo, una industria próspera y necesaria en Europa que empezó a marchitarse con el descubrimiento de América, ya que el Nuevo Mundo fue cultivado con caña de Azúcar, una oferta importante que debilitó el mercado y le restó valor a la saludable miel, sin que ello significara el fin de la actividad.

Los siglos avanzan y el hombre sabe que no puede ni debe desprenderse de las bondades de la miel, se da inicio entonces, a la creación de panales y cuadros móviles, una labor que alcanzó su apogeo en la declinación del siglo XIX, pero con mucho impulso e importancia en todo el siglo XX.

 

 

Esta es la apicultura, palabra que viene del latín Apis que significa abeja y cultura, cultivo, toda una tarea de explotación de miel, cera y otros subproductos en torno a los generosos insectos de color amarillo y negro.

En el mundo de las abejas hay grandes diferencias y clases, por ejemplo existen las abejas negras o Apis mellifera mellifera, oriunda del Norte de Europa, se les conoce por ser nerviosas y agresivas, se puede nombrar la abeja italiana o Apis mellifera ligústica, generalmente mansa, en el listado aparecen igualmente las abejas Carniolas originarias del sur de los Alpes Austriacos, pero también Norte de los Balcanes, es también dócil y manejable, se suman la abeja del Cáucaso, la abeja Africana de tremenda agresividad, pero muy trabajadoras, tanto así que producen un 25 y hasta un 100 por ciento más miel que sus parientes europeas. Los biólogos dicen que 50 picaduras acaban con la vida de animales o seres humanos, las africanas roban miel de otras especies y son invasoras.

Una colmena corrientemente es habitada por la abeja reina, las obreras y los zánganos encargados de fecundar al himenóptero madre que está en capacidad de generar entre 2.000 y 3.000 huevos diarios.

Devolviéndonos en la máquina del tiempo, notamos por escritos que la apicultura primitiva llevaba a cazar enjambres en tiempo de primavera que eran llevados a colmenas hechas de paja, barro o madera. Lo cruento de la historia es que al finalizar el verano el apicultor mataba a las abejas, extraía los panales y filtraba la miel, la cual era separada de la cera.

Las prácticas de apicultura fueron abominables puesto que la muerte de las abejas era terrible, habida cuenta que eran quemadas con azufre ardiendo o ahogadas en agua hirviendo, mecanismo aborrecible que redundaba en más miel, así como cera.

 

 

Por lo visto, las abejas han sido literalmente vitales en la supervivencia de los seres humanos, en su dieta y salud porque a ese almíbar proveniente del panal se le atribuyen propiedades curativas desde tiempos muy lejanos. No es coincidencia que en muchos pueblos de la antigüedad se le llamara a la miel el alimento de los dioses.

El capítulo mediterráneo es muy llamativo, pues sus habitantes adoptaron la apicultura en un periodo ubicado entre 8.000 y 4.000 años antes de Cristo. En la península el hombre dejó de lado la recolección para emprender con miel extraída de colmenas fabricadas, todo con materiales apropiados para que las abejas al anidar elaboraran panales dentro de sus sitios albergue.

Una cultura conocida por su vanguardismo y capacidad de inventar y crear fue la sumeria, en medio de sus inmensas tareas tuvieron tiempo para conocer, estudiar las abejas de las que sacaron para su provecho la rica miel.

En la apicultura moderna es muy común la observación y el estudio sobre el comportamiento de las abejas. En 1568 Nickel Jacob, un científico europeo con raíces en Polonia determinó que las abejas crían reinas a partir de huevos de larvas jóvenes. Fue notable el trabajo de Luis Méndez Torres quien en 1586 aseguró que la reina es una hembra que tiene como misión poner la totalidad de los huevos para afianzarse como la madre de todo el enjambre.

Otros nombres destacados en la apicultura actual son los de Charles Butler, Richard Remnant, Hornbostel, Anton Janscha, Francois Huber, Lorenzo L, Langstroth, Johannes Mehring, Franz von Hruschka, Moses Quinby, creador del primer ahumador de fuelle y el botánico Georges de Layens, creador de la colmena horizontal.

En síntesis, mucho se ha explorado, investigado y escrito sobre las abejas, infortunadamente los últimos artículos sobre la especie tienen que ver con la muerte masiva y la posible extinción que acompañará la del hombre que se está condenando porque sin abejas los pocos años están contados.

 

 

En plática con Diariolaeconomia.com, el agricultor de Tierralta, Córdoba, Humberto Tornecilla Petro, indicó que, gracias a la introducción de árboles melíferos, la apicultura llegó como una actividad económica paralela porque las abejas fueron llegando para formar una importante red de colmenas de donde se saca miel de grandes calidades.

La felicidad no duró mucho en la nueva fuente de ingreso, narró Tornecilla Petro, porque los apicultores no habían detectado grandes enemigos de las abejas, entre ellos unos venenos e insumos agropecuarios que se aplicaron en arroz, palma y papaya, un escenario que llevó a enfrentamientos y distancias entre criadores de abejas y labriegos.

