El mundo sigue en calzas prietas, la humanidad atraviesa por una de las más duras dificultades sociales, económicas, climáticas y productivas sin dejar de lado que aparte de los conflicto de Rusia con Ucrania, de Israel con Palestina y más de 55 guerras adicionales, hay inconvenientes en salubridad ya que los alimentos no generan confianza y la atmosfera sigue inoculando todo tipo de virus y bacterias que evolucionan a placer, potenciándose gracias a la contaminación, el alma depredadora del hombre y las dificultades para llevar saneamiento básico, agua potable y bienes públicos básicos en la ruralidad. Lamentablemente la advertencia de cuidar el planeta pasó por debajo de la cerca, los pronósticos por el abuso con los antibióticos que redundó en resistencia bacteriana empezó a crear mayores inconvenientes y la humanidad entró en un reto peligroso de infectología y nuevas amenazas patógenas, entre otras cosas, por la síntesis química, esa que produce cáncer, elimina vida en los suelos y lleva la raza humana a su exterminio. Lo más alarmante es que ante semejante panorama los gobiernos parecieran no reaccionar, salvo algunos que sintieron los rigores del desabastecimiento con la pandemia y la crisis global logística y procedieron de inmediato a sembrar vida, alimentos limpios y productos dignos de toda confianza, pues la inocuidad también está el alto riesgo, una situación que demanda toda la atención.
Hoy el hambre sigue acosando, las muertes por inanición no paran y lo más apremiante es que seguirán porque los cálculos de la FAO dan cuenta que actualmente 1.650 millones de seres humanos aguantan hambre, todo porque el campo empezó a volverse un monopolio que expulsó pequeños y medianos productores con arraigo, ancestral y un ADN campesino a toda prueba, una garantía de productividad, oferta, calidad, inocuidad, precios e ingreso. Hoy los labriegos siguen abandonando los predios, las granjas empiezan a mostrar olvido y deterioro, la economía primaria pasó a gran escala solo que con unos tratamientos químicos y genéticos que buscan mayores rendimientos, resistencia al clima y las enfermedades, pero totalmente inapropiados para la salud humana e inclusive animal, los tiempos son complejos, el futuro espanta y los valores al parecer se fueron atados a esos campesinos de toda la vida, los proscritos del modelo económico.
En un tiempo fue común ver países como Estados Unidos abriendo la puerta a migrantes que llegaron indocumentados y recibieron alojamiento, comida, servicios médicos y otras dádivas, hoy el recurso se acabó y por lo menos el 70 por ciento de los otrora asistidos no tienen al papá Estado que los ampare, una razón de peso para explicar los procesos actuales de descomposición social e inseguridad, un fenómeno que igual es visible en Europa como ocurre en Suecia, pero asimismo en Canadá en donde reinó el sosiego y la equidad. Los apuros son mayores en los países llamados en vía de desarrollo y puntualmente en Latinoamérica en donde las importaciones acabaron con el agro, destruyeron empleos y lanzaron gentes buenas a las ciudades a vender su cuerpo, morir temprano o a incursionar en el contexto delictivo, los más pudorosos se quedaron en el andén con las ventas ambulantes, el rebusque y la supervivencia al amparo de la informalidad, un caos, una pesadilla, una tragedia, esa que pasa con el aguardiente de caña, esencial para viajar en el tiempo, recordando la vieja casa silenciosa, la que cerró sus puertas y ventanas para siempre, también el viejo trapiche y tantas otras vivencias gratas que hoy tan solo son recuerdos por la ausencia de Estado y lamentos por el factor violencia.
Hoy todo el poderío y desarrollo productivo, las riquezas de antaño expresadas en tierra, ganados y cultivos así como el encanto campesino son tristemente una simple quimera, el recuerdo de un país en donde muchos tuvieron, fueron propietarios y disfrutaron de la vida construyendo sociedad desde la ruralidad con mucho o poco, pero con dignidad y relativa tranquilidad, es un cuento para el llanto cuando se observa el abandono y el desapego por las labores de cría y labranza.
