Domingo, 04 Enero 2026 00:02

2026, un año retador para el arroz y el sector agropecuario

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2026, un año retador para el arroz y el sector agropecuario Cosecha de arroz en Colombia

Durante el periodo que recién terminó la productividad fue buena, hubo abundancia, pero también desdén, falta de apoyo estatal y unas importaciones inexplicables y dolorosas.

Los agricultores colombianos son disciplinados, comprometidos y unos enamorados de la tierra y sus entornos, hacen lo que está dentro de su saber y sus conocimientos, sin embargo siguen actualizándose, producen con entusiasmo y trabajan día a día de la mejor manera, pero desafortunadamente les falla la parte externa del mercadeo y por ello dicen que nada ganan con obtener buenas cosechas, con climas aliados, distritos de riego y excelentes funcionamientos cuando se va a vender el producto y ni siquiera la industria les compra el fruto de su esfuerzo, una situación incomprensible y deprimente que hace pensar en dar un paso al costado porque nadie trabaja gratis, por impulso o para las adorables monjas.

Actualmente los arroceros están en esa disyuntiva de qué hacer si no se tiene cartera para los molinos grandes, habida cuenta que no hay la mínima opción de que les compren el cereal, independiente de que sea un cliente antiguo, habitual y leal, pero no hay margen de absorción porque la industria está llena, como si fuera poco, las importaciones están entrando libremente como si nada, hay conocimiento de que en la zona arrocera del Tolima está llegando arroz ecuatoriano, importado legalmente a 135.000 pesos la carga en tanto que la industria paga a 182.500 pesos, es decir que como lo argumentan, lo hacen por compromiso y colaboración porque si de mercado se trata tienen acceso a un arroz de más bajo precio.

Allí es, como lo dijo nuestro invitado de hoy, donde el arrocero y el agricultor se siente huérfano y desprotegido del Estado porque no aplica los mecanismos que son validos en las actuales circunstancias más cuando una de las más grandes expectativas del actual mandato se centro en la revisión de los tratados de libre comercio que fueron mal negociados, todo en desmedro del sector primario colombiano al que no le dejan ver una, eso, y es cierto, lo saben muchos plantadores, más allá de que los tratados comerciales sean necesarios, lo consecuente es negociarlos con inteligencia, sin afanes, sin presiones y con toda la calma posible, pero eso no pasó y a juicio de muchos, sin el más mínimo sonrojo, los gobiernos y sus equipos negociadores entregaron el país que quedó en total desventaja, a tal punto que se rumora que algunos sectores productivos van a desaparecer, pero como suele ocurrir nadie dice o hace algo por los productores del campo, a ellos que se los coma el tigre.

El empresario y arrocero Libardo Cortés le dijo a Diariolaeconomia.com, que esa expectativa de revisar los tratados de libre comercio por parte del actual mandato jamás se cumplió ya que pasaron los días y nada se hizo para ver con detalle que fue rubricado y por qué el país quedó en tan visible desventaja, el tema no fue trascendental, quizás se vio como si fuera un problema de otro país, sin que se tenga consciencia de que hay menoscabo y riesgo para la seguridad alimentaria, dejando en evidencia que la producción nacional no tiene respaldo, no solo por las importaciones sino porque todo el sector agropecuario necesita con prisa una política de transformación agroindustrial que le genere valor agregado a las obtenciones, algo que facilite exportar productos procesados con todo un compendio de innovación, en donde haya todo un trabajo de conversión de la materia prima, pero lamentó que en Colombia se sigue haciendo lo mismo de hace 50 años, para el caso específico, produciendo arroz paddy verde.

 

 

En su opinión los otros procesos necesitan demasiada estructura y capacitación, así como apoyo institucional porque hay de por medio unos capitales que se necesitan para poder avanzar en eso, pero para todo el sector agropecuario que debe entrar por la senda de la transformación y el valor agregado pues más de lo mismo el país agrario no lo resiste.

