La situación de los arroceros sigue tocando fondo, no hay un margen de rentabilidad acorde con el exigente y arduo trabajo y menos las consideraciones que deberían partir del gobierno para con quienes cultivan alimentos y apuestan por seguridad alimentaria. Los colombianos venían hablando de un paro arrocero en el Casanare, pero el asunto se abordó entre los productores del país que ya consideran una gran movilización nacional si no hay eco en el gobierno que sigue enviando funcionarios de segundo orden para un problema de gran magnitud.
Los productores y productoras de Casanare dijeron que hay un ambiente muy complejo, reconocieron que soplan vientos de mayor dificultad, pero confiaron en la sensatez del ejecutivo en aras de un diálogo amable, consecuente y razonable que genere los anhelados puentes de entendimiento porque saben que lo mejor es negociar y exponer sus inconvenientes antes que paralizar el país, empero aclaran que el balón está del lado del gobierno quien con voluntad y plática amable puede conjurar un paro que podría inclusive extenderse a otros sectores productivos lo cual no es deseable.
Hoy hay expectativa por los diálogos con el gobierno en el Bajo Cauca, Zona Centro, Costa Norte, Llanos Orientales y los Santanderes. Estas zonas han sentido la dificultad a la que conllevó el desmonte del incentivo al almacenamiento, pero también problemas climáticos, de mano de obra e inseguridad. El 2024 fue un año de grandes retos ya que el Fenómeno de El Niño puso a muchos arroceros en calzas prietas por la intensa sequía, un momento difícil por el cambio de temperatura, de todas maneras hay que destacar que con todo y los apuros los agricultores demostraron que cuando se quiere se puede y afianzaron indicadores como productividad, competitividad y sostenibilidad, unos logros posibles gracias a las bondades de la Plataforma Inteligente de Gestión de Riego y al programa de Adopción Masiva de Tecnología, AMTEC, de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz.
Las cifras del año anterior mostraron altibajos puesto que la obtención de arroz mecanizado retrocedió al término del primer semestre, pero en el segundo periodo del año se logró una destacada recuperación por el repunte de áreas sembradas.
El año anterior el país cosechó 3.1 millones de toneladas de arroz paddy verde, la producción de arroz mecanizado en el primer semestre alcanzó las 980.721 toneladas, caída del 12 por ciento en promedio frente a igual periodo de 2023. El área sembrada con arroz mecanizado sumó el año anterior 452.872 hectáreas, un crecimiento del 9,5 por ciento versus 2023.
Un asunto nada menor es que la protesta que se pensaba hacer en Casanare y que tuvo el respaldo de los arroceros del país se trasladará a Bogotá porque llevar a cabo una protesta de ese calibre afectaría a muchos sectores económicos distintos al arroz y es lo que no se quiere.
Un hecho cierto, advierten los arroceros, es que la cosecha ya asoma y los productores primarios dejaron claro que la idea no es que los industriales se pongan en una posición de solo recibir cartera o en su defecto que no cumplan con la absorción del cereal porque sencillamente ese inventario no ha salido y hay plena seguridad que la producción venidera está para cubrir las necesidades que Colombia requiere en especial sin que ello implique una afectación con el precio para los labriegos que han logrado avanzar en calidad y diferenciación, factores vitales a la hora de competir.
La directiva de la Asociación de Mujeres Arroceras del Casanare, Milena García Pérez le dijo a Diariolaeconomia.com, que las próximas horas serán determinantes porque hay expectativa por lo que pueda arrojar una reunión con el gobierno, situación que tiene a los demás departamentos productores a la espera, dejando claro que hay una proyección de protesta para el próximo 14 de julio, sin embargo, recalcó que los arroceros agotarán todas las instancias para evitar inconvenientes, claro está con el pleno compromiso del gobierno del que se espera una posición decorosa y comprensiva frente al sector.
Los arroceros, especificó la agricultora y empresaria, hacen parte de los apuros, pues hoy cultivar una hectárea de arroz en el llano cuesta entre ocho y 8.5 millones de pesos, todo de acuerdo a los sitios tomados en arriendo para la actividad arrocera en el Casanare ya que si se habla de los distritos de riego de Tolima y Huila los precios varían y que son igualmente muy onerosos.