Los problemas son un relicario, pero hay tiempo, se debe y se puede reflexionar, los cambios están llamados a hacerse, pero sin aplazamientos ni excusas porque está de por medio el futuro del mundo, de la humanidad que al igual que los leones, entró en la funesta línea de extinción.
En medio de todo el ilustre invitado de hoy dice que pese a los acontecimientos hay que seguir adelante cumpliendo cada quien, con su responsabilidad histórica, para el caso de los hombres y mujeres del campo, su misión exacta está en salvar los suelos, defender su vida y con eso garantizar producción y abastecimiento de alimentos confiables porque las cifras invitan a no comer.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el biofísico colombiano y Director Científico de Salus Mundi, Luis Orlando Castro Cabrera sostuvo que la situación global es bien crítica habida cuenta que los informes de Naciones Unidas dice que una tercera parte del planeta tierra está degradada y los cálculos que hacen los expertos de la erosión del suelo, conllevan a una reducción del 10 por ciento de la producción en cultivos de hoy al año 2050, algo muy grave porque con menos alimento y la población mundial en vertiginoso ascenso, habrá mayor demanda y con los menores volúmenes cosechados se agudizará fuertemente la crisis alimentaria, una realidad sumamente preocupante.
Recalcó que el nivel de pérdida de suelos conduce a una reducción del 10 por ciento del área cultivada, una cifra que la misma Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, contempla. Según el connotado hombre de ciencia, en medio de las vicisitudes, hay noticias alentadoras como el record mundial de producción de maíz logrado en Estados Unidos, nada desestimable 39 toneladas más 700 kilos por hectárea, un registro del segundo semestre de 2023, algo que siendo alentador no es sostenible, una cifra que no se podrá mantener, haciendo pensar que la situación de la alimentación mundial es demasiado confusa. Afirmó que al ver las curvas que muestran la producción de cereales del mundo, fundamentales en la alimentación, es notorio que en los últimos años ha habido un descenso en la producción de 2.300 a más o menos 2.100 millones de toneladas.
El experto estimó que tener 100 o 200 millones menos de toneladas en cereales es algo muy grave para la situación de la población mundial. Destacó el estudio adelantado por la FAO sobre el recurso suelo que este medio entregará en los próximos días, un resumen que demuestra una realidad totalmente crítica y preocupante, mucho más tratándose de un informe demasiado serios lanzado al mundo.
El investigador señaló que no es una situación alarmista sino la más dura realidad que compromete a varios países que jamás tuvieron problemas de alimentación o cualquier otra novedad. Apuntó que cuando se sabe que 1.650 millones de habitantes están en el punto de inanición las alertas se encienden y la preocupación se dispara haciendo que en medio de lo difícil que resultará afrontar ese escenario, todos en el mundo deben aportar su granito de arena.
“Creo que estamos sometidos a un reto de capacidad de toda la sociedad para resolver esta problemática”, declaró el excelentísimo científico Luis Orlando Castro Cabrera.
Al analizar el mundo en retrospectiva y ver aspectos como los modelos económicos, líos técnicos y las increíbles falencias con el manejo de los suelos, sin dejar de lado las lánguidas y paupérrimas políticas agrarias como ha pasado en Colombia, es fácil entender porque hay una crisis productiva y rural expresada en la complejidad para garantizar el suministro de alimento y agua. El país, por ejemplo, no aprovechó su potencial agrícola, quitó el pie del acelerador, cambió cosechas por importaciones, desestimuló a la Colombia agropecuaria que fue saliendo de las fincas, vendiéndolas inclusive a precios irrisorios. Hoy hay un dilema con la tierra ociosa porque aún no se perfila el mecanismo para volcar a sus tenedores a una ambiciosa productividad que responda por el suministro interno y genere oferta exportable, todo dentro de marcos de eficiencia, sostenibilidad y rentabilidad.