 

“Por acá en Saldaña y Purificación sin hablar de otros municipios donde somos ribereños del Magdalena es muchísima la producción que hay en otros sectores, pero lamentablemente si no existe manera de vender la cosecha, ésta se pierde, algo que se está viviendo actualmente en el Tolima con el mango, producto que se está dañando porque no hay quien lo compre pues algunos pagan 10.000 pesos por una canastilla que pesa cerca de 50 libras, algo increíble, pero como este existen muchos más ejemplos en la producción agropecuaria del Tolima y del país que ratifican la desprotección del sector agropecuario”, declaró el señor Libardo Cortés.

 

El agricultor expresó su fe por el nuevo año el cual espera llene a los productores de posibilidades y de esa manera poder arrancar el 2026 con optimismo que no se pierde así se vea el horizonte negro porque los labradores son valientes, responsables, trabajadores y suelen apostar por buenas siembras y momentos para la reivindicación económica, lo malo es que pasa el tiempo, llega la cosecha y regresa la misma realidad, se vuelve al mismo partidor, pero el problema está identificado y tan solo hay que trazar una hoja de ruta para avanzar y lograr ganancias que reflejen lo duro que se trabaja.

Los momentos han sido difíciles y por eso más de un agricultor del sector arrocero está saliendo de la actividad porque no tiene nada que hacer y la situación es sumamente difícil, algo triste, pero pasa en un país tan rico como Colombia.

En el país habita gente con ideas y ganas de trabajar, hay en promedio 39 millones de hectáreas cultivables que siguen subutilizadas, pero en donde se deposita la confianza inclusive del mundo para aportar con alimentos y soluciones en proteína y vitaminas, pero deben gestarse las condiciones porque de nada sirve arar y sembrar para luego vender cosechas a precios irrisorios y sin rentabilidad, ahora bien, es inconsecuente que se esté importando arroz cuando al país le sobre el cereal, toda una muestra de falta de trabajo en cadena, de carencia en apoyos y poco respeto por lo que se hace en las duras tierras de cultivo en donde también campea la inseguridad. Lamentable el precio es un indicador que rompe con cualquier consideración así lleve a más de uno a la ruina, pero sucede, hay importaciones legales que pasan por la cara del productor de arroz como una verdadera afrenta, sin embargo, todo pasa en la vida campesina.

 

 

 

“Anteriormente nos quejábamos por el contrabando que se hacía para lavar dinero y traer dólares de manera fácil, pero ahora es por cuestiones de bajos precios en otros países a lo que se añade la tasa de cambio que sigue bajando. El Estado disfraza muchas cosas, posa de gran auxiliador con tasas del cinco por ciento para pequeños agricultores, pero omite que la producción agropecuaria está en cabeza de todos los actores, grandes, medianos y pequeños y con ello impone una sectorización y discriminación que en el caso del arroz se ve con tasas del tres por ciento anual, a los medianos del nueve o el once por ciento anual y para los grandes al 14 por ciento o más, algo injusto poque si bien la producción del pequeño es buena, valiosa y suma, pero no es la que garantiza la seguridad alimentaria del país, insisto, se muestran aportes que finalmente no son porque si a una persona le bajan dos puntos en la tasa de interés, el Estado por otro lado la está recuperando, por ejemplo los impuestos de la DIAN, verbigracia, las contribuciones a la UGPP, que le restan ingresos al campo porque subieron este año y en el actual gobierno”, dijo Cortés.

 

Otro fenómeno, por ejemplo, añadió el arrocero, al mediano y pequeño agricultor que no tiene capacidad de respaldo o de avales económicos, claro, cuenta con el Fondo Agropecuario de Garantías, FAG, pero como cosa rara en este mandato, el ejecutivo le subió a la tasa que cobra por dar esa garantía, cosas que no dicen, pero suceden, luego es preferible que al plantador le cobren el uno por ciento en crédito, pero sin mayores cobros distribuidos o tantas arandelas.

Expuso que transversalmente debe pagar una contribución a esa producción, impuestos y unas formas disfrazadas de costos ya que para la DIAN si el productor no tiene una herramienta sofisticada en manejo de precios, la entidad simplemente no le va a valer una cantidad de costos reales, que se han dado y ante esa circunstancia ese gran hombre que siembra la tierra para que el país se alimente tendrá que pagar impuestos mucho más altos puesto que sin que sea grave incurre en errores como mano de obra que solo se admite contablemente cuando se pagan prestaciones, para este caso el productor no la incluye y se queda con una utilidad equivalente a más del doble de la mitad de la producción que es considerada absurda así gane o pierda.