“Sabemos que hay departamentos como el Tolima que por las lluvias no han podido sembrar lo acostumbrado, lo propio sucede con la plaga llamada Sogata que golpea a Norte de Santander y como si fuera poco se reportan líos del Ariari. Realmente sabemos que, aunque pudo no haberse bajado las áreas a plantar, el arroz va a alcanzar así tenga que hacerse una mejor tarea en el control al grano de contrabando y al mismo cereal que se importa sin ninguna necesidad. Nos interesa que nos empiecen a pagar un buen precio, por encima del cierre del año anterior que llegó a 1.352 pesos el kilo. En algún momento estaremos sacando volúmenes de acuerdo a la actividad realizada en los campos con los costos que se irán ajustando de acuerdo a las nuevas tecnologías, pero el panorama es poco halagüeño porque empezamos con un kilo de 1.248 pesos sin arrancar cosecha o el llamado “tato”. El departamento del Meta que fue el primero que empezó a cortar está con esa situación, hoy tuvimos una reunión virtual con ellos y también la preocupación allá es que se va a recibir solo cartera y no podemos aceptar que todos los molinos le den rienda suelta a esa situación cuando sabemos que lo más justo es que nos reciban la recolecta ya que sería muy crítico saber que arrancamos con un precio de esos niveles y que puede suceder lo de 2022, la idea es llegar a un septiembre con precios altos y no que ocurra que una soca cueste más que un arroz secano porque los molineros se van a dar cuenta que el arroz les hará falta”, explicó la agricultura y asociada arrocera.
También, precisó García Pérez, el sector arrocero necesita de la Superintendencia de Industria y Comercio para que ejerza vigilancia en los molinos, todo un paquete de peticiones que se le harán a la viceministra de Agricultura y Desarrollo Rural en donde también se hablará sobre el gravamen puesto recientemente a los agricultores, el uno por ciento de todo lo que se facture a partir de mayo a diciembre frente a las situaciones reportadas, una tarifa que castiga a quienes producen comida y le suma talanqueras a la soberanía alimentaria.
Hoy los arroceros tienen en la mano un pliego de peticiones que esperan sea resuelto en favor de quienes siembran y recolectan alimentos, en este caso el arroz, algo increíble porque contrario a lo que se pregonó en tiempos de campaña, el campo sigue maltratado, a la deriva, con la rentabilidad en veremos y sin vivir sabroso, deficiencia a corregir porque el agricultor va a preferir clausurar sus labranzas y ver como con una propuesta de cambio, la economía agropecuaria termina hundida en un mar de pésimas decisiones y con una hecatombe social en consecuencia.
La empresaria reveló que todo el Casanare puede sacar el producto que se tiene porque a la fecha este departamento es el mayor productor de arroz con el 40 o 45 por ciento de la cosecha, pero apuntó que los productores demandan algún tipo de ayuda con el transporte para poder extraer el grano y llevarlo a otras en donde no hay arroz blanco como sucede con el Tolima, Cundinamarca, Bogotá y Norte de Santander, que hablan de déficit o caída en las siembras, pero subrayó que habrá que esperar que resuelve el alto gobierno para empezar a dar soluciones lo que incluye un precio justo y acorde con el esfuerzo de los arroceros casanareños que hoy padecen el estar en el sector agrícola en donde se sufre demasiado y se gana relativamente poco.
Reconoció los oficios y disposición del gobernador de Casanare a quien se le planteó un auxilio para poder llevar arroz de la región a otros departamentos y por esa vía poder amortiguar el raquítico precio que se tiene actualmente. Anotó que amanecerá y veremos, partiendo de la reunión pactada de donde saldrá la decisión que tomarán todas las zonas arroceras del país que tan solo solicitan una remuneración justa y en línea con las tremendas labores que exige el campo por cambio climático, adecuación de tierras, costos de producción, que se espera desciendan por el menor precio del dólar, falta de infraestructura y también menoscabo por inseguridad y situaciones apremiantes de orden público.
Hay peticiones, pero igual mucho estrés porque Casanare está por iniciar cosecha, un departamento con el mayor número de áreas sembradas de las cuales esperan los agricultores, desprenda un ingreso adecuado que permita seguir invirtiendo en el campo porque como están las cosas la única semilla que prospera es la del pesimismo.
A juicio de la agricultura, más que bajar el área cultivada, el tema pasa por adelantar los estudios verdaderos de oferta y demanda puesto que al hacer el ejercicio durante el arroz producido durante todo el periodo, los volúmenes no alcanzan a cubrir las necesidades requeridas año tras año, luego el tema, sostuvo la agricultora, invita a hacer más inversiones a infraestructura en plantas de secamiento que se quieren y se deben hacer, pero con créditos blandos estatales, matizados por tarifas diferenciales y con periodos de gracia extensivos porque para nadie es un secreto que son inyecciones de capital muy grandes que no son de mil sino de 2.000. 3.000 y hasta más de 5.000 millones de pesos, un endeudamiento millonario que pide incentivo al almacenamiento porque no es un favor exclusivo para el molinero sino para el agricultor grande que hizo una inversión y hoy con muy poco en la caja se ve seriamente afectado.
