Sábado, 11 Abril 2026 09:27

Equivocaciones que cuestan: En el país la agricultura está muriendo

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Los productores están vendiendo sus fincas, no quieren saber se siembras o cría de animales porque el negocio rural quedó en manos de importadores e intermediarios, era, dicen, un final anunciado.

Actualmente en los campos de Colombia se rinde un sentido homenaje de despedida por lo que de manera inexorable ya tiene puesta su extremaunción con la arremetida de la peste negra del libre comercio, la agricultura. El coro contrista, “Dale señor el descanso eterno, brille para ella la luz perpetua”.

Aunque parece ponderación de una novela trágica, es la merita realidad, los agricultores son cada día más escasos porque literalmente fueron devorados por varias decisiones, consecuencia de una política agraria de exterminio. En primer lugar, se los tragó el ítem más trascendental, costo de producción y ahora se suma uno que ya no existe y si se encuentra vale oro, la reducida mano de obra. En fin, ya el negocio dejó de existir, la rentabilidad terminó siendo una quimera y los labradores que alimentaron a Colombia durante siglos, hoy se apartan de una actividad que desde 1991 con la apertura económica quedó como responsabilidad de las firmas importadoras. Es duro reconocerlo, pero la seguridad alimentaria no es algo que se pueda garantizar y si llegase una hambruna, Colombia la pasaría muy, pero muy mal.

Duele saber que la Colombia prehispánica tuvo mayor adeudo productivo, que los manejos a la tierra fueron estrictamente sublimes porque este elemento junto con el agua y el viento fueron vitales en la producción de maíz, tubérculos como la papa, alimentos básicos como yuca, frijol, calabaza, ají, quinua, maní, frutas, por ejemplo, piña y chirimoya así como otros bienes del campo esenciales en la dieta y la salud ya que dentro de la obtención estaba la recolección y clasificación de hierbas utilizadas con precisión en la primitiva medicina que dejaba ver manejos de alguna manera admirables.

Si bien los indígenas tuvieron un modelo agrícola para mostrar, con la llegada de los españoles se amplió el portafolio de opciones en vista que vino la ganadería y cría de especies menores. Los años pasaron, terminó la colonia y vino la época republicana y con ella un mayor crecimiento de las fincas y hatos productivos. Puede decirse que la agricultura industrial y a gran escala llegó en los comienzos del siglo XX, empero no se pueden desconocer los avances del siglo XIX tiempos buenos en los que la actividad rural estuvo impulsada por la siembra de café.

 

 

En esos momentos era poderosa la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, gremio nacido en 1911 que contribuyó con el desarrollo de la caficultura y de otras actividades agrícolas. Cierto es que tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945 al agro llegó la modernización y una importantísima mecanización, es por eso que después de los años 50 la labor agropecuaria era mucho más innovadora y con mayores tasas de productividad.

Ir al pasado en materia agrícola es apasionante, en 1904 aparecen unas empresas pequeñas y medianas que se dedicaron a procesar tabaco y algodón, dos productos de enorme dinámica desde los años pretéritos pues se evoca la quina, el cacao, aguacates, siembras que hicieron de la agricultura fundacional un ejemplo de visión, orden y responsabilidad al interior de las comunidades que conformaron la Confederación Muisca, así como otras culturas de diferente raigambre.

Es digno de aplaudir, Colombia tuvo mejores tiempos de producción agrícola en sus momentos más vetustos, los ancestros dejaron una tremenda huella y los abuelos siguieron con la saga, ya entre los años 50 y 60 del siglo XX vino la modernización agropecuaria, pero es bueno recordar que en el siglo XIX el país ya exportaba y producía alimentos de calidad, un paso que afianzó imagen país y prestigio, el café que fue llevado a los puertos de Estados Unidos desde 1835, eran 2.500 sacos de 60 kilos que partieron de la Aduana de Cúcuta luego de que fueran canjeadas siembras por pecados, una estrategia anecdótica e inolvidable del padre Fracisco Romero en Salazar de las Palmas, Norte de Santander.

En fin, hablar de agro da para rato, hoy tristemente el tema es lamentable y genera angustia porque ver colapsar los agricultores, observar su ruina y ubicarlos en el pasado como unos actores que resultaron trascendentales en la alimentación y la vida asusta frente a lo que pueda surgir, la patria se conformó con su leonina erradicación a cambio del libre comercio, acuerdos comerciales impuestos, carentes de negociación y como dicen muchos, abusivos e inquisidores en lo peor de la expresión, y tienen razón porque se salvó la producción estadounidense o europea, la local fue sacrificada de manera impía.