Con el valor de la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales, UGPP, comentó el agricultor, se avanzó un poco porque se creó una figura de costos presuntos, pero muy alta porque el estado supone que todo agricultor gana el 31 por ciento pase lo que pase para liquidar la contribución. Cortés manifestó que por lo menos el gobierno acepta que el 69 por ciento son costos mientras que la DIAN no, puesto que hay que demostrar ante la entidad todos los costos individuales y esas, recalcó, no son ayudas del Estado y ante esa posición sistemática hay dos opciones someterse al régimen o evadir, por encima de que el aparato estatal insista en que apoya a los agricultores bajando las tasas.

En Colombia lo tremendo no es que salga lo comido por lo servido o se pierda al final del ejercicio, el tema pasa por la competencia que se da con otros países en donde se ven verdaderas ayudas, estímulos reales a los agricultores en el extranjero y apalancamientos que impulsan los sectores más allá de que tengan una comercialización parecida a la colombiana, pero lo cierto es que hay incentivos a la producción agropecuaria y el manejo de sus costos, precisamente de lo que se adolece en Colombia en donde los agricultores reciben las mismas condiciones de los exógenos solo que sin apoyos.

 

“Un agricultor colombiano del sur del Tolima tiene que competir con los costos de un plantador modernizado, respaldado y apoyado de los Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, como se dice pelea de tigre con burro amarrado”, puntualizó Libardo Cortés.

 

 

 

 

De seguir con el desdén por el campo, con políticas equivocadas y con la retahíla de incumplimientos en bienes públicos, ayudas, modernización agropecuaria, innovación y comercialización, muy pronto no habrá siembras porque la gente se cansó de perder o depender de la misericordia. Durante décadas los gobiernos trataron muy mal a los agricultores sin darse cuenta que jugaban con candela y hoy, aseveró Cortés, la gente se empezó a ir de los campos y terrenos de sembradío, hoy expresó, las personas que fueron vitales en las veredas y los núcleos de producción están en las cabeceras municipales y en las capitales porque lastimosamente el agro no es rentable y por más que se quiera no se le ve futuro, es triste lo que se puede presagiar, pero hay opciones y salidas, solo que se debe actuar, pero hoy muchos no saben en qué terminará la ruralidad productiva en vista que no se ven políticas de sustitución de cultivos ya sea por efectos del clima, fuerza mayor, honrar tratados o lo que sea, nadie aconseja la importancia de trasladarse a otra siembra.

En el arroz, explicó el cultivador, hay siembras abundantes y quizás el sector se colmó, pero existen otros cereales con mucho mercado y allí es donde el ejecutivo con su ministerio de Agricultura debe entrar a analizar y sugerir la migración a otras plantaciones de ciclo corto e inclusive de ciclo largo, pero debe notarse el oficio por la reconversión del campo, infortunadamente y con tantas vicisitudes eso no se ve.

A la fecha los productores están urgidos por saber que plantean los candidatos presidenciales para el campo por cuanto muchos desconocen que la base de todo está en el sector primario, que la economía existe por la agricultura y que los seres humanos viven porque comen lo que se siembra en la ruralidad. La realidad agraria, afirmó el arrocero, es muy distinta a la que muestran las estadísticas y los estudios hechos desde las capitales, el presente del campo es otro y muy crudo por donde se le mire, ahora, a las zonas de siembra llegaron unas economías ficticias invasoras y preocupantemente la juventud está metida en eso. Un ejemplo el sector de artes adivinatorias o brujería en donde las ganancias son seguramente generosas, nada parecidas a las del campo que vive en medio de la zozobra y paradójicamente tratando de adivinar que viene para los maltratados sectores productivos.