La arrocera Milena García Pérez remarcó que igualmente es perentorio hacer adecuaciones en distritos de riego puesto que si se tuvieran esos bienes tan importantes a la mano, en Colombia podría fraccionarse la siembra, pero tristemente en Colombia un país rico en recursos hídricos aún los campos productivos dependen del agua que cae del cielo algo que se hace efectivo en la siembra del primer semestre que se conoce como la siembra del secano y que toda sale en un momento, un problema de quienes producen cereal, ya que todo les sale al mismo tiempo algo que podrían morigerarse si hubiese diferentes alternativas porque facilitaran las labores al hacerlas prolongadamente, propiciando que durante todo el año hubiesen producciones sin depender de un taco tan desafortunado que se observa cuando los molineros ponen el precio que les antoja.
En arroz hay problemas y fácilmente aumentarían si se tiene en cuenta que los desencuentros con Estados Unidos pueden ocasionar mayores fracturas por los cambios unilaterales de las reglas del juego pactadas en el tratado de libre comercio interrumpido o destruido por los mismos norteamericanos que impusieron una tarifa absurda a las exportaciones colombianas y de otros países, haciendo más difícil ingresar a ese mercado y literalmente con el convenio echado a perder. En arroz hubo inversiones por parte de los gringos, pero hoy con la decisión de destruir el comercio bilateral, el dinero ingresó a un saco roto porque no fue Colombia quien apeló al abuso y desconocimiento del precariamente acordado TLC en donde según algunos no hubo negociación sino imposición, un tema que a la fecha tiene a muchos con ganas de revisar el pacto porque Colombia quedó en total desventaja más hoy con aranceles impuestos a tarifas de cero, aunque muchos hacen fiesta porque argumentan que hubo generosidad en la Casa de Nariño. Válgame Dios.
El asunto no es menor, el país empezó a buscar nuevos socios y a despegarse de una dependencia malsana, un ejemplo posiblemente tomado del mismo Estados Unidos que cierra negocios con todo el mundo inclusive con quienes tiene poco afecto, una medida legítima y necesaria porque nadie sabe con certeza que le deparará al planeta en el corto o mediano plazo con el contexto geopolítico.
“Hay mucho que analizar, nada es sencillo y nosotros todavía estamos en el proceso de agro-industrialización, de absorción de tecnología y tecnificación para ser más competitivos en la producción, luego estamos en la dirección correcta, pero aún hace falta mucho camino para poder medir fuerzas con nuestra competencia, igual necesitamos compromiso gubernamental y verdadero desarrollo como la puesta en marcha de sólidas vías terciarias y secundarias para poder llevar nuestros productos a los centros de consumo, en eso la situación es crítica porque sin carreteras se elevan los precios de los fletes, crece la dificultad para llevar carga y la inseguridad pone el moño porque impide seguir trabajando, unos factores que impactan los costos al agricultor, así como al público”, subrayó la directiva de la Asociación de Mujeres Arroceras del Casanare, Milena García Pérez.
La empresaria lamentó que el gobierno después de tener como lema y bandera la seguridad alimentaria, hoy no va con la agricultura ni con los miles y miles de personas que con su esfuerzo y apuesta alimentan a todo un país, ponen comida de bajo costo en la mesa para que la gente no se vaya a dormir sin haberse nutrido con la oferta campesina.
El problema del campo ilustró la muy amable agricultura necesita en la mesa de diálogo al presidente de la República o a su Ministra de Agricultura, pero no a personas de menor rango o subalternos porque entonces lo pactado carecerá de seriedad y credibilidad. Como dice un dicho popular, “Coca Cola mata tinto”.
Más allá de su misión, los arroceros reconocen que la viceministra encargada de ponerle la cara a los productores siempre está dispuesta, toma nota e invita a trabajar en equipo y mancomunadamente, pero de una buena voluntad no pasa porque ella no toma las decisiones finales y eso está incentivando la protesta arrocera en bloque en vista que lo negociado generalmente nunca se acata, un ejemplo lo firmado en el acuerdo anterior.
En Casanare, dijo la empresaria, un arrocero no siembra 10 ni 20 hectáreas, en esas tierras un pequeño productor parte de 50 hectáreas cada una con unos costos de producción de ocho millones o más y por ello difícilmente se cree en que pueda llegar la viceministra con una propuesta aterrizada o convincente, pero la agricultora anotó que hay que seguir creyendo porque puede arribar con una solución en donde el ejecutivo se comprometa con los cultivadores sobre la base de entender las necesidades ya que los distritos de riego argumentan que si el precio no repunta, difícilmente habrá siembras en el segundo semestre lo que se traduciría en un déficit alarmante de arroz blanco para el consumo de los hogares colombianos, una situación compleja porque vendría un gran paro nacional que no se conjuraría por partes o por departamentos, la solución debe ser integral y en favor de la seguridad y soberanía alimentaria, un logro de todos y para todos, nada fragmentado, concluyó la empresaria quien matizó que no le hace gracia apelar a las vías de hecho ya que la salida coherente a todo se basa en el diálogo y en fomentar puentes de entendimiento.