El investigador y catedrático nacido en Suaza, Huila, en 1948, aseveró que hay una situación que debe tenerse muy en cuenta porque los recursos naturales y el tejido social son la esencia de la sostenibilidad del planeta, una realidad que no permite llamarse a engaños, un tema axiomático porque los primeros son la fuente para el desarrollo y la sobrevivencia que deben conservarse y cuidarse. El otro aspecto es la necesidad de brindarles estabilidad social a las personas que trabajan en el campo porque de lo contrario este se quedará solo y la gente en consecuencia tomará caminos no deseables dentro de la sociedad por lo que es primordial satisfacer las necesidades de alimentación, salud y educación de las gentes dedicadas a las siembras y a todo lo que implica la economía agropecuaria pues para que haya sostenibilidad ambiental y social debe haber sostenibilidad económica, entendida esta como las condiciones de rentabilidad que le den a un empresario del campo, recursos suficientes para generar condiciones óptimas y decentes para los trabajadores de la ruralidad, algo que no se está dando en los países de Latinoamérica, entorno que obliga a hacer unos esfuerzos grandes para volver a las tierras productivas porque hoy las nuevas tecnologías que han sido patentadas y que están respaldadas por depósitos de microorganismos que benefician el suelo en los bancos PCT, permiten proyectar una agricultura eficiente, de excelentes rendimientos y cargada de inocuidad.
Evocó que hizo una propuesta para Colombia que consistió en convertir las 3.000 toneladas de materia orgánica que llegan al relleno doña Juana de Bogotá, en un bio-abono de cuarta generación, no en un compost sino en algo mucho mejor con una carga microbiológica que mantengan la sanidad de la planta con microorganismos y la nutran tomando nitrógeno atmosférico, haciendo que el fósforo se vuelva soluble, unos microorganismos fosfato-reductores que ayuden a asimilar el potasio y por esa vía convertir los Llanos Orientales en una potencia agrícola, aprovechando que es una región rica en agua con cercanía a importantes ríos que facilitaría el montaje de un sistema de producción.
El costo del proyecto, indicó Castro Cabrera, por el que preguntan muchos, demanda un estudio de factibilidad técnica y económica para saber con exactitud qué recursos absorberá, pero detalló que lo importante es que si se hace lo vital es pensar, no solo en la inversión sino también en el beneficio. Al hacer la comparación del precio de la hectárea en los Llanos Orientales y en la Sabana de Bogotá, explicó que la de la sabana tiene mayor valor porque produce más, los predios llaneros, acentuó, son de bajísima productividad, a tal punto que hay zonas en esa región en donde se requieren cuatro hectáreas para tener una vaca o un novillo, algo que podría cambiar con la construcción de suelo.
Puntualizó que habla de construir suelos porque cuando se tiene menos del uno por ciento de la materia orgánica es que ya está en proceso de descertificación el predio o los predios de siembra que es el caso de los Llanos Orientales, sin embargó repisó que con las nuevas tecnologías es factible construir suelo para lo que se necesitan superficie y agua ya que cuando se tiene suelo se obtiene vida para propender por más vida. Dejó claro que el ser humano no podría sobrevivir sin suelo porque este genera plantas que sirven de alimento a los herbívoros que a su vez garantizan la dieta de los carnívoros, incluido el hombre, ni más ni menos que el origen de la cadena que infortunadamente no se está afianzando hoy en ese necesario y apropiado suelo.
Hay necesidad de apartarse de la síntesis química, es urgente tomar consciencia que la salida al problema de productividad está en los bio-abonos porque actualmente se ven suelos adictivos y destruidos, haciendo que el futuro de la humanidad sea opaco e imposible porque si el suelo no tiene vida, sencillamente no produce y sin comida los hombres mueren.
Al retomar la propuesta de las 3.000 toneladas o más de materia orgánica que llegan por día a Doña Juana en la capital del país, el científico precisó que estás provienen del suelo porque de allí las plantas han tomado el 17 por ciento del suelo cultivado y el 83 por ciento de la atmósfera y por eso que debería ser una materia orgánica que regrese al suelo, las autoridades y quienes están a cargo de la ciudad, anotó, las convierten en un factor de contaminación porque al llegar al relleno sanitario en donde produce unos lixiviados que pueden estar alrededor de 80.000 de breo, prácticamente un aceite demasiado contaminante en lugar de separar esos residuos y llevar la parte orgánica al suelo tras un proceso o tratamiento.