No siempre es adecuado hablar de agro con los gremios, con los poquitos que saben del asunto en el Congreso de la República o con el gobierno, es inclusive responsable platicar con los plantadores, los de trópico bajo que lloran el algodón, el maíz, la soya, el ajonjolí, el sorgo y muchas otras obtenciones, el clima medio ya empieza a extrañar el café, también maizales como también frutales, y las partes altas hace los cien réquiems por la papa, el trigo, la cebada y hasta la leche que pronto llegará de otras latitudes, un ejemplo Estados Unidos o Nueva Zelanda, amén de su calidad y su inocuidad.

Hoy hay importaciones innecesarias que extrañamente se dan con dólar caro y condiciones absurdas, también contrabando y unas prácticas reprochables que se familiarizan con el lavado de dinero, pero en Colombia nada pasa.
Los gobiernos de derecha, hoy seguramente felices con el nuevo mapa de Trump de la gran Norteamérica, delirio imposible tras su aplastante derrota con los persas, hicieron lo posible por renunciar a la agricultura, entregaron descaradamente sectores productivos y nadie salió a los medios a poner la cara, de hecho, un jefe negociador prácticamente se evaporó, el TLC lo eliminó de los estadios inherentes a su experiencia, pero supo cumplir, no con el país, claro está.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el agricultor Edgar Hernández nacido en Tenjo en 1949 aseguró que en su municipio murió la agricultura debido a que se dispararon los precios de los insumos agrícolas, un lío que jamás se abordó ni recibió apoyo del gobierno o del Estado porque la agricultura, apuntó, ha estado en el olvido desde hace muchas décadas, seguramente, un sector incómodo que recibió un duro golpe con la apertura económica del entonces presidente de la República César Gaviria Trujillo, el precursor, según otros labriegos, del caos agropecuario y campesino.

En esta municipalidad fundada el ocho de abril de 1603 la mayoría de la agricultura se perdió. La región, comentó Hernández producía de manera interesante papa, maíz, trigo, cebada, arveja y leche, después las siembras se ampliaron con las hortalizas, pero el agro de base, ese que estaba en una región de vena Muisca se fue marchitando.
Actualmente, aseveró, crecen las plantaciones de fresa, yerbas aromáticas y desde luego prosperan los sembradíos de flores.

En ganadería, sostuvo, la labor ha perdido relevancia porque hay gente con ocho o diez vacas, totalmente diferente a ese Tenjo de 60, 70 y más de 100 vacas. Esos, manifestó, eran tiempos de grandes apellidos en la cría de bovinos de leche como los Torres Noriega, evocó la finca El Meridor que fue propiedad de la prestante familia Reynolds Pombo, una finca de 450 fanegadas que tuvieron un momento para la ganadería y posteriormente uno para la agricultura.

Al hacer un repaso de las actividades en Tenjo, un municipio de la Provincia de Sabana Centro, pero igualmente del área metropolitana de Bogotá y del Altiplano Cundiboyacense, Edgar Hernández dijo que la mayoría de personas trabajan desde sus casas porque en la otrora localidad más importante de la nación Muisca, más exactamente en la vereda la Punta de Tenjo, prácticamente los obreros se acabaron.

 

“Yo fui agricultor, llegué a tener entre 10 y 15 trabajadores, pero decidí acabar con esa actividad porque la rentabilidad llegó a ser entre irrisoria y ofensiva, sacamos papa y la carga se vendió el año pasado a 30.000 y 40.000 pesos, es decir que no se cubrieron los costos de producción y quedó demostrado que en Colombia se acabó la rentabilidad y por eso aquí en Tenjo se perdió mucha, pero mucha plata y en esas condiciones resultó mejor ponerle punto final al agro porque nadie iba a seguir apostando por unas siembras que estaban llevando a la quiebra”, declaró el señor Hernández.

 

 

Este amable hombre de la agricultura tuvo una finca prometedora en la vereda Martín y Espino de Tenjo, la cual bautizó con el nombre de San Martín, lugar que tuvo sus buenos momentos, pero que con el transcurrir del tiempo y al hacer cruce de cuentas el ejercicio fue de pérdida por lo que él y otros productores dijeron “no va más” porque los últimos labriegos que quedaban se fueron quedando sin recursos para sembrar, no hubo ayuda del gobierno, los subsidios fueron nulos y para colmo de males los abonos e insumos en general subieron considerablemente de precio. Todo, precisó, se disparó en valor, los herbicidas, las herramientas y los tractores.

Un asunto para analizar no solo en Tenjo sino en el país es la mano de obra porque trabajadores sin exagerar, no hay, en un tiempo se pagaron a obreros por semana a razón a de 200.000 o 300.000 pesos y actualmente si aparece un colaborador hay que reconocerle 100.000 pesos diarios y trabaja solamente hasta las tres de la tarde. Los jornaleros se acabaron, no se consiguen y todo eso dificulta la tarea de los pocos finqueros que subsisten, un asunto lamentable porque Tenjo llegó a tener muy buena oferta de trabajo.