En el baile resultó involucrada la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, a la que se le señaló de responsable por las materias primas química que fabrica con fines de sanidad agrícola, unos productos que ayudan con el control de chinches y algunos chupadores. Luego de un juicioso estudio los lugareños determinaron que los almacenes de agroinsumos y las casas productoras de insecticidas, pesticidas y herbicidas, eran seriamente culpables de la muerte indiscriminada de abejas.

 

“Con el apoyo de Fedearroz optamos por montar unos apiarios en una finca arrocera, la federación instaló dos centros piloto en sectores diferentes y en una reserva forestal con árboles melíferos se puso en marcha un colmenar que le demostraron finalmente a la gente que agricultores y apicultores sí podían compartir sanamente y en plena convivencia”, declaró el señor Humberto Tornecilla.

 

Los empresarios de la miel llevaron 210 agricultores y apicultores para ver el magnífico ejemplo que hoy está siendo replicado en otras regiones en donde hay actividad agrícola y polinizadores.

El empresario hizo la salvedad en el sentido que en Tierralta hubo abejas silvestres, sin embargo, antes la oportunidad que significó la llegada de árboles melíferos, fueron introduciéndose unas especies destinadas a la obtención de miel con fines comerciales.

De todas maneras, indicó que la zona por ser muy fértil y apta para todo cultivo albergó siembras de arroz, palma, maíz y papaya, las mismas que aplicaron venenos que luego fueron absorbidos por las abejas que jamás volvieron a la colmena. El tema quedó conjurado con un acuerdo de buenas prácticas agrícolas y apícolas que llevaban implícitos unos controles rígidos para evitar impactos en desmedro de las especies de fauna más allá de los daños que la química generó y genera en las abejas, importantísimo polinizador.

En los lotes experimentales se sembró arroz y se adelantó apicultura, todo con máximos cuidados, controles y un manejo prudente de los agroquímicos que fuesen nocivos a las abejas.

 

 

Tornecilla Petro precisó que el problema pasa por los insecticidas sin dejar de lado los herbicidas que tienen algún impacto en los seres vivos.

Una desventaja muy grave es que hubo agricultores que no tenían la mínima idea de dosificar, un asunto que los llevó a hacer aplicaciones más altas lo que generó mayor residualidad y desde luego efectos muy negativos en las abejas por un ambiente contaminado que inclusive afectó, como pasa en otras zonas agrícolas, la muerte de colibríes.

 

“Hemos corregido y para ello llamamos al Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, a Agrosavia, la Universidad de Córdoba y en fin, intervinieron todos los entes territoriales que tienen que ver con el sector agropecuario para que se tomaran cartas en el asunto y así empezar, como ya pasa en algunos lugares del mundo, a prohibir el uso de algunos agroquímicos que resulten nocivos para las abejas y para la misma salud humana y animal, considerando que Colombia es un país rico en especies de fauna. No lo podemos ocultar, para el caso de las abejas, hay insumos químicos usados en agricultura que las mata”, aseveró el productor cordobés.

 

Hay un S.O.S por la muerte masiva de polinizadores

El problema no es mínimo y por ello hay que citar hasta el cansancio al reconocido físico Albert Einstein quien dijo que en la eventualidad que las abejas desaparecieran de la faz de la tierra a la humanidad le quedarían tan solo cuatro años de existencia, pues los alimentos cultivados no tendrían los insectos, esenciales en la polinización.

 

 

Los ambientalistas e inclusive sectores productivos y de la salud han expresado su preocupación por el exterminio de abejas y otros polinizadores, puesto que el hombre y la ampliación de la frontera agrícola está arrasando con todo, restando blindajes naturales y poniendo una cuota de destrucción innecesaria para el colapso del planeta, una tragedia que la miopía que produce la ambición, no permite vislumbrar.

Independiente de los problemas en Colombia en donde hay reporte de verdaderas masacres de abejas y colibríes en páramos, algo que debería llamar la atención de los encargados de preservar y fomentar ambientes sanos, hay una situación mundial, puesto que los insectos, aves y otros actores de la polinización están muriendo por envenenamiento.

Todo el problema, enfatizó el agricultor, invita a los campesinos y empresarios del campo a revisar dentro del manual de buenas prácticas agrícolas qué tan conveniente o mortal pueden ser los agroquímicos y empezar a hacer uso de los productos orgánicos porque lo cierto es que tal y como van las cosas la tierra tiene sus momentos contados, de hecho, ya es notorio por la alteración climática que empezó hace rato la cuenta regresiva.

Tornecilla Petro está dando ejemplo, no se quedó en el mero discurso, en su finca ya se están haciendo aplicaciones biológicas para salvar los suelos productivos y ha encontrado bondades en otros insumos orgánicos. La fertilización que fue basada en química hoy tiene el 50 por ciento con la opción orgánica, experimentando buenos resultados y excelentes rendimientos, como quien dice, querer es poder.

Hoy este agricultor aumentó su producción y conservó las abejas que están a 10 metros de los campos de cultivo, de todas maneras, considera que la obtención agrícola no puede deshacerse de los agentes benéficos.