Salus Mundi con su Director Científico a la cabeza logró en la hacienda Paso Ancho en Palmira, Valle del Cauca, un aumento de más de 17 toneladas de materia orgánica en un periodo de dos años, es decir, 1.7 por ciento más de materia orgánica en el suelo, un trabajo adelantado al unísono con los técnicos de la hacienda, propiedad de Ángela María Cabal, presidente de Fenalce en ese departamento con el seguimiento de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, ya que allí estuvo el presidente del gremio Henry Vanegas, un doctor en fito-mejoramiento que acopió toda la información con el aval del Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT, datos que posteriormente fueron validados contra resultados de una famosa hacienda vallecaucana muy visitada porque fue líder indiscutible en conservación de suelos y en 31 años alcanzaron el 0.3 por ciento de aumento en la materia orgánica, Paso Ancho alcanzó, subrayó Castro Cabrera más de 1.3 por ciento en dos años. En ese experimento los cálculos fueron hechos por el ingeniero Fabián Pizarro con una formula elaborada por el mismo Cabrera que consistía en el aporte de la materia orgánica que genera los microorganismos del suelo que se reproducen hasta 200 veces en su periodo de vida que es de ocho horas.
“Esos microorganismos del suelo se toman el 17 por ciento igual que los árboles del suelo y el 83 por ciento de la atmósfera, entonces esas paredes celulares de las bacterias van a los terrenos en donde generan materia orgánica, pero lo cierto es que sin suelo no hay vida, un factor del que todavía no se tiene consciencia”, comentó el señor Castro Cabrera.
América Latina debe manejar su economía en bloque
Con los últimos acontecimientos ha cobrado valor la iniciativa de propender por cadenas regionales de valor, pero igual hacer de Latinoamérica una empresa agrícola y pecuaria que trabaje en bloque, identificando potenciales y eficiencias para contar con siembras adecuadas, con crías mejoradas, todo con un elevado rendimiento y aprovechamiento de los suelos, ello en aras de intercambiar productos, imponer calidades y llevar abastecimiento en alimentos y materias primas del campo a los países que conforman esa hermandad geográfica.
En opinión de Orlando Castro ha habido demora y la región se ha tardado en llegar a ese criterio y tomar la decisión de hacer un bloque económico de América Latina porque el problema con las grandes potencias es que ponen unas condiciones porque tienen dinero así tengan poco alimento, pero reiteró que el factor económico aún es dominante que les permite trazar unas reglas de juego que indiscutiblemente complican el comercio de alimentos.
Castro Narró que en México se presentó una situación complicada puesto que pretendieron devolver tractomulas cargadas de pepinillo que había sido cultivo como orgánico, pero al encontrar unas trazas químicas, los dueños de esa explotación fueron obligados a vender el producto a un tercio de lo que habían pactado venderlas si eran orgánicas. Eso en principio, dijo Castro cabrera, está bien para que los agricultores aprendan a cumplir con los compromisos, pero este, expresó, tan solo es un ejemplo.
Agregó que en América Latina, incluyendo parte de Norte América porque México es Norte América, hasta la Patagonia, debería haber un bloque económico porque existe identidad cultural y un solo idioma, salvo Brasil, asunto que no es inconveniente porque con sus adelantos, los brasileros suman y aportan de manera importante, y de esa forma progresar y garantizar calidad así como salud porque los tratados de libre comercio firmados con las grandes potencias siempre estarán dominados por ellas, un común acuerdo regional sería consecuente y facilitaría muchas cosas.