Hoy la gente está en eso, buscando plata fácil en otras actividades o incursionando en economías digitales, totalmente por fuera de las oportunidades campesinas porque como dicen ya no dan plata, aunque siendo honestos, nunca dieron dinero. Hoy, señaló el respetable agricultor, está el caldo de cultivo preciso para las economías subterráneas y difíciles, tristemente a lo que se expone el campo cuando se marchitan las alternativas productivas ya que queda un panorama muy incierto.

 

 

 

Es increíble, pero al campo todo el mundo le queda mal, se hacen campañas, se habla de potenciales, de oportunidades, de políticas, pero al final de cada gobierno la postración y pobreza siguen latentes, han pasado décadas, por los campos desfilaron campañas y candidatos en buen número, pero hoy se puede decir abiertamente que nadie sabía de agricultura, tan solo sembraron promesas y votos, prometieron el oro y el moro, para terminar con los ya usuales incumplimientos. Hay algo de esperanza, alguien tendrá que llegar y reavivar los sitios de cultivo, algún día un colombiano del color político que sea, menos dicharachero y enlabiador arribará con hechos, el campo no necesita bala, asistencialismo o caridad, el sector agropecuario urge de buen trato, respeto, educación, infraestructura y decisiones a la medida de quien produce alimentos para que el país viva y coma sabroso, pero nada pasa Colombia siguió igual o quizás peor, nadie supo entender el capítulo de productividad, nuevamente les quedó grande construir país desde la ruralidad.

Un gobierno exitoso, dijo Cortés, será aquel que se atreva a reconstruir institucionalidad desde el campo pues en el mundo hay industrias y conglomerados porque hay sector primario, pero para ello debe empezarse de cero y desde todo, propiciando un enlace y coordinación de las economías para lo cual es vital revitalizar la educación y el conocimiento porque ahí estará el futuro de la transformación y el valor agregado.

A juicio del arrocero hay que cambiar el chip porque hoy se está haciendo formación para un país de hace 40 años y algo más y por eso se necesita una mirada diferente de los directivos, de los políticos, de los presidentes y los gobiernos, que deben llegar con una visión distinta y moderna, que permita avanzar sin contratiempos porque hoy se apalanca un sector, pero se descarrila otro y eso está llamado a tener correctivos buscando sostenibilidad y tranquilidad.

La deuda del campo, expuso el agricultor, no es solo del ejecutivo, de todas las ramas del poder público porque no se vieron las iniciativas en el Congreso por mejorar la agricultura y la alimentación, el trabajo y la vida que son derechos fundamentales igual pasaron de agache en los Altos Tribunales, nadie miró a las zonas rurales, esos poderes se aislaron de la problemática del campo colombiano, tristemente, subrayó Cortés, este fue un olvido de todos y los productores quedaron a la deriva, al garete, sin que su angustia importara.

 

“Aquí la responsabilidad es de todos, Estado y sus ramas del poder público, pero también agricultores que fueron conformistas, pasivos, los mismos que cuando las cosas mejoraron así fuera tibiamente se olvidaron de los problemas, igual fallaron los gremios y los organismos de control, nada pasó con las procuradurías agrarias, con la vigilancia y con todo lo que se inventaron para el campo, finalmente no hubo dolientes en el fondo. Hay que hacer una reingeniería urgente, pero bien diseñada, tenemos que mostrarnos como somos y trabajar para mejorar, aún hay tiempo”, concluyó el agricultor Libardo Cortés.

 

Fedearroz espera buenas cosechas

 

 

A su turno el Gerente General de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, Rafael Hernández Lozano envió un saludo muy especial a todos los arroceros de Colombia a quienes les deseo que el 2026 sea un año de éxitos, de buenas cosas y sobre todo de buenas cosechas.

 

“El año que recién arrancó va a ser un periodo de retos importantes para todos los productores y considero que con la tecnología que tienen disponible los agricultores por parte de Fedearroz, pueden ser muy exitosos y sacar unas buenas recolecciones y los más óptimos rendimientos. Les deseo a todos con sus familias un año feliz, un 2026 cargado de éxito y sobre todo de muy buenas cosechas que es lo que necesitamos todos los productores de Colombia”, manifestó el dirigente gremial.

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