 

“Aquí en Meridor yo llegué a ser administrador de la finca que eran 450 fanegadas planas y allí manejaba 100 trabajadores, hoy por hoy no hay dinámica productiva y sus dueños optaron por parcelar o vender lotes en donde hicieron casa los oligarcas. Esa finca fue de un suelo dueño, se trataba del señor Jesús María Pombo, después vino la señora Rosa Pombo la única hermana del hacendado que se caso con un caballero llamado Norman Reynolds”, puntualizó el labriego tenjano cerca de cumplir 77 años.

 

A juicio de Edgar Hernández, la agricultura antes de los años 90 fue mucho mejor, había actividad, productividad y buenos precios, pero todo se fue opacando con la apertura económica y la destrucción de algunos modelos como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, de todas maneras, en esos lejano tiempos, señaló, un agricultor llegaba a la Central de Abastos de Bogotá con dos o tres viajes de papa y había quien los comprara y los pagara, ahora, destacó, una persona llega con uno o dos camiones del tubérculo, cada vez que se va bajando un bulto le van disminuyendo el precio, el resto se lo roban. Recordó que el mejor comprador de papa que tuvo Corabastos se llamaba Carlos Veloza, un empresario que compraba 15, 20 o 50 viajes de papa, posiblemente muchos más, generalmente los llevaba a Medellín y otras ciudades, pero también fue víctima de los ladrones que se quedaron con muchas cargas de papa.

A este señor, expresó el agricultor, le fue mal por hacer bien las cosas, pero la mala fe de muchos lo fue dejando en la ruina a tal punto que le puso fin a su existencia.

 

 

Dentro de los agricultores hay un marcado pesimismo a tal punto que manifiestan que no hay nada que se pueda hacer para salvar la agricultura porque no hay atención para los agricultores, no existen subsidios y menos crédito barato ya que los campesinos y quienes deciden sembrar no pueden acceder a préstamos de bajo costo que compensen el poner comida en la mesa de los colombianos. Deploró que el Banco Agrario puso plata para el campo, pero con altas tasas de interés y sin consideraciones absolutamente con nadie, todos pagaron esa liquidez a muy alto costo.

El agro debe ser analizado porque sin agricultura, insistió Hernández, muchos se pasarán a otras actividades y los más vulnerables encontrarán refugio en cultivos ilícitos u otras formas de canalizar recursos, nada bueno para un sector que en otras épocas fue sumamente dinámico.

 

“Mire allá en la finca El Meridor se sembraban 450 hectáreas de cebada, solo cebada y cuando legaba la cosecha era fácil ver siete u ocho combinadas cortando y trillando, el asunto era tan intenso que diariamente se sacaban nueve o diez viejes de cebada, cada uno de ocho y diez toneladas, una recolecta que podía durar un mes, un cereal que lo recibían las grandes cerveceras, Bavaria, Andina, Imperial y otra llamada el litoral. La cebada de menos calidad la compraban en Bogotá para hacer afrecho, concentrados y otros subproductos”, dijo el granjero.

 

El año que transcurre, expuso el labriego, habrá siembra de cebada, pero en menor proporción, seguramente el ocho o el 10 por ciento, pero ya hay producto arrumado porque no hay a quién vendérsela. Lamentó el fin de las cosechas de trigo, un alimento que Colombia dejó de costado por apostar a las importaciones.

 

Agricultura ya descansa en paz y la política jamás honró su palabra

 

 

Hay un anhelo fuerte por ver resurgir los cultivos y retomar el país transformador en alimentos, hilazas y telas de calidad, sin embargo, en opinión del cultivador, la agricultura está muerta porque sencillamente no hubo políticas de Estado para el campo y lo poco que se hizo fue mirar la ruralidad internacional para importar y destruir actividad, empleos y calidad.

Todo aconteció en este pueblo de 27.644 habitantes porque en los peores momentos no hubo apoyos, nadie colaboró con los insumos agropecuarios, no existieron incentivos en crédito, los fertilizantes se volvieron inalcanzables y nadie puso sobre la mesa un plan coherente de comercialización, el negocio quedó en manos de intermediarios, de gente que no sabe que es coger un azadón, pero que tienen plata y hacen lo que quieren con los pocos agricultores que quedan.

Reiteró que en el año 2025 fue la última vez que cultivó papa y manifestó que en septiembre, octubre y noviembre cuando el producto estaba a 150.000 pesos la carga, su predio vendió a 35.000 y 40.000 pesos cada carga, algo muy triste y preocupante porque en solo recolección se pagó a 26.000 pesos carga para vender a 40.000 pesos, todo un exabrupto, eso sin contar que la papa pareja se dio a 30.000 pesos, como quien dice que los agricultores no sacaron ni siquiera lo de los costales, aseguró que prácticamente perdieron toda la plata teniendo en cuenta que la mayoría de papa que se entregó bien barata todavía no la han pagado.