“Yo recuerdo una frase de mi papá muy para esas reuniones especiales con sus hijos, él decía, mijitos tengan mucho cuidado cuando duerman con un elefante porque si se voltea los aplasta y ese es el caso del comercio con Estados Unidos y otras potencias pues unos países pobres y débiles negociando con un gigante forja desequilibrios y ventajas para los de la chequera gruesa. Nosotros tenemos que sacar el mayor provecho de la integración latinoamericana, pero hay que pasar por encima de los intereses políticos, de la demagogia y de todo lo que daña la región para lograr la meta y justo ahí es donde está el escollo”, aseveró Orlando Castro.
La apuesta del mundo debe ser por la producción de alimentos
El momento geopolítico no ayuda, hay voces que hablan de una futura economía de guerra y el asunto genera angustia porque desde luego hay mechas encendidas que en cualquier momento pueden estallar. La coyuntura hace pensar que los países que pueden estar al margen de un conflicto bélico tendrán, literalmente, el terreno abonado para retomar su agricultura, mejorarla, profesionalizarla, llevarla a todas las capas sociales para aumentar ingresos, mejorar calidad de vida y proyectar una economía agraria que puede estar en capacidad de potenciarse y llevar alimentos al mundo sin abandonar la provisión local, todo cambiando el chip y poniendo en los mercados abastecimiento de vida, comida limpia y sin riesgo para la salud.
El tema es elemental, el país, la región y el mundo optan por una agricultura desintoxicada, confiable y consecuente con las necesidades de la población que garantice permanencia o caso contario la especie humana desparecerá. En ese punto Castro Cabrera manifestó que todavía hace falta mucho conocimiento tanto en la clase política como en los empresarios que no entienden que los terrícolas están viajando por el espacio en una pequeña nave, apenas de 12.742 kilómetros de diámetro, con una situación apremiante y es que el ser humano está acabando con un hábitat casi único dentro de lo conocido en el universo.
“Si acabamos la vida y convertimos el planeta tierra en la más inhóspita unidad, es decir sin mantener ni defender las características biofísicas del ambiente en donde se estudie con el mayor respeto el cómo se conserva la vida y cómo se reproducen los seres vivos, con toda seguridad, la situación se pondrá muy difícil, pero cierto es que aquí lo principal es la consciencia, ahora, nosotros tenemos un gran reto y yo quisiera que cada ser humano cuando vive y pasa el tiempo sea reflexivo en el sentido que vino a cumplir una misión y ojalá todos pudieran decir al final de su vida, se justificó que yo hubiese nacido porque le serví a la humanidad y al mundo, pero hoy los estudiantes, de quienes estoy tan cerca, eligen las carreras porque tienen mayor posibilidad de empleo o porque pagan más sueldo, pero no piensan vocacionalmente que se están preparando para servirle a la especie y a la sociedad como un todo”, enfatizó El Director Científico de Salus Mundi, Luis Orlando Castro Cabrera.
Las COP, Mucho discurso y poca acción
No sobra decir que la Conferencia de las Partes, COP, es la famosa cumbre anual que promueve y realiza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, evento que congrega 196 países, adicionando a la Unión Europea, todos miembros o actores que conforman las Partes.
Las COP que son las sesiones a las que asisten los países que ratificaron las Convenciones de las Naciones Unidas empezaron a deliberar en 1994, el asunto es que para algunos críticos estas reuniones son más mediáticas que ambientales porque al final de los eventos el planeta sigue más amenazado y las acciones no se ven, como quien dice mucho tilín, tilín y nada de paletas. El argumento es tan sólido que los leones en África ya entraron en línea de extinción y que los jaguares, el emblema latinoamericano no la pasa bien, para el capítulo Colombia pasó de 30.000 a menos de 15.000 en los últimos 15 años, una alarma encendida que no atienden las cumbres climáticas o foros dedicados al medio ambiente.
El agua también empezó a irse, la minería ilegal tiene azotados los espejos de agua, quebradas, ríos y otros acuíferos, todos contaminados con mercurio y otros elementos tóxicos, otra parte del recurso hídrico recibe vertimientos de la industria, los hogares y la misma agricultura, un momento para analizar porque los polinizadores muertos por envenenamiento se cuentan por millones, igual mueren por mercurio otras especies como el mismo yaguareté.