Las pruebas o pilotos se hicieron exitosamente, empero, hay indisciplina y falta de conciencia en algunos labriegos que pretenden pasarse por alto las reglas establecidas para lograr una producción sana y sin detrimento de las especies que conviven con las haciendas o predios en explotación, todo por descuido y carencia de conocimiento sobre la preservación de los ecosistemas.

 

 

Deploró que haya caso omiso, inasistencia a conferencias y si prácticas cuestionables que ponen en riesgo las especies, pero igual las siembras porque no tienen la destreza agraria para sacar un cultivo adelante, y como si fuera poco ignoran el manual de buenas prácticas de Fedearroz. En este momento hay abejas muriendo por la torpeza de unos pocos plantadores.

Por fortuna, subrayó, la gran mayoría de los productores han entrado en razón y saben que debe haber una sana convivencia con otros agentes de la naturaleza, lo que incluye los polinizadores. Su capacitación es tan notoria, apuntó, que están haciendo aplicaciones medidas y suficientes, nada por encima de lo requerido por la planta, igual muchos saben que los agroquímicos están mandados a recoger y que el futuro está en la biotecnología, los suelos vivos y los abonos orgánicos.

Un punto positivo en medio de la tragedia es que los arroceros de Córdoba se dieron a la tarea de aprender y leer sobre abejas, las conocen todas y consideran que no deben ser exterminadas, caso opuesto, protegidas y tomadas como un activo de vida. La finca de don Humberto es de doble propósito ya que siembra arroz y produce miel, bienes que le representan rentabilidad y un ingreso para apalancar los gastos de sus predios, todo sobre pilares de inocuidad.

 

“Una meta que tenemos que cumplir es llegar a la agricultura limpia, sana y orgánica, tenemos que cultivar y cosechar vida y allí hablo del futuro y la salud de hijos, nietos y las nuevas generaciones que no tendrán perspectiva si las cosas no cambian, todo por falta de ilustración y conocimiento, pero nada dura para siempre”, expresó el granjero.

 

La experiencia de Córdoba que resultó afortunada, a criterio de Tornecilla Petro, debe ser asumida en la totalidad del territorio nacional y allí, dijo, será determinante el concurso del ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, porque con biólogos, veterinarios y expertos en bioquímica, algunos del ICA y Agrosavia, será más fácil llevar conciencia y compromiso a los labradores de Colombia.

 

 

Un llamado adicional a los labriegos hecho por Humberto Tornecilla Petro, apunta al adecuado manejo de aguas residuales y contaminadas porque también hay muertes en otras especies de fauna silvestre, algunas amenazadas con extinguirse. Expuso que la agricultura debe repensarse y enfocarse en agroecología en vista que la química ha llevado destrucción, enfermedad y muerte, algo que no tiene sentido si se tiene en cuenta que los labradores existen para la vida, eso dice que deben ir saliendo de circulación venenos, herbicidas y otros productos porque si se habla de cambiar, debe ser todo, groso modo, desprenderse de una alta exposición sintética sinónimo de riesgo.

 

“Desde la Junta Nacional de Fedearroz, vamos a tomar correctivos, hay que promover urbanidad y buenas costumbres porque con el Ministerio y los entes territoriales tenemos que replicar la agricultura responsable y la defensa de las abejas, los demás polinizadores y la fauna silvestre”, sostuvo Tornecilla Petro.

 

Frente al resurgir de la agricultura, promesa de campaña del Presidente de la República, el campesino precisó que le cree a las nuevas políticas anunciadas para la ruralidad, pues nace una ilusión en medio de montañas de decepciones acumuladas por años tras el incumplimiento de los gobernantes que mostraron de todo menos compromiso o amor por el productor, ese que cultiva alimentos para todos, con adeudo, sin egoísmos o revanchas, finalmente, aclaró, es colombiano y se la juega por su gente.

El agricultor de Tierralta, Córdoba, Humberto Tornecilla Petro, nació hace 66 años y nos concedió esta charla justo en el festejo intrínseco de su natalicio. Con una amable sonrisa se despidió afianzando su compromiso con las buenas prácticas agrícolas y defendiendo la dulce labor de las abejas.

Como datos importantes puede citarse que los productos agropecuarios, algunos en esencia, pueden ser clasificados como altamente tóxicos para las abejas.

 

 

En opinión de los expertos, los efectos inmediatos pueden ser su mortalidad y de manera paralela hay unos impactos crónicos expresados en deficiencia en respuesta inmune y ciclo reproductivo. Reduce la supervivencia de las abejas reina y larvas.

También disminuye en los insectos la capacidad de transporte del polen a las colmenas, adicionalmente estos químicos conllevan a problemas en las funciones celulares, desorientación de las obras para identificar el alimento y daños en la colmena.

Sobra decir que las abejas son importantes, no solo por la polinización sino por la formación de su trabajo de frutos y semillas, producción de alimentos y permanencia de la especie vegetal.

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