A la fecha hay sembrado un cinco por ciento en arveja, en días pasados que este alimento estuvo a 600.000 y 700.000 pesos la carga la vendieron a 300.000 y 200.000 pesos la carga.

Dijo que está decepcionado con las endebles directrices agropecuarias y subrayó que en política todo el mundo en el campo perdió la fe ya que los políticos solamente aparecen cuando viene la cosecha de votos, después de eso se les olvida que la ruralidad productiva existe y que necesita un verdadero salvavidas, no pesar ni limosna habida cuenta que el productor trabaja muy duro para ganar, regalos no demanda, tan solo acompañamiento y medidas serias para los hombres y mujeres que se rompen el espinazo sembrando y cosechando alimentos.

 

“No hay una persona que convenza, ya nos curtimos de tanta promesa y tan poco compromiso por el campo, ni a mí ni a muchas personas nos interesa elegir gente que habla y luego olvida, mire como estamos, totalmente acabados, sin opciones y sin esperanza. Los políticos vienen, prometen y llegan al poder, una vez allí no se acuerdan de nadie. Hoy tenemos un serio problema de seguridad, a la región llega mucho malandro de otras partes del país como también de Venezuela, venden drogas, hacen los que se les viene en gana, pero los arrestan y tan solo reciben media o una hora de cárcel, en ese corto tiempo los sueltan y la comunidad sigue sitiada por el hampa, ah, pero a los de aquí, nacidos y conocidos si nos requisan y nos piden la cédula, eso sucede y de verdad que es insólito”, acentuó
Hernández.

 

 

 

Expresó que en un corto tiempo la gente podrá tener más plata en el bolsillo, el problema es que no tendrá alimentos para comprar. Hoy cuando hay escasez pagan la carga de papa criolla a 100.000 pesos y el señor del supermercado vende la libra a 3.000 pesos cuando un bulto tiene 100 libras, elemental, le hace 300.000, un bulto de mazorca en este momento cuesta 35.000 pesos y trae 100 mazorcas, cada una la venden a 3.000 pesos, otra venta que deja 300.000 pesos un pésimo negocio para el sector primario y los consumidores que no ven media en materia de utilidad y costos.

Es claro, confirmó, que mucha gente gana demasiada plata a costillas del agricultor que por esa razón está abandonando el campo por cuanto se cansó de meterle con todo a la tierra para no tener rentabilidad, el negocio, concluyó, está por otro lado, nada que implique matarse en los campos a sol, lluvia o frío extremo, una situación que ven los jóvenes y los convence de dar el salto a las ciudades haciendo imposible el relevo generacional, otro dolor de cabeza frente al lánguido discurso de seguridad alimentaria.

Así van las cosas, los productores se están yendo, posiblemente con ganas de haber cambiado el chip y haber sembrado de manera orgánica y en favor de la vida, algunos saben que esos laboratorios productores de síntesis química, propiedad del doctor “Mortis” les vendieron insumos nitrogenados altamente cancerígenos y enemigos de la vida en los suelos. Los agricultores se aburrieron del olvido, de trabajar sin justa remuneración y de exponerse a todo, química, inseguridad física y una cascada de impuestos que castiga al que quita el hambre.

Hay tristeza en los de ruana porque les pagaron mal, o lo peor, no les pagaron. Miran sus fincas y anhelan retomar la productividad y celebrar los rendimientos ojalá con bio-abonos, pero están solos, sus predios ahora atraen constructores e inversionistas que sueñan con espectaculares condominios, ojalá sin campesinos porque incomodan. Del gobierno no esperan mucho porque nunca descifró la urgencia de la productividad, lamentan las políticas pasadas que basaron su hoja de ruta en el perjudicial asistencialismo, una dinámica que destrozó la mano de obra sin la mínima pena, pero que finalmente fue una vagabundería que garantizó votos, al final del ejercicio solo ellos, los políticos, ganaron. Ya habrá tiempo de ver como se erradica el hambre, al parecer, un punto inferior.

Salimos de Tenjo abrazados por la nostalgia, golpeados por una realidad sin dolientes, seguramente con una leve chispa de esperanza porque es totalmente increíble que Colombia, un país de valientes, termine aceptando la derrota, eso jamás, habrá que dar la pelea y allí el reto no será solo de los productores, también compromete a los consumidores que ayudarían mucho buscando alimentos cultivados, cosechados y procesados en Colombia, esa es la salida, retomar lo que tan bien se hace para premiarlo con su compra porque en tiempos de gloria o de tragedia, “colombiano compra colombiano”, la deslealtad no cabe.

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