En opinión del científico, esos acuerdos globales se están pensando más en una sostenibilidad económica que en una biológica, verdaderamente perentoria, y si no hay sostenibilidad biológica, advirtió Castro, la humanidad se aniquilará sola con una irracionalidad que supera todo lo conocido porque si los hombres no cuidan o protegen la vida, si no se dan cuentan que están atomizando el medio en donde puede respirar y perdurar estarán condenando a otras generaciones, le pondrán límites a la existencia y por eso el conocedor indicó que todos en absoluto tienen que asumir la responsabilidad histórica que se tiene con el planeta, con las especies y con sus semejantes, un reto grande que debe honrarse para determinar si valió la pena haber vivido, si la misión se cumplió y sí se justificó nacer.
“Esa sería la gran pregunta porque si por el contrario pensamos sumidos en un individualismo manchesteriano profundo como lo hemos vivido. A nosotros no nos importa qué le pasa al vecino. En el siglo XV existían las comunidades, cuando era niño alcancé a escuchar de las mingas algo propio de las comarcas y con la filosofía manchesteriana o Escuela de Mánchester, un movimiento social y político librecambista y antiimperialista de raigambre cameral, el ser humano se volvió apático, frío y poco pendiente del prójimo, tan solo satisfecho porque el mal que afectó al de al lado, no atacó su hogar o sus intereses, no se hizo nada por salvar al sujeto conurbano, sería muy bueno que el mundo volviera a crear comunidad, que trabajara unido para los propósitos de mantenimiento de la vida, que pudiéramos actuar como aquellas comunidades del siglo XV donde si un río se llevaba las casas, todos en conjunto laboraban hasta devolver el techo de los afectados, cuando había la igualdad social que perdimos”, exteriorizó Castro.
Hoy, añadió, todos los seres humanos están en la obligación de ocuparse y laborar con adeudo porque una política no puede llevar a un sector de la sociedad a abandonar la dignidad que se consigue con el trabajo. Afirmó que por momentos la gente no entiende que un Estado es miserable si no se le pagan los impuestos y esos tributos salen de los bolsillos de los que trabajan.
Hay que tener cuidado con los alimentos
Existe un debate muy interesante sobre la manera de producir alimentos porque muchos llegan a los centros de abastecimiento sin las mínimas condiciones para su consumo por los baños de veneno que reciben algunos productos, particularmente el tomate, pero en general por los efectos de pesticidas, herbicidas y fertilizantes químicos de muchos otros productos, todo un compendio de riesgo y duda sobre la inocuidad ya que hay vegetales que llevan al cáncer y otras enfermedades por los usos de síntesis química y exterminios, algo tan elemental y alarmante como que hay hombres matando hombres con alimentos inadecuados.
A criterio de Castro, el rigor con el que se debe manejar el uso de sustancias de etiqueta roja como se les llama a las químicas de alta peligrosidad debe ser muy estricto y limitado en vista que son las que hacen que hoy no se consigan suficientes alimentos confiables para las personas. Aseveró que por lo menos entre el 85 y el 90 por ciento de los alimentos que se ofrecen en el mundo no son aptos para el consumo humano, una muestra deplorable que los seres llamados racionales, se están matando solos, se hacen el Harakiri, una preocupación que quita el sueño y hace que la ciencia se sienta impotente para obrar en una dirección ideal, salvando vidas.
Un estudio arrojó un dato preocupante, hasta el 60 por ciento de las pérdidas de rendimiento en cultivos se debe a enfermedades de orden vegetal, un desafío enorme para la agricultura sobre todo la individual en donde los impactos pueden ser catastróficos ya que las patologías pueden arrasar con la cosecha entera si no hay detecciones oportunas.
Este tipo de prevención debe darse desde los suelos porque si estos gozan de buena salud, seguramente lo que allí crezca prosperará y la salida, como se acentuó, está a la mano, con bio-abonos y unos cuidados alejados de la química, todo dentro de las exigencias en salubridad sin afectar terrenos o cosechas porque sin trazas tendrán mayor valor y serán aliadas de la vida.

